MIGUEL HERNÁNDEZ: RECITADOS
9 02 2007![]()
Antología multimedia: Recitados
La canción del esposo soldado
Voz: Miguel Hernández
Canción del esposo soldado
He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hasta mí dando saltos
de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.
Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano.
Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos,
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
De “Viento del pueblo” 1936-1937
Que como el sol sea mi verso.
Voz: Fabricio Mancebo
QUE COMO EL SOL SEA MI VERSO
Que como el sol sea mi verso
más grande y dulce cuanto más viejo.
En cuclillas, ordeño.
Voz: Inma Gea Costa
EN CUCLILLAS, ORDEÑO
En cuclillas, ordeño
Una cabrita y un sueño
Glú, glú, glú,
hace la leche al caer
en el cubo. En el tisú
celeste va a amanecer.
Glú, glú, glú. Se infla la espuma,
que exhala
una finísima bruma.
(Me lame otra cabra y bala.)
En cuclillas, ordeño
una cabrita y un sueño.
Soneto lunario.
Voz: Aitor Larrabide
SONETO LUNARIO
Echa la luna, en pandos aguaceros,
vahos de luz, que los árboles azulan,
desde el éter goteado de luceros.
…En las eras, los grillos estridulan
Con perfumes armónicas, pululan
por las brisas por el campo
En los senderos
verdean los lagartos y se ondulan
y silban los reptiles traicioneros
oigo un rumor de pasos…
-¿quién se acerca?
¡Desnuda una mujer!
Su serenata
quiebra el grillo
El lagarto huye.
Se enrolla
el silbeante reptil.
Y en una alberca
-arcón donde la luna es tul de plata-
cae la Leda lunar como un joya.
Al partir de su tierra pierde el pastor dos lágrimas
Voz: Félix Benito Morales
AL PARTIR DE SU TIERRA
PIERDE EL PASTOR DOS LÁGRIMAS
Mira hermano, en nuestro valle
se me perdieron dos lágrimas…
¡las más grandes que tenía!
y yo no puedo buscarlas.
Mira hermano, corre al valle
y búscalas en las granas…
No vayas a confundirlas
con el mijo de la escarcha:
mis lágrimas son más puras
y amargas que las del alba.
Tal vez por ser muy espesas
se han convertido en luciérnagas.
A estrellitas se metieron
tal vez por ser muy ingrávidas…
Búscalas de todos modos,
y, cuando las halles, guárdalas
en dos cajitas, hermano,
como para niñas, blancas.
Al verla muerta
Voz: Félix Benito Morales
AL VERLA MUERTA…
¡Pobre Juanica! ¡Pobre güertana…!
por la sendica pal cimenterio la han llevao muerta
esta mañana…
¡Sa queao el cielo sin resplandores, sin luz la güerta…!
Fue la mocica, noble y bravía…
¡Fue la alegría
de este partío!
El capullico más campanero que s’abre al día
y del almendro reflorecío,
rama pulía.
Por la sendica se lo llevaron su cuerpo yerto…
y dinde entonces el claro cielo de luto viste;
lloran los pájaros adentro el güerto…
¡Tuico está triste!
El arroyico que se dilata,
disquía la choza que ella habitara, por tuíco el suelo
como una cinta e cascabelicos, como un espejo largo de plata,
cruza mudico, cruza enturbiao porque su cara a n retrata;
y las palomas pal cimenterio guían el güelo…
¡Ya no más noches en su ventano lleno de luna, lleno de
[azahares
a los copases de mi guitarro
diré cantares!
¡Si s’ha marchao quien m’ascuchaba! ¡Pa icir pesares
el guitarrico ya solo agarro!
La vide anoche muerta…¡Qué hermosa!
En la mesica paecía dormía… Me entró una cosa…,
una de lloros cuando la vide con la mortaja,
rodía de cirios, blanquica y maja
como una rosa…
Por la sendica se la llevaron esta mañana… Y al verla muerta,
la palmerica mustió la palma;
se queó el cielo sin sus colores, sin luz la güerta,
tristes los pájaros, rota mi alma…
En la huerta, 6 de febrero de 1930
Soledad
Voz: Asun Sáez Pastor
SOLEDAD
En esta siesta de otoño,
bajo este olmo colosal,
que ya sus redondas hojas
al viento comienzo a echar,
te me das, tú, plenamente,
dulce y sola Soledad.
Solamente un solo pájaro,
el mismo de todas las
siestas, teclea en el olmo
su trinado musical,
veloz, como si tuviera
mucha prisa en acabar.
¡Cuál te amo! ¿Cuál te agradezco
este venírteme a dar
en esta siesta de otoño,
bajo este olmo colosal,
tan dulce, tan plenamente
y tan sola Soledad!
Un gesto del alba
Voz: Sandra Maciá Rives
UN GESTO DEL ALBA
¡Oh, qué carcajadas
tan disparatadas
las de las granadas!
(El alba de oro
Risas coralinas
entre matutinas
auras y hojas finas.
Romper quiere en lloro;
Sobre los ardientes
labios, rubescentes
asoman mil dientes.
Mas avergonzada
Hay en aposentos
ocultos más cientos
de dientes sangrientos
una gran granada.
Rosada en los llanos
celeste deslíe…
¡Ah, los rubios granos
de la escarcha!
Y ríe.)
Día armónico
Voz: Carmita Pertegal Gracia
DÍA ARMÓNICO
Hoy el día es un colegio
Musical.
Más de un trillón
de aves, cantan la lección
de armonía que el egregio
profesor Sol les señala
desde su sillón cobalto;
y dan vueltas en lo alto
con un libro abierto: el ala.
Como el toro he nacido para el luto
Voz: Jose Vicente Quiles
COMO EL TORO HE NACIDO PARA EL LUTO
Como el luto he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.
Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.
Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.
Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.
(de El rayo que no cesa)
Elegía
Voz: Tomás Hernández
ELEGÍA
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto
como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a latiera ni a la nada,
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
volverás al arrullo se las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
10 de enero de 1936 (de El rayo que no cesa)
Enviado por Manu Fernández
Categorías : Miguel Hernández, Poesía
