Escapismo Krahe

21 02 2012
  • Tengo un amigo militar. A los amigos ya se sabe, se les perdona todo. Dice que los militares son como los curas (ningún clérigo entre mis camaradas, a pesar de la liturgia Guiño), lo son siempre. Las profes, también lo somos siempre. La condena es eterna, como el cielo del aula. Dicen por ahí que tenemos muchas vacaciones, pero como los soldados y los párrocos, estamos siempre de guardia. A esta profe, de todos los lectores de este blog es sabido, la pierde utilizar la música en el aula. ¡Dicen tantas cosas las canciones! Por eso, cuando el sábado aterrizó en el concierto de Javier Krahe además de reírse a mandíbula batiente y tranquilizarse pensando que no todo está perdido, se pasó las dos horitas que duró el escapismo (esta vez de lucidez, no de vainilla y pistacho) pensando: esta me vale para clase.

  • ¿Pero profe, este quien es?  Como suponía que me harías este pregunta os diré que este tipo es un cínico y por tanto, vive en un tonel (o por lo menos alrededor de él). Que tose más que canta, que tiene por bandera la ironía y que en ocasiones, es el salvavidas de las profes cuando son incapaces de pasar su ríos por debajo de todos los puentes. Le debemos joyas como La hoguera o Cuervo ingenuo. También lo conocemos por Marieta o Un burdo rumor. Pero para el asunto que nos ocupa me quedo con las que os enlazo a continuación:

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  • Y si se me permite la licencia, pongámonos románticas.

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Altamira, una deuda pendiente.

31 12 2011

El procedimiento que de ordinario se sigue es el de conferencias, en que el profesor relata, los hechos que juzga de interés en cada periodo o asunto. Unas veces, la conferencia es mera repetición de un Manual que se designa como libro de texto; otras (las más, aunque no siempre por motivos científicos), se prescinde de él y se obliga a los alumnos a tomar notas durante toda la clase: lo cual supone un trabajo penoso, escasamente útil, y que, por añadidura, será el único que pongan ellos en la obra de su educación historiográfica. Así nos han enseñado, y así se enseña aún en casi todos nuestros institutos y Universidades. 

  • Podría ser la introducción a uno de eso manuales sobre competencias básicas con los que nos deleitan los próceres educativos, la mayoría de ellos desertores de la tiza (y no precisamente porque usen la pizarra digital). Pero quien así escribía, sabía lo que era mancharse en el aula e incluso fuera de ella, sabía del valor de la cultura y de la importancia de la educación para redimir a un pueblo. Quien así escribía, se llamaba Rafael Altamira y este ha sido su año. Siempre he pensado que lo peor que te puede pasar en esta vida es que te dediquen un día de. Un simple ejercicio de memoria nos llevará rápidamente hacia el día de la paz, el día de los derechos humanos, el día del hambre… de tantos y tantos que prefiero enlazarlos para no arruinar el artículo antes siquiera de empezarlo. Ojeados los susodichos días, imagínense qué mal debe estar la cosa, para que te dediquen un año. Tan mal, que hasta hoy, cuando el calendario toca definitivamente fin, la profe no ha sido capaz de homenajear al que probablemente sea uno de los intelectuales que más admira. Tan mal, que cuando googlea Atamira en busca de menciones, artículos, noticias y reportajes que glosen la figura de una eminencia como don Rafael, lo que se encuentra es una irrisoria cantidad de entradas frente a los millones de líneas dedicadas a la “insigne” figura de Kiko Rivera, antaño Paquirrín. Algo que sin duda, le sirve a la profe para recordarse a sí misma que esto es España, y no precisamente la que soñó Altamira.

R. Altamira

  • A algunos bibliófilos nos pierde desflorar intonsos (vírgenes apenas quedan). Hace años, alguien viajó a Salamanca y, en vez de traerme la consabida rana, prefirió envenenarme con el virus Altamira. De pronto tuve en mis manos un ejemplar intonso de La Enseñanza de la Historia por Lavisse, Monod, Hinsdale, Altamira y Cossío. Espasa-Calpe. 1934. Es de Altamira, te va a encantar. Y así fue, me encantó. Sometió mi voluntad al poder de la mágica razón, me entretuvo con verdades nada aparentes y me gustó, me agradó, me sedujo hasta ese punto en que traspasados los límites de la razón se desata la pasión. Me hizo más decimonónica aún si cabe. Me dio más argumentos para luchar por recuperar esa generación perdida, esos regeneracionistas sobre los que descansa el poco pasado intelectual que nos queda, esa Institución Libre de Enseñanza, ese Liberalismo con mayúsculas que unos y otros, de un bando y de otro, se fueron encargando de arrinconar, de tratar de esconder junto a los trastos inútiles porque las verdades duelen y a la libertad de pensamiento, es imposible ponerle precio.

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  • Ha muerto Rafael Altamira, el intelectual más completo de su época. En 1951, la BBC de Londres supo resumir en una línea lo que la profe ha ido descubriendo con los años. Altamira, El grupo de Oviedo y la Extensión universitaria, me reconciliaron años después de dejarla atrás con una alma máter que nunca sentí mía y de la que me avergoncé y aún me avergüenzo tantas veces. En este país nos encanta jugar a inventarlo todo. Jamás construimos sobre los cimientos de otros, no vaya a ser que no podamos apuntarnos el tanto. Nos encanta también buscar fuera lo que tenemos en casa. No en vano, castellano es el dicho “nadie es profeta en su tierra”. En educación llevamos años inventando la pólvora. Conozco bien la receta del explosivo; muy a mi pesar, soy hija de la LOGSE. Pocos como yo, con argumentos suficientes para poder criticar el sistema desde dentro o para ver una y otra vez al emperador desnudo. Ahora su majestad va vestido con el traje de las competencias básicas y busca modista en sistemas educativos europeos que obtienen brillantes resultados en esa lacra que ha dado en llamarse Informe PISA. Hace siglo y medio, Altamira y otros como él dignificaron la Historia como asignatura, defendieron su importancia como materia necesaria para crear individuos capaces de pensar, de criticar el sistema, de razonar por si mismos. Dejaron atrás la historia de las fechas, las batallas y los datos. Defendieron también un sistema educativo donde lo importante era que el alumno aprendiera a razonar, a trabajar con fuentes, a leer, a interpretar… También destacaron la importancia de la visita a los museos, al trabajo de campo. ¿Les suena algo de todo esto? ¡La pólvora! Eso que algunos tratan de vendernos ahora como lo último en didáctica, la panacea que va a salvar nuestros pésimos resultados académicos y nuestro vergonzoso fracaso en el campo de la educación. Todo novedades. ¡Qué lástima que aún quedemos “recordadores oficiales de lo que las gentes (especialmente los políticos) quisieran olvidar”! Pero quedamos, y aunque molestemos como molestó Altamira, de vez en cuando nos liamos la manta a la cabeza, nos empeñamos en preparar nuestras clases sin importarnos un ápice la galería, disfrutamos con la muchachada dentro del aula y soñamos con discípulos que sigan nuestros pasos. Sabemos que nuestro oficio no tiene recompensas inmediatas, sino destellos de razón, fogonazos de lucidez en la mente de aquellos que desde el otro lado, de vez en cuando (muy de vez en cuando) nos escuchan, nos siguen y hasta nos imitan. Y esto don Rafael, es lo que me pasa a mí con usted. Que siglo y medio después, soy discípula de su discípula y supongo, que como a mí, le llenará de gozo saber que alguien construye sobre sus cimientos.



18 de julio

18 07 2011

Tristes guerras



Polémica Historia

31 05 2011
  • Rondaba mi cabeza un artículo sobre el polémico Diccionario Biográfico Español, pero como tantas veces, el tiempo amenazaba con pasarle por encima a la novedad antes de que  me decidiera a escribirlo. Cuando una compañera me interrogó en el pasillo para saber mi opinión sobre el tema, decidí ponerme manos a la obra sin más dilación. Confieso que la interpelación me resultó incluso emotiva.  Mi torpe aliño indumentario, mis pintas de mochilera subversiva y mi “insultante juventud” en estos centros donde la media de edad del claustro supera con creces los cincuenta, hacen que rara vez me relacionen con la materia que imparto. Desde plástica a tecnología, pasando por informática, atención a la comunidad, música o biología, me asignan siempre disciplinas a las que soy ajena y nadie acierta nunca a la hora de asignarme departamento. Por tanto, que alguien sepa a qué me dedico, bien merece un artículo.

  • No sé si será por este personal espíritu de contradicción que me habita, pero siempre he defendido que eso del historiador objetivo, carente de sesgo ideológico alguno, es una falacia. Decía un compañero de pupitre en mis atormentadas horas universitarias que objetivos son los objetos. Tiempo después, puede escuchar la frase, corregida y aumentada en la interpretación del profesor comprometido personificado por Luppi  en Lugares Comunes, que afirmaba objetivos son los objetos y los rectores. Asisto a la polémica con la distancia del observador ajeno a la batalla. No soy historiadora, me licencié en Historia cierto, pero sin más intención que la de no salir nunca del feliz bioma habitado por impetuosos adolescentes que pululan, sudorosos y vociferantes, entre mesas verdes, libros ajados, pizarras y tizas. Estudié Historia con el sano propósito de envenenar a mis pupilos con el virus de la lucidez, de seducirlos con el más terrible de los pecados: pensar. Y para eso, coincidirán conmigo, pocas disciplinas hay como la Historia.
  • En cuanto al diccionario, la obra en sí me parece admirable en tanto decimonónica. Decimonónica en las formas, un diccionario enciclopédico en papel no es más que una joya para bibliófilos, un anacronismo incluso, si me apuran. Los 3.500€ que tendrán que desembolsar por él los afortunados que puedan adquirirlo, supera mi presupuesto anual para la compra de libros (y quienes me conocen saben que dicho presupuesto no es precisamente exiguo). Decimonónica en el fondo, escribir la historia de un país a través de las biografías de los grandes próceres de la patria, resulta cuando menos antiguo, pero también absurdo. Tanto como las quejas de nuestra ministra de cultura (¡la Historia la juzgará!) atormentada por el escaso número de féminas que adornan con sus vidas tan magna obra. Ministra, las mujeres pese a quien pese, hicimos Historia a la sombra de los hombres. No nos quita ello valía ni mérito. Grande de España, fue mi abuela y como ella, tantas otras que torearon el hambre y sacaron a sus familias adelante. Demasiadas para un diccionario. Negar eso, sí es negar la Historia. No busque grandes damas en civilizaciones en las que ni siquiera se consideraba a la mujer ciudadana. Ni la Revolución Liberal (qué tanto alaba la profe) nos reconoció la igualdad. ¿Qué ridícula obsesión es esa de buscar grandes mujeres en la Historia? Que sesgo de infantilismo feminista, que poca Historia en sus declaraciones. Y es que la profe, perteneciente a bastantes más minorías de las que desearía, empieza a estar cansada de formalismos, sensibilidades heridas y chuminadas varias. ¿Quién escribe la Historia? se pregunta Julián Casanova en El País. Los vencedores, me enseñaron siempre aquellos a los que les había tocado perder. Y los vencedores, igual que los perdedores, son personas. Y las personas sienten, y las personas juzgan, y las personas mienten, y sufren, sueñan, ríen, callan, niegan, luchan, esconden, tergiversan, se rebelan… hacen la Historia, también la escriben. Y la escriben, ¡al cielo gracias! marcadas por su ideología. La Real Academia escribe su Historia, Fontana la suya, Casanova la suya, Pío Moa la suya, Preston la suya y yo la mía después de leer, entre otros, a todos ellos. ¿Qué pretendían quienes se rasgan ahora las vestiduras que escribiera Luis Suárez en la biografía de Franco? ¿acaso alguien creía que iba a cargar las tintas en la crudeza de su régimen, en los juicios sumarísimos, en la funesta dictadura…? No pretendan comer muchos huevos quienes ponen a la zorra a cuidar el gallinero. Acostumbro a afirmar en clase, que para distinguir lo bueno hay que conocer lo malo. Para saber Historia, alguien me dijo hace años que hay que leer mucho. Dice mi admirado Hobsbawm que los historiadores son recordadores profesionales de lo que los ciudadanos desean olvidar. Olvidarse de que la dictadura franquista tuvo y tiene adeptos, también es tergiversar la Historia. La Historia no se borra jamás, por mucho que se cambien las placas de las calles o se de tierra en sacrosantos lugares a quienes yacen en la cuneta, entre otras cosas, por no creer en verdades reveladas ni vidas después de la muerte. La Historia aflora, obstinada y tenaz como las manchas de humedad que adornan las paredes.
  • No pretendo con mis apreciaciones defender una Historia escrita sin rigor, marcada por la pasión, la ideología o el rencor (al menos no sólo por eso). Pero sí aborrecer ese irracional sentimiento de inferioridad que marca a las ciencias sociales y ese positivismo ilógico que busca historiadores asépticos como forenses ante el cadáver que han de diseccionar. Claro que hay que ser riguroso al escribir la Historia, pero desechemos de una vez esa grotesca objetividad que algunos intentan aplicar justificando que solo lo tangible es científico. Incluso entre quienes cultivan las llamadas ciencias exactas, esas que se jactan de abanderar el método científico, hay discrepancia y hay ideología. Basta con leer la prensa y seguir la polémica en torno a la energía nuclear. Hay quien se irrita porque el  diccionario ha sido costeado con nuestros impuestos y achaca su parcialidad al hecho de que fue encargado durante el gobierno de Aznar. Que quieren que les diga, frecuento la Escandalera y no sólo para dar ánimos a mis alumnas acampadas en ella, también yo estoy indignada. Son muchas las cosas en las que no me gusta que se malgaste el erario público. Sin ir más lejos, no soporto que se costee con mis impuestos un absurdo, falaz y clasista sistema bilingüe en los centros educativos asturianos y no sólo debo pagarlo, sino vivir en él cada día. Pero eso es harina de otro costal (en este caso, de otro artículo).


Liberté, egalité, fraternité

14 04 2011
  •  ¡Buff, menos mal que hoy nos quedamos de vacaciones! ¡La profe ya confunde hasta las fechas! Podría ser la reflexión de mis alumnos ante el título del artículo, es más, ojalá lo fuera. Pero no, la profe no confunde las fechas. Vuelve a los ideales de la revolución francesa el día que se conmemora el 80 aniversario de la II República española y lo hace de manera consciente. Al fin y al cabo, la dicotomía sigue siendo la misma: hay que discernir entre súbdito y ciudadano. Alguien me informó ayer (con cierto retraso) de una conferencia dictada por Macrino Suárez, último ministro de economía del gobierno de la II República en el exilio. Para ir a la conferencia ya es un poco tarde, pero sus reflexiones podemos escucharlas en una entrevista que le hicieron hace unos años en la desaparecida TeleAsturias. Quizás os asuste un poco la duración del vídeo y penséis ¿una hora escuchando al pavo este? Pero al final la hora se queda corta, la sensatez acostumbra a resultar interesante.

 

  • El siguiente vídeo cuenta como fue el fin del gobierno republicano en el exilio.

V�deo fin exilio República

  • Y puestas a cerrar con cánticos revolucionarios, no me despido con el Himno de Riego (que algunos pensaréis que sería lo propio)  sino con la Marsellesa. A modo de anécdota os cuento que hace ochenta años, en algunos lugares de España, la gente que celebraba la proclamación de la II República, era lo que cantaba. Si alguien no me cree, que vaya al apartado dedicado a la II República en este blog y vea el vídeo de las misiones pedagógicas.

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El rey pasmado

1 04 2011
  • El programa de Arte nos obliga a cometer sacrilegios que sin duda merecen el restablecimiento de la Santa Inquisición; como despachar a Velázquez con cincuenta minutos de clase. Pero el temario aprieta y la PAU, que se vislumbra ya en lontananza, ahoga. Hoy confesé a mis pupilos que por más retratos que Velázquez le haya hecho a Felipe IV, yo no puedo evitar ponerle la cara de Gabino Diego en El rey pasmado. Del mismo modo, mi Olivares será siempre Javier Gurruchaga aunque los libros de texto sigan ilustrados con el retrato ecuestre que le hizo don Diego. En este caso, contradigo el dicho y es la ficción la que supera la realidad.

 

 



Se escribe con “L”

19 09 2010
  • Hablamos de la cultura en su hondo sentido de saber popular que le daba Machado. Definía éste el folclore por boca de Juan de Mairena: “lo que el pueblo piensa y siente, tal como lo siente y piensa, y así como lo expresa y plasma en la lengua que él, más que nadie, ha contribuido a formar”. Eso es el folclore auténtico y sin trampantojos. Y pocas veces viene tan a punto esta expresión, porque canto y poema de José Antonio Labordeta son la negación de ese otro mal llamado folclore, sofisticado y envilecido, conformista y deformante, que es una caricatura del sentir popular para solaz de mediocres escapistas. Era 1974, escribía Tuñón de Lara, hablaba de José Antonio Labordeta. Era ese floclore de verdad, de caminar sin pausa, de hablar sin prisa, de recorrer caminos siguiendo la máxima cervantina: quien lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe  mucho. Era Labordeta. Una mochila al hombro y un váyanse a la mierda que representaba el sentir de ese país cansado, de esa tercera España condenada a exiliarse de sí misma, en sí misma. Pero hubo un tiempo en el que libertad se escribía con ele, con ele de Labordeta.

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PAU ¿Gasol?

14 06 2010
  • Hoy un buen puñado de seguidores de este blog están en capilla. Mañana empiezan en Asturias las pruebas de la PAU. Os aseguro que no es tan fiera la PAU como la pintan, pero si a alguien no le va tan bien como esperaba, que sepa que no será el primero al que le pasa. (Siento que no se pueda ver el vídeo directamente, pero al pinchar en él lo veréis en youtube, si usáis firefox. Si lo vuestro es el explorer pinchad sobre este enlace).

 



El principio del fin

1 04 2010
  • Si un conflicto bélico acabase con la firma del armisticio correspondiente o la lectura del último parte de guerra, la civil española hubiese llegado a su fin tal día como hoy, hace setenta y un años.

 

  • Tanto es así, que si ojeáis (aunque sea con desgana) vuestros apuntes, miráis el libro o repasáis vuestras actividades, descubriréis que las fechas parecen estar claras: del 18 de julio de 1936 al 1 de abril de 1939. Pero la profe dice siempre que, en la mayoría de ocasiones, la fecha es lo de menos. Luego cuando en el examen descubro que fecháis el atentado contra el archiduque Francisco Fernando de Austria en 1973, me pongo como un basilisco, ya lo sé. ¡La profe, que está fatal! En este caso, cuando digo que la fecha es lo de menos, lo que quiero decir es que el fin de la guerra, lejos de ser una liberación, una victoria, un descanso, un cuento con final feliz… fue el inicio de años de misera, frío, hambre. Penuria, en definitiva (va por Diana y Nacho). El fin abrió la puerta a las cartillas de racionamiento, el aceite de ricino, el exilio, la cárcel, la mucha misa y la poca escuela. Cierto que no para todos, los menos hicieron su agosto, pero a la mayoría, le tocó sufrir y callar. Tal día como hoy, acabó la guerra, pero no llegó la paz. Decía mi abuelo, “vencedor” de esta guerra fratricida y hermano de perdedor encarcelado (para que luego digan que la Geografía no sirve para nada), que las guerras sólo las ganan los políticos y los militares, al pueblo le toca perder siempre. ¡Qué razón tenía! Decía mi abuela, esposa de ganador, cuñada de perdedor, hermana de exiliados del hambre… que alguien tenía que estudiar Historia para que nunca se olvide lo que pasó y ese alguien, resulté ser yo. Cuestión que explico en mi descargo, ya sabéis a quien culpar de vuestros muchos ejercicios de Historia. Tal día como hoy, hace setenta y un años, nació alguien que conozco: se llama Consuelo. Sus padres sabían que, el 1 de abril de 1939, no era más que el principio del fin.

  • Venimos de las imágenes de arriba, somos el fruto de esa España. Pero como casi siempre, nadie lo canta tan bien como el viejo Sabina. Tampoco nadie ha puesto música a Miguel Hernández con la elegancia de Joan Manuel Serrat.

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Rectifico: aún quedan héroes.

4 03 2010
  • La profe recibe un correo con un enlace y unas palabras a modo de presentación: “Es una entrevista a José Luis Sampedro. Comienza con Benedetti/Serrat, termina con Sabina y alude a valores de la Revolución Francesa. Comprenderás que tenía que mandarte el enlace”. A partir de aquí, escribo yo: tenía que colgar el enlace en el blog, tenía que desdecirme de lo dicho en el artículo anterior, ¡vaya si quedan héroes! Supongo que con los exámenes ya hechos, tendréis más ganas de tiraros a la calle que de dedicar veinte minutos a escuchar la entrevista, pero os aseguro que merece la pena. Y por cierto, ahora que estáis tan interesados en la política (para que luego digan que pasáis de ella) no os sobrará nada escucharla. La política, es más que el sistema bipartidista que os ha tocado vivir. Hay que mirar más allá: mirar hacia el futuro, sin olvidar el pasado.

  • Hay canciones, que bien merecen ser escuchadas enteras. Es más, hay discos que deberían ser escuchados enteros.

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