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Artículos de Marzo, 2013

La naranja mecánica.

Publicado por oscarlsv el 31 Marzo 2013

Sinopsis

Alex es el melómano líder de una delirante banda de inadaptados sociales que disfruta sembrando el terror a través de la ultra-violencia y la violación de sus víctimas, dejando un reguero innumerable de crímenes de todo tipo. Cuando Alex es traicionado por sus compinches de fechorías y consecuentemente encarcelado, el gobierno trata de reinsertarlo en la sociedad por medio del innovador y contundente tratamiento “Ludovico”, método que resulta ser efectivo en orden a impedir que el paciente cometa cualquier clase de acto violento. Sin embargo, éste será el inicio de la pesadilla personal del protagonista al sufrir en sus propias carnes el rechazo de sus padres y la cumplida venganza de unos verdugos favorecidos por la indefensión de nuestro protagonista.

Comentario.

En esta simbólica y polémica obra clásica del cine de culto, Kubrick, con su habitual carga crítica de virulenta contundencia y hundiendo su afilado bisturí hasta las entrañas del cuerpo de una sociedad enferma de muerte como si de un cirujano se tratase, reflexiona sobre la naturaleza de la violencia inherente al ser humano, las reglas sociales, las rígidas fuerzas del orden, la hipocresía de los gobernantes, el sensacionalismo de los medios de comunicación, la disgregada institución familiar y los métodos de represión y rehabilitación mediante el instrumento de la sátira pura y dura. No es una celebración o apología de la violencia, como algunas voces interesadas han mantenido desde tiempos inmemoriales, sino todo lo contrario, puesto que se reducen los personajes y sus acciones al absurdo, al sin sentido más absoluto. La historia se concentra en las aventuras y desventuras de un pícaro (impresionante Malcolm McDowell), el personaje principal que es víctima de la sociedad que lo envuelve. Sus acciones son atroces, de una violencia extrema, pero el tratamiento “Ludovico” al que lo someten como presunta medida correctora de la conducta criminal inventado por el gobierno resulta ser negativo a todas luces, puesto que no hace otra cosa que coartar su libertad de acción. El tratamiento restringe su capacidad de decisión: es otra forma de censura más o menos encubierta, de privación de libertad, manteniendo al sujeto en una cárcel virtual. La revolucionaria cura no le produce ningún resultado terapéutico favorable, siendo peor el remedio que la propia enfermedad. 

El genio neoyorquino muestra que los métodos de castigo o represión son, incluso, más crueles y peores que los actos vandálicos. Es una crítica al Estado y a sus decisiones populistas, fundamentadas en extraer por métodos expeditivos todo aquello que no case con sus objetivos y que se aleje de la norma impuesta, no teniendo en cuenta los intereses individuales sino tan sólo la estabilidad de su sistema de gobierno cercano al totalitarismo.

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Filosofía, relativismo y (des)educación.

Publicado por oscarlsv el 27 Marzo 2013

Diego S. Garrocho Salcedo
Profesor de Ética en la Universidad Autónoma de Madrid

La filosofía es y será una disciplina amenazada. Acaso su destino se encuentre terriblemente marcado por su origen cuando, allá en el siglo IV a.C., la democracia ateniense condenó a muerte al que por Platón conocemos como el hombre más justo de la ciudad: su maestro Sócrates. No cabe duda de que su singular lenguaje, la pluralidad de métodos que la han asistido y la radicalidad de sus planteamientos han favorecido un tradicional alejamiento entre el hombre común y la tarea del filósofo. La burla de aquella muchacha tracia que sonrió al ver a Tales de Mileto precipitarse dentro de un pozo mientras contemplaba los astros es una anécdota perfectamente equiparable a la extrañeza con la que tantas personas reaccionan hoy ante el discurso filosófico en nuestro país.

Ese extrañamiento, comprensible y en ocasiones casi simpático, adquiere un tinte mucho más trágico cuando desde el prejuicio y la ignorancia parece despreciarse el enorme rendimiento de una de las tareas más dignas, singulares y fecundas de nuestra tradición cultural. Este gesto es demasiado reconocible en esta España donde, desde hace algunos años —si no desde siempre—, la ignorancia se ha encumbrado a la categoría de virtud folclórica y donde, con sospechosa insistencia, la incultura y la falta de aptitud moral e intelectual se exhiben impúdicamente con un orgullo que no puede dejar de significarse como macabro. Estos y otros síntomas oportunamente cuantificados por informes nacionales e internacionales subrayan la urgencia y el cuidado con los que el Gobierno debe acometer la que será la séptima reforma educativa de nuestra Democracia.

En el año 1999 el filósofo francés Jacques Derrida, de origen judío y argelino, advertía con orgullo en una entrevista para Le Figaro Magazine que Francia era (es, y seguirá siéndolo) uno de los pocos países en los que la filosofía se enseña en los liceos. En aquel tiempo, hace ahora catorce años, España podía apropiarse con justicia las palabras del padre de la deconstrucción. También nosotros, también aquella España sabía interpretar que la filosofía es una disciplina insustituible capaz de dotar a los hombres de una serie de competencias que difícilmente podrían adquirirse a través del cultivo de otras materias. Aquel orgullo, como tantos otros, parece desvanecerse actualmente ante la previsión de que la nueva Ley Educativa promovida por el ministro José Ignacio Wert termine por ejecutar una amenaza latente en las sucesivas reformas educativas que ha padecido (no creo que haya palabra más justa) nuestro país durante la Democracia.

Según se expone en el último borrador de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad educativa (LOMCE), publicado el pasado 14 de febrero, la asignatura de Educación Ético-Cívica quedaría eliminada; en su lugar, la asignatura Valores Éticos se ofertaría como alternativa a la asignatura de Religión y la asignatura Filosofía pasaría a tener un carácter optativo. Un destino semejante le espera a la asignatura hoy obligatoria de Historia de la Filosofía, en  Segundo de Bachillerato, que pasaría a convertirse en una optativa más entre dieciséis o en optativa de modalidad para los Bachilleratos de Ciencias  y Humanidades, lo que convertiría a la Filosofía no en una herramienta transversal y vehicular de la formación de nuestros jóvenes sino en una mera disciplina optativa cuyo interés quedaría sujeto al arbitrio espontáneo de los estudiantes y a la oferta específica que quisieran o pudieran plantear las distintas Comunidades Autónomas y los Centros Educativos.

Por todo ello, no deja de resultar sorprendente que los encargados de diseñar el currículo educativo de los ciudadanos del futuro se demuestren dispuestos a sacrificar el riquísimo legado de pensadores como Aristóteles, Descartes o Hegel. La Filosofía ni puede ni debe interpretarse como una materia adjetiva dentro de un proyecto educativo por cuanto provee a nuestros estudiantes de una serie de herramientas conceptuales insustituibles y que muy difícilmente podrán adquirirse a través del estudio de otras materias. El rigor lógico en la argumentación, la solvencia en el manejo de conceptos abstractos y la capacidad para fundamentar razonamientos de índole moral son algunas de las muchas competencias específicas del saber filosófico que, desafortunadamente, parecen desatenderse en el borrador de la LOMCE. Además, la defensa de la filosofía nunca debería interpretarse como una vindicación meramente romántica ya que, año tras año, estadísticas como las que arrojan los resultados del GRE (examen de acceso a los estudios de posgrado en Estados Unidos) demuestran que los estudiantes graduados en filosofía son, por ejemplo, aquellos que gozan de mayor competencia analítica.

Más allá de las virtudes propias de la filosofía como disciplina y del variado conjunto de competencias específicas que nos brindan su estudio y su ejercicio, todos los indicios demuestran que será poco probable que nuestros alumnos puedan realizar un correcto aprovechamiento de otras materias sin antes haber interiorizado determinados métodos, críticos y analíticos, heredados de nuestra tradición filosófica. El tercer borrador de la LOMCE advierte en su exposición de motivos que “ el aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, críticas, con pensamiento propio”, términos todos ellos, absolutamente ininteligibles para quien, por ejemplo, no se haya formado mínimamente en la filosofía kantiana. Estos y otros defectos son debilidades a las que la nueva reforma educativa debería hacer frente en una tarea que exige una enorme responsabilidad histórica, una responsabilidad con respecto a la cual, por cierto, el pensamiento conservador se ha arrogado históricamente especial sensibilidad. Si verdaderamente existiera una preocupación social por la educación moral de nuestros jóvenes o si en justicia nos preocupara el relativismo imperante en nuestra sociedad no creo que ninguna disciplina pudiera ofrecer un rendimiento tan perfecto como el que brinda la filosofía. Desde una perspectiva progresista o desde una perspectiva conservadora parece indudable que cualquier reforma educativa  debe aspirar a la construcción de una ciudadanía libre e ilustrada.  Sacrificar este consenso tan mínimo como obvio entrañará un daño generacional irreparable y nos conducirá a que dentro de pocos años volvamos a enfrentarnos a la que será entonces nuestra octava reforma educativa. Eso sí, y no otra cosa, es un síntoma del peor relativismo.

Publicado en el diario El País, el 27 de Marzo de 2013.

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La Ilustración

Publicado por oscarlsv el 27 Marzo 2013

kant

Aunque no es el único movimiento cultural de la época, la ilustración es la filosofía hegemónica en la Europa del siglo XVIII. Es un movimiento filosófico y político, que va seduciendo de manera gradual a las clases cultas y a la activa burguesía en ascenso en todos los países europeos. No se configura como un sistema compacto de doctrinas, sino como un movimiento en cuya base se encuentra la confianza en la razón humana a la cual se la considera como el único camino viable para el desarrollo de todas las sociedades.

La razón contra la tradición, la ignorancia, la superstición, la religión y la opresión. La razón de los ilustrados  se presenta como defensa del conocimiento científico y de la técnica como instrumentos de la transformación del mundo y del progresivo mejoramiento de las condiciones materiales de vida de la humanidad; como tolerancia ética y religiosa; cómo defensa de los inalienables derechos naturales del hombre y del ciudadano; como rechazo de cualquier tipo de dogmatismo; como crítica de las supersticiones que atemorizan al hombre y bloquean su razón.

Immanuel Kant, en su Respuesta a la pregunta: ¿qué es la ilustración? (1784), escribe lo siguiente: «La ilustración es el abandono por el hombre del estado de minoría de edad que debe atribuirse a sí mismo. La minoría de edad es la incapacidad de valerse del propio intelecto sin la guía de otro. Esta minoría es imputable a sí mismo, cuando su causa no consiste en la falta de inteligencia, sino en la ausencia de decisión y de valentía para servirse del propio intelecto sin la guía de otro.  Sapere aude, ¡ten la valentía de utilizar tu propia inteligencia! Este es el lema de la ilustración.»

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La filosofía aquí y ahora: Kant

Publicado por oscarlsv el 13 Marzo 2013

El filósofo argentino Juan Pablo Feinmann  explica en este capítulo la teoría del conocimiento kantiana, haciendo hincapié en la distinción entre la experiencia posible y la experiencia imposible. Empieza recordándonos la crítica de Hume al principio de causalidad y, a continuación, presenta el giro copernicano kantiano, que hace posible una nueva forma de abordar los problemas epistemológicos superando tanto el dogmatismo racionalista como el escepticismo humeano.

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Publican una versión de la “Crítica de la Razón Pura” con iconos de Whatsapp.

Publicado por oscarlsv el 12 Marzo 2013

CRP

TRATA DE HACERSE ENTENDIBLE PARA LAS NUEVAS GENERACIONES

Por Kike García.

Una nueva edición de la “Crítica de la razón pura” (en alemán, “Kritik der reinen Vernunft”) del filósofo Immanuel Kant llegará próximamente a las librerías con la novedad de haber sustituido la totalidad del texto por iconos de Whatsapp.

Se espera, de esta manera, que los estudiantes de Filosofía actuales tengan un acceso más adecuado y en su lenguaje habitual a esta obra capital de pensamiento.

El libro se está distribuyendo en tres formatos: papel, libro electrónico y grupo de Whatsapp. Este último formato es absolutamente innovador. “Te unes al grupo de Whatsapp de ‘La Crítica de la Razón Pura’ en el que uno de los contactos es un trabajador de la editorial que se hace pasar por Kant y va escribiendo frases de la ‘Crítica de la Razón Pura’. Es genial estar trabajando o en el bus e ir recibiendo mensajes sobre fenomenología”, explica mediante Whatsapp uno de los primeros compradores.

“Hemos sustituido el concepto de ‘entendimiento puro’ por el iconito de la hamburguesa y el del ‘mundo físico’ por el de la caca sonriente, porque al fin y al cabo Kant es idealista y todo lo que se refiera al mundo físico y real le parece más o menos mal o incognoscible o imperceptible o caca…”, explica el doctor Salvi Turró, profesor de la Facultad de Filosofía de la Universitat de Barcelona y editor de esta nueva versión del clásico de Kant. “Para el fenómeno, que es lo que percibimos, la experiencia sensible, hemos usado el dibujito del delfín y para el noúmeno hemos usado el dibujito de la rata”.

www.elmundotoday.com

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La aventura del pensamiento: Inmanuel Kant.

Publicado por oscarlsv el 6 Marzo 2013

 

Inmanuel Kant nace el 22 de Abril de 1724 en Königsberg. Su padre era un humilde talabartero y su madre, cuya gran religiosidad influirá en el filósofo, era seguidora del movimiento pietista. Es su madre la que, sobre todo permanece en su recuerdo; él mismo reconocerá en una carta que es su madre quién puso dentro de él las semillas del bien, del amor a la naturaleza y al conocimiento.

A los ocho años ingresa en Königsberg en el Collegium Fridericianum, de orientación pietista. En la misma ciudad inicia en 1740 sus estudios universitarios. En la universidad estudia principalmente la filosofía de Wolf, un racionalista seguidor de las ideas de Leibniz. También se dedica intensamente al estudio de la ciencia newtoniana que tanta importancia va a tener en la obra de Kant. Al terminar sus estudios universitarios aceptó, por razones económicas, una plaza de preceptor en una familia de la Prusia Oriental. Ocho años después, en 1755, obtiene el doctorado y entra como privatdozent en la Universidad de Königsberg, y en 1770 obtiene definitivamente la cátedra en esa universidad. Esta fecha se suele considerar como el inicio de su llamado periodo crítico, que supone el rechazo de las posiciones racionalistas de Leibniz y Wolff y el comienzo de su propio sistema. Kant asegura que fue la lectura del empirista Hume quién le despertó del sueño dogmático racionalista y le animó a emprender una profunda y verdadera crítica de la razón.

La enorme tarea que tenía por delante le obligó a adoptar un estricto horario de trabajo. Se levantaba poco antes de las cinco de la mañana, desayunaba y pensaba sobre el trabajo del día. De seis a siete preparaba las clases, que empezaban a las siete u ocho, dependiendo de la estación del año, y terminaban sobre la nueve o las diez. Luego se dedicaba a escribir hasta la hora de la comida, en la que siempre estaba acompañado, y que, dado su gusto por la conversación, se alargada varias horas. Luego paseaba durante una hora y dedicaba el resto de la tarde a la lectura y reflexión. Se acostaba a las diez de la noche. Así pasaron 11 años de trabajo hasta que en el año 1781 publicó su Crítica de la Razón Pura, obra que por muchos aspectos ha significado un cambio drástico en la filosofía. Su rutina diaria continuó invariable hasta el final de sus días, el 12 de febrero de 1804.

La grandeza de su obra contrasta con la tranquilidad de su vida. Aunque simpatizaba con los ideales de la Revolución Francesa, sólo una vez entró en conflicto con la autoridad política: el rey Federico Guillermo II le pidió que no escribiera sobre religión y Kant aceptó su mandato desde el respeto a la ley, pero a la muerte de éste, se sintió liberado de la promesa hecha y escribió “La religión dentro de los límites de la mera razón”.

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