HALLOWEEN!!!!!

15 10 2014

Samhain, el año nuevo celta.

JACK EL LINTERNA

El 1 de noviembre todo el mundo se acuerda de sus familiares muertos y acude a los cementerios a ponerles flores, mientras la víspera los niños se disfrazan y piden dulces por el vecindario, mientras las casas se decoran con calabazas vacías iluminadas por dentro. Sin duda este es uno de los mejores ejemplos de tradiciones de ida y vuelta: la festividad de las ánimas de origen celta, presente en prácticamente toda Europa, viajó a América de la mano de las sucesivas diásporas europeas y hoy retorna al viejo continente envuelta en el consumo y el terror cinematográfico que caracterizan a la sociedad norteamericana. El Halloween que nos venden en la actualidad desde Estados Unidos es en realidad la vieja fiesta celta de Samhain (pronúnciese ‘sawen’ o algo así) pero debidamente maquillada por el marketing consumista de nuestro tiempo.

Para los celtas, que sólo distinguían entre dos estaciones (verano e invierno), Samhain (que significa etimológicamente ‘el final del verano’) representaba el comienzo del invierno. Se acababa el tiempo de las cosechas y a partir de entonces los días iban a ser más cortos y las noches más largas. Por eso, los celtas celebraban importantes festivales para dar la bienvenida al Año Nuevo. Al anochecer de cada 31 de octubre (ya 1 de noviembre para los celtas, pues el nuevo día arrancaba con la puesta del sol), la costumbre era dejar comida y dulces fuera de sus casas y encender velas para ayudar a las almas de los muertos a encontrar el camino hacia la luz y el descanso junto al dios Sol, en las Tierras del Verano. En la noche de Samhain los vivos y los muertos podían comunicarse. Las barreras que los separaban desaparecían en aquel momento mágico. Lo bueno era que los espíritus de los antepasados podían aconsejar a los vivos sobre el futuro, pero lo malo era que también se convocaban a los espíritus maléficos. Por eso, los druidas ordenaban encender hogueras para ahuyentar a estos últimos.

Con la romanización de los pueblos celtas (y la evangelización de los nunca romanizados, como Irlanda), la religión de los druidas llegó a desaparecer, pero el primitivo ‘Samhain’ pudo sobrevivir al paso del tiempo conservando gran parte de su espíritu y algunos de sus ritos. Con el Cristianismo, esta vigilia pasó a llamarse ‘de Todos los Santos’ (en inglés, “All Hallow´s Eve”, de donde va a derivar la expresión actual ‘Hallowe’en’).

En el Halloween moderno se ha mantenido la vieja tradición de dejar comida para los muertos, hoy representada en los niños que, disfrazados, van de casa en casa, pidiendo dulces, con la frase ‘trick or treat’ (trato o truco). Parece ser que los druidas celtas recogían alimentos por las casas para realizar ofrendas a la divinidad (se habla también de posibles sacrificios humanos) y que llevaban consigo un gran nabo hueco con carbones encendidos dentro, representando al espíritu que les daba poder. A finales del siglo XIX, los irlandeses introdujeron esta fiesta en América y bautizaron a la calabaza como “Jack el que vive en la lámpara” o, como se conoce actualmente, “Jack O’Lantern”.

Hoy Halloween es una fiesta internacional, que carece de todo sentido religioso y cuyo origen es ignorado por la mayoría. Nada tiene que ver ya con los rituales de los druidas ni con los pueblos celtas que dominaron la mayor parte del oeste y centro de Europa durante el primer milenio a.C. Se trata sólo de una excusa más para el negocio, el consumo o la industria del cine.

Sin embargo, en Irlanda se conserva la referencia de Samhain: no sólo es el nombre en gaélico irlandés del mes de noviembre, sino que todavía hoy durante la noche de Samhain se prenden grandes hogueras en las que el vecindario arroja los trastos viejos que acumula en sus casas. Esa es la forma actual en la que los irlandeses reciben el año nuevo celta.

¡Próspero Samhain!

Un blog sobre Irlanda, de Chesús Yuste.

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Jack el Linterna

La Víspera de Todos los Santos, la noche de Halloween, es, probablemente, la noche más fantasmal y mágica de todo el año. Muchas fiestas y tradiciones se celebran en torno a las leyendas de espíritus que vagan por camposantos justo en esa noche deambulando en busca de la salvación eterna.

Casi podríamos hablar de una leyenda propia por cada país, incluso por cada región o ciudad o pueblo. Historias que han pasado de boca en boca, de generación en generación, siempre subyugando a los más jóvenes (y a los no tan jóvenes) y sirviendo de excusas para secretas reuniones en que los protagonistas se cuentan los más terroríficos relatos…

Permitidme, pues, encender la lumbre de mi hogar, sentaos conmigo en la alfombra, y escuchad, oid la historia de Jack el Linterna, quien deambula eternamente entre el cielo y la tierra buscando su salvación…

… “No hay nadie más listo que yo, ni que sea capaz de sobrepasarme en inteligencia y astucia”, gritó Jack con su media lengua adormecida por tantas pintas de cerveza. Sus compañeros de mesa, con los que solía reunirse para jugar a las cartas, y ganar según se vanagloriaba, lo miraron con desprecio y sin apenas prestarle atención, siguieron en sus asuntos. Despreciado, Jack alzó aún más la voz, y desafiante, volvió a graznar: “reto al mismo Diablo a que me demuestre si es más inteligente que yo”.

El silencio se apoderó de la taberna. Por un momento, ni la más áspera de las respiraciones de los variopintos bebedores que allí se reunían se escuchó, y todos, sin excepción, lo miraron con terror antes de hundir la mirada en lo más profundo de sus propios vasos.

Jack se levantó con presteza, volcó su silla, apartó de un manotazo la mesa, tirando las cartas, y salió airado del local. Mas en el exterior topó con un caballero que vestido de negro le miraba atentamente oculto bajo un ancho sombrero. Un rápido helor recorrió el cuerpo de Jack, pero altivo como era, no sólo no aminoró el paso sino que se dirigió directamente a él.

“¿Qué quieres?”, le espetó.

Mas no hubo respuesta.

Jack se dio la vuelta y se dirigió a su casa, pero a sus espaldas siempre podía sentir la sombra acechante de aquel enmascarado que le seguía. Una y otra vez se volvía, pero no alcanzaba ya a verlo. Finalmente llegó a su casa donde se refugió. Sin embargo, ya la intranquilidad se había apoderado de él. Una y otra vez se asomaba a la ventana, y ahora sí, siempre, al otro lado, aparecía la siniestra figura de aquel hombre de negro.

Sobreponiéndose, volvió a salir, y una vez más le preguntó, “¿quién eres y qué quieres?”

Una voz profunda y gutural restalló en la oscuridad de aquella siniestra calleja del pueblo. Los cielos parecieron cerrarse aún más, y de lo más profundo de su boca, unas palabras sibilantes pudieron oírse:

“Soy el Diablo y estoy aquí pues hasta mis oídos ha llegado el rumor de que te consideras más inteligente que yo”

Aunque asustado, Jack supo encontrar dentro de sí su caracter máz vivaz y despierto, y echándole el brazo sobre los hombros lo invitó a marchar juntos al bar. Durante horas y horas estuvieron hablando y bebiendo; jugaron a las cartas, y finalmente, cuando el Diablo le comunicó que se lo llevaría al infierno para purgar todos sus pecados de soberbia, Jack lo invitó a una última ronda. Al ir a pagar, se encontró sin dinero, y entre bromas, retó nuevamente al Diablo:

“Demuéstrame tus poderes, si eres capaz. Conviértete en algo pequeño, en una moneda, por ejemplo”

El Demonio, picado en su orgullo, así lo hizo, momento que Jack aprovechó para guardársela en el bolsillo donde previamente había escondido un crucifijo de plata. Viéndose atrapado allí, el Diablo hubo de concederle un deseo. Taimado como ninguno, Jack le pidió no volverle a ver hasta el año siguiente, tiempo durante el cual le dejaría en paz, asegurándose así un año de vida.

Un año más tarde, y sin faltar a su cita, el Diablo volvió a aparecérsele. Esta vez no habría partida de cartas, ni risas, ni borracheras. Simplemente se lo llevaría con él a los infiernos. Pero de nuevo Jack volvió a pedir su último deseo antes de morir. Bien es sabido que los deseos de quienes están a punto de pasar a otra vida, deben concederse, de modo que el Diablo, una vez más, volvió a ceder.

“Quiero una última cena. Llevo tiempo detrás de comerme la manzana que está en la copa de aquel manzano. Es la más jugosa y la mejor cuidada, y me gustaría disfrutar de ella antes de partir”

El Diablo subió, pero nuevamente, Jack, volvió a jugársela tallando en el tronco del árbol una cruz para que no pudiera escapar de él. Desesperado y sintiéndose engañado una vez más, hubo de verse obligado a concederle un deseo a cambio de su libertad. Esta vez no volvería a presentarse hasta diez años más tarde.

Pero quiso el destino que Jack no llegara a cumplir aquellos diez años, y murió mucho antes. Altivo, malvado, orgulloso y soberbio… era imposible que Jack pudiera atravesar las puertas de San Pedro, y así, al llegar a ellas, fue defenestrado a los infiernos.

Pero he aquí que el Pacto seguía aún vigente, y era imposible que el Diablo y él pudieran encontrarse antes de diez años. A las puertas del infierno, a Jack se le proveyó de un nabo hueco y dentro una pequeña vela con la que alumbrar su eterno camino por el mundo existente entre el cielo y los infiernos, entre el bien y el mal.

Aquel espíritu ha sido visto repetidamente en la noche de Halloween, siempre vagando, con una luz en sus manos y como alma en pena. El espíritu de Jack el Linterna ha acompañado siempre a quienes en esa mágica noche se aventuran a pasear por calles oscuras, siempre pendiente de hacer su próximo truco o de cerrar su siguiente trato.

Ésta no es más que una de las versiones, aderezada, de una de las muchas leyendas que hay en torno a Jack O’Lantern. Hay quien afirma que se lo jugaron a las cartas; hay sociedades que afirman que el propio diablo le cortó la cabeza y la utilizó como linterna, y por eso, esas facciones en las calabazas…

Muchas historias, pero todas con algo en común: Jack, el Diablo, y la noche de Halloween, la víspera de Todos los Santos…

Y ahora, ¿me acompañas por las calles a oscuras a recoger nuestros regalos? ¿truco o trato?…

SOBRELEYENDAS.COM/JAVIER GÓMEZ

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