De los espirituales al gospel

Tras la abolición de la esclavitud, muchos negros dejaron los campos para instalarse en las ciudades. En 1866 se inauguraron en el Sur las primeras escuelas destinadas a los antiguos esclavos. Con el fin de recaudar fondos, sus responsables tuvieron la idea de formar corales con algunos de sus alumnos. Todas ellas arreglan los espirituales con la finalidad de adecuarlos a los cánones de la música europea: aunque conservan las melodías, las armonizan (polifonía) a cuatro voces y los ritmos se suavizan.

En la década de 1910 empiezan a popularizarse los pequeños conjuntos de cuatro o cinco solistas. En los años veinte algunas compañías fonográficas se dan cuenta de los beneficios que se pueden obtener de los consumidores negros urbanos y empiezan a producir artistas.

En la década de 1930, el gospel está ya firmemente establecido como repertorio (incluyendo no sólo los antiguos espirituales, sino también composiciones nuevas) y también como estilo de interpretación de la música religiosa afroamericana. Ha conquistado las iglesias, pero no se queda ahí y empieza a ocupar un lugar importante en el mercado del disco y en las emisoras de radio.

Los cuartetos participaron en la modernización del canto religioso. El Golden Gate Quartet puso en el contrapunto vocal un virtuosismo hasta entonces desconocido, utilizando las sílabas percutidas e imitando la sonoridad y el fraseo de los instrumentistas de jazz.

 

Los solistas empezaron a tener también una gran importancia, con intérpretes como Mahalia Jackson (década de los 40) y Aretha Franklin (años 60 y 70), quien se movería entre la música religiosa y la profana, convirtiéndose en la voz femenina más importante del soul.

 

Actualmente el gospel sigue interpretándose tanto en iglesias  (formando parte del servicio religioso) como en teatros y auditorios (concierto). El baile, las palmas y el movimiento forman parte inseparable de la interpretación, que suele adoptar la forma de un gran coro con uno o varios solistas. Paulatinamente han ido incorporándose los instrumentos musicales, como el piano o la batería y, más recientemente, la guitarra eléctrica.

Los textos conservan el sentido de expresión de la fe religiosa de un pueblo que se considera oprimido y marginado, pero también hay canciones gospel de gran optimismo que reflejan la esperanza en la salvación, como el célebre Oh, happy day (1970).

 

A lo largo del siglo XX muchos espirituales de la primera época se han convertido en standards, incorporándose al repertorio del jazz en sus distintos estilos.

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