Absurdo

29 09 2009
  • Ni este es un blog de literatura, ni yo no soy profesora de lengua, pero hoy me apetece descolgarme con un texto que poco o nada tiene que ver con la Historia. Es un artículo de Juan José Millás que inserto aquí fundamentalmente por su título, también por su contenido. Quienes me conocéis (profe de sociales aparte) sabéis ya lo que opino de la educación, del sistema, de un país que juega a las chapas con las leyes de educación y las cambia esta por aquella, aquella por la otra. Un sistema que las renueva, las sube, las baja, les da la vuelta… siempre sin contar con el profesorado por supuesto, para qué. Un sistema que se llena la boca con proyectos y tablets para todos. Quienes no me conocéis os estaréis preguntando qué pinta ésto aquí, a qué viene este texto enlazado en la sección de Historia’s de un blog, de eso, de Geografía e Historia. Pensaréis, esto es absurdo. Y probablemente lo sea, no digo yo que no, pero es que la vida está llena de ellos.

ABSURDO

El director del primer colegio al que fui de pequeño se llamaba Vicente. En aquella época pasaban lista todos los días y los alumnos teníamos que gritar “presente” al ser nombrados. Yo siempre creí que mis compañeros decían “Vicente”, en homenaje al director del centro, de manera que cuando me llegaba el turno gritaba con marcial entusiasmo:

-¡Vicente!

Nunca nadie me lo reprochó. Es probable que me entendieran mal, como yo a ellos. De este modo transcurría una vida llena de malentendidos, que es lo normal. La educación consiste en aceptar lo que no comprendemos.

A los pocos meses de mi entrada en el colegio, cambiaron al director y entró uno que se llamaba Antonio. Al día siguiente de su llegada, al pasar lista, todos mis compañeros continuaban gritando “Vicente” (”presente” en realidad), por pura rutina, pensé. De súbito, me entró una alegría enorme al darme cuenta de que yo iba a ser el único de todo el colegio que hiciera las cosas bien. Mientras los apellidos sobrevolaban el patio de recreo en el que permanecíamos en fila, rogaba a Dios que nadie se me adelantara.  Fueron los minutos más angustiosos de mi vida, pues iba muy mal en los estudios y aquella oportunidad de oro para demostrar que mi inteligencia estaba tan despierta como la de cualquier otro. Ya veía al prefecto de disciplina dirigiéndose   a mí para felicitarme por aquel alarde de buenas maneras. Por fin, tras una eternidad escuché mi apellido y grité más alto que nunca:

-¡Antonio!

El prefecto permaneció atónito unos segundos y después me preguntó que qué había dicho. “Antonio”, respondí yo comprendiendo que algo funcionaba mal. Como no fui capaz de dar una explicación razonable, me tuvieron bajo observación psicológica una temporada. Ahora, con la perspectiva que dan los años, creo que tan absurdo era decir “presente” como decir “Antonio”. Pero al común de las personas le parece más lógico gritar “presente”. ¿A qué negarlo? Siempre tuve dificultades de adaptación.




Palabra

11 09 2009

Firma Allende

CELEBRACIÓN DEL CORAJE/4

La derecha mezquina y la izquierda puritana han dedicado buena parte de sus fervores a discutir si Salvador Allende se suicidó o no se suicidó. Allende había anunciado que no saldría vivo del palacio presidencial. En América Latina, es tradición: todos lo dicen. Después, cuando ocurre el golpe de estado, se toman el primer avión. Habían pasado muchas horas de bombas y fuego y Allende seguía combatiendo entre los escombros. Entonces llamó a sus colaboradores más íntimos, que resistían con él, y les dijo:

-Bajen ustedes, que yo ya voy.

Ellos le creyeron y se fueron, y Allende quedó solo en el palacio en llamas. ¿Qué importa de quién fue el dedo que disparó la bala final?.

(Eduardo Galeano: El libro de los abrazos)

  •  No es la mía una historia de mitos, ni de grandes nombres. No tengo un personaje histórico preferido, quizás una fecha, la que da nombre a este blog. Tampoco me gusta la historia ficción, pensar qué hubiera pasado o cómo hubiera sido. La Historia, es la que es. En este caso, fueron tres años, un gobierno que llegó al poder por las urnas y un hombre fiel a su palabra. Pagaré con mi vida la lealtad al pueblo, dijo. Y la pagó. La historia de América Latina no tiene sitio en nuestro currículo, será que ahora somos europeos. Pero sí tiene sitio en este blog, en un artículo que como casi todos, no pretende más que picar un poco vuestra curiosidad, intentar que alguien se interese por saber que pasó en Chile aquel 11 de septiembre de 1973. Intentar que no desaparezca la memoria de tantos desaparecidos.  
  • Con estas palabras se dirigió Allende por última vez al pueblo chileno. Fueron emitidas por Radio Magallaes cuando La Moneda ya estaba asediada por los militares golpistas. Último discurso de Salvador Allende

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  • La música y la literatura han sabido rendirle homenaje. Pablo Milanés compuso una canción preciosa, que a mí me encanta en la versión de Serrat.

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  • Eduardo Galeano le dedicó, entre otros el texto que encabeza este artículo. También Benedetti, escribió un poema para él, que aquí recita en compañía de Daniel Viglietti.

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  • Y en el cine, Costa Gavras intentó que no cayeran en el olvido las historias de tantos y tantos “missing“, desaparecidos.

  • El documental Allende: caso cerrado, emitido por el programa En Portada de TVE, es un reportaje que desvela como murió el presidente de Chile.  La producción incluye imágenes inéditas, que tenía el cámara chileno Pablo Salas, que en 1990 filmó la exhumación del cadáver de Allende. La identificación se realizó tras la vueta de Chile a la democracia, cuando el entonces presidente, Patricio Aldwin, homenajea al presidente muerto tras el golpe de Estado de Pinochet. La visión del cadaver demostró que Allende, tal y como se especulaba, se había suicidado de un tiro en la cabeza. Además, el documental reconstruye los últimos minutos de la vida de Allende con el testimonio de aquellos que compartieron con él el asedio a La Moneda.