Por su “Fama” los conoceréis

4 09 2007

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El pasado fin de semana finalizó la parada en Gijón del tour que está llevando Fama, el musical por toda la geografía española. Vamos a aprovechar para realizar una pequeña crítica del espectáculo y comentar alguna cosa más al respecto.

Todo comenzó en 1980 cuando el director de cine Alan Parker estrena una película sobre un grupo de estudiantes de la New York’s High School for Performing Arts. Su título era, simplemente, Fama. Entre los Oscars a los que fue nominada ganó (evidentemente) los de mejor banda sonora (Michael Gore) y mejor canción original (Michael Gore y Dean Pitchford). Bastantes secuencias memorables destacan a lo largo del metraje. Sobresale de especial manera la “improvisada” sesión musical originada en el comedor y que termina en la calle bailando sobre los coches (aunque no se llega a ver en el fragmento porque va justamente a continuación):

FAMA (1980) - HOT LUNCH JAM

Posteriormente, Parker, rodaría otros impactantes films musicales como, por ejemplo, Pink Flyod - The Wall (1982), Birdy (1984), The Commitments (1991) ó Evita (1996). Podrás encontrar más información al respecto en el post Parker y la música. Pero retomemos Su Fama recordando otra escena importante: la canción lenta que (como la anterior) también es cantada por Irene Cara, antes de que prestara su voz para el tema principal de otro taquillazo como fue Flashdance (1983), y dónde habla de la soledad y la fuerza interior para vencerla.

FAMA (1980) - OUT HERE ON MY OWN

Este tema quizá a muchos les recuerde a una niña llamada Nikka Costa. Se trataba de la hija de Don Costa, el arreglista de la orqueta de Frank Sinatra y artífice de la carrera de Paul Anka al decidir grabarle su gran éxito Diana (que hemos tocado en clase). En La Arena di Verona (Italia) padre e hija aparecen juntos durante una actuación en directo retransmitida por la RAI. La verdad es que Don no pudo ocultar lo orgulloso que se encuentraba por compartir el momento con su pequeña. El público es un clamor continuo dado que Nikka contaba entonces con una incuestionable “fama”.

NIKKA COSTA / DON COSTA (1981) - OUT HERE ON MY OWN

Poco tiempo después, MGM Television decidió retomar Fama para producir una serie a modo de continuación de la exitosa película del mismo nombre. Finalmente fue emitida en Estados Unidos (1982) por la NBC y en nuestro país no llegaría hasta mediados de esa década. Algunos actores eran los mismos que habían salido de la gran pantalla pero fueron completados con otros especialmente aportados para la nueva andadura. Debbie Allen eran la gran artífice del entramado ya que aparte de encarnar a la exigente profesora de danza también era la coreógrafa real de los actores (y de los números de baile en las ceremonia de entrega de los Oscars de Hollywood).

FAMA (1982) - CABECERA DE LA SERIE DE TV

Los que entonces tenían uso de razón recordaran las andanzas de Bruno Martelli (el de los sintetizadores), Leroy Johnson (el bailarín), Coco Hernández (lo mismo cantaba que bailaba), Danny Amatulo (el eterno aspirante a humorista), Jullie Miller (la chica del violonchelo) y los profesores Lydia Grant (danza), Shorofsky (música) y la Señorita Sherwood (lengua). Entre los valores que destilaba cada episodio se encontraba el de la incuestionable importancia del esfuerzo para conseguir cualquier cosa que merezca la pena (algo en desuso hoy día). Así lo resumían las palabras de Lydia al comienzo de cada capítulo: tenéis sueños, buscais la fama, pero la fama cuesta. Aquí es donde vais a empezar a pagar…con sudor.

Por supuesto, se editaron discos con canciones originales de la serie e incluso otro en directo con la plantilla de Los chicos de Fama (The kids from Fame) interpretando sus temas sobre el escenario. Las fotos se corresponden con las portadas de ambos LP’s. Y es que por aquel entonces al álbum se le llamaba Long Play ya que el CD, aunque ya se había inventado en 1980, justamente empezaba a comercializarse en 1982. Casi no se podían encontrar discos compactos en las tiendas. Había poquísima variedad y cada ejemplar resultaba tremendamente caro. De hecho hubo sectores que lo condenaron al fracaso estrepitoso pero parece que no anduvieron muy finos en las predicciones. Finalizamos la referencia a la Fama en TV con la burla de Bruno al profesor de música sin darse cuenta de que se encuentra detrás de él, escuchándolo todo (nótese la rima de Shorofsky con Tchaikovsky).

Posteriormente se reescribió toda la idea principal (incluida la música) para dar paso al musical, estrenado en Miami en el año 1988 y consolidado en el West End Theatre de Londres en 1995. La historia desembarcó en España en el 2004 (Teatro Tivoli de Barcelona) y ha podido ser vista en más de 25 países. Actualmente ya ha dado paso a una secuela bajo el título de Fame Forever: Reunion and Rebirth con la excusa de una reunión de los antiguos alumnos que debutará en América este septiembre.

Y ahora vamos con la pequeña crítica del espectáculo visto estos días atrás en Gijón. De entrada, cabe decir que todos los shows estrenados en Madrid, o grandes ciudades como Barcelona, recortan su producción cuando se van de gira por provincias. Es lógico. Se abaratan costes y se evita que determinados elementos no tengan cabida en escenarios más pequeños. La ventaja es que dicha merma también se traslada al precio de la entrada ya que cuesta bastante menos acceder al recinto en las nuevas circunstancias (aunque siempre hay a quien le sigue pareciendo caro). En el caso de Fama, el musical desaparece uno de los elementos más llamativos: un taxi de Nueva York como parte central de la coregografía final (guiño a la película de Parker).

Lo postivo de este montaje es su acabado y la destilación de horas de ensayo que denota. Nos gustó también la limpieza del sonido, las voces, las luces, los némeros de baile, la dirección de escena, los músicos en directo (los pregrabados no cuentan) y, en definitiva, el engranaje total que da la sensación de funcionar prácticamente sólo (síntoma de que se ha trabajado mucho en ello).

Lo que ya no nos llamó tanto la atención (y conste que es ajeno a la producción española, si quitamos la referencia costumbrista al xiringuelu como licencia con la audiencia asturiana) fue la propia obra en sí. El guión (escrito originalmente en inglés por José Fernandez) podría mejorar bastante en cuanto a consistencia (si se altera el orden de sucesión de muchas escenas no repercute para nada en el resultado). Falta coherencia narrativa (los años pasan y no sabemos cómo, ni cuando, ni de qué manera). Los diálogos son demasiado previsibles y los profesores (además de parte del alumnado como la gordita que solo piensa en comer) quedan reducidos a una caricatura demasiado estereotipada.

En el fondo, el musical es encuentra muy alejado de la película y de la serie de televisión precedentes. Los personajes no son los mismos pero intentan recordarlos, de algún modo, tanto en los nombres (Sherman en lugar de Sherwood, Scheinkopk en vez de Schorofsky, Jackson por Johnson) como en sus rasgos de personalidad e interacciones entre ellos (por ejemplo, la del conflictivo bailarín negro con la estricta profesora de lengua que se enfrenta, por esta misma causa, con la de danza).

Caso peor es el de sufre la música. Nadie del público es capar de recordar ninguna melodía a la salida del teatro a excepción del tema principal, pero, ojo, esta canción (la del Oscar de Hollywood) es completamente ajena a la partitura que realmente pertenece a Fama, el musical, es decir, la que realmente funciona (y de qué manera) haciendo levantarse a los asistentes de las butacas. Se nota, incluso, un intento de aprovecharla al máximo cuando intenta desarrollar ideas melódicas para los nuevos temas a partir de celúlas motívicas extraídas de ella (en ocasiones descaradamente). El compositor del musical completo, a excepción de la canción mencionada es Steve Margoshes, un nombre asociado al grupo de rock Meat Loaf y también orquestador de otras creaciones como Aida (el musical de Elton John, no la ópera de Verdi). Por otra parte, no comentamos la letra (inglesa) de las canciones, perteneciente al psicólogo Jacques Levy, puesto que al haber sido traducida no tiene cabida en nuestro subjetivo comentario.

No obstante, al público le gusta bastante la función y ríe continuamente. Por tanto, es un síntoma de que la obra funciona. Además, es estupendo que podamos ver este tipo de cosas sin tener que desplazarnos montones de kilómetros. Aunque hay pocas imágenes sobre la producción española, podemos ver la publicidad ¿encubierta? que tuvo en la serie Hospital Central cuando dos de sus personajes van al teatro a ver, precisamente, Fama el musical (para justificar aun más su inlusión en la trama del capítulo, parece ser que dos de las actrices del reparto se pelean y terminan siendo atendidas por el personal sanitario). Obviamente, se muestra el mejor momento de la representación (aquí sí que hay taxi):

FAMA, EL MUSICAL (2006) - PROMOCIÓN EN TV (HOSPITAL CENTRAL)

Finalizamos con el audio que es común a todas las “Famas” que hemos comentado (película, serie, discos y musical): la oscarizada canción de Michael Gore y Dean Pitchford en la interpretación de Irene Cara para el film de Alan Parker y que resume en su estribillo los sueños de quien trabaja duro para intentar triunfar:

Remember my name (Fame!). I’m gonna live forever. I’m gonna learn how to fly (high!). I feel it comin’ together. People will see me and cry (Fame!). I’m gonna make it to heaven. Light up the sky like a flame (Fame!). I’m gonna live forever. Baby, remember my name…

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