El fenómeno Twitter

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Tarde o temprano había que hablar de twitter. Se trata de una de las aplicaciones de moda en ese escenario dospuntoceriano en que nos movemos. Consiste en decirle al mundo mundial lo que uno está haciendo en ese momento, en un formato teletipo, o SMS (máximo 140 caracteres). Para muchos una chorrada más; para otros el paradigma de lo que dan en llamar nanoblogging, o microblogueo: postear pequeñas píldoras de este tipo, que se actualizan frecuentemente.

Como red social que es, incluye lo habitual en estos sitios, y que en Microsiervos denominan “kit de la señorita Pepis 2.0“: feeds RSS, invitar a amigos, página personal tuneable, badges (para ponerlo en tu blog),…, etc. Un ejemplo:

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¿Cual puede ser la utilidad de twitter? Probablemente ninguna, más allá del personismo y el compadreo más o menos cachondo. Lo que en principio fue un mira lo que estoy haciendo ahora, se está convirtiendo en una especie de chat semiprivado, para lo cual existen otras muchas aplicaciones mejores. Incluso en la onda de twitter aparecen servicios como Jaiku, que es prácticamente igual. También florecen como setas servicios y mashups que interactúan con twitter, como twittervision, que aprovecha Google Maps para geolocalizar en tiempo real a los twitteros, o Twitterbar, extensión para twittear desde la barra de direcciones en Firefox.

Sea como fuere, por aquello de ser geeky y cool, y porque había que probar, hablamos hoy de ello, sin olvidar que algunos referentes de la blogosfera (Enrique Dans, Antonio Fumero, Álvaro Ibáñez, y otros) también tiran de twitter. Y Potâchov tenía que probar Indeciso

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