Doctor Livingstone, supongo

10 01 2010
  • Acostumbro a encabezar las fotocopias de actividades que os doy, con alguna frase que tenga algo que ver con el tema que tratamos. Estamos a punto de empezar el titulado Segunda revolución industrial e imperialismo y la frase mítica que se me ha venido a la cabeza ha sido: Doctor Livinsgstone, supongo. La pronunció Henrry Stanley cuando en 1871, tras meses de búsqueda, una expedición de socorro organizada por el periódico The New York Herald y comandada por él mismo, consiguió dar con Livingstone a orillas del lago Tanganica, en el Congo.

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  • Pero si queréis saber algo más de esta historia, es interesante que leáis este cuento escrito por Joaquín Collantes y extraído de la web Divulgamat, literatura y matemáticas unidas por el bien del placer y la ciencia.

-¿El señor Stanley, supongo? -preguntó el doctor Livingstone.
-Un momento, un momento -contestó Stanley, desconcertado, y añadió: -Se supone que eso tengo que preguntarlo yo.
-¿Por qué? -volvió a preguntar el doctor Livingstone.
-Porque he sido yo el que lo ha encontrado a usted… y además porque estoy seguro de que esta pregunta se hará muy famosa en el futuro y quisiera aparecer yo como autor de la misma.
-Bien, por mi parte no hay inconveniente, puede usted preguntarme si soy yo.
Y Henry M. Stanley retrocedió seguido de su expedición hasta la entrada de la aldea de Ujiji, para repetir la entrada. Así, se acercó a la cabaña en cuyo porche le esperaba el doctor Livingstone… y le preguntó:
-¿El doctor Livingstone, supongo…?Así ha pasado a la posteridad, tanto la frase como el hecho de que el periodista y aventurero Stanley encontrara en África al misionero y médico Livingstone. O al menos así lo cuenta la Historia partiendo, claro está, de la crónica escrita por el periodista para su periódico, “The New York Herald”. Pero así como todos sabemos que la Historia a veces no cuenta toda la verdad (y si la cuenta la adorna convenientemente) imagínense si la Historia, además, se ha apoyado en la crónica escrita por un periodista.

El doctor Livingstone no estaba perdido en África. Simplemente había dejado de comunicarse con el llamado “mundo civilizado” por decisión propia. Y vivía cómodamente instalado y tratado con gran consideración por los nativos en la aldea de Ujiji, cerca del lago Tanganica.

La historia de esta aventura comienza en Madrid, ciudad donde Stanley se encontraba en el año 1869 como corresponsal de su periódico para escribir una crónica sobre el general Prim. Fue entonces cuando recibió una carta del director de su periódico citándole en París para un importante asunto. Y el asunto no era otro que encontrar al doctor Livingstone, al que se daba por perdido en África al no haber tenido noticias suyas desde hacía tres años. Leer más »



De vuelta

7 01 2010

Post-navidad