A tenor de lo que dicen

7 09 2007

Existe una anécdota acerca del tenor Luciano Pavarotti. Al parecer, tras sacar al mercado una recopilación con lo mejor de sus arias y canciones llamada Tutto Pavarotti (Todo Pavarotti), durante los aplausos, en uno de sus conciertos, alguien del público comenzó a gritar: ¡Bravo! ¡Bravo don Tutto! (confundiendo el nombre del cantante con el título del disco)

Dicen también que ayer se ha muerto este gran divo de la escena operística mundial. Sin embargo, gracias a las grabaciones en audio y vídeo, su recuerdo jamás desaparecerá del todo. Dediquemos, pues, unos minutos “in memoriam” a escuchar un pequeño fragmento del Requiem compuesto por Verdi (un autor cuyas obras no faltaban en su repertorio). A más de uno le sonará por haberlo oído en publicidad para la televisión.

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Cuenta este himno escrito en el siglo XIII por Tomas de Celano que el Dies Irae es el “día de la ira”, el del juicio final; cuando un juez supremo juzgará de manera estricta todo lo que hemos hecho hasta entonces. La muerte entraña un gran misterio para muchos pero todos sabemos que constituye un trance por el que, más tarde o más temprano, tendremos que pasar sin excepciones. De hecho, comentan, el ser humano es el único animal que sabe que va a morir.

Cuando esta certeza se torna artísticamente dramática, compositores como Puccini crean páginas tan sobrecogedoras como la correspondiente al momento en que un condenado a la pena capital consigue el “privilegio” de poder escribir una carta de despedida para su amada. Estamos hablando de un buen ejemplo para ver en escena al famoso artista: el aria E lucevan le estelle de la ópera Tosca.

Svanì per sempre il sogno mio d’amore… L’ora è fuggita… E muoio disperato! E non ho amato mai tanto la vita!…

Cuya traducción viene a decir, más o menos:

Se ha desvanecido para siempre mi sueño de amor… Ese tiempo ha acabado… ¡Y voy a morir desesperado! ¡Ahora que jamás he amado tanto la vida!

A tenor de lo que dicen, un gran tenor se ha muero hoy. Sin embargo, como habíamos apuntado, no es menos cierto que su nombre y sus interpretaciones nunca se podrán olvidar. En este sentido, la muerte no ha ganado del todo su batalla. Es como si continuaran resonando las notas del propio Pavarotti cantando las últimas palabras del aria Nessun dorma (Que nadie duerma) de la ópera Turandot (compuesta también por Puccini): Disípate, noche. Tramontad, estrellas. Al alba, venceré…

Nota: el vídeo anterior, precisamente, se corresponde con la última aparición de Luciano Pavarotti en Turín (2006) para la apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno. Sabiendo esto, el final todavía impresiona mucho más.

 


 

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