Piensa en verde

22 05 2012

Articulo 48: El servicio de la cultura es atribución esencial del Estado, y lo prestará mediante instituciones educativas enlazadas por el sistema de la escuela unificada. La enseñanza primaria será gratuita y obligatoria. Los maestros, profesores y catedráticos de la enseñanza oficial son funcionarios públicos. La libertad de cátedra queda reconocida y garantizada. La República legislará en el sentido de facilitar a los españoles económicamente necesitados el acceso a todos los grados de enseñanza, a fin de que no se halle condicionado más que por la aptitud y la vocación. La enseñanza será laica, hará del trabajo el eje de su actividad metodológica y se inspirará en ideales de solidaridad humana. Se reconoce a las Iglesias el derecho, sujeto a inspección del Estado, de enseñar sus respectivas doctrinas en sus propios establecimientos. Constitución española de 1931.

  • Se puede decir más alto, pero no más claro. La profe quería dedicaros hoy su mejor artículo, pero como casi siempre llegó tarde. Llevo días leyendo artículos en defensa de la enseñanza pública, mirando vídeos, leyendo twits… buscando en suma, una inspiración innecesaria. Lo que le sobran a la profe son argumentos para defender la enseñanza pública. Tiene tantos que no es capaz de enlazarlos en un artículo. Quienes conocen a la profe pizarra al margen, se extrañan de que el verde sea su color preferido. ¿El verde? Pero si tú siempre vas de negro. Como mucho de azul oscuro, gris… malva en un exceso. ¿El verde? Las mesas del cole de la profe tampoco eran verdes. Arribó a la escuela en una mesa hexagonal chapada en formica blanca. Lloró y lloró el segundo día de colegio (el primero no, por supuesto. Nunca entendí a los niños que lloran el primer día ¡pero si aún no saben lo que les espera!) y descubrió su vocación en la silla de la maestra. ¡Era tan grande el mundo en esa silla! No sé si agradecerle o perdonarle que para calmar mi pataleta me sentara en su sitio, me encadenó al aula de por vida. En el colegio, las mesas crecieron a la par que mi cuerpo (las mesas más, que yo fui de crecimiento lento) barnizadas y con patas grises, ni rastro de verde. Estrené instituto y ahí sí, ahí las mesas eran verdes. También eran verdes las pizarras que ya no eran pizarra y verde era yo, o lo estaba que aquí el verbo tiene mucho que decir. Verde estaba servidora cuando me tropecé con mi profe de Latín la misma que al otro lado del teléfono me dijo hace unos días: ¿vendrás a la manifestación el martes? Y de pronto explotó en mi cara el verde adolescente. Los felices años del bachillerato, los mejores años de mi vida. Quizás mi verde sea ese. Hace veinte años (sí hace ya veinte años) la alumna impertinente de turno, cien por cien verde adolescente, desafiaba a la profe de Cultura Clásica que pensaba esta me va a dar el año. Hoy lucharemos juntas por la Enseñanza Pública. Cierto que esta historia podría haber pasado en un centro privado o en uno concertado, pero estoy segura de que ella y yo jamás nos hubiéramos cruzado de no ser por la Pública. Estoy segura también y alguna vez lo he dicho en este blog, que un país que considera la enseñanza un gasto y no una inversión, está condenado al fracaso.

  • Por todo esto y por miles de cosas más que no caben en un artículo, hoy haciendo honor a un viejo eslogan publicitario pienso en verde. Pienso en futuro. Hoy veinte años después volveré al insti que abrió las puertas del mío y ya no estará mi profesora de Latín, ni tendré quince años, pero como ella me preguntaré Quousque tandem… quousque tandem abutere (sabemos de sobra a quien poner aquí)  patientia nostra?

 

  • Ojalá podamos decir pronto juntas: veni, vidi, vici. Gracias Profe, gracias profes de la pública por convertirme en profe de la pública. ¡Para poder seguir luchando!


15M: Eppur si muove

15 05 2012

 



In memoriam

26 04 2012



Días de domingo

23 04 2012
  • En ocasiones leo libros. Mis alumnos de Cultura Clásica están preocupados por el daño neuronal que tan pernicioso vicio puede ocasionarme. Yo, ahí sigo. Lee que lee haciendo caso omiso a sus recomendaciones sobre las maravillas de las vídeo consolas, los juegos de ordenador y los estimulantes programas televisivos de los que son fieles consumidores. También veo y escucho los noticiosos, esto a mi muchachada no se lo confieso, no quiero contrariarlos en exceso con mis funestos vicios. En las elecciones francesas celebradas ayer Marine Le Pen, o lo que es lo mismo, la ultra derecha ha logrado casi un 20% del apoyo popular. Soy consciente de que muchos de los muchachos que se afligen por mi afición a la lectura serían entusiastas votantes de Le Pen ¿Tan mal lo hago? En el aula de infantil de mi cole, el pueril alumnado que al decir de nuestra directora se corrompe al llegar a secundaria, experimenta la crianza de renacuajos en cautividad. El viernes fui a verlos. Ya les ha crecido el rabo y van camino de convertirse en hermosos batracios. Los renacuajos, se entiende. Los infantes, a qué negarlo, también temo que me salgan rana. De un tiempo a esta parte, comparto con algunos colegas el temor ante el futuro de un buen número de pupilos que odian pensar, se refugian en lo fácil, rechazan lo extranjero (especialmente si es de color negro)… pero por encima de todo, no leen. Son el caldo de cultivo idóneo para la proliferación del fascismo. Una que sí lee y para colmo Historia, sabe de lo que habla.

  • Pero nada, ni siquiera la desidia del alumnado que este año me ha tocado en suerte podrá empañar la felicidad con la que la profe se levanta tal día como hoy. Nada nublar la alegría de los libros que quedan por leer, ni el reto de los alumnos complicados. Nada vestirá de anodino diario el domingo 23 de abril, porque la profe también ha visto cosas que vosotros no creeríais y sabe que al menos mientras ella transite por este pedacito de universo, la alegría de los libros no se perderá como lágrimas en la lluvia.

 



Historia ficción o ¿qué hubiera pasado si…?

19 03 2012
  • Si la profe hubiera estado en Cádiz hace doscientos años hubiera pintado bien poco. Sería mujer, pertenecería al Tercer Estado y para colmo, sería afrancesada. Del último pecado, con el paso del tiempo me absolvería la Historia. Pero en aquel momento correría la misma suerte que Goya, con una salvedad, yo no sé pintar como don Francisco, así que ni siquiera podría regalar al mundo La lechera de Burdeos.

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  • Si la profe hubiera estado en Cádiz hace setenta y cinco años, tampoco lo hubiera pasado bien. Sería mujer, seguiría perteneciendo al Tercer Estado (aunque ya no se llamaría así, gracias entre otras cosas al Cádiz de 1812) y para colmo, sería republicana. Del último pecado, con el paso del tiempo, también me absolvería la Historia. Pero en aquel momento, correría la misma suerte que Alberti, con una salvedad, yo no escribo versos y no sabría abrir la jaula de una paloma equivocada. Sí hubiera podido ser la protagonista de la novela que acabo de leer, y a buen seguro protagonizaría una escena como la que nos narra Almudena Grandes, que a caballo entre la Historia y la ficción, relata con inspiración galdosiana los Episodios de una guerra interminable:

–¿Galdós?  –escuchar ese nombre le sorprendió tanto, que por un instante hasta se olvidó de lo enfadado que estaba conmigo–. ¿Es que yo te he pedido que leas a Galdós?

–Pues no. Pero lo he leído.

–¡Pues muy mal hecho!, ¿me oyes? –y recobró en un instante el furor que en aquel momento equivalía a su compostura–. ¡Muy mal hecho!

–No sé por qué, yo no creo…

–¡Porque lo digo yo! ¡Galdós nada, y Napoleón nada, y las Cortes de Cádiz nada, y la Constitución de 1812, nada de nada! Yo no os he explicado eso, yo no había preguntado eso, yo…

Durante un instante se quedó callado, temblando de rabia. No sabía por donde seguir y yo no quise interrumpirle, porque nunca le había visto tan enfadado, nunca había tenido tantas razones para enfadarme con él, y sin embargo, en aquel momento, con su chaleco y su levita, sudando como si tuviera fiebre bajo el despiadado sol de junio, con los ojos hirviendo, los puños apretados y los labios temblando de indignación, me pareció un hombrecillo patético, un pobre tonto solemne, tanto más tonto cuanto más solemne.

–No sé de dónde ha sacado usted todos esos disparates, pero ya puede darme las gracias por haber roto su examen, porque la próxima vez lo guardaré en un cajón para comentarlo con el inspector. Está usted advertido.

  • Y cierto que es historia novelada, pero más cierto aún es que en el Manual de Historia de España editado en 1944, que hojeo mientras escribo, puedo leer lo siguiente referido a la Constitución de 1812: Ésta se proclamó en 1812 ante el pueblo gaditano, que la acogió con alborozo, sin sospechar la sangre que había de costar a través de los años la implantación de unas ideas y principios que eran tan contrarios al espíritu nacional. Y digo yo, que algo tendrá La Pepa cuándo la maldicen.

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  • Si la profe no hubiera nacido en Piñeira hace treinta y cuatro años, no sería mujer, ni pertenecería al “Tercer Estado” (que ahora por no tener no tiene ya ni nombre, aunque de eso la Constitución de 1812 ni pizquilla de culpa ), y para colmo se hubiera dedicado a cualquier cosa menos a la docencia. Del último pecado, me redimo sola dando clase en Secundaria. Pero me dio por estudiar Historia, por enamorarme de Galdós, por ser una liberal decimonónica además de una hembra cabal; también una romántica que lee Cádiz tal día como hoy. Y echo de menos poder entrar a primera hora en un aula de 2º de Bachillerato y ver la cara de susto de la muchachada al oír la canción con la que empieza este artículo sonando al alto la lleva (por suerte, alguna vivirá ese placer por mí ¡cómo te envidio, che!). También echo de menos poder hablar de Argüelles y de Jovellanos. Y ver en los ojos de algunos pupilos al final de curso, la mirada cómplice de quien entiende por qué la profe baila con la misma alegría la coplilla que inaugura este artículo y la Marsellesa. Que las hembras cabales/ en esta tierra/ cuando nacen ya vienen/ pidiendo guerra… Si la profe no fuera Ágata, no estaría escribiendo este artículo a las tantas de la madrugada pensando que Cádiz bien lo merece  por haberme regalado una Constitución y una Niña. Si además este año tan conmemorativo me regala unas opos, le escribo un libro. He dicho.


La escuela olvidada

10 03 2012
  • Si todo está inventado ¿cómo es posible que seamos incapaces de volver a ponerlo en práctica? De vez en cuando la profe ve la tele, aunque sería más correcto decir que ve el ordenador. La posibilidad de tirar de eso que ha dado en llamarse “televisión a la carta” nos permite ver cosas días después de haber sido emitidas. Hace semanas me recomendaron este documental sobre el Instituto Escuela y la educación en la España de principios del siglo XX. ¡Chifladuras de la profe! pero cargadas de sensatez y de las que se puede (y se debe) aprender mucho.



Cruce de cables

23 02 2012

Rompe-Einstein

  • Empiezo a entender, estimada muchachada, porqué disparáis respuestas irreflexivas ante casi cualquier cuestión que os planteo. La inmediatez prima en la sociedad de la comunicación, en la era de la revolución tecnológica. ¿Reflexionar, qué es eso? Lo importante es dar luz y publicidad a mis respuestas, a mis (buenos) resultados, a mis inmejorables e inmediatas estadísticas. Correctas o no, mis intervenciones son las que cuentan. ¡No disparen al pianista! La profe se desgañita para evitar que abráis la boca con la sana intención de responder cualquier tontería. Inútil afán el mío. Fulanito es muy bueno, pero no participa me canso de escuchar en las REDES. Hace años, en una alarde de autarquía propio de tiempos pretéritos, el padre de servidora tuvo a bien aprovechar un viejo enchufe y colocarlo en uno de los cabos del cable de la antena de la televisión. Mi estimada madre, menos ducha en tecnología y cableríos varios, confundió empalmes y nuestra caja tonta sufrió las terribles consecuencias de la errónea conexión. ¡Aquello sí fue un encuentro en la tercera fase! Desde entonces, los aparatos eléctricos, (especialmente las computadoras) traen clavijas imposibles de intercambiar. ¿Dónde enchufo esto? Dónde quepa, no ha lugar a error. Ya estamos con las batallitas de la profe, déjala si cada día está peor ahora le da por los enchufes a la pobre. ¿Pero cómo no me va a dar, si en este loco afán por innovar y ser los primeros, ya no nos importa ni tirar por tierra las bases de la Física sin comprobar que el Rompetechos de turno (tal cual mi santa madre), enchufó los cables donde no debía. Si es que ya, ni de los científicos se puede fiar una. Aunque bendita ciencia, cuando es tan humana.

A

  • P.S.: Pues nada, que dice mi muchachada que me confundí de artículo. Que los cruces de cables no tienen que ver con la Historia. ¡Ay inocentes, si supieráis el miedo que les dio a muchos otro cruce de cables, otro 23-F, cuando un iluminado pretendió ajustarnos a todos las clavijas!


Escapismo Krahe

21 02 2012
  • Tengo un amigo militar. A los amigos ya se sabe, se les perdona todo. Dice que los militares son como los curas (ningún clérigo entre mis camaradas, a pesar de la liturgia Guiño), lo son siempre. Las profes, también lo somos siempre. La condena es eterna, como el cielo del aula. Dicen por ahí que tenemos muchas vacaciones, pero como los soldados y los párrocos, estamos siempre de guardia. A esta profe, de todos los lectores de este blog es sabido, la pierde utilizar la música en el aula. ¡Dicen tantas cosas las canciones! Por eso, cuando el sábado aterrizó en el concierto de Javier Krahe además de reírse a mandíbula batiente y tranquilizarse pensando que no todo está perdido, se pasó las dos horitas que duró el escapismo (esta vez de lucidez, no de vainilla y pistacho) pensando: esta me vale para clase.

  • ¿Pero profe, este quien es?  Como suponía que me harías este pregunta os diré que este tipo es un cínico y por tanto, vive en un tonel (o por lo menos alrededor de él). Que tose más que canta, que tiene por bandera la ironía y que en ocasiones, es el salvavidas de las profes cuando son incapaces de pasar su ríos por debajo de todos los puentes. Le debemos joyas como La hoguera o Cuervo ingenuo. También lo conocemos por Marieta o Un burdo rumor. Pero para el asunto que nos ocupa me quedo con las que os enlazo a continuación:

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  • Y si se me permite la licencia, pongámonos románticas.

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Un poco de sur…

29 01 2012
  • A veces necesitamos un poco de sur para no perder el norte. Si es que no lo hemos perdido ya, viajando descontrolados hacia el despropósito de la “civilización”. Por suerte, en el sur aún quedan joyas en forma de grandes ideas que nos reconcilian con el mundo.



Altamira, una deuda pendiente.

31 12 2011

El procedimiento que de ordinario se sigue es el de conferencias, en que el profesor relata, los hechos que juzga de interés en cada periodo o asunto. Una veces, la conferencia es mera repetición de un Manual que se designa como libro de texto; otras (las más, aunque no siempre por motivos científicos), se prescinde de él y se obliga a los alumnos a tomar notas durante toda la clase: lo cual supone un trabajo penoso, escasamente útil, y que, por añadidura, será el único que pongan ellos en la obra de su educación historiográfica. Así nos han enseñado, y así se enseña aún en casi todos nuestros institutos y Universidades. 

  • Podría ser la introducción a uno de eso manuales sobre competencias básicas con los que nos deleitan los próceres educativos, la mayoría de ellos desertores de la tiza (y no precisamente porque usen la pizarra digital). Pero quien así escribía, sabía lo que era mancharse en el aula e incluso fuera de ella, sabía del valor de la cultura y de la importancia de la educación para redimir a un pueblo. Quien así escribía, se llamaba Rafael Altamira y este ha sido su año. Siempre he pensado que lo peor que te puede pasar en esta vida es que te dediquen un día de. Un simple ejercicio de memoria nos llevará rápidamente hacia el día de la paz, el día de los derechos humanos, el día del hambre… de tantos y tantos que prefiero enlazarlos para no arruinar el artículo antes siquiera de empezarlo. Ojeados los susodichos días, imagínense qué mal debe estar la cosa, para que te dediquen un año. Tan mal, que hasta hoy, cuando el calendario toca definitivamente fin, la profe no ha sido capaz de homenajear al que probablemente sea uno de los intelectuales que más admira. Tan mal, que cuando googlea Atamira en busca de menciones, artículos, noticias y reportajes que glosen la figura de una eminencia como don Rafael, lo que se encuentra es una irrisoria cantidad de entradas frente a los millones de líneas dedicadas a la “insigne” figura de Kiko Rivera, antaño Paquirrín. Algo que sin duda, le sirve a la profe para recordarse a sí misma que esto es España, y no precisamente la que soñó Altamira.

R. Altamira

  • A algunos bibliófilos nos pierde desflorar intonsos (vírgenes apenas quedan). Hace años, alguien viajó a Salamanca y, en vez de traerme la consabida rana, prefirió envenenarme con el virus Altamira. De pronto tuve en mis manos un ejemplar intonso de La Enseñanza de la Historia por Lavisse, Monod, Hinsdale, Altamira y Cossío. Espasa-Calpe. 1934. Es de Altamira, te va a encantar. Y así fue, me encantó. Sometió mi voluntad al poder de la mágica razón, me entretuvo con verdades nada aparentes y me gustó, me agradó, me sedujo hasta ese punto en que traspasados los límites de la razón se desata la pasión. Me hizo más decimonónica aún si cabe. Me dio más argumentos para luchar por recuperar esa generación perdida, esos regeneracionistas sobre los que descansa el poco pasado intelectual que nos queda, esa Institución Libre de Enseñanza, ese Liberalismo con mayúsculas que unos y otros, de un bando y de otro, se fueron encargando de arrinconar, de tratar de esconder junto a los trastos inútiles porque las verdades duelen y a la libertad de pensamiento, es imposible ponerle precio.

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  • Ha muerto Rafael Altamira, el intelectual más completo de su época. En 1951, la BBC de Londres supo resumir en una línea lo que la profe ha ido descubriendo con los años. Altamira, El grupo de Oviedo y la Extensión universitaria, me reconciliaron años después de dejarla atrás con una alma máter que nunca sentí mía y de la que me avergoncé y aún me avergüenzo tantas veces. En este país nos encanta jugar a inventarlo todo. Jamás construimos sobre los cimientos de otros, no vaya a ser que no podamos apuntarnos el tanto. Nos encanta también buscar fuera lo que tenemos en casa. No en vano, castellano es el dicho “nadie es profeta en su tierra”. En educación llevamos años inventando la pólvora. Conozco bien la receta del explosivo; muy a mi pesar, soy hija de la LOGSE. Pocos como yo, con argumentos suficientes para poder criticar el sistema desde dentro o para ver una y otra vez al emperador desnudo. Ahora su majestad va vestido con el traje de las competencias básicas y busca modista en sistemas educativos europeos que obtienen brillantes resultados en esa lacra que ha dado en llamarse Informe PISA. Hace siglo y medio, Altamira y otros como él dignificaron la Historia como asignatura, defendieron su importancia como materia necesaria para crear individuos capaces de pensar, de criticar el sistema, de razonar por si mismos. Dejaron atrás la historia de las fechas, las batallas y los datos. Defendieron también un sistema educativo donde lo importante era que el alumno aprendiera a razonar, a trabajar con fuentes, a leer, a interpretar… También destacaron la importancia de la visita a los museos, al trabajo de campo. ¿Les suena algo de todo esto? ¡La pólvora! Eso que algunos tratan de vendernos ahora como lo último en didáctica, la panacea que va a salvar nuestros pésimos resultados académicos y nuestro vergonzoso fracaso en el campo de la educación. Todo novedades. ¡Qué lástima que aún quedemos “recordadores oficiales de lo que las gentes (especialmente los políticos) quisieran olvidar”! Pero quedamos, y aunque molestemos como molestó Altamira, de vez en cuando nos liamos la manta a la cabeza, nos empeñamos en preparar nuestras clases sin importarnos un ápice la galería, disfrutamos con la muchachada dentro del aula y soñamos con discípulos que sigan nuestros pasos. Sabemos que nuestro oficio no tiene recompensas inmediatas, sino destellos de razón, fogonazos de lucidez en la mente de aquellos que desde el otro lado, de vez en cuando (muy de vez en cuando) nos escuchan, nos siguen y hasta nos imitan. Y esto don Rafael, es lo que me pasa a mí con usted. Que siglo y medio después, soy discípula de su discípula y supongo, que como a mí, le llenará de gozo saber que alguien construye sobre sus cimientos.