¡Qué belén!

20 12 2009
  • Con un pie en el examen del lunes y otro ya en los turrones, toca felicitar las vacaciones de invierno, como les llaman ahora. Aunque en educación hablamos de cursos y no de años, con lo que los tiempos nunca se corresponde con los del común de los mortales, las profes (aunque no os lo creáis) tenemos vida al margen del insti. Y en la vida de esta profe, el 2009 ha estado lleno de aterrizajes, nuevas adquisiciones, carritos de bebé… (también alguna despedida, la vida es eso) así que no me queda otra que felicitar las fiestas pensando en esas madres recién estrenadas a las que a la vuelta de nada espero ver como a la del siguiente vídeo.

  • Lo dicho, ¡Feliz Navidad y buen 2010 para tod@s!


Física y Química

10 12 2009
  • Escribir un blog de Historia te permite escribir casi de cualquier cosa, es sólo cuestión de tiempo. En este caso han tenido que pasar cincuenta años para que yo pueda escribir un artículo sobre ciencia, quizás sería mejor decir sobre un hombre de ciencia. Decía don Severo Ochoa: “me he dedicado a investigar la vida y no sé por qué ni para qué”. Yo me dedico a dar clase, y a veces confieso que aunque tengo claro porqué, son cada vez más las ocasiones en las que, ante las incongruencias del sistema, me pregunto para qué. Supongo, que para seguir soñando. Y quizás en ese sueño, dentro de otros cincuenta años, los blogs educativos se enciendan, tal día como hoy, con artículos que conmemoren y nos recuerden que don Severo Ochoa recibió un premio Nobel, seguramente más merecido que el de Obama y desgraciadamente mucho menos cacareado. Este país es así, valora el dinero rápido, la fama, el poder… no me extraña que la mayoría de las veces nuestros pupilos no nos hagan ni caso y prefieran “viciar” con la play, el facebook, o la tele. Ellos son la generación click, y el reconocimiento que llega a través del estudio, es poco, lento y a lo que veo, más efímero que la propia fama. Ya lo decía Alonso Quijano, “alcanzar alguno a ser eminente en letras le cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez, vagidos de cabeza y otras cosas a estas adherentes”. Pero aunque sea desde un blog de Historia, Severo Ochoa, ese gran bioquímico (parece ser que no tan buen conductor) merece un post que recuerde que estuvo una vez en Estocolmo para recoger un Nobel, que se pegó con el ácido ribonucleico (que una, desastre absoluto en todo lo que suena a laboratorio, no tiene ni idea de lo que es, pero Internet siempre ayuda) y que hoy me sirve para escribir un artículo que quizás lea mi profe de física y química del instituto, esa que me auguró un nefasto futuro dada mi poca disponibilidad para el estudio de tal asignatura. La siguiente vez que nos vimos compartíamos sala de profesores, arrieros somos. También decía Ochoa, que el amor es física y química. Igual por eso a los de letras nos cuesta tanto entenderlo y es que en esto, don Severo, me temo que no puedo más que contradecirlo, el amor más bien es poesía.

Nobel Ochoa



Más que un libro

6 12 2009
  • Titulando un artículo así, un día como hoy, cabe esperar que de lo que pretenda hablar sea de la Constitución española de 1978, pero no. Voy a hablar de un libro que habla de constituciones, de todas las constituciones de la Historia de España, de todas, menos de la de 1978. Un libro coescrito por alguien que tuvo mucho que ver con ella (no en vano contribuyó a escribirla) y un hombre al que estos días decimos adiós. Jordi Solé Tura fue uno de los llamados “padres de la Constitución”, uno de los siete representantes de los diferentes partidos políticos que tuvieron que consensuar posturas para dar forma a nuestra actual carta magna, esa que hoy está de aniversario. Pero yo no lo recordaré por eso, sino por un libraco naranja y desgastado que me acompaña desde el día que decidí matricularme en Geografía e Historia. Para mi, fue algo así como si al tiempo que echaba la matrícula tuviese que comprar una entrada y ese boleto fue “Constituciones y periodos constituyentes en España (1808-1936)”. Mi profe de Historia de segundo lo llevaba con ella todos los días, como si fuese la Biblia (en cierta medida lo es) y de él sacaba los textos que nos pasaba a medida que avanzábamos en el temario. Me llamaba la atención por lo poquita cosa que parecía, era sorprendente que aquel libro famélico pudiese tener en su interior buena parte de la historia contemporánea de España. Pero la tiene, vaya si la tiene. Está claro que este artículo es, al tiempo que un homenaje a Solé Tura y a la Constitución, una recomendación a cualquiera que tenga un mínimo interés por la Historia de España.



Marianela (o de los traumas lectores)

3 12 2009
  • Hoy descubrí que comparto trauma con uno de mis alumnos. Hablaba la profe de Zola y el realismo, a modo de introducción a la película Germinal, que utilizaremos mañana en clase para ver las condiciones de vida del proletariado y la burguesía en el siglo XIX. Explicaba sucintamente que las novelas realistas son  muy largas, que se paran mucho en el detalle, que realtan descripciones larguísimas… y ponía ejemplos: La Regenta de Clarín, las obras de Galdós. Y es en Galdós, donde compartimos trauma, concretamente en Marianela. Ambos la leímos por obligación y ambos la detestamos el resto de nuestra vida. En mi caso llegué a odiarla tanto, que metí todas las obras de Galdós en el mismo saco, condenándolo al ostracismo literario durante años. Yo era una lectora contumaz, que devoraba libros cuando andaba por los últimos años de colegio. Al maestro de lengua encargado de corregir las fichas que nos obligaban a cubrir de cada una de nuestras lecturas, debió parecerle que había que limitar mi apetito lector y me mandó leer Marianela. Cogí la indirecta de inmediato. Nunca un libro se me hizo tan arduo. Mi actual pupilo sufrió el trauma más o menos a la misma edad, dice que le mandaron leerla en 2º de la ESO. ¿Qué mente retorcida puede condenar a alguien a leer semejante cosa a los doce o trece años? Siempre defiendo la lectura de los clásicos y despotrico contra esas pseudonovelas para adolescentes que tienen que leer ahora los estudiantes, ¡pero habrá un término medio! Volví a Galdós en mi último año de instituto, de la mano claro está, de los Episodios Nacionales. Pero la que me enganchó y me reconcilió con el canario que salía en los billetes para siempre, fue sin duda Miau. Se la recomendaría y de hecho recomiendo a mi alumno (a todos, no sólo al traumatizado) aunque soy consciente de que enamorarse del siglo XIX español es una rareza que nos distingue a unos pocos.

  • Entre el alumnado de este año creo que no, pero igual entre los lectores hay algún historiador en ciernes, así que aquí dejo un enlace a los Episodios Nacionales.