Para reflexionar

Paseando por el blog de una de mis más queridas amigas, que no se dedica a la enseñanza, pero que sí es madre de un par de jóvenes veinteañeros, me he encontrado con la reseña de un libro de Natalia Ginzburg, Pequeñas Virtudes. No había oído hablar de esta escritora, pero después de leer esta frase, que vale tanto para familias como para docentes, la he puesto en mi lista.

“Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia ante el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber”.

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