La Navidad la ha inventado El Corte Inglés
Publicado por JOSE ANGEL el 11 Enero 2008
Luces, escaparates iluminados, juguetes en la tele con mensajes de paz, amor y felicidad. Otro año más llegan estas fechas de reuniones familiares, compromisos y gastos, por que no nos engañemos, esta maravillosa tradición que tan felices hace a los niños y que en definitiva tendría que estar dedicada a ellos por entero, no es más que una locura consumista en cuyo juego todos entramos y que nos invita (por no decir que nos obliga) a comprar compulsivamente al precio que sea.
Las cenas de Nochebuena y Nochevieja suponen una “pedrada” al bolsillo de las familias y se convierten en un gran quebradero de cabeza para las amas de casa, que ven que para hacer la compra habitual han de gastar mucho más dinero que de costumbre, con el consecuente desequilibrio de la economía familiar. Es en estas fechas cuando más nos cuesta llenar la cesta, que nos supone invertir el doble o más que cualquier otro día en productos como la carne y el pescado, como si éstos escaseasen. La solución a este problema será hacer la compra de navidad en julio y congelarla.
Por si esto no fuera poco, no nos conformamos con regalar según las posibilidades de nuestros bolsillos, sino que preferimos hacer grandes regalos y empeñarnos para poder pagarlos, como lo ejemplifica el típico anuncio de “… y no pague hasta Marzo de 2008″ o “pague en 12 meses sin intereses”. Esto, lejos de parecernos una oferta debería parecernos una estafa, puesto que estás empeñado toda tu vida, porque cuando vas a terminar de pagar el regalo del año pasado, empiezas a pagar otros 12 plazos más del regalo de ese año.
A todo esto, añadimos las famosas comidas y cenas de empresa, que nos hacen pagar además de la cena, la ropa de fiesta (que en estas fechas tampoco es barata), de esta forma no me extraña que la cuesta de enero sea tan pendiente.
En fin, tal vez deberíamos reflexionar un poco y volver a los orígenes de estas fiestas: días de reunión para estar en familia, en las que la familia y los más pequeños son los verdaderos protagonistas, en lugar de hacer de la Navidad una fiesta consumista de la que sólo se benefician los centros comerciales.
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