José Antonio Marina: «El fracaso escolar es un problema más serio que la inmigración en relación con la delincuencia»
19 Mayo 2008
Marina, ante la Ciudad de las Tres Culturas, donde nació, y de la que destaca su Escuela de Traductores, «la mejor contribución española a la cultura universal».Óscar Huertas
TOLEDO. José Antonio Marina trabaja en un programa piloto para formar profesores de Secundaria, ciclo educativo que ha marcado la reciente actualidad con asuntos como la Ley de Calidad, el fracaso escolar o el velo en las escuelas.
-Está en pleno auge el término multiculturalismo, ante el que se han posicionado en contra y a favor una serie de intelectuales y políticos. ¿Considera usted que los inmigrantes deben respetar las leyes españolas?
-En esto no hay que ser muy estricto. Igual que todas las religiones deben someterse a un criterio ético, lo mismo ha de ser para los inmigrantes. Hay un nivel que es absolutamente universal, que es el nivel ético y el nivel de los Derechos Humanos. De manera que, universalidad en lo ético y diferencia en lo estrictamente cultural.
-Es decir, velo sí, pero ablación no.
-Exactamente. Velo sí, si lo consideramos como mero accidente indumentario. Si es un signo de sumisión, no, porque entonces va en contra de los Derechos Humanos. Vestido sí, música también, arte, literatura, formas de vida… siempre que estén sometidas al criterio ético.
-¿El multiculturalismo debe tender pues a la integración?
-La integración a nivel ético y la diversidad a nivel estrictamente artístico, cultural, de costumbres… todo aquello que pueda darse respetando el marco ético en el que debemos estar todos sometidos a las mismas normas. Esa especie de frivolidad con que se defienden costumbres claramente injustas o discriminatorias justificándolas porque son peculiaridades culturales, es absolutamente infame. En cuanto al velo en las escuelas, es posible que en este momento en España convenga considerar esa cuestión como meramente indumentaria, quitar dramatismo a la cosa, porque me parece más importante que las chicas musulmanas puedan ir a una escuela donde van a aprender costumbres laicas y una ética universal. Pero no podemos dar enseñanza musulmana en las escuelas, como tampoco podríamos dar enseñanza católica en las escuelas. La escuela debe ser universal y laica.
-¿Qué papel ve usted para los inmigrantes en el futuro de las naciones?
-El mundo occidental va a necesitar mano de obra extranjera y debería tratarse bien este problema porque deberán integrarse lo mismo en las leyes fundamentales del país que en las normas básicas internacionales. Podrán continuar con sus costumbres, pero lo que no podemos hacer es reeditar el problema de Francia, donde hay dos millones de familias musulmanas y muchas de ellas tienen legalmente concedida la poligamia. La asimilación debe hacerse en el nivel educativo y en el nivel económico. Y poco a poco, no en una generación, sino en dos, acabarán asimilándose a la nación de origen.
-¿Qué opina del hecho de identificar la inmigración con los niveles de delincuencia?
-En eso no hay que ser hipócritas si estamos consiguiendo que haya miles de personas que no pueden legalmente integrarse, y que, por tanto, van a vivir en la marginación. Toda marginación, sea por inmigración, por fracaso escolar, por incapacidad de acomodarse a las costumbres, produce antes o después criminalidad. Lo que ocurre es que enfatizar la relación entre criminalidad e inmigración en este momento tiene un sesgo peligroso, pero desde luego existe. Pero también existe la relación entre el fracaso escolar y la delincuencia. El fracaso escolar es un problema muy serio y posiblemente en estos momentos en España más serio que el problema de la inmigración en relación con la delincuencia.
-Ha surgido la polémica ante la próxima Ley de Calidad de la Enseñanza. ¿Ha fracasado la Logse? ¿Debe haber una reválida?
-La Logse ha tenido tres fallos fundamentales: no se preparó suficientemente al profesorado; era una ley cara y no ha venido dinero suficiente, y alguna de las medidas concretas que proponía no han funcionado y hay que cambiarlas. Entre ellas está lo que se llamaba la escuela comprensiva, la escuela unificada hasta los 16 años, que era un problema porque hay muchos chicos que no quieren estudiar. Entonces, se descuelgan de la escuela, aumenta el fracaso escolar y por tanto debemos dar mayor flexibilidad a los posibles recorridos de ese chico para que no salga del sistema educativo. Tenemos que tener el suficiente ingenio y talento como para dar otras posibilidades a esos chicos. No ha funcionado el paso automático de curso: un alumno que pasa con más de tres asignaturas de un curso a otro no va a ser capaz de recuperarlos porque no tenemos horario lectivo para hacer clases de recuperación. Esta nueva Ley de Calidad se ha dado cuenta también de que los grupos directivos de los centros son de una importancia capital. También necesitamos algún tipo de reválida y me parece mejor que esté en el mismo sistema de Secundaria y no una Selectividad en la Universidad. Nosotros tenemos que poder dar la garantía a la nación de que cuando damos el título de Bachillerato es porque hemos comprobado que efectivamente se estaba en condiciones de tenerlo, se merecía.
-¿Ve algún fallo en la Ley de Calidad?
-Uno es que no se habla de la formación de los profesores; se dicen cosas confusas acerca de la selección del alumnado; creo que habría que tratar el tema de los exámenes de septiembre, donde hay una cuestión de importancia que puede parecer secundaria: los padres que piensan que a lo mejor los hijos les van a fastidiar las vacaciones se ocupan más de los estudios de sus hijos; es triste que sea así pero tenemos que aprovechar todas las oportunidades. También creo que esta ley trata bien el problema de los inmigrantes: se les estaba integrando muy mal en el sistema educativo y ahora se van a poner unos profesores de apoyo especialmente formados para conseguir que los inmigrantes adquieran las habilidades lingüísticas necesarias para integrarse.
-¿Comprende al PSOE cuando dice que hacer una reválida fomenta el elitismo educativo?
-Siento mucho que lo que dijo el PSOE al principio de la aparición de estos documentos haya sido tan estúpido. Yo espero que se den cuenta de que estaban defendiendo unas cosas indefendibles y que se pongan a criticar los fallos que tiene el documento de la Ley de Calidad, que no van por ahí. La enseñanza tiene que ser, a ser posible, de elite mayoritaria. Lo que necesitamos son mayorías ilustradas y lo que tenemos que intentar no es bajar la calidad de todos sino intentar subir la calidad de todos.
-¿Qué opina de problemas como el desarraigo de los jóvenes?
-Ha habido una quiebra de los principios de autoridad. Al ser una palabra malsonante, la autoridad de los padres y del sistema educativo, nadie se atreve a poner ningún tipo de disciplina. Hemos ampliado excesivamente la juventud (empezamos a hablar de jóvenes a los 11 años y los jóvenes españoles no se independizan hasta los 30 años y medio, como media). Hemos dilatado excesivamente la juventud, que es una época de no responsabilidad. Para educar a un adolescente necesitamos intervenir todos: padres, educadores, políticos, sistemas de sanidad, Policía, ciudadanos… porque nos interesa tener una buena juventud. Tenemos que hacer una especie de conspiración educativa de padres, educadores, políticos, policías, gobiernos… para ofrecer más alternativas a los jóvenes.
-Uno de cada cuatro alumnos no tiene el título de Secundaria en España. ¿Qué opina?
-Es disparatado y es una prueba de cómo una medida que parecía buena, que era la educación obligatoria hasta los 16 años -y que aún sirve- puede producir efectos nocivos. Una de las razones para emprender una reforma es que no podemos permitirnos esas cifras de fracaso escolar.
-¿Ha contribuido el escaso nivel intelectual de los jóvenes a que aumente la violencia en las aulas?
- Sí, pero creo que en la violencia escolar hay que precisar porque se están mezclando al mismo tiempo cuatro problemas distintos. Uno es la zafiedad en las costumbres: los chicos ahora tienen menos urbanidad, entre otras razones porque son mucho más heterogéneos -ahora afortunadamente estudia todo el mundo y la procedencia de los chicos es muy distinta-, y además se han descuidado los modos educados de comportamiento, de manera que los chicos gritan mucho, se empujan, dicen muchos tacos, pero eso no es violencia, son malos modos. En segundo lugar, hay un problema de falta de disciplina en las aulas, que tampoco es violencia, sino que los profesores no saben o no pueden mantener la disciplina, es un problema de falta de autoridad. En tercer lugar, estamos educando a unos chicos con muy poca capacidad de control, no les estamos enseñando a resolver conflictos y tienden a la agresividad por exclusión. Y por último está el problema de la violencia, que afecta entre un 10 y un 14 por ciento, según las estadísticas. Todavía no es grave, pero tenemos que tener mucho cuidado.