Felices libros, todos los días.

23 04 2010



Con vosotros… Lili Marleen

17 04 2010
  • El alumnado propone, la profe dispone. No seré yo quien ponga límites al conocimiento y las ganas de trabajar. Empezaremos la II Guerra Mundial a partir del facebook de Hitler, tal y como sugirió Víctor. Barrunto la cara de espanto que pondría, ante tamaño atrevimiento, mi profesor de Historia del Mundo Contemporáneo. Aquél que recitaba una retahíla de nombres, fechas y batallas; un discurso infinito, repetido como una letanía, con voz monótona e inexistente pasión. Ni un ejercicio, ni un mapa para colorear, ni un comentario de texto… nada. El discurrir de las horas tomando apuntes como autómatas o en su defecto, palabras y más palabras, mientras yo daba cabezadas sobre el libro, pintaba cuernos a Hitler, dibujaba bombas cayendo de los aviones aliados, o me evadía soñando e imaginándome al otro lado de la mesa (vocación temprana, le llaman) mientras en mi cabeza sonaban los acordes de Lili Marleen. No armaba jaleo, ni hablaba con el compañero, ni interrumpía… como habréis podido observar, ¡eran otros tiempos! Pero la vida es así, renovarse o morir. Cuando una navegaba por las procelosas aguas de su primero de bachillerato, Internet era aún un arma al servicio de los servicios secretos americanos, el ordenador un aparato que había en las casas de los compis con pasta, y las redes sociales las extendíamos en la sala de juegos cercana al insti, o en la cafetería en la que aprendimos a jugar al tute (para mi vergüenza sigo sin saber jugar al mus) cuando había ocasión de escaquearse. Confieso que nunca fui mucho de pires, temía que pasase algo interesante justo el día en que servidora se encontrase ausente.

  • Pero volvamos al aula, a los acordes de Lili Marleen, a la música que no entiende de bandos ni fronteras, a la canción que hizo decir a Hitler: esta música nos sobrevivirá a todos.  Lili Marleen es una famosa canción alemana musicalizada en 1937 por el compositor Norbert Schultze sobre un poema que un soldado alemán había escrito en 1915, durante la Primera Guerra Mundial. La canción se popularizó durante la Segunda, cuando un suboficial de una compañía alemana fue destinado a Belgrado, para hacerse cargo de la dirección de la emisora militar de esa ciudad y se llevó consigo el disco que contenía la canción que sus compañeros habían convertido en himno: Lili Marleen.  Desde Belgrado la emitió por primera vez el 18 de agosto de 1941 y la canción tuvo tal éxito que la emisora comenzó a radiarla todos los días a las 21 horas 57 minutos, como cierre de su programación. Debido a la potencia de la emisora, los soldados aliados también la escuchaban y el tema fue adoptado en ambos frentes. Tanto es así, que los soldados alemanes se sorprendían cuando al capturar soldados enemigos, estos conocía la canción.

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  • Y por último, a modo de frivolidad y dato histórico (Marta Sánchez existía antes de tener a Baute colgando en sus manos) aquí os dejó una de las versiones en español de Lili Marleen. Como dice una amiga mía ¡qué cruel es el tiempo! A lo que la profe añade: en ocasiones, sería preferible que los hermanos Lumiere no hubiesen inventado el cinematógrafo. Por cierto, entre la grabación de un videoclip y otro, han pasado veinte y tres años. ¡Buff, de casi todo hace ya más de veinte años!



El principio del fin

1 04 2010
  • Si un conflicto bélico acabase con la firma del armisticio correspondiente o la lectura del último parte de guerra, la civil española hubiese llegado a su fin tal día como hoy, hace setenta y un años.

 

  • Tanto es así, que si ojeáis (aunque sea con desgana) vuestros apuntes, miráis el libro o repasáis vuestras actividades, descubriréis que las fechas parecen estar claras: del 18 de julio de 1936 al 1 de abril de 1939. Pero la profe dice siempre que, en la mayoría de ocasiones, la fecha es lo de menos. Luego cuando en el examen descubro que fecháis el atentado contra el archiduque Francisco Fernando de Austria en 1973, me pongo como un basilisco, ya lo sé. ¡La profe, que está fatal! En este caso, cuando digo que la fecha es lo de menos, lo que quiero decir es que el fin de la guerra, lejos de ser una liberación, una victoria, un descanso, un cuento con final feliz… fue el inicio de años de misera, frío, hambre. Penuria, en definitiva (va por Diana y Nacho). El fin abrió la puerta a las cartillas de racionamiento, el aceite de ricino, el exilio, la cárcel, la mucha misa y la poca escuela. Cierto que no para todos, los menos hicieron su agosto, pero a la mayoría, le tocó sufrir y callar. Tal día como hoy, acabó la guerra, pero no llegó la paz. Decía mi abuelo, “vencedor” de esta guerra fratricida y hermano de perdedor encarcelado (para que luego digan que la Geografía no sirve para nada), que las guerras sólo las ganan los políticos y los militares, al pueblo le toca perder siempre. ¡Qué razón tenía! Decía mi abuela, esposa de ganador, cuñada de perdedor, hermana de exiliados del hambre… que alguien tenía que estudiar Historia para que nunca se olvide lo que pasó y ese alguien, resulté ser yo. Cuestión que explico en mi descargo, ya sabéis a quien culpar de vuestros muchos ejercicios de Historia. Tal día como hoy, hace setenta y un años, nació alguien que conozco: se llama Consuelo. Sus padres sabían que, el 1 de abril de 1939, no era más que el principio del fin.

  • Venimos de las imágenes de arriba, somos el fruto de esa España. Pero como casi siempre, nadie lo canta tan bien como el viejo Sabina. Tampoco nadie ha puesto música a Miguel Hernández con la elegancia de Joan Manuel Serrat.

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