De autor…
UNA NOCHE
Alicia Corchón Pérez 2º ESO
Ya he apagado la lamparita de noche. Las acogedoras mantas me cubren, me invitan a un atrayente sueño. Pero la persiana sigue abierta, y las luces de la ciudad penetran a través de mis párpados cerrados. Tampoco puedo evitar oír los lejanos zumbidos de la carretera. Esto evitará que me duerma.
Llueve. La lluvia cae afuera, al otro lado de los cristales y las paredes. Su repiqueteo incesante es una nana a mis oídos. Pero a pesar de eso todavía hay demasiada luz. No podré dormir hoy.
¿Por qué brilla tanto la ciudad? ¿Por qué no basta con el suave resplandor de la luna?
La lluvia no se mantiene quieta. A veces llueve menos, otras veces temo que mi casa se derrumbe. Juguetona, varía su intensidad cuantas veces quiere. En ocasiones, se disfraza de granizo y entonces las ventanas tiemblan con su baile.
Ahora tengo frío. Me tapo aún más con las mantas. Quiero dormir, pero entre la luz y el ruido…
Pienso. Hasta que llegue el sueño no hay otra cosa que hacer. En estas condiciones contaría hasta mil ovejas sin que el manto de la noche me alcanzara.
La luz que entra es reflejo de los hechos del ser humano. Es artificial. Se inventó para mejorar la vida de nuestra especie. Pero dime, Edison, ¿pensaste algún día que tu invento me quitaría el sueño? Para evitarlo tenemos persianas, pero las persianas se dejan abiertas en un despiste.
También el ruido es buen ejemplo. Los coches vienen y van, yo los oigo y no me duermo. Y si aumenta el tráfico ni siquiera el suave murmullo de la lluvia podrá taparlo.
¿Y no pasa igual con los humos de las ciudades? Los creamos en nuestros quehaceres diarios, o al fabricar cualquier cosa, o para producir energía, pero de paso abrimos un gran agujero en la capa de ozono, en la suave oscuridad de la noche. ¿No es lo mismo? ¿No son las molestas luces de las farolas como las peligrosas radiaciones solares? ¿No son las quemaduras y cánceres como este insomnio que me invade? ¿No es la cumbre de Kyoto como una persiana, en muchos sitios olvidada o sólo bajada a medias? ¿No somos todos los seres vivos, desde plantas a humanos, como yo y todos los que ahora intentan sin resultado llamar al descanso y al sueño?
¡Que frío! Me incorporo y veo que algunas mantas no están en su lugar. Veo, veo con mis manos, palpándolas en la penumbra, que están dobladas a mis pies. Las coloco. Poco a poco, el frío comienza a abandonarme.
Entonces llega su opuesto. El bendito calor que dulcemente me arropa, me mece, me acuna. Cierro los ojos. Los cubro con las mantas. Ya no me molesta la luz. Sólo el ruido sigue, tan lejano, tan suave… Ya no hay coches, sólo lluvia. Y la lluvia es cada vez menos intensa, hasta que sólo cuatro gotas llegaron a mis oídos. Cuatro, tres, dos, una, cero.
Soy una figura borrosa en un mundo difuminado. En este mundo veo yo escaleras que desaparecen en las nubes y gente que anda por el agua. Yo misma estoy en la cima de un árbol tan alto como un rascacielos, y no me parece extraño haber llegado hasta allí. Tampoco que la criatura que se me acerca sea un cruce de gato y mariposa, ni que durante toda mi vida haya vivido en ese bosque de grandes árboles, al lado de la Ciudad Sumergida en el Lago de Cristal, de donde surge la Escalera Prohibida.
¿Por qué está prohibida? No lo sé. Tampoco sé quién me dijo que así se llamaba, sólo lo sé. Tengo curiosidad. ¿Y si la subo?
Como si el dios de este mundo extraño estuviera escuchando mis pensamientos, aparezco a la orilla del Lago de Cristal. Pongo un pie en la superficie de ese espejo del cielo. No me hundo. Pongo el otro. Doy un paso. Otro. Me paro. Me arrodillo y meto la cabeza debajo del agua. Veo una gran ciudad. Una ciudad de edificios bajos, de colores azules y blancos, de calles anchas y largos paseos por donde sus habitantes caminaban. Una bella Atlántida. Oigo solamente el sonido de las caracolas.
Saco la cabeza del lago. No estoy mojada. Una niñita albina revolotea a mi alrededor. Se sumerge y enseguida vuelve a aparecer. Siempre que asciende dice algo. Tal vez «¡Mamá! ¡Tengo hambre!», o «Te quiero», o «¡Qué caro está el pescado!». La niña me susurraba todo lo que se decía en la Ciudad Sumergida, casi sin mover los labios, cada vez que emergía.
Me levanto. Doy otro paso, y otro. Me siento insegura caminando por este lago. Tiemblo. Muevo un pie para andar y me caigo. He quedado medio hundida, con el agua hasta la cintura.
La niña albina ha desaparecido. No puedo subir o bajar a la Ciudad Sumergida. Estoy atascada. ¿Es el fin? Miro la Escalera Prohibida, allí en el centro del lago. ¿Qué secretos oculta?
Las aguas me arrastran hasta ella. No, aquí no se acaba la aventura. Comienzo a subirla. Es una escalera de caracol, sin ningún tipo de barandilla o pasamanos. Parece una larga tira de papel doblada en escalones, que ascienden en espiral hacia las nubes.
A cada paso que doy, a cada escalón que subo, se vuelve el cielo más oscuro. Pronto llegaré al final de la escalera. ¡Qué extraño! Juraría que era más larga.
¿Qué hay allí, donde los últimos peldaños se funden con las nubes? ¿Una puerta cerrada? Sí. La puerta de una alta verja de hierro, imposible de saltar. Pero, ¿quién es ése de ahí? ¡Si es el difunto rey del bosque! Me abre la puerta.
Lo observo. Por un lado parece un terrorífico mago negro, cubierto con aquella capa de oscuras hierbas. Me da miedo. Pero por otro es un agradable sabio blanco, de barba larga y ojos brillantes. Es extraño, pero por contradictorio que parezca, el blanco y el negro, el bien y el mal; se mezclaban en una misma persona.
Se me acerca. ¿Me puedo fiar de él? Entonces me empuja fuera de la escalera. Caería en el lago, pero ya no había lago.
―Tu tiempo aquí ha acabado ―dice mientras caigo.
¡Pipipipí! ¡Pipipipí! Suena el despertador.
Alicia Corchón Pérez
Marzo 2007
La leyenda del bosque encantado
Sara Cristina Flórez Mezquita 2º ESO
Érase una vez una niña llamada Carolina. Le encantaba ir de excursión al campo o a la montaña.Un día estando en clase una amiga le preguntó si iba a ir a un bosque que había muy cerca de allí. Carolina le dijo que le gustaría mucho ir. Entonces su amiga le dijo que ese bosque tenía una leyenda, pero que en ese momento no se acordaba de ella.Carolina no creía en leyendas ni cosas por el estilo, así que decidió que al día siguiente iría a ver ese bosque.Por la mañana preparó la mochila con las cosas necesarias para ir al bosque. Cuando ya estaba llegando le pareció un bosque muy sombrío, pero no se asustó y se internó en él.Dentro del bosque se escuchaban cosas raras y estaba todo muy oscuro, como si fuera de noche. Estuvo andando media hora. De repente pisó algo blando, era ropa. Parecía raro encontrar ropa sin que hubiese nadie por allí. Siguió andando y algo le tocó en la espalda. Al darse la vuelta vio que era una rama de un árbol que la atraía hacia su interior, entonces cogió la navaja de la mochila y consiguió soltarse. Echó a correr pero a los pocos metros se encontró con un hombre que parecía un muerto viviente. Rápidamente la cogió del cuello hasta que… y nunca se volvió a saber nada de Carolina.En ese momento, en otro lugar, la amiga de Carolina lograba acordarse de la leyenda del bosque encantado, que decía que un hombre había muerto en el bosque porque un árbol le arrastró hacia su interior. Desde entonces su espíritu vagaba sin descanso por el bosque, porque quien en él entrara, no podría volver.Ahora Carolina estaría para siempre sin volver a ver la luz del sol.
Un día inolvidable
Yaiza Sal López 2º ESO
Un día como otro cualquiera. Había quedado con mis amigos para ir al parque. En frente mismo del parque hay una especie de bosquecillo con árboles muy apretados, muy oscuro y en el que no entra nadia desde hace mucho tiempo.Cuando mis amigos se fueron para casa solo quedamos Schere y yo. Desde hace mucho tiempo nos llama la atención el misterio que guarda ese bosque, porque nosotras pensábamos “pero, ¿por qué no quiere entrar nadie en ese bosque? Si parece un bosque como otro cualquiera” Entonces Schere y yo decidimos dejar de preguntarnos eso y descubrirlo. Nos dirigimos hacia el bosque y, una vez dentro, vimos que no había ningún animal por allí, ninguna flor viva, estaban todas marchitas. Nos parecía muy extraño porque unos días antes había estado lloviendo. Sin embargo, nosotras seguimos adelante.Un poco más allá nos pareció ver un árbol vivo, con sus flores, sus frutos y todo. Entonces nos hicimos otra pregunta “¿Por qué todo el bosque estaba marchito y oscuro mientras que en esta parte había vida?” Sí, vida y sol, un sol radiante, tanto que tuvimos que ponernos a la sombra debajo del árbol. Y entonces sucedió: al apoyarnos en el tronco se abrió y apareció debajo del árbol una especie de pasadizo. Estábamos muy asustadas, pero aún así decidimos bajar las escaleras. Después de muchos túneles y desviaciones, llegamos a otra parte del bosque llena de vida y de luz, donde había lagos y muchos pájaros cantando. De repente empieza a llover y nos damos cuenta horrorizadas que se cierra la puerta del pasadizo. ¡No podíamos volver a casa!Schere y yo comenzamos a caminar y un poco más adelante vimos como unas casitas, como si allí hubiera un pueblo. Y resultó ser así, allí había un pueblo y vivía mucha gente. Nos dirigimos hacia una casa azul a la orilla del lago, picamos a la puerta y nos abrió una niña que dijo llamarse Lara, de nuestra edad. Le dijimos que nos habíamos perdido y que no sabíamos cómo salir de allí. Ella nos preguntó que cómo llegamos, entonces le contamos toda la historia, lo del árbol, lo del pasadizo.Lara nos preguntó que si recordábamos dónde estaba el árbol, pero nosotras éramos incapaces de hacerlo, entonces ella nos acompañó hasta un árbol que había después de la oscuridad. Y ese árbol nos parecía que era nuestro árbol. Efectivamente, la niña nos ayudó a empujar el tronco para poder entrar en el pasadizo. Antes de entrar y despedirnos le preguntamos a Lara que cómo es que en el bosque había partes oscuras y partes con vida. Nos dijo que era un bosque mágico y que dependiendo del día que haga, algunas partes se quedan oscuras y marchitas y otras con vida.Nos despedimos de Lara dándole las gracias por todo lo que nos había ayudado, pero antes de irnos nos hizo prometer que volveríamos a visitarla.Antes de llegar a casa nos volvimos a hacer la misma pregunta: “¿Por qué no quiere entrar la gente en el bosque?” resulta que sólo los niños pueden ver el pueblo y algunas partes del bosque con vida. A la gente mayor les asusta entrar en ese bosque porque sólo pueden ver la oscuridad.
A Schere y a mí nunca se nos olvidará ese día
Un bosque tenebroso
Laura Lázaro Alcaraz 2º ESO
Era un día de invierno, con mucha niebla. La clase de 2º C nos íbamos de excursión a un bosque en la alta montaña.De camino, en el autobús, tuve la extraña sensación de que algo iba a pasar, pero no le di mayor importancia…Al llegar a nuestro destino bajamos del bus, nos adentramos en el bosque y la niebla era más espesa. Decidimos parar a comer algo y seguir con la excursión más tarde, a ver si levantaba algo la niebla, pero, no fue así. Cuando llegó la hora de marcharnos no encontrábamos el camino de vuelta al autobús debido a la densa bruma. El profe, Luis miguel, nos dijo que no nos preocupáramos, porque estaríamos allí a la mañana siguiente, que estando así de cerrado era mejor esperara a que amaneciese.Esa noche hacía mucho frío y Covadonga fue la encargada de buscar leña. Ya había pasado media hora y no volvía. Entonces salieron dos en su busca, y luego otros dos y dos más hasta que… me vi sola.¡No sabía qué hacer! Al final entré en el bosque… lo único que había eran animales horrorosos, bichos muy grandes y niebla, ¡mucha niebla! Suerte que llevaba mi linterna y pude vislumbrar algo de entre esa espesa capa de vapor. Di vueltas por todos lados, pero no encontré a nadie. Salí de allí cuanto antes e intenté buscar el camino de vuelta hasta el bus. Al final lo encontré, pero… ¡el conductor no estaba!Me puse muy nerviosa… y lo primero que se me ocurrió fue subirme al autobús y empezar a conducir. Llegué a Avilés y me dirigí a la Comisaría y allí les conté todo lo ocurrido, aunque no me hicieron ni caso, pensaron que era una broma.Me fui a mi casa e hice como si nada hubiera ocurrido…Al día siguiente me encontré a todos en clase, como si nada. Les conté lo que paso y… ¡todos lo negaron!. Me dijeron que me desmayé en el autobús y me llevaron inmediatamente a casa… Pero, no me lo creí. ¡Tuve que estar allí y bajar del autocar! ¿Por qué tenía si no un arañazo en la pierna? Pero no un arañazo normal, porque me lo hice con una planta a la que soy alérgica y que ¡sólo crece en los bosques!¡¿Qué me estaban ocultando mis compañeros y mi profe?!
El bosque tenebroso
Enya Prieto Hernández 2º ESO
Hace ya un mes, cuando me aventuré a ir al bosque yo sola, a escribir poesía. Iba toda decidida, sin miedo, dispuesta a escribir la poesía más bonita de toda mi vida.La tarde estaba preciosa, el sol relucía, los pájaros cantaban y hasta los animales parecía que sonreían. Por fin, cuando encontré un sitio para sentarme a escribir, se puso a llover, así que decidí volverme a casa.Por el camino de vuelta un leñador malvado y cruel me secuestró. Intenté escapar, engañarle, hasta intentar que cayera en una trampa, pero no resultó: era muy astuto. Cuando me soltó un instante me escapé y corrí por el bosque, aunque no llegué muy lejos: los árboles y animales tan simpáticos que yo creía que eran, resultó que querían llevarme de vuelta a la cabaña del leñador. Una vez allí el leñador me dijo que él controlaba el bosque y que nunca iba a lograr escapar.Después de tres o cuatro días seguía pensando cómo podría escaparme hasta que… ¡todo era muy sencillo! Sólo tenía que cogerle una especie de punta que tenía clavada en la espalda, que era lo que le hacía ser malvado, y me ayudaría a salir de allí.Esa misma noche se la quité mientras dormía y al día siguiente todo ocurrió como yo había pensado: el leñador y los animales del bosque me ayudaron a salir de allí.Y por fin logré escribir mi poesía, pero hoy no os la voy a contar. Quizá un día la publique y con mucho gusto os la dedicaré.
Nicole y el bosque tenebroso
Lucía Otero Martín 2º ESO
Érase una vez a principios del siglo XIX cuando una niña llamada Nicole se escapó de su casa por discutir con sus padres, que no querían comprarle un animal, exactamente un perro pastor alemán.
Nicole vivía con sus padres, dos hermanas y cuatro hermanos. Su casa era grande, no tenía nada especial, era como todas las casas en aquel siglo. No era muy tenebrosa, pero sí alguna habitación cuyo suelo chirriaba cuando pasaban. Así que no solían entrar en aquellas habitaciones, ya que les aterrorizaban y tenían habitaciones suficientes.
Nicole era una niña de diez años, alta, morena y con unos ojos negros tan profundos como la noche.
Nicole se escapó de su casa a las ocho de la noche, media hora después de haber discutido con sus padres. Se escapó por la ventana y corrió y corrió como el viento para que nadie se percatase de que se había escapado.
Al cabo de un rato sus padres la llamaron para cenar y como no contestaba subieron para ver qué le pasaba y para disculparse con su hija. Al ver que no estaba se asustaron tantísimo que llamaron a la policía. Cuando ésta llegó, Nicole ya estaba muy lejos de su casa y, sin darse cuenta, estaba rodeada de árboles y, además, se había hecho de noche. Nicole estaba muy preocupada, jamás había visto aquel bosque tan tenebroso y mucho menos de noche.. Los árboles eran enormes y no se paraban de mover, porque hacía muchísimo viento.De repente empezó a llover y Nicole pensó que dónde se iba a resguardar ahora. Estaba asustada, mojada y con unas ganas inmundas de volver a su casa para poder abrazar y besar a su familia, pero todo se le quedaba muy alejado de su mente.. En ese momento Nicole sólo se preguntaba por qué se había tenido que marchar de casa por una discusión tan tonta, y ahora estar sola en este bosque tan inmenso y tenebroso.Nicole andaba y andaba, pero no encontraba ningún lugar para protegerse, tenía todo el vestido empapado y de aquellos zapatos blancos ya no quedaba nada.Por fin encontró un sitio para pasar la noche, no pudo llegar, porque se desplomó unos metros antes. Entonces , en vez de tener solo los zapatos llenos de barro, también tenía el pelo y el vestido: ¡estaba hecha un asco!A la mañana siguiente, cuando se despertó, vio que todo estaba en la normalidad. Ella estaba echada en la cama en camisón y limpísima. Cuando se vio en el espejo pensó “¿Y el barro en los zapatos? ¿Dónde está el horrible y tenebroso bosque?”. ¿Todo había sido un sueño?. Pero, no. Y no le quedaba mucho para descubrirlo. Se levantó, cogió la ropa y, como todas las mañanas, se dirigió a tomarse un baño. Al entrar vio el vestido y los zapatos llenos de barro, entonces gritó y llamó a su madre. Cuando acudió le preguntó que qué estaba pasando, Nicole le explicó todo lo que supuestamente había soñado. En lo que más insistió fue, sobre todo, en el bosque: era un lugar tenebroso, que a cada paso que daba, sonaban los murciélagos; los lobos escondidos la miraban sigilosamente para ver qué hacía. Le parecía que las ramas de los árboles la iban a coger en cualquier momento y, todo esto la había aterrorizado.La madre le dijo que no había sido un sueño, que la policía la había recogido al amanecer en el sitio donde se había desplomado y completamente llena de barro. Nicole no se sorprendió. Se lo imaginaba.Después se disculparon ambas, se dieron un largo abrazo y Nicole prometió que jamás de los jamases se iba a volver a escapar