El año de los cien

24 06 2014
  • Despotricaba servidora ante el ingente número de informes que tenía que hacer y que le impedían (al contrario que a otros) ver el histórico momento en que Felipe VI se ceñía la corona de España. Una compañera dijo entonces aquello de ¿pero tú cuantos alumnos tienes? ¡Muitos! Y muitos, resultaron ser 19+5+24+16+27+9, o lo que es lo mismo, un centenar.

  • 100 alumnos, 810 exámenes o pruebas escritas o como demonio se llamen ahora corregidas, de las cuales 87 de recuperación; 689 clases, 36 guardias;  34 horas trabajando en la biblioteca del Marqués; 274 cafés, de esos 87 a salto de mata en la cafetería del instituto, acompañados de pincho de jamón, tortilla o lomo con lechuga y mayonesa; 26 quinielas cubiertas, 12 plenos al quince acertados (lástima que los entendidos no estuviesen a la altura y fallasen los otros 14 resultados, semana sí semana también); 32 barritas energéticas, 43 chocolatinas; 168 gruñidos mañaneros a modo de saludo (como es el segundo año en el centro el personal ya conoce mis neuras, así que nada de que seria es esta chica); innumerables horas buscando material y ampliando el blog; infinitos pasos de escalera subidos, otros tantos bajados ¡unos glúteos que da gloria verlos, oiga! Cálculos aproximados, pero apuesto que bastante precisos. Las sociales, ya se sabe, no son ciencias exactas. En resumen, lo que vienen siendo veinte horas lectivas, a pie de cañón y con alumnos (cien, ya lo he dicho), tres guardias por semana (casi todas hechas, salvo alguna de los viernes). No me quejo, yo también me sumé a ese año anormal en el que los profes faltamos más de lo habitual. Servidora tres días completos, uno después del recreo y otro antes del recreo. Más otros tres en acto de servicio (excursiones). Dos tardes por trimestre para las redes, otras tantas para las evaluaciones, tres claustros (falta el final). Innumerables: siéntese bien; cállense; ¿peró yo a quien maté?; esto no es un chigre; ¿el marqués necesita algo más? (y no era el de Casariego); página X del libro nuevo, Z del libro viejo; en esta pocilga yo no doy clase; no, X del nuevo y Z del viejo; ¿qué hacéis en la barandilla?, este libro es malísimo ¿os he dicho ya que el libro no me gusta? mira que es malo este libro… El aniversario del Tutti, la visita de Ted Warner, el techo a nuestros pies, las excursiones a Atapuerca y Oviedo, los maravillosos Bully Magnets (alias Los Panchitos), la abdicación del rey, una liga (Cholismo puro), dos huelgas de alumnos, una huelga de profes, huelga decir que Wert ni caso. Y como siempre, me quedo con lo mejor: ustedes. Una panda de mangantes con los que me he cabreado, me he reído, he disfrutado, he aprendido y he sido feliz. Por cierto, no me he vuelto madrileña, es que ojalá volvamos a coincidir sea en clase, sea en los pasillos. Se acabó el curso y a la profe sólo le queda decir a la inestimable muchachada que me ha sufrido este año: Señores, un placer.

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Tutti o De la relativa importancia de las efemérides.

7 06 2014
  • La muchachada se queja de la ingente cantidad de datos que tienen que estudiar para el último examen (Guerra Fría y Descolonización). Pero lo que aún no saben, es que la Historia es un proceso imparable. Cuando crean que tienen el asunto más o menos controlado, la vida los sorprenderá con un acontecimiento histórico desconocido. 5 de junio: 25 aniversario de Tiananmen. La profe entra al aula pensando en hablar de la represión del gobierno chino, del hombre del tanque, de la batería de nombres con los que tanto nos reímos al explicar China y acaba hablando de las costumbres culinarias de la milenaria civilización. 6 de junio: Normandía. Aterriza pensando en recordar la visita de Ted Warner, hablar de los horrores de la guerra, de la impresión ante las fotos de los cementerios y antes de empezar, interroga: ¿hoy se cumplen años de un acontecimiento histórico? ¡ay sí, los veinte años del Tutti! La importancia de las efemérides, como todo, es relativa. Servidora, siguiendo los sabios consejos del maestro Altamira, siempre ha defendido una enseñanza de la Historia que puedan sentir, oler, tocar, ver de cerca y leer en documentos. Beber de las fuentes, en definitiva. ¡Comérselas si fuera necesario! Y seamos realistas, las gominolas del Tutti son más tangibles que mis vídeos, mis textos y mis queridas presentaciones con esquemas. Pero sobre todo, son más sabrosas.
  • Lo que dudo, es que la muchachada sepa lo que es un tutti, ni porqué se llama así la tienda en la que compran las golosinas. Tampoco saben, que para mi la palabra tutti nunca va sola, y al contrario de lo que le ocurre a la mayoría de la gente (que la adereza con frutti) en mi caso, la combinación es Tutti Tudela.

P.S.: Y sí, ya conseguí, como todos los años, meter una fragmento de Lugares comunes en el blog. (Y además, uno de los mejores)



Batallitas o De la abdicación de Juan Carlos I

2 06 2014

Cuando te conocí te quejabas de que no habías vivido ningún acontecimiento histórico. También me quejaba de que no tenía alumnos y temía que en la España que me estaba tocando sufrir no fuera a tenerlos nunca. Catorce años después, afortunadamente tengo alumnos, aunque sea siempre bajo la espada de Damocles del no saber que pasará el curso venidero. También he vivido acontecimientos históricos: la irrupción violenta del terrosismo islámico en Occidente personificado en las matanzas de las Torres Gemelas y Atocha; un par de fumatas blancas; la llegada de un negro a la White House; el paso de Fidel del uniforme al chandal (este lo descubrí la semana pasada cuando la muchachada se refirió al comandante como ese que sale en los informativos con un chandal de táctel) y seguro que alguno más, que ahora no recuerdo. El paso del tiempo nos hace ver que hechos que en su momento no consideramos históricos sí lo eran. Yo lo descubro en el último tercio del curso, cuando llegando al final del temario, explico asuntos como la caída del Muro, la Perestroika, Tiananmen o la guerra de los noventa en los Balcanes. Forman parte de mi historia personal; me son familiares nombres, rostros, imágenes, voces… Batallitas de la profe, que sigue sorprendiéndose a si misma contando una historia que vio pasar. Crecí ansiando poder responder a aquello de ¿qué estaba haciendo usted cuando murió Franco? ¿dónde estaba el 23F? En cambio, sé perfectamente qué hacía aquel 11 de septiembre de 2001, también donde estaba el 14 de marzo de 2004. Recuerdo con angustia las imágenes de unos Balcanes por enésima vez ensangrentados, las salvajes matanzas tribales entre hutus y tutsis (secuela inevitable de un nefasto proceso colonizador y de una aún más nefasta descolonización) y la sempiterna crónica de una muerte anunciada de Fidel Castro (que a este paso, nos va a enterrar a todos). Pero la abdicación de un rey de España, era una muesca que aún no tenía en mi revólver. (Todo chega Bulita, xa tocamos a Borbón por cabeza). Ni yo, ni ninguno de mis pupilos: asunto este, que bien merece un artículo. A estas horas, los de la ESO, estarán más preocupados por saber que ropa llevarán mañana a la excursión y cuanto dinero logran sablear a sus abuelos para poder gastar en el centro comercial de turno. En este caso, el hecho histórico pasará por ellos sin que se den cuenta, y quien sabe si un día se descubrirán a si mismos contando, ante un publico entregado (el artículo lo escribo yo, y sigo confiando en que esta debacle educativa algún día mejorará) que vivieron la abdicación de Juan Carlos I. Los de bachiller, quizás sean ya conscientes, de que este es el acontecimiento de la Historia de España que abrirá su personal libro de batallitas.