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Artículos de Mayo, 2013

American Beauty.

Publicado por oscarlsv el 30 Mayo 2013

Sam Mendes (1965- ), director británico de teatro y de cine, integrante de la generación que surgió a finales de la década de 1980. Estudió en la Universidad de Cambridge y se convirtió en un reconocido director teatral en la década de los 90. En 1999 estrena su primera obra cinematográfica, American Beauty, que, para su sorpresa se hace con los más importantes premios del año, entre ellos Óscar y Globo de oro a al mejor película.

La película se enfoca alrededor de la familia Burnham, compuesta por tres personas: Lester (Kevin Spacey), su esposa Carolyn (Annette Bening), y su hija adolescente Jane (Thora Birch) quienes se relacionan con otros personajes, incluidos sus vecinos, la familia Fitts. En cualquier caso el personaje más interesante es Lester que, profundamente abandonado a una vida indeseada, se desinhibirá en un arranque de rebeldía que lo devuelve a la pasión por vivir cada día. Sin embargo es el año en que sin saberlo le toca morir.

Esta película es interesante para ver en clase de Psicología como ejemplo y motivo para la reflexión acerca de la Psicología Humanista de Carl Rogers y Abraham Maslow. Rogers pensaba que cada persona vive y construye su personalidad a partir de ciertos objetivos; y el objetivo más alto sería ser feliz, autorrealizarse. Rogers está convencido que toda la infelicidad de las personas proviene de no aceptarse como son y no dejar que su personalidad se vaya construyendo sin trabas. Sólo cuando una persona se acepta a si misma, pierde todos los complejos de mostrarse tal y como es frente a los demás y frente a sí mismo, puede realmente realizarse. No existen recetas de carácter general para alcanzar este objetivo, cada persona debe recorrer su propio camino.

El último año en la vida en la vida de Lester Burnham es un interesante camino hacia la autorrealización y puede servir de modelo, no para copiar el camino de Lester, sino para que cada uno encuentre su propia senda hacia la autorrealización y de esta forma hacia la felicidad.

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Platón, según Friedländer.

Publicado por oscarlsv el 26 Mayo 2013

Cuando alguien se acerca por primera vez a los Diálogos platónicos suele ser después de tener conocimiento, por medio de un manual o de un profesor, de la Teoría de las Ideas. El lector sabe -  o cree saber - que tal teoría aparece expuesta principalmente en los llamados diálogos de madurez: el Fedón, el Fedro, el Banquete y la República. Una vez leídos cualquiera de estos diálogos, que suponemos los más representativos, causa extrañeza lo poco que se dice en ellos acerca de la Teoría de las Ideas, es más, en realidad no aparece tal “doctrina” en lugar alguno.

El libro Platón, Verdad del Ser y Realidad de la Vida, de Paul Friedländer - editado por primera vez en 1928 y traducido al español en 1989 por Santiago González Escudero en Tecnos, en una edición que actualmente se encuentra agotada - parte de esta constatación y no obliga a Platón a ser un “platónico”, no busca en los Diálogos las pruebas que corroboren la Teoría de las Ideas. Friedländer hace una lectura atenta y rigurosa de los Diálogos a partir de un análisis filológico profundo y complejo que pretende eludir todo tipo de prejuicio filosófico.

De entre todos los temas que Platón trata en sus Diálogos nos interesa aquí especialmente el problema del conocimiento, pues es en el intento de dar una respuesta a esta cuestión cuando, supuestamente, nace la Teoría de las Ideas. Sabemos que Platón sostiene, especialmente en la República y en la Carta VII, que el conocimiento es un camino gradual de subida y bajada hasta que, “después de gran esfuerzo y trabajo, de repente el conocimiento reflexivo brota (carta VII)”. Lo mismo ocurre, en el Mito de la caverna, con el prisionero liberado cuando, después del arduo viaje, contempla el sol y toma conciencia de la realidad circundante.  El conocimiento verdadero surge de manera repentina, de manera semejante a un arrebato místico.

Podemos distinguir en Platón dos ámbitos o espacios en los que la Verdad se manifiesta : el mundo de los logoi, -los discursos- donde aprehendemos la esencia de las cosas a través del lenguaje: “me parece que habría que remontarse a los logoi y afirmar en ellos la verdadera esencia de las cosas que son” (Fedón 99e);  y, por otra parte,  lo que está “más allá de la esencia”, lo arrheton - lo indecible, inefable o innombrable-  o el “quinto grado de conocimiento” (carta VII)”.   Platón designa con este término, arrheton, lo que propiamente no puede designarse y, sin embargo, es la meta final de toda indagación:

“Pero cuando nos vemos obligados a contestar y definir claramente el quinto elemento, cualquier persona capacitada para refutarnos nos aventaja si lo desea, y consigue que el que está dando explicaciones, sea con palabras o por escrito o por medio de respuestas, dé la impresión a la mayoría de los oyentes de que no sabe nada de lo que intenta decir por escrito o de palabra. Carta VII.”

Lo arrheton se nos escapa entre los dedos cuando queremos verbalizarlo o poseerlo de algún modo.  No se trata entonces de un saber sustantivo, un secreto que deba ser custodiado y mantenido oculto para los no iniciados. Por ello, al contrario del pitagorismo, Platón no precisa de esoterismo alguno. En realidad no hay nada que esconder. De ahí la vocación platónica por el Mito. Allá donde el Logos no puede llegar, apunta el Mito. Cuando tenemos el saber supremo al alcance de la mano, Platón nos insta a abandonar el medio que nos ha llevado hasta allí - la razón, el logos - y entregarnos a las evocaciones mitológicas. La Verdad más alta no puede ser Verbalizada - por eso no encontramos en los diálogos platónicos definición alguna del Bien - pero puede ser sugerida o evocada de algún modo, y es entonces cuando surge el Mito, el último escalón en el camino dialéctico que nos deja a los pies de lo arrheton.

 Encontramos en los Diálogos platónicos tres caminos que conducen a lo arrheton:  el camino dialéctico de la República, el camino de Eros en el Banquete y el camino de la muerte en el Fedón. En realidad son solo uno camino, pues se complementan perfectamente: el camino del saber se emprende bajo el auspicio de Eros y no concluye hasta la muerte, con la liberación del alma y su consiguiente “purificación” que es ante todo purificación intelectual, es el conocimiento o puro pensar.   En cualquier caso, el objetivo siempre es  el mismo: alcanzar lo arrheton. El problema es que, una vez alcanzada, la Verdad  no puede ser enunciada, no son posibles los atajos, tampoco es posible diseñar una ruta que especifique claramente las etapas a superar y la dirección a tomar. Sócrates, al parecer, transitó, toda su vida por este camino sin alcanzar la meta y Platón calla en lo esencial:   

 Desde luego, no hay ni habrá nunca una obra mía que trate de estos temas; no se pueden, en efecto, precisar como se hace con otras ciencias, sino que después de una larga convivencia con el problema y después de haber intimado con él, de repente, como la luz que salta de la chispa, surge la verdad en el alma y crece ya espontáneamente. Carta VII “

A la vista de todo esto, la pregunta que a Friedländer le interesa plantear es la siguiente: ¿Es Platón un místico?

Hemos dado razones suficientes para considerar muy seriamente la posibilidad de una respuesta afirmativa a esta pregunta. No en vano la tradición mística posterior - primero Plotino y después la mística cristiana, islámica y cabalística - hace suya la noción platónica de arrheton. Además podemos encontrar similitudes significativas entre el viaje dialéctico de Platón y la peregrinación de Dante a través de los tres reinos y también encontramos ecos platónicos en las enseñanzas de Buda y de los sufíes.

Sin embargo, Friedländer sostiene, con buenas razones, pienso, que Platón no es un místico.

Lo más excelso está “en la fila del Ser” (no “más allá”, antes o después), damos con lo arrheton cuando transitamos por el camino del conocimiento del Ser (no por una caída o trance místico). Son necesarios los números, la geometría, la astronomía, la teoría musical: 

 “Y cuando después de muchos esfuerzos se han hecho poner en relación unos con otros cada uno de los distintos elementos, nombres y definiciones, percepciones de la vista y de los demás sentidos, cuando son sometidos a críticas benévolas, en las que no hay mala intención al hacer preguntas ni respuestas, surge de repente la intelección y comprensión de cada objeto con toda la intensidad de que es capaz la fuerza humana. Carta VII.”

 No solamente en la Carta VII, también en la República, Platón insiste en la dificultad del camino dialéctico, en los esfuerzos que deben realizarse, en el tiempo que debemos invertir para transitarlo - quince años en el Estado Ideal- y la paciencia y tenacidad que deben acompañarnos; de tal manera que la urgencia e inmediatez de la Gnosis mística es del todo ajena al planteamiento platónico.

En Platón es inconcebible el antagonismo que, posteriormente, planteará Pascal: Dios de Abraham vs Dios de los filósofos. No hay ni puede haber divergencia entre la Razón y la Revelación, accedemos a la Verdad por el camino de la Razón, no hay otra vía alternativa. En palabras de Friedländer: “en Platón la locura de Dios y matemáticas guían hacia arriba el camino”. Por otro lado, la consideración del conocimiento sensible en Platón no es tan negativa como pudiéramos suponer: si bien es verdad que en el Fedón, por ejemplo, se incide en la separación entre los sentidos y la razón, otros diálogos no avalan esta separación y son ajenos a la tradición mística de enfrentar el amor a los sentidos con el amor de Dios. Tanto en el Banquete como en el Teeteto, por ejemplo, encontramos un reconocimiento de la sensibilidad como necesario punto de partida del camino dialéctico.

Por último, no encontramos en Platón la promesa de la unión indisoluble del Alma con lo Uno característica de la “scala mystica” en Plotino. “ Llegar a ser Dios” es el objetivo de Plotino y de la mística, mientras que Platón “el objetivo es ser de forma de dios, amado  de dios, parecido a dios, en la medida de las posibilidades”. El camino de Platón conduce a lo arrheton por medio de las Formas eternas. “¡Cuán llena debe estar el alma con las figuras en las que ella ha contemplado los arquetipos iguales a esencias, que conserva frente a ella! Y así es el camino a lo arrheton; tampoco se trata de aquel Altísimo alcanzable por ejercicio propio. Sino incluso debe permanecer el alma frente a él en una manera llena misterio, no hundirse en la corriente” 

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¿Es la filosofía algo inútil?

Publicado por oscarlsv el 14 Mayo 2013

Por Alba Iglesias.

Últimamente, con la LOMCE, se están planteando este tipo de cuestiones.

En efecto, lo es. Absolutamente. La filosofía es tremendamente inútil. En un sentido económico, la filosofía no aporta nada al mundo. Un ingeniero de la NASA puede ser igual de buen ingeniero sin tener ni idea de quienes eran Platón o  Nietzche. Pero… ¿A caso no somos algo más que eso? Se supone que nos forman como personas, no como máquinas productoras para este sistema en el que vivimos.

Después de dos años cursando esta asignatura, lo menos que puedo hacer es alarmarme por el tipo de gente que nos gobierna, realmente creen que la filosofía es inútil. La otra opción es que sepan que sí que aporta mucho, y en ese caso es todavía menos positivo, lo único que pretenden es que seamos todavía más ignorantes. Personalmente, creo que he aprendido muchas cosas.

Este año, con Platón, he aprendido que el conocimiento lo forma las relaciones entre ideas, que algo por separado no tiene valor. Que salir de la oscuridad, de la caverna, requiere su esfuerzo, que es algo que debemos hacer gradualmente y que en ocasiones conllevara sufrimiento. Que la sociedad en la que cuyos gobernantes estén menos ansiosos por serlo será necesariamente la que mejor viva, que curioso. La importancia de la educación.

Con Aristóteles, que los extremos no son lo deseado, que la virtud está en el “justo medio”, y que sólo podré alcanzar la felicidad desarrollando lo que es propio para mí, la razón. Que  para conocer algo debemos fijarnos primero en las causas, a no juzgar sin conocer lo que hay detrás. Que el mundo está en movimiento, y que todo esconce una potencia, algo que puede llegar a ser.

Con Descartes, que sólo debo fiarme de lo que sea “claro y distinto”, de que las cosas no deben decirse dando rodeos, que hay que presentar la verdad de forma evidente. Que antes de dar algo por hecho hay que pararse a pensar, hay que analizar lo que se presenta ante nosotros, a no aceptar y dar por verdadero todo. A no dejarme manipular, o por lo menos a intentarlo.

Con Hume, que lo que conocemos no es el mundo, sólo representaciones de él. Que al final, sólo somos un conjunto de impresiones e ideas, y que a veces hacemos relaciones forzadas que no siempre son verdaderas… Que si vemos muchos patos negros a veces podemos sacar la terrible conclusión de que todos los patos son negros.

Con Kant, que el verdadero conocimiento será el que se apoye en la razón y la experiencia, que estas dos por separado no tienen ningún valor.  Que cuando aprendemos, nosotros también ponemos nuestra parte, que el sujeto conocedor no es pasivo. Que nuestra naturaleza siempre nos llevará a hacernos preguntas como que si existe Dios, pero que no podremos contestarlas.

Y en cuanto a Marx, que para ser felices debemos hacer lo que nos gusta. Que somos entes sociales, y que lo propio es vivir en sociedad. Que nuestra esencia es algo externo, que debemos realizarnos trabajando, que por muy perezosos que seamos, que yo sea,  sólo podré autorrealizarme haciendo cosas, trabajando.  Y que somos lo que el mundo hace de nosotros,  que a partir de las relaciones de producción se nos define la cultura, la religión…

Lo he dicho muy por encima, hay muchas más cosas que sacar de este curso (y no dije nada del año pasado), pero no quería hacer algo muy largo. Además, creo  que con esto ya se puede decir que he sacado algo provechoso de este curso, y esa es la idea que quería transmitir.

Quitando la obligatoriedad de esta asignatura en segundo de bachillerato, un curso con bastantes cosas que hacer, y siendo una materia a la que hay que dedicar bastante tiempo, sólo van a provocar que muchos jóvenes pierdan algo que les puede enriquecer mucho.

PD: Óscar, te hago esta entrada para que veas que aunque parece que no te hacemos caso nunca, lo que haces sirve para algo. 

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