Sobre el Imperialismo americano
Publicado por pablohm el 12 Junio 2011
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Publicado por pablohm el 12 Junio 2011
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Publicado por pablohm el 7 Marzo 2011
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Publicado por pablohm el 6 Marzo 2011
Arcadi Oliveres hace un impresionante análisis del panorama económico y político actual, poniendo de manifiesto los verdaderos problemas y los verdaderos argumentos. De cómo la economía, cuando es lúcida, se convierte en una trituradora ideológica. Muy interesante.
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Publicado por pablohm el 17 Febrero 2010
Me manda un amigo este enlace, un vídeo sobrecogedor. Merece la pena.
En el fondo las guerras son así, unos las crean y otros las sufren. Quienes las crean lo hacen por grandes intereses históricos, civilizatorios, morales, etc., pero sólo se matan los miserables, solo las conforman con su cuerpo, y con su muerte las gentes de siempre. Es fácil justificar la guerra, es un acto de fascismo. Hay muchos por ahí que por el bien de la humanidad se presentan como una especie de superhombres, sin moral, esos que deciden dónde está el mal y hacen justicia con la vida de los demás.
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Publicado por pablohm el 30 Noviembre 2009
Si. En efecto, es un grave dilema moral. En todo caso, encuentro bastante melodramático el final del corto. No es creíble. Si has tenido el ”valor” de quedarte con tu camarita haciendo fotos, lo de menos es recoger el premio, eso no se lo pierde nadie. Es horrible, pero no nos horrorizamos. Miramos la puerta como si estuviera cerrada, no hay salida, es el ángel exterminador. Un saludo.
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Publicado por pablohm el 2 Mayo 2009
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Publicado por pablohm el 5 Diciembre 2008
Una plausible teoría
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Publicado por pablohm el 11 Octubre 2007
La empresa Blackwater es paradigmática de una nueva forma de capitalismo. Recuerde: se trata de la empresa de seguridad a la que Estados Unidos subcontrata la protección de su embajada y altos funcionarios en Iraq. Son más de mil profesionales, en su mayoría procedentes de las fuerzas especiales y servicios de inteligencia. Y han sido causantes de numerosas muertes injustificadas de civiles iraquíes. Recientemente, mientras escoltaban un convoy diplomático y sin causa aparente, abrieron fuego indiscriminado y mataron e hirieron a decenas de civiles y destruyeron 14 vehículos.
Esa es la versión del Gobierno iraquí, grabada en vídeo, y también de los testigos presenciales. Versión que no acepta la embajada estadounidense, aunque ha abierto una investigación. Pero también el Congreso de Estados Unidos ha abierto una investigación cuyas primeras audiencias condenan las prácticas de Blackwater porque no es la primera vez que matan por matar. De hecho, tienen inmunidad asegurada mediante una orden especial firmada por Bremmer, el jefe de la ocupación estadounidense, el día antes de transferir la soberanía a Iraq, y la utilizan haciendo lo que quieren, sin control, y saliendo del país cuando surgen problemas. En las mismas condiciones están otros 20.000 agentes de seguridad privada de otras empresas que trabajan en Iraq. ¿Por qué Estados Unidos los defiende con tanto ahínco y, sobre todo, por qué los emplea? Se trata de la última frontera de la privatización: privatizar el ejército y la policía, lo que en la historia reciente era el dominio reservado del Estado. Y no es porque salga más barato.
Los agentes de Blackwater cobran 1.200 dólares al día, es decir 9 veces más de lo que cobra un sargento de las fuerzas especiales estadounidenses donde ellos trabajaban anteriormente. Indagando en las razones de este despilfarro entramos en un terreno tan escabroso como poco conocido. Por un lado, las agencias de seguridad privadas (y esto vale también para los guardas de muchas urbanizaciones en nuestro país) tienen muchos menos controles internos que las fuerzas públicas de seguridad. Son más flexibles y se prestan a misiones y actividades que el ejército no acepta, tanto por su profesionalidad como porque hay un sistema de justicia militar que actúa cuando hace falta. Por tanto, el propio Gobierno prefiere gastar más para escapar a los mecanismos de fiscalización legal. De hecho la contabilidad de los contratos con los subcontratistas privados en Iraq, desde la seguridad a la construcción y desde el mantenimiento de las infraestructuras hasta el catering para las tropas, es un área oscura de la que han surgido múltiples escándalos de corrupción en los últimos meses.
Y aquí aparece la segunda y más importante razón de la defensa de los subcontratistas de cualquier tipo: las enormes ganancias que estas empresas obtienen de la guerra. Y son empresas con vínculos directos con oficiales militares (algunos ya a juicio por corrupción) y con influyentes políticos, como es el caso del vicepresidenteCheney y la empresa Halliburton.
De modo que mientras la atención de todo el mundo estaba concentrada en el negocio del petróleo como factor explicativo de la guerra de Iraq, el mayor negocio es en realidad la guerra misma, aunque sea a costa de la ruina del contribuyente estadounidense (el costo de la guerra se acerca ya al billón - 12 ceros- de dólares, o sea aproximadamente un 10% del producto bruto de Estados Unidos).
Pero el paradigma al que me refiero tiene mayor calado. Noemi Klein acaba de publicar un libro polémico que ya ha recibido elogios de destacados analistas, incluyendo Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía y antiguo director económico del Banco Mundial. El libro, El ascenso del capitalismo del desastre, plantea una tesis inquietante a partir de una abundante documentación que incluye, entre otros casos, la guerra de Iraq y la destrucción de Nueva Orleans por el huracán Katrina.
Una forma de expansión del capitalismo, que necesita constantemente abrir nuevas oportunidades de negocio, es superar los límites impuestos por regulaciones estrictas heredadas de la historia e impuestas por la sociedad y la política: controles legales, derechos sociales, legislación medioambiental, planes de usos del suelo, normas de seguridad de las infraestructuras básicas y demás mecanismos de supeditación de la lógica del mercado a los valores de la sociedad. Por eso las situaciones de desastre, como guerras, catástrofes naturales o colapso político-institucional, abren nuevos campos de posibilidades, empezando desde cero, con nuevas reglas y con nuevas oportunidades de negocio para quienes se sitúan en estas nuevas fronteras libres de control institucional, mientras dura esa fase de transición. Y no se trata de anécdotas, sino de negocios gigantescos que representan una base de acumulaci�n que se prolonga en la creación de nuevos imperios financieros.
Aunque no está en el libro de Klein tal fue, por ejemplo, mi observación de la formación de la nueva oligarquía capitalista rusa aprovechando la privatización masiva (de hecho, la expoliación sin control) de lo que era la riqueza pública (o sea toda) de Rusia durante la transición democrática. La reconstrucción de regiones devastadas en el mundo está plagada de apropiación de la ayuda internacional por burocracias corruptas. Tratar los problemas urbanos creados por la concentración de población en las áreas metropolitanas del mundo es un gran negocio para consultores y empresas de ingeniería y de obras públicas que pueden imponer sus condiciones más fácilmente cuando hay un terremoto, una epidemia o una explosión que obligan a los gobiernos a tomar medidas urgentes.
Las situaciones de emergencia autorizan gastos públicos de emergencia que crean mercados. O permiten la privatización de programas de salud, educación, infraestructuras o seguridad en una escala que no sería pensable en una situación normal. La idea no es que el capitalismo provoque catástrofes para medrar sino que, simplemente, medra con las catástrofes. Y, a veces, condiciona, encarece y perjudica, en aras de un beneficio privado inmediato, los procesos de reconstrucción que intentan paliar los dramas de nuestro tiempo.
Manuel Castells es el sociólogo español más conocido y reconocido internacionalmente.
La Vanguardia, 6 octubre2007
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Publicado por pablohm el 21 Marzo 2007
Mira el mundo
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Publicado por pablohm el 21 Marzo 2007
“El neoliberalismo ha provocado un aumento de la desigualdad entre los países, en parte como resultado de la concentración de flujos de capital privado. Según el PNUD, en 1960 los países con el 20% de la población más rica del mundo habían sumado treinta veces más ingresos que aquellos países con el 20% de la población más pobre del mundo. Para 1980, al comienzo de la era neoliberal, la proporción había aumentado y era de 45 a 1. Para 1989, de 59 a 1. Para 1997 había aumentado y era de 70 a 1 (PNUD, 2001, 1999). Después, en la era neoliberal, la desigualdad entre los países más ricos y los más pobres casi se duplicó. Esta divergencia es especialmente obvia si observamos la situación de los países del África subsahariana. En 1960 la renta per cápita de estos países equivalía aproximadamente al 11% de la de los países industrializados. Para 1998 había caído hasta la mitad (PNUD, 2001; 16).” En Ha-Joon Chang e Ilene Grabel, Reivindicar el desarrollo. Un manual de política económica alternativa, Intermon Oxfam ed., Barcelona, 2006; pág. 33.
“Aparte de China o la India, los niveles de pobreza (según diferentes datos) han aumentado en un gran número de países durante la era neoliberal. Actualmente el PNUD (2002:2) informa de que 2.800 millones de personas viven con menos de dos dólares diarios, mientras que 1.200 millones viven con menos de un dólar diario. Sólo en el África subshariana la mitad de la población regional es más pobre ahora que en 1999 y el 46% de la población vive con menos de un dólar diario (PNUD 2001: 10; 2002: 17). En el sur de Asia actualmetne el 40% de la población vive con menos de un dólar diario; en Asia oriental, el Pacífico y Latinoamérica esa cifra equivale al 15% (PNUD 2001:10). Por otro lado, en el caso de un gran número de países el progreso a la hora de mejorar la esperanza de viday la educación, así como a la hora de reducir la mortalidad infantil, fue más lento durante la era neoliberal que durante las dos décadas anteriores (Weisbrot, et al. 2001).” Op. cit., pág. 35.
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