Artículos de Mayo 2008

TOPICOS Y REALIDADES SOBRE INMIGRACIÓN (2)

Fecha Jueves, 22 Mayo 2008

2. Se dice que vamos a “escoger” el tipo de inmigrantes que necesitamos, para no “sufrir” llegadas de personas de cualquier tipo de cualificación ¿Es esta una buena política? ¿No perjudica a nadie?             

       En la sociedad española, como en los demás países ricos, se plantea la inmigración simultáneamente como necesidad y como problema. Hace quince años se la suponía problemática para el mercado de trabajo. Hoy –al menos hasta que surgió la amenaza, aún no clara, de crisis económica– se da por sentada su necesidad para cubrir puestos de trabajo en sectores laborales con poca demanda, para aumentar una capacidad contributiva y consumidora afectada por la baja natalidad, etc. Pero sigue planteándose como problema social por la prensa, los responsables políticos…incluso por quienes elaboran las encuestas de opinión. Se está lejos de considerar el derecho a la movilidad de personas que toman la durísima decisión de dejar a su familia y su tierra, forzados por las condiciones de vida, para poder tener un trabajo con el que vivir dignamente.

Planteada la inmigración como necesidad y problema, las instituciones políticas tienden a diseñar políticas de inmigración selectivas. En este sentido, llama la atención la propuesta del Comisario europeo Marco Frattini quien, en octubre de 2007, propuso facilitar la inmigración de profesionales cualificados. Se trata de cubrir nuestra carencia de médicos, enfermeras, maestros, investigadores, ingenieros, etc. A ellos, en su propuesta del pasado mes de octubre, les anima a abandonar sus países, otorgándoles derechos que se les niega a los demás emigrantes, como la obtención de autorización de trabajo –la llamada “tarjeta azul”– en tan sólo 30días, concesión automática de permiso de trabajo también para su consorte, sueldos garantizados y el libre desplazamiento por todos los países europeos. Es decir, quienes vivimos en países ricos y necesitamos profesionales cualificados –que no hemos sabido o podido formar aquí– para seguir aumentandonuestra opulencia, escogemos en el mercado globalizado de personas a los que más nos interesan (como se hacía en el pasado en el mercado de esclavos).Aunque ello sea a costa de aumentar la miseria de los países pobres, dado que les quitamos personas a las que han formado dedicando un elevado porcentaje de los pocos recursos de que disponen, y con ellos se van de sus países las esperanzas de un futuro mejor para sus habitantes. Esta actitud es hipócrita. Nos lamentamos de lo mal que están “esos pobres” del Tercer Mundo, incapaces por sí solos de salir adelante, y por eso les mandamos algo de dinero y cooperantes para cubrir sus necesidades. Pero les queremos pagar poco por sus productos, les exigimos altos intereses por lo que les prestamos y, encima ahora, les queremos quitar sus recursos humanos más preparados. Lo más grave es que se deja a las sociedades con menos recursos la carga económica y social de formar a sus profesionales, y aprovechamos el producto final sin compensación alguna para ellas. Y encima pagamos a los profesionales foráneos unos salarios más bajos que a los autóctonos (los médicos y enfermeras procedentes de Ghana han ahorrado a los británicos 103 millones de libras, por ejemplo).Esta política constituye un verdadero expolio. Con la propuesta de “tarjeta azul” aumentaría la sangría que ya se viene produciendo. Según la OCDE el 34,6 % de los emigrantes tiene estudios superiores. La situación de África es especialmente sangrante, dado que en el conjunto de su población sólo hay un3% de licenciados, pero de éstos emigra el 42%. Según Intermón-Oxfam, se han ido de Ghana el 60 % de sus médicos. La Organización Internacional de Migraciones pone de manifiesto una tendencia negativa: si en el período 1975-1984 se fueron de África 40.000 cualificados, a partir de los años 90 sevan 20.000 cada año. Según el Banco Mundial, de países como Cabo Verde, Gambia o Sierra Leona han emigrado el50 % de sus licenciados; en Malawi, según la Organización Mundial de la Salud, sólo quedan el 5 % de los médicos que necesitan.

Estas consideraciones previas plantean un dilema. No podemos ni debemos impedir a los licenciados de estos países su libertad de movimiento (como a ninguna otra persona), pero sí podemos dejar de incentivar que personas cualificadas abandonen su país. Más bien hemos de hacer lo contrario: llevar a cabo proyectos de cooperación internacional para que estas personas altamente cualificadas tengan sueldos y oportunidades adecuados para quedarse allí y, además, por cada uno de ellos que finalmente emigre, compensar a sus países económicamente. En todo caso, debemos oponernos a la propuesta del Comisario europeo, pendiente aún deser refrendada por todos los Estados miembros de la UE.

Un artículo del periódico L´Observateur, ,(“Plaga de Burkina Faso”) decía:“el continente negro ve partir al mismo tiempo a sus brazos válidos en barcas de alto riesgo, y a sus hijos más valiosos a causa de leyes que les incitan a emigrar. Para África, que está en la cola, son combatientes valerosos perdidos para el desarrollo. Y no sabe cómo parar esta hemorragia devastadora”.

En resumen, las políticas migratorias basadas en la selección de migrantes cualificados perjudican a los países que han soportado la carga de la educación y que se verán privados de la aportación social de profesionales competentes. Unas políticas migratorias selectivas, para ser justas, deben compensar esos gastos de educación y fomentar la aportación de los profesionales migrantes a sus países de origen. Y requieren el complemento de políticas de cooperación que fomenten el ejercicio profesional de la población cualificada en sus propios países 

INMIGRANTES: ¿INVASORES O CIUDADANOS? (1)

Fecha Lunes, 19 Mayo 2008

Partimos de un prejuicio generalizado: existe una “sociedad de acogida” y una “población inmigrante”, perfectamente distintas y diferenciadas. Esta distinción tiene cada día menos sentido, en beneficio de una noción de ciudadanía común. Y sin embargo, cuando se acercan unas elecciones generales ,la separación entre nacionales extranjeros/as recobra su vigencia y su fuerza. Lo que preocupa a la población con derecho a voto, para elegir diputados y senadores a Cortes Generales, no coincide con lo que angustia a la población inmigrante en vías de regularización, o a la que tiene pendiente el logro de la autorización de residencia permanente, o la nacionalidad española. Pero, conforme pasa el tiempo, cada vez más personas que emigraron en su día hacia España se están incorporando al censo ciudadano, con plenos derechos políticos.

Queremos, pues, entablar un diálogo con ese sector de la ciudadanía con derecho a voto, para hacernos cargo de lo que les preocupa y discernir así las cuestiones legítimas de los tópicos consagrados por el uso y la propaganda. Queremos acertar en las preguntas y ayudar a encontrar respuestas. Queremos aportar razones y argumentos para ofrecerlos a quienes lean este cuaderno y demás personas con quienes nuestros lectores puedan compartir su reflexión.Se dice… puede ser la expresión más apropiada para indicar el tópico, el lugar común. Ideas gastadas por el uso, asumidas con apresuramiento, sin examen atento. Ideas contaminadas o manipuladas por la propaganda, por el uso ideológico , impregnadas de temores y miedos. Ideas que, en ocasiones, responden a preocupaciones legítimas y, por eso, necesitan ser discernidas. Ideas que fijan y reducen la comprensión de la realidad y necesitan ampliar horizontes o añadir perspectivas. Hemos seleccionado catorce tópicos de donde se siguen otras tantas cuestiones Trataremos de responderlas con la brevedad necesaria para que nos ayuden a pensar y hacer el tránsito de la propaganda a la realidad.

1. TÓPICOS Y REALIDADES SOBRE INMIGRACIÓN

1. Se dice que la avalancha de inmigrantes es imparable, y se dice también que necesitamos cientos de miles de inmigrantes para sostener nuestro sistema económico y social. ¿A qué debemos atenernos?

Algunos medios de comunicación y algunos responsables políticos han ido construyendo la imagen de la inmigración como una “invasión no deseada” de personas procedentes de otros países. En consecuencia, se imponen unas políticas muy rígidas que podrían expresarse así:

– Si la causa de su llegada depende de la mera voluntad de las personas migrantes, actuales o potenciales, su aceptación debe ser tratada exclusivamente“ de fronteras hacia adentro”, esto es, por el impacto real o supuesto que tienen en las sociedades receptoras.

– Los países receptores han de evitar el “efecto llamada”, vinculado exclusivamente a las políticas de regularización administrativa de las personas migrantes.

– Las políticas “de inmigración” deben centrarse en el control de fronteras, en las medidas “disuasorias” (legislación restrictiva en el acceso a la regularidad y lesiva de los derechos del inmigrante), y en fomentar políticas de retorno.

– Las políticas “de integración” se plantean exclusivamente para las personas migrantes que se encuentran en situación administrativa regular. Deberán exigir “asimilación”; y estar condicionadas a la “normalidad” social y económica, a la “buena convivencia” y a la ausencia de todo acto “delictivo”.

– La no aceptación de este “contrato” justificaría las políticas de expulsión o repatriación, los Centros de Internamiento para Extranjeros, y la “criminalización” de las personas migrantes  indocumentadas, cuya única falta –no “delito”– es carecer de un permiso de residencia en vigor.

Pero todo este razonamiento resulta una visión simplificada y errónea de una realidad mucho más compleja y positiva. La cuestión de las migraciones concretas y de los movimientos migratorios actuales se puede resumir del siguiente modo:

– Los emigrantes se van de sus países porque no tienen alternativa y vienen a los países desarrollados porque aquí les necesitamos.

– Las sociedades receptoras necesitamos que sigan viniendo y, además, que vengan para quedarse.

– Supuesto este doble “efecto expulsión”(push) y “efecto llamada”(pull), hay una necesidad urgente de sustituir las políticas basadas, sólo o principalmente, en el control de flujos, por otras políticas de integración; y hay otra necesidad de construir un proyecto de sociedad común e incluyente.

 La clave para comprender adecuadamente en qué consisten el “efecto expulsión” y el “efecto llamada”, y su complementariedad, es la enorme desigualdad internacional. Las condiciones de vida reales y cotidianas de la mayor parte de la humanidad todavía no permiten un desarrollo humano ni siquiera mínimamente aceptable. El subdesarrollo tiene causas concretas cuyo origen hay que buscar, en muchas ocasiones, sino en todas, en los países enriquecidos y empobrecedores del Norte desarrollado. En este sentido, nuestros “países desarrollados” son los auténticos causantes del efecto expulsión que da lugar a los actuales movimientos migratorios. Al empobrecimiento del Sur corresponde el enriquecimiento del Norte, y este abismo de la desigualdad –o dos caras de una sola realidad – configura el escenario en el que las migraciones surgen como estrategia de desarrollo personal y familiar. La mera cuestión del nacimiento(familia, ubicación geográfica ,etc.) no puede justificar por sí sola el acceso-exclusión al desarrollo humano de cada persona concreta. Dada la insuficiencia de una cooperación para el desarrollo y la negativa de los países del Norte a promover eficazmente el desarrollo del Sur, los movimientos migratorios se convierten así enuna restitución que tiene su origen enuna rebelión silenciosa y pacífica antela desigualdad y el subdesarrollo impuestos. El auténtico “efecto llamada” no lo provocan unas regularizaciones administrativas, sino los elementos de bienestar que caracterizan las condiciones de vida reales de una parte de la población de los países desarrollados.  Incluso aunque la desigualdad internacional fuera menor, los países desarrollados seguirían necesitando de la llegada de personas extranjeras debido al envejecimiento ,estancamiento e incluso disminución de su población autóctona.La entrada de personas extranjeras es ya una condición de posibilidad para mantener y aumentar los niveles de bienestar alcanzados en las sociedades desarrolladas. Sin estas personas extranjeras, hombres y mujeres, nuestro bienestar no es posible. De esta forma, y por una necesidad primero demográfica, pero también económica y social, habremos de pasar de las restricciones para la entrada a la competencia entre los diversos países desarrollados para captar “nuevos ciudadanos”.

En resumen, los discursos que suscitan temor a flujos migratorios imparables y que justifican la necesidad socioeconómica de la inmigración son compatibles, y nacen de una raíz común: el interés unilateral de los países desarrollados. Los factores de expulsión y atracción que fundan los movimientos migratorios sólo se pueden comprender teniendo en cuenta las desigualdades internacionales. Y las políticas migratorias ,desde ahí, tienen que concebirse como compensación de las desigualdades y gestión de beneficios socio económicos y culturales conjuntos para las sociedades de origen y de destino

José Antonio Marina: «El fracaso escolar es un problema más serio que la inmigración en relación con la delincuencia»

Fecha Lunes, 19 Mayo 2008

Marina, ante la Ciudad de las Tres Culturas, donde nació, y de la que destaca su Escuela de Traductores, «la mejor contribución española a la cultura universal».Óscar HuertasMarina, ante la Ciudad de las Tres Culturas, donde nació, y de la que destaca su Escuela de Traductores, «la mejor contribución española a la cultura universal».Óscar Huertas

TOLEDO. José Antonio Marina trabaja en un programa piloto para formar profesores de Secundaria, ciclo educativo que ha marcado la reciente actualidad con asuntos como la Ley de Calidad, el fracaso escolar o el velo en las escuelas.

-Está en pleno auge el término multiculturalismo, ante el que se han posicionado en contra y a favor una serie de intelectuales y políticos. ¿Considera usted que los inmigrantes deben respetar las leyes españolas?

-En esto no hay que ser muy estricto. Igual que todas las religiones deben someterse a un criterio ético, lo mismo ha de ser para los inmigrantes. Hay un nivel que es absolutamente universal, que es el nivel ético y el nivel de los Derechos Humanos. De manera que, universalidad en lo ético y diferencia en lo estrictamente cultural.

-Es decir, velo sí, pero ablación no.

-Exactamente. Velo sí, si lo consideramos como mero accidente indumentario. Si es un signo de sumisión, no, porque entonces va en contra de los Derechos Humanos. Vestido sí, música también, arte, literatura, formas de vida… siempre que estén sometidas al criterio ético.

-¿El multiculturalismo debe tender pues a la integración?

-La integración a nivel ético y la diversidad a nivel estrictamente artístico, cultural, de costumbres… todo aquello que pueda darse respetando el marco ético en el que debemos estar todos sometidos a las mismas normas. Esa especie de frivolidad con que se defienden costumbres claramente injustas o discriminatorias justificándolas porque son peculiaridades culturales, es absolutamente infame. En cuanto al velo en las escuelas, es posible que en este momento en España convenga considerar esa cuestión como meramente indumentaria, quitar dramatismo a la cosa, porque me parece más importante que las chicas musulmanas puedan ir a una escuela donde van a aprender costumbres laicas y una ética universal. Pero no podemos dar enseñanza musulmana en las escuelas, como tampoco podríamos dar enseñanza católica en las escuelas. La escuela debe ser universal y laica.

-¿Qué papel ve usted para los inmigrantes en el futuro de las naciones?

-El mundo occidental va a necesitar mano de obra extranjera y debería tratarse bien este problema porque deberán integrarse lo mismo en las leyes fundamentales del país que en las normas básicas internacionales. Podrán continuar con sus costumbres, pero lo que no podemos hacer es reeditar el problema de Francia, donde hay dos millones de familias musulmanas y muchas de ellas tienen legalmente concedida la poligamia. La asimilación debe hacerse en el nivel educativo y en el nivel económico. Y poco a poco, no en una generación, sino en dos, acabarán asimilándose a la nación de origen.

-¿Qué opina del hecho de identificar la inmigración con los niveles de delincuencia?

-En eso no hay que ser hipócritas si estamos consiguiendo que haya miles de personas que no pueden legalmente integrarse, y que, por tanto, van a vivir en la marginación. Toda marginación, sea por inmigración, por fracaso escolar, por incapacidad de acomodarse a las costumbres, produce antes o después criminalidad. Lo que ocurre es que enfatizar la relación entre criminalidad e inmigración en este momento tiene un sesgo peligroso, pero desde luego existe. Pero también existe la relación entre el fracaso escolar y la delincuencia. El fracaso escolar es un problema muy serio y posiblemente en estos momentos en España más serio que el problema de la inmigración en relación con la delincuencia.

-Ha surgido la polémica ante la próxima Ley de Calidad de la Enseñanza. ¿Ha fracasado la Logse? ¿Debe haber una reválida?

-La Logse ha tenido tres fallos fundamentales: no se preparó suficientemente al profesorado; era una ley cara y no ha venido dinero suficiente, y alguna de las medidas concretas que proponía no han funcionado y hay que cambiarlas. Entre ellas está lo que se llamaba la escuela comprensiva, la escuela unificada hasta los 16 años, que era un problema porque hay muchos chicos que no quieren estudiar. Entonces, se descuelgan de la escuela, aumenta el fracaso escolar y por tanto debemos dar mayor flexibilidad a los posibles recorridos de ese chico para que no salga del sistema educativo. Tenemos que tener el suficiente ingenio y talento como para dar otras posibilidades a esos chicos. No ha funcionado el paso automático de curso: un alumno que pasa con más de tres asignaturas de un curso a otro no va a ser capaz de recuperarlos porque no tenemos horario lectivo para hacer clases de recuperación. Esta nueva Ley de Calidad se ha dado cuenta también de que los grupos directivos de los centros son de una importancia capital. También necesitamos algún tipo de reválida y me parece mejor que esté en el mismo sistema de Secundaria y no una Selectividad en la Universidad. Nosotros tenemos que poder dar la garantía a la nación de que cuando damos el título de Bachillerato es porque hemos comprobado que efectivamente se estaba en condiciones de tenerlo, se merecía.

-¿Ve algún fallo en la Ley de Calidad?

-Uno es que no se habla de la formación de los profesores; se dicen cosas confusas acerca de la selección del alumnado; creo que habría que tratar el tema de los exámenes de septiembre, donde hay una cuestión de importancia que puede parecer secundaria: los padres que piensan que a lo mejor los hijos les van a fastidiar las vacaciones se ocupan más de los estudios de sus hijos; es triste que sea así pero tenemos que aprovechar todas las oportunidades. También creo que esta ley trata bien el problema de los inmigrantes: se les estaba integrando muy mal en el sistema educativo y ahora se van a poner unos profesores de apoyo especialmente formados para conseguir que los inmigrantes adquieran las habilidades lingüísticas necesarias para integrarse.

-¿Comprende al PSOE cuando dice que hacer una reválida fomenta el elitismo educativo?

-Siento mucho que lo que dijo el PSOE al principio de la aparición de estos documentos haya sido tan estúpido. Yo espero que se den cuenta de que estaban defendiendo unas cosas indefendibles y que se pongan a criticar los fallos que tiene el documento de la Ley de Calidad, que no van por ahí. La enseñanza tiene que ser, a ser posible, de elite mayoritaria. Lo que necesitamos son mayorías ilustradas y lo que tenemos que intentar no es bajar la calidad de todos sino intentar subir la calidad de todos.

-¿Qué opina de problemas como el desarraigo de los jóvenes?

-Ha habido una quiebra de los principios de autoridad. Al ser una palabra malsonante, la autoridad de los padres y del sistema educativo, nadie se atreve a poner ningún tipo de disciplina. Hemos ampliado excesivamente la juventud (empezamos a hablar de jóvenes a los 11 años y los jóvenes españoles no se independizan hasta los 30 años y medio, como media). Hemos dilatado excesivamente la juventud, que es una época de no responsabilidad. Para educar a un adolescente necesitamos intervenir todos: padres, educadores, políticos, sistemas de sanidad, Policía, ciudadanos… porque nos interesa tener una buena juventud. Tenemos que hacer una especie de conspiración educativa de padres, educadores, políticos, policías, gobiernos… para ofrecer más alternativas a los jóvenes.

-Uno de cada cuatro alumnos no tiene el título de Secundaria en España. ¿Qué opina?

-Es disparatado y es una prueba de cómo una medida que parecía buena, que era la educación obligatoria hasta los 16 años -y que aún sirve- puede producir efectos nocivos. Una de las razones para emprender una reforma es que no podemos permitirnos esas cifras de fracaso escolar.

-¿Ha contribuido el escaso nivel intelectual de los jóvenes a que aumente la violencia en las aulas?

- Sí, pero creo que en la violencia escolar hay que precisar porque se están mezclando al mismo tiempo cuatro problemas distintos. Uno es la zafiedad en las costumbres: los chicos ahora tienen menos urbanidad, entre otras razones porque son mucho más heterogéneos -ahora afortunadamente estudia todo el mundo y la procedencia de los chicos es muy distinta-, y además se han descuidado los modos educados de comportamiento, de manera que los chicos gritan mucho, se empujan, dicen muchos tacos, pero eso no es violencia, son malos modos. En segundo lugar, hay un problema de falta de disciplina en las aulas, que tampoco es violencia, sino que los profesores no saben o no pueden mantener la disciplina, es un problema de falta de autoridad. En tercer lugar, estamos educando a unos chicos con muy poca capacidad de control, no les estamos enseñando a resolver conflictos y tienden a la agresividad por exclusión. Y por último está el problema de la violencia, que afecta entre un 10 y un 14 por ciento, según las estadísticas. Todavía no es grave, pero tenemos que tener mucho cuidado.