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Los Pelayos.

Publicado por oscarlsv el 12 Octubre 2012

Las conexiones entre la filosofía y la vida pueden surgir en el momento más inesperado ¿quién iba a decir que una de una película española que trata de una familia que puso en jaque a buena parte de los casinos de todo el mundo puede ser una buena excusa para comentar la filosofía platónica? Pues así es. Los Pelayos se hicieron famosos en España por conocer el truco para ganar dinero a la ruleta, por ser capaces de predecir matemáticamente a qué número apostar, y, sobretodo, por ganar ingentes cantidades de dinero en los casinos de todo el país.

No he visto la película de Eduard Cortes así que este post no es en modo alguno una crítica cinematográfica. Pero la historia me interesa y la conocía desde antes del estreno de la película. Es de esa historia de la que quiero hablar: los Pelayos consiguieron con su novedoso método matemático ganar millones de pesetas y poner en jaque a buen número de casinos a lo largo de la geografía española. Tanto es así, que se ganaron la fama de indeseados en los locales de juegos de azar del país e incluso les fue prohibida la entrada al Casino Gran Madrid.

El asunto no terminó ahí, ya que la prohibición de entrada al casino era ilegal según el Tribunal Supremo, que acabó otorgando la razón a la familia. La sentencia definitiva venía a decir que ser ingenioso no es lo mismo que ser tramposo y que Los Pelayos tienen derecho a entrar en el casino cuando quisieran.

La sentencia decía textualmente que en los referidos jugadores (Los Pelayos) “hubo, sin más, la utilización del ingenio y la aplicación de la técnica informática para descubrir que en una o unas determinadas ruletas unos números tenían, por causas físicas atinentes a ligerísimas imperfecciones de construcción o colocación, imperceptibles a simple vista, más probabilidades que otros en resultar ganadores a lo largo de un tiempo de juego más o menos prolongado”.

¿Qué relación tiene todo esto con la filosofía, y más concretamente con la filosofía de Platón? Pues mucha, claro. Los Pelayos eran y son unos platónicos (aunque ellos mismos no lo sepan). Desde la perspectiva de la Teoría de las Ideas su método es evidente y verdadero. La cuestión es esta: si existiera una ruleta ideal las probabilidades de que una bola caiga en cada una de las 36 casillas que la componen es, evidentemente, la misma. Pero las ruletas ideales no existen, al menos no existen en este mundo sensible y material en el que transcurre nuestra mundana vida; la únicas ruletas que existen son materiales, por tanto imperfectas y corruptibles. Por mucho esmero que haya puesto el constructor en su fabricación siempre, necesariamente, por su propia naturaleza material, la ruleta tendrá algún defecto, aunque sea mínimo, en virtud del cual la bola tenderá a caer más en ciertos números que en otros.

No nos interesan los detalles matemáticos del asunto sino su fundamentación filosófica. Sólo se trata de observar, apuntar los resultados y aplicarles un adecuado algoritmo matemático. Con tiempo suficiente los Pelayos acaban descubriendo cuales son los números “preferidos” de la ruleta. De nuevo con tiempo suficiente, apostando contumazmente a los números seleccionados, aunque un día podamos perder a la larga siempre obtendremos beneficios. Los Pelayos se hicieron ricos dirigiendo su mirada hacia lo inteligible, lo que les dio la clave para conocer el deficitario funcionamiento de lo sensible y material.

Temo que Platón no estaría orgulloso de sus moderno discípulos.

Igual se les ocurrió la idea en una clase de Filosofía.

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