De los “resistentes-sonrientes”

13 01 2013
  • Os tengo que enseñar Historia. Y hacerlo sin miedo y sin tapujos. Con sinceridad, como le enseñaron a la profe que se debe vivir la vida. Pero muchas veces la Historia es presente. Y el presente se desvela entre lágrimas, y música, y sonrisas, y verdad…

  • El título de este breve artículo, que  no es más que una excusa para mostrar el vídeo, se lo debo a Miguel Presno Linera: maratoniano y profesor. Creo que aquí, tampoco el orden de factores altera el producto. Como le dije en el twit que le mandé para agradecerle la difusión del vídeo esto sí me reconcilia con el país y no el anuncio de Fofito.


Historia novelada

7 01 2013
  • La profe, imagino que ya os habéis dado cuenta, lee siempre con un portaminas en la mano. Es verde y obviaré la marca por aquello de la publicidad, pero cualquiera que lea esto la adivinará sin problemas si confieso que es mi particular esnobismo proletario. Hay cosas que, nos guste o no, suenan mejor en alemán. Pero no me iré por las ramas de mi lapicera sino al grano de mis subrayados. Pintarrajeo todos mis libros (siempre a lápiz) con subrayados, anotaciones y hasta dibujos. Desde Botella al mar de las palabras (prometedor blog, por cierto) me han dado la idea. Pasaré algún que otro fragmento de lo que subrayo a 1789. Historia novelada, será una categoría nueva y un intento más por animaros a leer. Comenzamos con un fragmento de Ayer no más, lo último de Andrés Trapiello. Esos reyes que son magos lo dejaron sobre mis zapatos.

  • No hice ruido, me quedé detrás, donde un historiador no debería quedarse nunca. Los historiadores buscamos la distancia justa, ni muy lejos ni demasiado cerca. Demasiado lejos, y apenas comprendemos; si nos acercamos mucho, podemos destruir los hechos que estudiamos. Decía Robert Capa que si una foto es mala es porque no te has acercado lo suficiente. El historiador es un espectador que sabe que el mundo no es ningún teatro y ha de mirar a la distancia justa, de frente y a los ojos. La nuca es sólo el lugar de los verdugos. Andrés Trapiello.