Revista del IES Concejo de Tineo

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El Ágora de Hipatia

Publicado por JOSE ANGEL el 18 Noviembre 2009

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“Soy mujer, estoy viva y quiero comprender“. Esta voluntad de aspirar a abarcar el mundo y sus secretos la compartieron muchas gentes en Alejandría y en muchos lugares y tiempos. A veces, muchas veces, este deseo resultó y resulta desgraciado para estas personas que se sienten vivas y dejan a su pensamiento discurrir de modo esforzado y ¡oh delito! autónomo. El lema ilustrado de I. Kant “atrévete a pensar” se conjuga bien con la libertad, el respeto y la igualdad. La consecuencia directa de sabernos vivos y vivas es el empeño por mejorar este mundo y ofrecer a quien quiera escucharnos ese aprendizaje. Si queremos ir a las raíces con nuestros análisis hay quienes nos llamarán “radicales”, porque lo somos. A Hipatía, que a estos delitos sumaba el no menor de ser mujer, le atajaron su radicalidad generosa y constructiva. Fueron, como siempre, esas gentes que no “se atreven a pensar” radical y críticamente. No lo necesitan porque ya tiene la VERDAD, única e incuestionable.

Quiero ver la película de Amenábar porque homenajea a esa mujer, Hipatía, y a otras mujeres y hombres que se atreven a pensar y a hablar. Porque callar es quedar inerte, quitarse de la vida. El “ágora” nos llama para pensar e investigar, sí, pero también para compartir y preguntar. “Ágora” quiere decir diálogo y escucha. A Hipatía le costó la vida. Aquí y ahora sólo nos cuesta la reprobación de quienes prefieren el inmovilismo o cambios a su medida. La ciencia radical y el pensamiento crítico de Hipatía nos recuerda que nuestro paso por la vida puede fertilizar o no ser.

Juan Ángel García Pérez (Profesor de Filosofía del IES Concejo de Tineo)

Un Comentario a “El Ágora de Hipatia”

  1. Nereida Agüera 1ºBCT escribe:

    Aún no he podido ver la película de Amenábar, pero me gustaría hacerlo a no mucho tardar. Realmente, Hipatia me parece un personaje admirable. Se puso el mundo por montera y desafió muchas de las injustas normas imperantes en la época, las cuales se duplicaban por el simple hecho de tratarse de una mujer.

    Ahora, es fácil echarse las manos a la cabeza, pensar lo irracional que era el mundo quince siglos atrás. Afortunadamente, hemos ido puliendo muchos aspectos, pero en esencia, alguno de los más graves problemas persisten. Hoy en día y situándose de antemano en sociedades de las llamadas “civilizadas”, sigue sin ser interesante que pensemos. Una muchedumbre que no piensa puede ser llevada de un redil a otro sin complicaciones. Sin voces inquietas ni “Pepitos Grillos” insolentes, todo se vuelve una masa homogénea y modelable. Puede llegar a ser muy difícil abandonar la comodidad que dan los segundos planos: si piensan por ti, deciden por ti y esto puede dar la engañosa sensación de ser una liberación de responsabilidades. Total, la Tierra continuará girando pienses o no, y por si fuera poco, en la tele te anunciarán colchones Pikolín para que duermas tranquilo. Cabría “pensar”: ¿Qué más se puede pedir?

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