Pequeño vals vienés. Mi chao a Cohen.

11 11 2016
  • Mi muchachada anda preocupada por el triunfo de Trump. Servidora se ha marcado un tanto porque mis pronósticos fueron más acertados que los de las encuestas (que equivoqué la carrera es un hecho, debería ser guionista de Los Simpsons). Además les eché un mitin sobre la globalización y el neocapitalismo que el propio Trump vino a confirmar con su primer discurso como presidente yanki. Un éxito vamos.
  • En la arenga no pudo faltar esa llamada a formarse, a dignificar la educación y el saber, a abrirse al mundo, al aprendizaje, a la vida. Tampoco una mención a esos exámenes desastrosos (no todos) que tenía el dudoso honor de transportar en mi mochila, que ellos habían perpetrado y que deberían avergonzar a cualquier futuro bachiller. Esto, esto es lo que buscan esos Trump que tanto decís detestar… Esto, una clase media aborregada y analfabeta (funcional, al menos). Hubo una compañera más bruta (o más de vuelta) que les dijo que de clase media nada, la estoy viendo: ¿Clase media? ¿clase media? A ver si os metéis en la cabeza de una vez que seguimos siendo proletariado. Las de Historia ya se sabe; las de Lengua inspiradas ni les cuento.
  • En cierta medida una se hizo profe para devolver lo que le dieron, es una humilde labor de agradecimiento. Pululo por el mismo centro por el que crecí como alumna y en el que me enseñaron muchas cosas, muchas. A estas paredes les debo la emoción de escuchar el Pequeño vals vienés que vino dentro de una cinta de cassette con una dedicatoria que decía: Porque la literatura es mucho más que la letra impresa. Deseo que te guste. (Que se lo digan a Dylan y al jurado del premio Novel de Literatura 2016).

  • Con los años me fui tropezando otras versiones, desde mi punto de vista sólo Silvia Pérez Cruz fue capaz de superar al maestro. Ni siquiera Ana Belén lo consiguió.

  • A esta profe aún le queda mucha guerra que dar (crisis de fin de curso pasado superada, por lo menos hasta las próximas opos) y por tanto, mucho que aprender antes de superar a mis maestras. Pero en un día como hoy, en el que Cohen se ha ido a estrecharle la mano a Lorca no puedo menos que regalar a mi muchachada este vals mágico y lorquiano. Aprovecho también para confirmale a la señora Sarille que efectivamente me gustó y mucho. Tanto como me gusta hablar con ella de Literatura cuando de vez en cuando nos encontramos, café por medio, y me dice eso de: cuenta, ¿qué estás leyendo?