Nuestra historia: La fabricación tradicional de las madreñas en el concejo de Aller

22 03 2012

El oficio de madreñero hoy ya sólo forma parte de la memoria de unas pocas personas mayores de Aller. Sin embargo, a mediados del siglo pasado, era grande la fama que tenían los madreñeros alleranos no sólo en Asturias, sino también en otras regiones vecinas como León y Santander gracias a la calidad de sus madreñas. Hoy, a través del recuerdo de algunos de sus familiares, vamos a conocer la forma de trabajar de estos artesanos.

En la mayoría de las ocasiones los madreñeros eran contratados por tratantes de madera que compraban un monte, bien en el mismo concejo o en regiones limítrofes como León y Santander. Entre los tratantes y los madreñeros se pactaba el sueldo (incluida o no la manutención) a recibir por la tala de los árboles y la elaboración de las madreñas. Durante cuatro o cinco meses –final de la primavera, verano y, a veces, inicio del otoño- estos artesanos se alojaban en un pequeño cabanu (pequeña cabaña rústica) construido por ellos mismos y desarrollaban su trabajo. En otros casos eran los propios madreñeros los que se unían y compraban un monte para obtener la madera necesaria para la elaboración de las madreñas y, a veces, otros utensilios como xugos (yugos), escudietsas (escudillas), cucharas, etc., y se encargaban de su posterior venta en los mercados que se celebraban en el concejo de Aller (El Mercaón de Cabañaquinta que se celebra todos los años el 26 de noviembre) o en concejos vecinos como el de Mieres, repartiéndose equitativamente los beneficios. También hay que comentar que la mayoría de los madreñeros se dedicaban a actividades agrícolas y ganaderas y en su tiempo libre elaboraban las madreñas y así obtenían un dinero con el que completar los ingresos familiares. Este es el caso de un vecino de Rubayer (Rio Aller), que mientras cuidaba del ganado, aprovechaba una pequeña cueva cercana a sus prados para trabajar la madera y fabricar madreñas.

El proceso de elaboración de las madreñas comenzaba con la tala de los árboles; la madera más utilizada era la de faya (haya) y la de nozal (nogal), aunque también se utilizaba madera de umeru, (aliso), castañu (castaño) y salguera. Con un hachu (hacha de cortar leña) se cortaban los árboles, siempre en verde y en luna menguante ya que, según la creencia popular, la savia está más baja lo que facilita un corte más fácil así como un secado más rápido y uniforme de la madera con menor probabilidad de que se doble, arquee o se rompa. A continuación, con el tronzaor (tronzador) se serraba transversalmente el tronco en trozos, que cuando da para más de una madreña se fendía (rajaba) con cuñas. Ahora ya comienza el proceso de fabricación propiamente dicho de las madreñas en la que podemos distinguir los siguientes pasos:

  • El madreñeru, sentado sobre un tayón, (banco bajo, de forma alargada hecho con un tronco de árbol y cuatro patas sobre el que trabaja el madreñeru sentado en un extremo del mismo) con la azá (hacha pequeña) empieza a dar una primera forma tosca a las madreñas.
  • Con la zuela (azuela) se da una segunda forma a las madreñas y se van perfilando ya las diferentes partes de la madreña: el calcañal (parte redondeada posterior de la madreña), la boca (oquedad en la que entra el pie a la madreña, entre el calcañal y la casa), la papá (parte convexa, exterior y delantera de la madreña), el picu (punta de la madreña), los peales (los tres tacos de la madreña) …
  • La madreña se sujetaba sobre la taladraoria (tronco grueso que termina en forma de forcá, es decir, de uve) por medio de dos cuñas y mediante los táladros (taladros) –hasta cincos diferentes podían llegar a utilizarse- se horadaba la madreña por dentro y así se hacía la casa de la madreña (parte delantera y hueca interior de la madreña).
  • Con la gubia (formón de media caña, delgado, que usan los carpinteros y otros artífices para labrar superficies curvas) se talla el calcañu (parte posterior de la madreña) y las cuestas (parte lateral de la madreña) por el interior, comprobando por primera vez el madreñero el número con la medida de les madreñes o la vara de medir (palo que tenía marcados los diferentes números mediante marcas o pequeños cortes hechos con una navaja).
  • Mediante la tsegra o llegra (gubia de ángulo recto muy útil para sacar la madera interior de la madreña) se repasan todos los rincones de la madreña.
  • Se desmonta la madreña de la taladraoria y mediante el rasiru (utensilio de hierro con corte y manillas laterales) se afinan (se alisan) las madreñas; para llevar a cabo esta operación se ponía sobre el pecho la encomienda (especie de almohadilla que se hacía con trapos o con cuero y se forraba con lana) con el objetivo de evitar cortes en la ropa y en la piel.
  • Mediante el cepillu (cepillo) se da un repaso final a la zona del calcañal y la papá, tras lo cual se comparan ambas madreñas.
  • Con una navaja se procede a desbocar (sacar la boca, el hueco interior, de la madreña) dando los definitivos retoques a la boca (oquedad en la que entra el pie a la madreña, entre el calcañal y la casa).

  • Se procedía a pintar las madreñas; el proceso más antiguo consistía en afumarlas (ahumarlas) con meruxa (hierba mala que se da en los sembrados), corteza de abedul, felechos (helechos) secos o con escobas (retama); en épocas más recientes ya se empezó a utilizar barniz y pintura, sobre todo, negra.
  • Finalmente con una navaja se dibujaba una serie de motivos, cada madreñeru tenía los suyos.

En el siguiente video se explica la fabricacion de madreñas en Cangas del Narcea.

Existían dos tipos de madreñas: las de escarpín que se calzaba sin zapatilla sólo con el escarpín (especie de calcetín fuerte hecho de lana, sarga, fieltro…); las de zapatilla, que es la más habitual, se calza con zapatillas de suela de goma.

En cuanto al precio de las madreñas, nuestros informantes recuerdan que a mitad de los años cincuenta el par de madreñas se solía vender a seis o siete pesetas, según la madera de la que estuviera hecha, por ejemplo las de nozal eran más caras ya que eran más ligeras y más calientes, el tipo de madreña o el número, según fueran para hombres, mujeres o niños.



El Molín d´Adela, una visita al último vestigio del oficio de los molineros en el concejo de Aller.

15 03 2012

Ricardo Cordero Pando, con gran esfuerzo y sacrificio, ha mantenido el antiguo molino donde trabajó junto a sus padres y un tío materno y lo ha convertido en un museo donde escolares y adultos pueden rememorar, gracias a sus animadas explicaciones, la vida y el trabajo de los molineros.

El Molín d´Adela lleva el nombre de la molinera y titular de los permisos oficiales, Adela Pando Megido, quien junto a su hermano y, posteriormente, su marido se encargaron de su uso y explotación, así como de todas las labores de mantenimiento y cuidado del mismo. Hoy en día se puede visitar y conocer todo lo relativo al oficio y la vida de los molineros gracias al trabajo y esfuerzo de su hijo Ricardo Cordero Pando quien con gran esfuerzo y tesón lo ha convertido en un pequeño museo para mantener viva la memoria de este oficio tradicional.

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El Molín d´Adela, el interior.

El Molín se halla en un recodo del Río Negro a su paso por la localidad de Güeria (concejo de Aller). Se trata del último vestigio del oficio tradicional de los molineros en el valle de Cervigao. De unos treinta molinos que aprovechaban el caudal y la fuerza de las corrientes del río Negro y de sus afluentes –río Los Tornos y río Cervigao-, hoy sólo queda este molín como recuerdo de esta actividad.

Al molín acudían gentes venidas no sólo de los diferentes pueblos de la parroquia de Moreda –Llan de Mieres, Xagual, Les Tercies, sino también de parroquias vecinas como Caborana, Boo, Nembra y Santibáñez. El grano se metía en sacos o fardelas y se transportaba bien en caballo o en burro hasta el molín. Normalmente la gente solí moler una vez a la semana lo que provocaba que este espacio fuera un lugar de encuentro y reunión, ya que la gente, a falta de periódicos y revistas, mataba el tiempo de espera comentando los diversos sucesos, chismes y chascarrillos acaecidos en los diferentes pueblos a lo largo de esos siete días: noviazgos, bodas, infidelidades, entierros, emigraciones de vecinos a otros tierras, funerales, …

La gran demanda que tenía el molín provocaba que estuviera abierto las veinticuatro horas del día, de hecho la molinera se pasaba muchas noches en él. Sobre todo a partir de los años 50, el molín desarrolló una gran actividad ya que Adela logró firmar un contrato con la empresa minera Sociedad Hullera Española por el que se encargaba de la molienda del grano necesario para la alimentación de los bueyes y caballos que se utilizaban en las minas para la extracción y transporte del carbón. Esto supuso que tuviera que pasarse muchos días con sus respectivas noches en el molín; pero, en compensación, le permitió prosperar económicamente. Al pasar tanto tiempo en el molín, Adela aprovechaba para realizar otras actividades, así en la balsa o ñora del molín –acequia donde se remansa el agua del molino- lavaba a mano la ropa de la familia. Además, como nos recuerda Ricardo con una gran sonrisa, cuando se procedía a realizar los trabajos de limpieza y mantenimiento de la balsa y la canal, la molinera y su familia aprovechaban para pescar a mano las truchas que habían quedado atrapadas y trataban de volver al río, esto permitía a la familia variar la dieta y comer algo de pescado. Pero esta estancia prolongada en el molín también tuvo consecuencias negativas para su salud, así, como nos cuenta Ricardo, su madre desarrolló la enfermedad conocida como neumoconiosis (silicosis) a causa de su continua exposición al polvo que originaba tanto la molienda del grano como las partículas de sílice que desprendía las piedras al moler.

Foto del Flirck de El molín de Adela

En cuanto a la molienda propiamente dicha, el proceso comenzaba con la maquila, es decir, la cantidad de grano con el que el molinero se quedaba por moler. En este caso, siempre se quedaba con la quinta parte de lo que se iba a moler. Hay que tener en cuenta que existían también los llamados molinos de vecera que recibían este nombre precisamente porque pertenecían a varios dueños y estos tenían que organizarse y distribuirse los días de molienda así como los cuidados que se derivaban del mantenimiento del molín. En estos molinos no se pagaba la maquila, ya que sólo molían sus dueños. La maquila se realizaba antes de echar el grano en la tolva del molín (la moxeca) y estaba ligada a medidas tradicionales de capacidad de áridos. Así se utilizaba el cupín equivalente a cinco kilogramos, luego estaba el celemín que equivalía a cuatro cupinos, es decir, veinte kilos y, por último, estaba la fanega con capacidad para 50 kilos. Una vez descontada la quinta parte de la maquila se molía el grano. Otras veces, cuando las cosechas eran malas y el cereal no abundaba, en lugar de cobrar la máquila, la molinera y el cliente llegaban a un acuerdo para pagar mediante trueque; de esta manera, el cliente le entregaba una mantega (manteca) castañas, avellanas, nueces…

Para una buena molienda eran de obligado cumplimiento dos condiciones: la primera que el grano estuviera bien curado, ya que si estaba verde el molín empanaba, es decir, al moler el grano verde se formaba una pasta entre las ruedas que provocaba que estas se pegasen lo que obligaba al molinero a desmontar las ruedas, trabajo muy laborioso ya que las piedras pesaban entre 300 y 500 kilogramos, limpiarlas y, finalmente, volver a colocarlas, con la consiguiente pérdida de la molienda y de tiempo. Para comprobar si el grano estaba verde o maduro los molineros utilizaban el siguiente truco: cogían un grano y si por el embrión le clavaban la uña era señal de que estaba verde; entonces había que dejarlo dormir en casa del molinero y dejarlo secar tres o cuatro días con el calor que producía la cocina de carbón. La segunda era el buen mantenimiento de las piedras (muelas) que permitían que el grano quedara muy fino al molerlo. Esta operación consistía en desmontar las muelas del molín y mediante dos picos se restablecían las asperezas de las caras de las piedras, cuando se han desgastado por el uso. Esta operación se solía realizar una vez a la semana, pero cuando se acumulaba el trabajo se llevaba a cabo cada tres o cuatro días. De todas formas la experiencia y la costumbre le permitían al molinero saber con tan solo escuchar el ruido que hacían las piedras al moler cuando era necesario picarlas. En el molín funcionaban dos molinos, uno se utilizaba para moler el grano destinado a consumo humano, por lo tanto las muelas debían estar bien picadas para que la molienda fuera muy fina, en el otro se molía el grano destinado a consumo animal, en este caso la molienda no debía ser tan fina, ya que resulta perjudicial para los animales que no pueden digerir el grano.

En este vídeo, podéis conocer un poco más este excelente recurso educativo a través del vídeo de una visita escolar:



Los Goya 2012

1 03 2012

La XXVI ceremonia de los Goya estuvo marcada por varias novedades: los recortes en el sector, el debut del nuevo presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho, por la vuelta a la ceremonia de los hermanos Pedro y Agustín Almodóvar y por la nueva norma de que los menores de 16 años no puedan optar al premio.

Peliculas favoritas de esta edicion.

En esta entrega de los Goya destaco el equipo técnico de la película  No habrá paz para los malvados dirigida por Enrique Urbizu y con su actor protagonista, José Coronado, que se llevó seis premios Goya: a la mejor película, director, actor principal, guion original, montaje y sonido, superando a su principal contrincante, La piel que habito, de Pedro Almodóvar, que se llevó cuatro bustos de 16 nominaciones, las del Goya a la mejor interpretación femenina protagonista a Elena Anaya, o la del actor revelación para Jan Cornet. Otros premios para La piel que habito fueron el de mejor música original y el mejor maquillaje/peluquería.El reparte de premios para el resto de las películas nominadas, quedó así:

Eva: la película de ciencia ficción española se quedó en 3 premios el de mejor director novel a Kike Maíllo, actor de reparto a Lluís Homar y efectos especiales.

La voz dormida, película de Benito Zambrano tuvo 3 premios Goya principalmente gracias a sus actrices: mejor actriz de reparto Ana Wagener, actriz revelación María León y la mejor canción original, Nana de la hierbabuena, de la cantante Carmen Agredano.

Blackthorn, sin destino, de Mateo Gil se quedó con 4 premios menos destacados como el de mejor dirección de producción, de fotografía y artística y de diseño de vestuario.

Arrugas. Dos premios para este filme de dibujos sobre el Alzheimer: mejor guion adaptado y película de animación.

Cabe destacar: mejor cortometraje de animación, Birdboy; mejor película europea, The Artists; cortometraje documental, Regreso a Viridiana; película iberoamericana, Un cuento chino; cortometraje de ficción, El barco pirata; y a la película documental, la polémica Escuchando al juez Garzón.

Intentando crear un ambiente más ameno, a pesar de que una gala de premios no puede ser muy divertida, ha habido sorpresas musicales y varios momentos interesantes, como una actuación de la presentadora Eva Hache cantando o con un rap de El Langui actores como Juan Diego o Antonio Resines, en general hubo muchos chistes malos donde la gente vía Twitter lo hacia ver. La parte del monólogo de Santiago Segura criticando un poco a los presentes con un gran sentido del humor fue de lo mejor de la gala. La parte negativa recae sobre el tema de la seguridad ya que un par de espontáneos que se colaron en la gala.