Ahí os quedáis

11 02 2013
  • ¿Pero el Papa puede dimitir? Creo que esta ha sido la pregunta más veces enunciada hoy, 11 de febrero de 2013. Pues sí, querida muchachada parece ser que el Papa puede dimitir, así lo recoge el Código de Derecho Canónigo en el Libro II, Título V, Capítulo IV, Sección I, Capítulo I, Artículo I, Canon 332, Punto 2. Parece ser también que no es el primero que lo hace, aunque de la última dimisión hace ya tanto tiempo que ni nos acordábamos. Es más, hasta el rey puede abdicar y no sólo la de Holanda. Casualidades de la vida, hace hoy ciento cuarenta años, a los españoles nos dimitió un rey.

  • Dos largos años hace que ciño la Corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de la paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fuesen extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos, pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetran los males de la nación, son españoles, todos invocan el dulce nombre de la patria, todos pelean y se agitan por su bien; y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible atinar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar el remedio para tamaños males. Lo he buscado ávidamente dentro de la ley, y no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla (…) Pero tengo hoy la firmísima convicción que serían estériles mis esfuerzos e irremediables mis propósitos. Estas son, señores diputados, las razones que me mueven a devolver a la nación, y en su nombre a vosotros, la Corona que me ofreció el voto nacional, haciendo renuncia de ella por mí, por mis hijos y sucesores.
  • En resumen el bueno de Amadeo de Saboya, vino a decirnos: ahí os quedáis hermosos, dimito por mi y por todos mis sucesores. Tal día como hoy, se proclamó en España la I República. Esa de la que nadie se acuerda, esa de la que no hablamos, esa que (salvo para unos pocos) parece no haber existido. La profe se aprendió allá por su segundo de Bachillerato los nombres de sus cuatro presidentes: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar, seguidos y sin respirar. Tenía una compañera que temo, aún siga jurando que eran cinco. La misma que afirmaba que Ramón y Cajal eran dos. 1789 no quería dejar pasar la fecha sin recordar el advenimiento de la I República, lo que no imaginaba es que fuera a darle pie su Santidad. Pero ya sabéis, aunque os parezca imposible, reyes dimisionarios haberlos hailos.


No me consta

2 02 2013
  • Sabía la profe que su endiablada caligrafía acabaría por traerle problemas. De la penuria que supuso mi escolarización de la mano de una letra minúscula y espasmódica en grado sumo, sólo yo puedo hablar. Hace apenas dos días una compañera se escandalizaba en la sala de profesores cuando ojeó una nota manuscrita por servidora. Mejor no recordar a la PT del año pasado que cuando vio mis apuntes preguntó de quién eran y si tenía informe. Pero una tiene un honor que conservar, una familia a la que no quiere avergonzar, unos amigos que todavía  me hablan… ¡una es pobre sí, pero honrada! Mezclarme a mi con turbios movimientos de dinero, con desfalcos al fisco, con negruras pecuniarias… ¡de ninguna manera! Digan lo que digan los papeles, puedo prometer y prometo, que nada tengo yo que ver con el caso Bárcenas.