Lechugueando en la Web

En esta página iremos colgando todo aquello que nos recuerde al proyecto de salud y, en especial, al campo y los huertos. Todo aquello que es verde, ecológico, sano y natural tiene cabida en este apartado, pero siempre desde otro punto de vista: musical, poético, visual… Si tienes alguna sugerencia, no dudes en ponerlo en los comentarios.

Higiene bucodental

Verde

No gastemos el verde.

¿Quién nos haría entonces aceitunas

cómo podrían criarse las orugas,

de qué iban a vivir los campesinos,

y los grillos, volverían en mayo

a dar conciertos?

Verde claro. Verde oscuro. Verde verde

verdadero.

Aurelio González Ovies

Donde jugarán los niños

Peer Gynt

Quiero poner en primer lugar una obra que, por una u otra razón, siempre me ha hecho imaginar un extenso campo verde cubierto de sol. Es la Suite nº 1 de la ópera Peer Gynt, del compositor noruego Edvard Grieg. Se basó en la obra teatral de Henrik Ibsen, y narra como bien dice su título un amanecer.

No sé cómo os imagináis vosotros el amanecer…pero en mi mente, al menos, es muy verde.

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Federico García Lorca

El día 5 de junio de 1898 nació en Fuente Vaqueros (Granada) Federico García Lorca.  Este es el romance más conocido del  Romancero Gitano y también el de más difícil explicación. Rafael Alberti, amigo y testigo del proceso de creación de  Federico, lo escuchó por primera vez  de boca del propio  poeta, en octubre de 1924, (el Romancero Gitano se publicó completo en la Revista de Occidente en el año 1928) cuando, recién llegado de su Granada,  lo recitó en la habitación que tenía en la  Residencia madrileña de estudiantes junto con otros poemas compuestos ese verano. Los que allí estaban quedaron vivamente impresionados por lo inquietante de la historia. Después,  esa misma noche  del  otoño madrileño, se lo volvió a oír en los jardines de la Residencia, cuando Lorca, una vez más, lo recita al grupo de amigos y compañeros con los que compartía aquellos años. Alberti  lo define  como “un romance lleno de misterioso dramatismo”El Romance sonámbulo es un romance dramático, una historia pasional, de difícil comprensión, a veces parece que tiene sentido y otras no. Su contenido tiene que ser interpretado en función de la subjetividad del que escucha o del que lee. Trata del gitano contrabandista perseguido por los guardias civiles y la gitana enamorada que lo esperó vanamente en su baranda.  Aparece además  otro personaje secundario  el padre de la muchacha, interlocutor del gitano herido.  Es una historia de amor y muerte.

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

              

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde…?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

             

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los montes de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
dejadme subir, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

             

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

             

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

             

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

 

Juan Ramón Jiménez

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

Palacio de encanto,
el pinar tardío
arrulla con llanto
la huida del río.
Allí el nido umbrío
tiene el verderol.

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

La última brisa
es suspiradora,
el sol rojo irisa
al pino que llora.
¡Vaga y lenta hora
nuestra, verderol!

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

Soledad y calma,
silencio y grandeza.
La choza del alma
se recoje y reza.
De pronto ¡belleza!
canta el verderol.

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

Su canto enajena
(¿se ha parado el viento?)
el campo se llena
de su sentimiento.
Malva es el lamento,
verde el verderol.

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!


 

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