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el blog filosófico del Río Nalón

Artículos de Octubre, 2008

La Ilustración (o, más bien, su carencia) en algunas escuelas

Publicado por SOLEDAD GARCIA FERRER el 8 Octubre 2008

Darwin o Dios en las escuelas de EE UU

Once padres piden a un juez federal de Pensilvania que impida la enseñanza de la teoría del ‘diseño inteligente’ o creacionismo

YOLANDA MONGE  -  Washington

EL PAÍS  -  Sociedad - 16-10-2005

¿Creó Dios al hombre a su imagen y semejanza? ¿O procede de un proceso evolutivo de miles de millones de años? Creacionismo frente a evolución. El tema es un viejo conocido de los estadounidenses, no en vano la mitad de los ciudadanos del país más rico del planeta o no sabe o no cree que los seres humanos hayan “evolucionado”. Esta semana la teoría de la evolución y el llamado Diseño Inteligente han ocupado la sala de un tribunal federal. En Dover, un pequeño pueblo rural de Pensilvania, la religión entró disfrazada en las clases de biología de un instituto a través del Diseño Inteligente -defendido por el presidente George W. Bush-, nombre que no es más que la nueva envoltura con la que los fundamentalistas cristianos están presentando la vieja tesis del creacionismo bíblico y el rechazo a la teoría de la evolución formulada por Charles Darwin.

Once padres de familia, apoyados por la mayor parte de la comunidad científica y por la Unión Americana para las Libertades Civiles, así como por Americanos Unidos por la Separación de Iglesia y Estado, se querellaron el año pasado contra el consejo educativo del centro cuando tuvieron noticia de que a sus hijos adolescentes les enseñaban la teoría del Diseño Inteligente. Los profesores entraban en el aula y afirmaban: “La teoría de la evolución no es un hecho. Hay ciertas brechas en ella para las cuales no existe evidencia, y los estudiantes debéis ser estimulados para mantener la mente abierta”. El libro de texto al que les referían era Sobre pandas y personas, la biblia del Diseño Inteligente. Esta teoría -que no rechaza de plano la evolución- sostiene, sin embargo, que la vida en la Tierra es demasiado compleja para ser explicada por las mutaciones genéticas. Por tanto, debe de existir un “diseñador inteligente” detrás del proceso evolutivo. Uno de los profesores del instituto, William Buckingham, llegó a criticar a un alumno en una reunión del consejo escolar por estudiar la teoría de la evolución y aseguró que al adolescente le “habían lavado el cerebro”. Buckingham justificó el empleo de esta teoría porque alguien tenía que “defender a Jesús”. Su mujer, Charlotte, citaba versículos del Viejo Testamento durante las juntas, según aseguraron testigos durante el juicio esta semana.

Las discusiones en el tribunal serán cruciales para que el juez federal John Jones III determine si el consejo directivo ha violado la cláusula constitucional que establece la separación entre la Iglesia y el Estado, pilar fundamental de la Constitución americana, como aseguran los querellantes que sucede. No es la primera vez que dos versiones opuestas sobre el origen de la vida se enfrentan en un tribunal estadounidense. En 1925, cuando incluso en los círculos científicos la teoría de la evolución era controvertida y sus detractores la asociaban al ateísmo, tuvo lugar el que fue conocido como “el juicio del mono”. En aquel juicio se acusaba al profesor John Scopes de violar una ley de Tennessee -Butler Act-, que declaraba ilegal “para cualquier profesor de cualquier universidad o escuela pública enseñar cualquier teoría que niegue la historia de la Creación Divina del hombre, como muestra la Biblia, y enseñar en cambio que el hombre desciende de un orden inferior de animales”.

Scoper fue declarado culpable y condenado a pagar una multa de 100 dólares. La decisión fue apelada ante el Supremo y Scopes quedó absuelto por una cuestión técnica: ningún tribunal de distrito podía cobrar multas superiores a los 50 dólares. Scopes ganó la batalla y su victoria fue la del triunfo de la ciencia y el progreso ante el dogma irracional. La confusión entre pensamiento científico y religión está de nuevo ante un tribunal federal. Lo más probable es que sea el Tribunal Supremo el que finalmente determine si el Diseño Inteligente debe ser enseñado en las escuelas o debe quedarse fuera de ellas.

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Esto es para que aprendáis a citar, anotar un texto y escribir la bibliografía

Publicado por SOLEDAD GARCIA FERRER el 6 Octubre 2008

    Cualquier trabajo de investigación ha de manejar un conjunto de fuentes de información, generalmente bibliográficas. Todas estas fuentes se reúnen en el apartado titulado “Bibliografía”, que se incluye al final de dicho trabajo. En él estarán consignadas de acuerdo con ciertas convenciones que puedes ver agrupadas en el siguiente esquema, en el que tan importante es lo que se dice como los signos de puntuación que se emplean:

APELLIDOS, Nombre del autor: Título de la obra, traductor, lugar de edición, editorial, año de edición.

Un superíndice o un paréntesis en el año de edición indica el número de edición del ejemplar manejado. Como lugar de edición se considera la ciudad en la que el libro fue publicado. Veamos un ejemplo para que todo esto resulte más claro. ¿Qué libro estás leyendo ahora?…

SMULLYAN, Raymond: ¿Cómo se llama este libro? El enigma de Drácula y otros pasatiempos lógicos, trad. Carmen García Trevijano y otros, Madrid, Cátedra, 1984(4)

Muy bien. Pues imaginemos que recurres a él en un determinado momento de un trabajo de filosofía. Supongamos que lo incluyes en tu bibliografía y que te dispones a citarlo textualmente porque has encontrado en él una de esas frases que te gustaría haber dicho, pero  que no has dicho tú, sino Smullyan. El caso es que esa frase te hace falta para tu disertación y no tienes más remedio que apropiártela, siempre con estilo. Así es como debes hacer una cita textual:

“De soltero estaba yo una vez en Florencia y vi el siguiente anuncio en un periódico: SE BUSCA UN LÓGICO.”

 

(1) SMULLYAN, Raymond: ¿Cómo se llama este libro? El enigma de Drácula y otros pasatiempos lógicos, trad. Carmen García Trevijano y otros, Madrid, Cátedra, 19844, pág. 159.

 

¿Ha quedado claro? La primera vez que te refieres a un libro tienes que escribir todos sus datos como en la bibliografía  y especificar además el número de la página en el que se encuentra el fragmento citado. Las siguientes veces solo tendrá que figurar en la nota el autor acompañado por la abreviatura ed.cit. (=op.cit.) y el número de página. Si en la bibliografía hay más de una obra del mismo autor, tendrás además que escribir el título respetando el orden de siempre, y colocando al final de la referencia el número de página.
Hay otras abreviaturas que también nos pueden ahorrar trabajo, como por ejemplo ibidem, que se utiliza para no tener que repetir en una nota la información dada en la inmediatamente superior. Así por ejemplo, si quiero citar de nuevo a Smullyan, lo haré así:

“Mi historia del vendedor de aspiradores hace surgir el tema de si es posible que una persona mienta sin saberlo; yo diría que no.”

 

(2) ibidem, pág. 17.

El problema de las citas textuales es que son fragmentos del texto de un autor que quiero introducir en mi propia escritura y lo debo hacer sin romper su sintaxis y respetando su propia coherencia. Para ello debo introducir adecuadamente la cita, utilizando los nexos necesarios que la relacionen con mi propio discurso. Entre inexpertos es frecuente, por ejemplo, que la cita cambie violentamente la persona verbal, cosa que podría ocurrir al citar a Smullyan precisamente, puesto que escribe en primera persona.
No solamente hay que introducir la cita, sino comentarla, corroborarla o disentir de lo que en ella se afirma, aceptar o refutar lo que dice. Y si con ello corremos el peligro de apartarnos del hilo conductor de nuestra disertación, podemos utilizar las notas, que para eso las tenemos.
En efecto, las notas pueden ser una especie de “desahogo” del texto, un complemento informativo, un registro de cuestiones que dejamos pendientes para otra ocasión… Para utilizar adecuadamente las notas hay que tener práctica, pero valgan de momento estas sugerencias:

1. En una nota puedo referirme a algo ya escrito en el texto o en otra nota. En ese caso puedo emplear la abreviatura cfr., que significa “referencia”.
2. En una nota puedo exponer una idea dicha por algún autor al que prefiero no citar textualmente. Aquí puedo utilizar vid. (=véase) y por lo demás informo de todosl os datos, como en las citas textuales. Esto debo hacerlo siempre que esté exponiendo el pensamiento de algún otro autor que no sea yo.
3. También puedo usar el espacio de una nota para hacer algún comentario interesante pero que rompería la estructura de mi disertación si fuera incluido en el texto principal.

Todos los recursos que hemos enumerado pueden, por supuesto, combinarse entre sí si es preciso. Y entre todos pretenden conseguir que la erudición  que es necesaria y muestra de un trabajo serio  no estorbe el desarrollo expositivo y argumentativo del trabajo. Con la experiencia se consigue que las notas no sean un postizo, sino una especie de texto complementario que discurre paralelo al principal aclarándolo y enriqueciéndolo cuando hace falta.

 

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