Berta Piñán

UNA CASA

Levantar una casa que sea como
un árbol, como Dafne crecer entre
sus ramas, sentir las estaciones, las hojas
nuevas después de la invernada, las frutas primeras
del verano. Una casa que sea como un árbol,
que aguante la tormenta, que aclare
la pedrisca, que espante lejos el viento gélido
del tiempo.

Levantar una casa que sea como
un río, navegable y ligera, mudable,
pasajera, beber entre sus fuentes, detenerme
en los pozos, correr con los arroyos. Una casa que sea
como un río, que arrastre la derrota,
que arranque el dolor de las saqueras y lo lleve
por la corriente, aguas abajo.

Levantar una casa que sea como
un mundo, cruzar las geografías de pasillos,
montañas de escaleras, las ventanas abiertas,
los puentes, los caminos. Sentarme ante la puerta
a ver andar la vida, una amiga, un país,
una lengua, saludar un instante
cuando pasen.

Levantar una casa que ponga nuestro
nombre, las señas que un día equivocamos,
una palabra, un rostro, la memoria de aquello
que quisimos,
y así, levantar una casa, sólo
por si vuelves.

LECCIÓN DE GRAMÁTICA

¿Cómo se dice en uolof la palabra frontera, la palabra
patria? ¿Y en sonike? ¿Cómo llamáis al desamparo?
Si queréis decir en bereber, por ejemplo, “yo tuve una casa
en una arrabal de Rabat” ¿ponéis en este orden la frase? ¿Cómo
se conjugan en bambara los verbos que llevan al norte,
qué adjetivos cuadran a la palabra mar, a la palabra muerte?
Si tenéis que iros, ¿es la palabra adiós un sustantivo?
¿Cómo se pronuncia en diakhanké la palabra exilio? ¿Hay que
juntar los labios? ¿Duelen? ¿Qué pronombres usáis para quien espera
en la playa, para quien regresa sin nada? Cuando señaláis hacia allá, hacia
casa, ¿qué adverbio escogéis? ¿Cómo se dice en vuestra, en nuestra lengua
la palabra futuro?