27 Mayo 2007
Planteamiento

La presencia de la mitología grecolatina en nuestro entorno es más que evidente.
En el lenguaje coloquial estamos empleando constantemente expresiones que hacen referencia a nombres de la mitología clásica, sin ser muchas veces conscientes de ello. Expresiones como caos, para referirnos al desorden, sin pararnos a pensar en el origen de esta palabra, el Caos que, según cuenta Hesíodo era un abismo sin fondo, un espacio abierto sumido en la oscuridad. Apolo, para referirnos a la belleza de un hombre, sin pensar en el dios griego. Y lo mismo ocurre con nuestro léxico sexual: erótico, de Eros, afrodisíaco, de Afrodita
Fenómenos atmosféricos, como el Arco Iris, deben su nombre a la mitología. También la Flora se nutre de la mitología para dar nombres al jacinto, al narciso, al adonis, etc.
Lo mismo ocurre con los psicoanalistas que para explicar algunos complejos y síndromes, recurrieron a nombres como Edipo, Electra, Ulises, etc.
Y qué decir de las bellas artes. Sólo hace falta darse una vuelta por algunos de los museos de Asturias para comprobar que un gran número de cuadros tienen motivos mitológicos. Eolo, en el Museo de Bellas Artes de Asturias, Las tres gracias, en el Museo Barjola de Gijón, etc.
Si callejeamos por las dos ciudades más populosas de Asturias, veremos que un gran número de personajes de la mitología grecolatina han dado su nombre a establecimientos de todo tipo como Librería Atenea, Club Eros, Perfumería Venus, Talleres Midas, unos con conocimiento de causa y otros no tanto. Unos con el rótulo solamente y otros acompañado éste del logotipo correspondiente, como, por ejemplo, el Hotel Fénix, como veremos en la fotografía correspondiente.
Tampoco el cuerpo humano se libra de esta influencia: Atlas, Talón de Aquiles…