La televisi„n nos muestra cada d«a la cara del hambre y la miseria en Somalia.
Las imgenes de ni©os esquelĄticos, con vientres abultados y ojos enormes dan paso, en segundos, a otras de modelos tambiĄn esquelĄticas, pero en este caso por estar a dieta permanentemente, que lucen vestidos car«simos de famosos dise©adores.
Que el ms barato de esos vestidos pueda costar la incre«ble cifra de 6.000�, cantidad con la que se podr«a alimentar a miles de personas o construir pozos de agua potable, es algo que debe avergonzar al mundo desarrollado, en el que sobra de todo y hasta se contraen enfermedades por exceso de comida.
Y lo peor es que seamos capaces de comer tranquilamente mientras vemos todo eso, sabiendo que cada minuto muere una persona en el Tercer Mundo por causas que se pueden evitar y que una peque©a infecci„n que nosotros curamos con una semana de antibi„ticos, no tiene soluci„n para ellos.
Que existan 2 mundos tan distintos, en el que uno podr«a vivir bien con lo que derrocha el otro, nos hace preguntarnos si no sern ms humanos los animales que las propias personas.
Fernando Garc«a ꎢlvarez
4� C