Artículos de Marzo 2007

CINE. ENLACES

Martes, 20 Marzo 2007

HISTORIA DEL CINE

CINE CINE

Las bicicletas también son para la ciudad

Martes, 20 Marzo 2007

Andar en bicicleta o practicar el ciclismo es un deporte muy popular, además de un medio de transporte sano y agradable, al que se puede recurrir a diario para acudir al trabajo, desplazarse en el pueblo o en la ciudad. La bicicleta respeta el medio ambiente, algo fundamental en las ciudades, cada vez más atosigadas por los vehículos de motor.

Circular en bicicleta también aporta beneficios a la salud, tanto al sistema cardiovascular, si se pedalea al ritmo adecuado, como a las extremidades inferiores, ya que desarrolla la musculatura. La ausencia de choques repetidos durante la pedalada, el descanso de las piernas, que no soportan el peso del cuerpo (lo hace el sillín), y la posición de las caderas, flexionadas o semiflexionadas, convierten la práctica ciclista en aconsejable para obesos y personas con problemas de artrosis en las piernas. Su inconveniente principal radica en la posibilidad de accidentes, sobre todo en carreteras muy frecuentadas por vehículos a motor. Así, los fallecimientos de ciclistas por atropello siguen siendo noticia y su número no parece disminuir.

Los automovilistas acaparan las calles

Las organizaciones que defienden el uso de la bicicleta han lanzado una serie de propuestas para conseguir el modelo de ciudad resulte más acorde con el medio ambiente. El transporte urbano, que, según estas tesis, fomenta indirectamente (por sus insuficientes líneas y horarios limitados) el uso del automóvil privado, conlleva un alto despilfarro de energía y un notable impacto ambiental, y no garantiza, en contrapartida, un medio eficaz, rápido y seguro de transporte. Según Amics de la Bici, las personas que se desplazan habitualmente en coche por la ciudad suponen el 20% de los usuarios de la calle, pero acaparan el 62% del espacio viario público y son responsables del 97% de la contaminación atmosférica de las grandes ciudades. Los coches y motos son también el origen de la contaminación acústica, de la congestión crónica de las calles, del mal funcionamiento de los transportes públicos (atrapados en los embotellamientos) y de la pérdida de muchas vidas humanas.

En definitiva, según los defensores de la bicicleta, los vehículos a motor son directamente responsables del deterioro de la calidad de vida colectiva en las urbes. A pesar de esto, la mejora de la red viaria acapara un alto porcentaje de las inversiones públicas. De esta manera, según estas tesis, se ha estimulado aún más el uso del coche privado y ha disminuido el nivel de ocupación de los transportes públicos, aumentando su enorme déficit e hipotecando otras alternativas más coherentes y eficaces. Por tanto, proponen que se reoriente la política de transporte y se apueste decididamente por un modelo basado en la reducción de la movilidad obligada, en la pacificación del tránsito, en el transporte público asequible y eficiente, y en medios de transporte no contaminantes: la circulación a pie y en bicicleta.

Propuestas para una ciudad mejor

Las organizaciones defensoras del uso cotidiano de la bicicleta proponen, para conseguir una ciudad más habitable para todos, las siguientes opciones: - Pacificación del tránsito: calificar todas las calles de 8 metros de anchura o menos (excepto las peatonales) como áreas de prioridad invertida, con una velocidad máxima de 15 Km/h. Triplicar en 4 años la superficie de las calles para peatones y bicicletas, con preferencia para los viandantes.

Limitar la velocidad del 50% del resto de vías a 30 Km/h. Aplicar inmediatamente una moratoria en la construcción de vías rápidas y de aparcamientos en los centros urbanos. - Circulación a pie: crear para los peatones itinerarios debidamente señalizados, seguros y agradables, que comuniquen barrios, centros comerciales, equipamientos y zonas de recreo.

Suprimir las barreras físicas entre barrios y facilitar el tránsito para disminuidos físicos, ciegos y sordos. Reservar, en todos los barrios, un mínimo del 50% del suelo viario público para peatones, ampliar aceras y crear zonas de peatones.

- Circulación en bicicleta: revisar y corregir el diseño incorrecto de las infraestructuras para bicicletas que existen en la actualidad y mejorar la disciplina vial, incidiendo en el respeto de los carriles para bicicletas existentes. Complementar progresivamente una red básica con redes de barrio, que se integrarían en las calles de tránsito moderado. Asegurar la conexión segura en bicicleta con municipios vecinos. Implantar aparcamientos de bicicletas por toda la ciudad.

- Transporte público: otorgar prioridad absoluta a la inversión en transporte público, para lograr un sistema rápido, cómodo, limpio y económico. Ampliar horarios, especialmente en días festivos. Permitir acceso para bicicletas en todos los transportes públicos.

- Campañas de educación: promover la educación vial en las escuelas e impulsar el caminar, la bicicleta y el transporte público, desmitificando el coche y la moto entre los niños y jóvenes. Realizar campañas anuales, como “la bici en la escuela” y otras similares a favor del transporte no motorizado en los centros docentes. Y no olvidar las campañas públicas para fomentar hábitos de transporte sostenibles entre los ciudadanos.

Para los ciclistas en la ciudad:
Las asociaciones que promueven el uso de la bici en la ciudad lanzan unas propuestas para mejorar la seguridad del ciclista. Veámoslas:

  • Circule por el centro de su carril, y hágase respetar. Una bicicleta arrimada al borde de la carretera despierta la tentación de adelantar en los coches, aunque no se puede mantener una distancia prudencial durante el adelantamiento. Y un coche aparcado puede abrir sus puertas sin mirar y derribar al ciclista.
  • Circule por el carril derecho. Los coches no esperan encontrar un usuario lento en el carril izquierdo (el rápido), y dado que adelantar por la derecha es poco común, se desconciertan. No obstante, si tiene que girar a la izquierda es mejor situarse en este carril con antelación.
  • En carretera se debe circular por el arcén.
  • Circule a la velocidad adecuada. Aunque a veces sea incómodo, adáptese a la velocidad de la calle por donde circule y, a ser posible, elija calles tranquilas.
  • Busque una ruta segura. Merece la pena seguir un buen itinerario por calles apacibles o por carriles-bici, con la ayuda de un plano. Frecuentemente, los cascos antiguos o los barrios tranquilos ofrecen buenas posibilidades.
  • Mantenga su bicicleta en buen estado. Antes de iniciar cualquier paseo o excursión, compruebe cuidadosamente las partes y accesorios de la bicicleta.
  • Hágase ver por la noche. Además del dinamo en la delantera de la bici, conviene colocar detrás un reflectante y una luz roja intermitente, a pilas, que no se apague cuando pare en los semáforos.
  • Utilice el casco y no circule con auriculares, pues no le permite controlar el tráfico que se encuentra a su espalda.
  • Con lluvia, extreme las precauciones. Lo fácil se vuelve difícil y peligroso.
  • Ate la bici con un buen candado.
  • Asegúrese. Un seguro de Responsabilidad Civil le cubre los posibles daños que pudiera ocasionar a terceros.
  • Acate las normas de circulación, aunque en algunos casos conviene “adaptarlas”. Por ejemplo, en los semáforos, es aconsejable parar unos metros más allá de la línea, para tragar menos humo y disponer de unos metros de ventaja cuando arranquen los coches.

¿Quién teme al ciudadano feroz?

Martes, 20 Marzo 2007
FÉLIX DE AZÚA  Publicado en el País, jueves 9 de noviembre de 2006 
 

      Como es bien sabido, con ocasión del Salon de 1864 el pintor Édouard Manet expuso su célebre Olympia, un desnudo femenino que irritó profundamente a la buena sociedad parisina y cambió las reglas de la representación clásica. La gigantesca cólera desatada por el cuadro de Manet era debida a que el nuevo modo de presentar un tema clásico dejaba sin argumentos a los tradicionalistas. La estrategia artística de Manet negaba todos los valores defendidos por la vieja escuela. Los entendidos, los expertos, los coleccionistas y aquellos aficionados que se consideraban enterados, reaccionaron con violencia porque, de ser cierto lo que Manet expresaba en su pintura, entonces ellos eran una colosal mentira. También es conocido el final de la historia: eran una colosal mentira.

     Algo similar está sucediendo con la irrupción de un pequeño partido posnacionalista en Cataluña, a partir de las últimas elecciones. El Partido de los Ciudadanos (PC) es minúsculo en comparación con las fuerzas que representan al nacionalismo catalán, pero la reacción que ha desatado es sorprendente y pone de manifiesto, no la amenaza de los débiles, sino el miedo de los poderosos. La astuta conducta de los medios de comunicación catalanes, que no informaron en ningún momento sobre la campaña del PC mientras duró la subasta de votos, no ha podido resistir el resultado y ahora se desborda en ataques furibundos. Un síntoma inequívoco de que el poder se siente débil.

    Por si alguien supone que escribo desde una posición militante, debo aclarar que si bien formé parte del grupo que incitó a la creación en Cataluña de un nuevo partido que pudiera hablar con naturalidad sobre todo lo prohibido por el poder, en cuanto ese partido se constituyó legalmente me retiré con ánimo de no regresar nunca más a la política empírica. Si ahora escribo sobre ellos es porque nos están sirviendo una valiosa información sobre la falta de información que sufre la sociedad catalana. De modo que habría escrito exactamente lo mismo si hubiera votado a Convergencia o a Iniciativa.

    La falta de información a la que aludo es una de las causas de la inseguridad del poder catalán. Cuando escribo esta crónica hay ya un acuerdo para repetir el tripartito. Es decir, que han ganado los que han perdido, pero quizás no cabía otra posibilidad. Los partidos nacionalistas catalanes son máquinas de distribución. Cualquiera de las posibles combinaciones ganadoras no se forma para cumplir el deseo de los votantes sino para satisfacer a los partidos y a sus clientelas. Contra este estado de cosas había que fundar un nuevo partido y ese partido ha conseguido tres escaños sin apenas campaña, sin dinero, sin apoyos, sin aparecer en los medios, contando tan sólo con el entusiasmo de la gente.

     La victoria ha sorprendido porque la sociedad catalana carece de información responsable. Muy pocos periodistas sabían algo sobre el nuevo partido y lo que sabían era mentira. Ningún profesional de la prensa catalana intentó averiguar algo por su cuenta. Cada uno de los mediáticos de prestigio pertenece a un grupo dentro del sistema y nada que caiga fuera de tan estrecho horizonte tiene la menor importancia. La endogamia informativa ha llegado a extremos grotescos, como la creación de un comité de comisarios que vigila a los periodistas catalanes. Sin embargo, no es el momento de examinar el grado de dependencia y la falta de autonomía de los medios catalanes, sino de sacar algunas conclusiones. Y para ello nadamejor que poner algunos ejemplos de lo que está sucediendo después de las elecciones, cuando el resultado es irreparable. Quizás alguien se percate de que el estado de cosas es insostenible, que está hundiendo a la sociedad catalana en el escepticismo democrático, y trate de ponerle remedio.

     Hablemos de las firmas y vayamos de menor a mayor. Como es lógico, todo el periodismo de batalla ha coincidido en calificar al PC de facha, ultraderechista y cosas semejantes. De nada ha servido que el jefe del partido se definiera como socialdemócrata, o que no haya ni un solo dato que fundamente semejante barbaridad, es decir, que este es un partido de delincuentes. Ningún responsable del PC ha hablado de inmigración y si lo ha hecho ha sido con bastante mayor liberalidad que la señora Ferrusola de Convergencia o el señor Barrera de Esquerra; ni de religión y si lo ha hecho es para declararse laico y contrario a la asignatura de religión, a diferencia de los nacionalistas; ni del aborto, las bodas gays, el feminismo y la parafernalia que trabaja ese partido estetizante, Iniciativa, como no sea para coincidir con ellos porque, la verdad, esas cosas son simplemente obvias. No importa: los Sopena, los Culla, los Cardús, los Sánchez, la infantería del sistema, han afirmado que el PC es de extrema derecha.

     Era de esperar, por así decirlo, entre la gente de faena, pero subamos un peldaño. Toni Soler es una figura de la radiotelevisión catalana y escribe en La Vanguardia. Es una de esas estrellas locales que viven de luchar heroicamente contra la microscópica presencia del PP y que jamás han tocado un pelo al poder. Sin embargo, la aparición del PC le ha puesto nervioso. He aquí lo que escribía Soler el domingo 5 de noviembre: “(Para el PC) el nacionalismo catalán va de Carod a Piqué, inclusive, y dicen una frase en cada idioma, para demostrar que el idioma no les importa, es decir, que si el catalán desaparece no soltarán ni una lágrima”. Esto lo escribe Soler en castellano. Es otro de los innumerables nacionalistas que considera justo multar a un tabernero por no rotular en catalán, pero que desea seguir cobrando sus artículos en castellano, por favor. Con esta moral es difícil informar objetivamente.

    Subamos otro peldaño, lleguemos a periodistas prestigiosos y a los que respeto. Ese mismo día y en el mismo órgano de los conservadores catalanes, Enric Juliana escribía: “El despliegue del Partido de la Ciudadanía en España sólo es posible con el apoyo estratégico de un poder fuerte. La FAES es uno de ellos y ha amenazado con querellarse contra quien diga que suya es la mano que mece la cuna”. Debo confesar que el párrafo me ha desconcertado porque soy lector habitual de Juliana, uno de los escasos periodistas catalanes que utiliza el castellano con elegancia. Su posición siempre ha sido clara, es simpatizante de Convergencia, pero no es un palanganero. Suelo oírle en la tertulia de Carlos Herrera y me parece un hombre equilibrado. Que utilice una falacia tan absurda es significativo sobre el grado de intoxicación de los periodistas catalanes. La gente que ha conseguido tres escaños se los ha trabajado como antaño los clandestinos que luchaban contra Franco: aguantando los ataques del régimen en pleno y sin el menor apoyo de nadie como no sea el desinteresado y generoso de mucha gente que está harta de tanta falacia. Que sólo les hiciera caso la prensa de Madrid no es culpa suya, sino de la prensa de Barcelona.

    Y acabemos de subir la escalera hasta un nivel que puede costarme una amistad. El viernes 3 de noviembre, Xavier Vidal-Folch, el director de la edición catalana de este periódico y amigo personal, hacía un balance de los resultados. Escribía lo siguiente: “La gran novedad, Ciutadans, ese nacionalismo neoespañolista”. Pasaba luego a anunciar que el partido practicará el lerrouxismo, que acabará en manos de la extrema derecha, y terminaba diciendo: “¿Nuevo el nacionalismo español? ¿O el más rancio y cutre de los nacionalismos hispánicos?”. Esta es la opinión de un gran profesional catalán que ha vivido en Bruselas durante años y conoce la prensa europea. Si estuviéramos en Europa habría que hacerle algunas preguntas: ¿Qué es, en su opinión, el “españolismo”? ¿Algo así como el catalanismo, un apego cultural? ¿Que te guste la música de Albéniz, el Museo del Prado y las novelas de Mendoza? ¿Hay que añadir, para radicalizar, la jota en plan sardana, los toros en plan castellers, el Valle de los Caídos en plan Montserrat? ¿O más bien será españolista alguien que se oponga al populismo del odio contra los españoles tipo Rubianes? ¿Y que sería un “neoespañolismo”? ¿O es sólo un modo de clasificar para evitarse el análisis? ¿Pereza o desinformación?

    El lerrouxismo y la extrema derecha son fantasmas constantes en Cataluña, quizás por ser dos de las más frecuentes tentaciones catalanas, desde el carlismo del XIX hasta los Requetés franquistas. Son espantajos que carecen de contenido ya que toda situación histórica es irrepetible y para acabarlo de arreglar nadie sabe muy bien en qué consisten. ¿Es un lerrouxista a la inversa Artur Mas cuando se inventa un carnet de puntos para inmigrantes? ¿O Maragall cuando le concede la nacionalidad catalana a Montilla por lo bien que se ha portado? Cuando un término más o menos técnico se usa como insulto hay que suponer que de lo que abunda en el corazón habla la boca.

Lo mejor sin embargo es el final. “Rancio” y “cutre” son de nuevo adjetivos muy frecuentes entre los defensores de la buena sociedad catalana, aunque deben aplicarse exclusivamente al llamado “nacionalismo español”. Que Artur Mas se arrodille ante la tumba de Wifredo el Velloso, que todos los partidos canten Els segadors con la mano en el pecho y lo hagan obligatorio en las escuelas, que peregrinen a los lugares sagrados, que prohíban a los escolares hablar en castellano en el patio, o que sólo hayan leído a Prat de la Riba y otros genios de la filosofía política, no es, para ellos, ni “cutre” ni “rancio”. Debe de ser lo más progresista, aunque sólo en Cataluña. ¡Qué pésima información, Dios mío!

En efecto, un partido sin dinero, sin campaña, sin apoyo mediático, en cuatro meses ha conseguido tres diputados. Ahora el poder catalán puede reaccionar de dos modos distintos: temblando de miedo e insultando como hasta ahora viene haciendo, o poniendo remedio a lo que ha provocado 90.000 votos para el nuevo partido, 60.000 votos en blanco, la más alta abstención de la historia de Cataluña, y un panorama para el futuro Gobierno que cada vez nos acerca más a la Italia de los años de plomo. O a cosas peores. Quizás ellos se sientan a gusto en este ambiente de sauna para padrinos. Los demás, no.

LA ETICA COMO ANTÍDOTO

Sábado, 17 Marzo 2007

Entrevista realizada por Lucía Iglesias Kuntz, periodista del Correo de la UNESCO a Fernando Savater (filósofo). JULIO 2001

Filósofo, escritor, profesor de Universidad… a pesar de sus múltiples ocupaciones y de los más de 45 libros que ha publicado, últimamente parece que sólo se acude a usted para que hable del conflicto vasco. ¿No le pesa?
Es un poco aburrido y reduccionista, porque uno se ha dedicado a muchas cosas, quizá demasiadas, a lo largo de la vida, y lo único que le queda a la gente en la cabeza es que te pusiste un día en una esquina con una pancarta. Pero en fin, a veces los problemas son ésos. La gente no tiene obligación de preocuparse por la filosofía, pero creo que sí la tiene de preocuparse por el país en que vive. No tengo ningún interés en reclamar la atención sobre mí. Lo único que intento es utilizar la audiencia pública que pueda tener para ponerla al servicio de algo que me parece importante, que es la defensa del Estado de derecho y la lucha contra el totalitarismo en mi tierra.
Debe de resultarle insoportable no poder hacer nada sin ir acompañado por escoltas.
El otro día, una persona me preguntó, con toda su buena voluntad por otra parte: ¿Qué siente al tener que ir con escolta? Y yo le contesté: ¿Y bueno, qué siente usted al ver a gran parte de sus conciudadanos, periodistas, profesores, concejales, amas de casa, que tienen que hacer su vida acompañados de escoltas? ¿Por qué es un problema psicológico qué siente uno al ir escoltado y no qué siente el otro viéndote pasar con la escolta? Habría que decirle a la gente: ¿a ustedes qué les parece que estemos hablando de una unidad europea, y de pronto les cuentan que en un lugar de Europa la gente no puede salir a la calle en paz?

La plataforma Basta Ya, de la que usted es portavoz, acaba de recibir en el Parlamento Europeo el premio Sajarov de los derechos humanos. ¿Puede explicarnos qué es Basta Ya?
Es una iniciativa más de las muchas que ha habido en estos años en el País Vasco que intenta denunciar la violencia y oponerse a ella. Quizá lo característico de Basta Ya es que hemos salido a la calle no solamente para decir lo que no queremos (violencia, crímenes, asesinatos), sino también para defender lo que queremos: estatuto de autonomía y Constitución, es decir, lo que es el Estado de derecho español, que por supuesto puede evolucionar y transformarse, pero no por la fuerza.

En los 25 años transcurridos desde la muerte de Franco, el País Vasco, como otras regiones españolas, ha ido obteniendo una autonomía cada vez más amplia, y sin embargo las víctimas del terrorismo de ETA son más de 800, ¿por qué tanta violencia?
La violencia se alimenta de una ideología étnico-totalitaria que se ha ido forjando a lo largo del tiempo, probablemente con elementos acumulados de la época de Franco, que hoy está enquistada y constituye una amenaza bastante insólita dentro de Europa, porque verdaderamente no se ve muy bien qué justificación puede tener a estas alturas.
Es verdad que lo que ocurre en el País Vasco es raro, porque en otros lugares hay unas desigualdades de poder y económicas notables y una conculcación evidente de derechos humanos que, aunque no legitimen, al menos explican que haya violencia.

¿Cómo qué lugares?
Por ejemplo, Colombia es un país muy injusto, de grandes desigualdades económicas y educativas. No es que yo piense que la guerrilla allí sea un movimiento liberador, en absoluto, pero uno puede entender que haya personas que se pasen a la lucha armada, como en El Salvador o Guatemala en su momento. O en la propia Irlanda, donde secularmente la situación de los católicos ha sido de marginación, de exclusión y de postergación frente a los protestantes unitarios. Y no digamos Palestina y Oriente Medio. Hay lugares en que sin que uno vaya a decir que le parece bien la lucha armada, de alguna forma comprende que exista todo ese mundo de violencia.

¿Y por qué según usted el caso del País Vasco es diferente?
El País Vasco es una zona donde se goza de unas libertades como las de cualquier otro país europeo. Hay un grado de autonomía política y fiscal mayor que en los lander alemanes y un parlamento propio en el que están representados todos los partidos políticos, incluidos los independentistas. Es una zona desarrollada y sin problemas económicos. El gran problema vasco es que no existe problema vasco, es decir, que no existe una base objetiva, histórica ni económica para justificarlo. Y las ideas de ETA o, digámoslo claramente, las ideas del nacionalismo vasco no serían tomadas en serio si no fuera por la violencia.

¿Cómo desmentiría a quienes apoyan a ETA si no en la forma, sí al menos en el fondo, porque sostienen que su lucha armada es la única manera que tienen de conseguir la independencia?
Desde luego que sí, yo estoy convencido de que es la única forma que tienen de conseguir la independencia porque, claro, son una minoría dentro de una sociedad que no quiere eso. La legitimidad de ETA es exactamente la misma que tienen los asaltantes para entrar armados en los bancos. Como ellos no tienen dinero en el banco y el dueño del banco no se lo va a dar voluntariamente, pues entran con una pistola para que se lo den. Lo que pasa es que, no ya sus medios, sino el proyecto mismo de ETA, tampoco es legítimo. Yo no creo que sea legítimo sustituir una democracia de ciudadanos por una democracia étnica. Crear un Estado puede ser un proyecto político, puesto que los Estados son convenciones, pero no es un derecho, y sobre todo no es una obligación que los demás sintamos interés ni entusiasmo por una situación política que propugnan personas cuyos medios y cuyas ideas –mitad racistas, mitad radicalismo marxista– no son compartidas por el resto de la población.

Hay quien alega que los vascos sufrieron más que otros españoles durante el franquismo…
Eso es un mito evidente. Franco, que no tuvo muchos ministros catalanes, en cambio sí tenía ministros vascos a montones. Y veraneaba tranquilamente en San Sebastián en un barquito en medio de la playa de la Concha, cosa que evidentemente José María Aznar no podría hacer hoy. Hubo naturalmente vascos reprimidos, perseguidos, lesionados, como en todas partes. La lengua estaba marginada, aunque no tanto como se ha dicho, porque había congresos y enseñanza en euskera. Pero los vascos sufrieron tan poco que las provincias vascas eran las de mayor renta de todo el territorio. En 1975, Guipúzcoa era la provincia número uno en renta per capita y Vizcaya la segunda. Hoy me parece que son la 13 o 14. De modo que es una mitología que los vascos sufrieron más que los demás. La mayoría, y desde luego la mayoría de los que se convirtieron en nacionalistas a partir de la muerte de Franco, porque hasta entonces eran franquistas, se beneficiaron del franquismo a costa de otros.

Algunos historiadores se extrañan de que en España no se hiciera ningún tipo de trabajo de memoria durante la transición. Un día se murió Franco y al día siguiente había una monarquía parlamentaria…¿es que los españoles son amnésicos?
La inmensa mayoría de la sociedad española había procurado mirar para otro lado en la época del franquismo, sobre todo al final. La gente se decía: “no nos metamos demasiado en profundidades y dejemos que este señor llegue a su final natural, que ya le queda poco”. En el País Vasco, ese trabajo de memoria fue más bien una amnesia voluntaria repartida: yo olvido lo que tú has hecho y tú olvidas lo que he hecho yo. En el año 78 hubo en el País Vasco una amnistía general de todo tipo de delitos, algo único en Europa, porque en ningún lugar ha existido una amnistía tan global y absoluta. La coartada para no hacer investigaciones sobre autoridades franquistas fue que no se hizo ninguna respecto a los terroristas. Y, lo mismo que se liberó al etarra que había matado a quien fuese, no hubo más remedio que olvidar al general o al comisario que habían cometido otros delitos.
¿Hay minorías que estén legitimadas para pedir el derecho de autodeterminación?
El derecho de autodeterminación es un derecho político, un logro histórico de determinadas comunidades que se cimientan en Estados frente a las demás. Por razones históricas, el perímetro y la extensión que España tiene hoy no es el que tenía hace mil años y puede que no sea el que tenga dentro de mil, lo mismo que Estados Unidos o cualquier otro lugar. Pero todo eso no tiene nada que ver con la cuestión de las minorías. Piense que en el mundo hay aproximadamente 200 Estados y más de 5.000 lenguas distintas, lo que significa que la mayoría de los Estados tienen muchas lenguas y diversidad de grupos étnicos en su interior.
Se podría pensar que es usted enemigo de las minorías…
No soy hostil a las minorías. Todos pertenecemos a minorías estereotipadas por otros; grupos de aficiones, de intereses o incluso de tradiciones religiosas. Yo pertenezco a la de los aficionados a las carreras de caballos, lo que ocurre es que no tenemos antropólogos que hablen por nosotros ni una representación ante las Naciones Unidas. El mundo está lleno de estas cosas y no hay nada de malo en ello. De lo que soy enemigo es de quienes inventan identidades a grupos determinados y fragmentan la humanidad accesoriamente en lugar de intentar buscar las ventajas de la civilización para todos. Y aún más cuando esos rasgos identitarios son por ejemplo la ablación del clítoris o cualquier otra barbaridad.

Pero el riesgo opuesto es la uniformidad.
No creo que haya que tener ningún culto maniático por la diferencia ni ningún horror no menos maniático ante la homogeneidad. En sí mismas, las diferencias no son buenas por ser diferencias. Algunas son valiosas, enriquecedoras, y aumentan el placer de la experiencia humana, pero otras son residuos atávicos y atroces de un pasado que cuanto antes dejemos olvidado, mejor. En este sentido, la esclavitud es diferente al contrato laboral, pero es que el contrato laboral es mejor, y se ve absurdo que para defender la pluralidad admitiéramos que unos tuvieran contrato laboral y otros fueran esclavos. Ojalá que todo el mundo fuera educado, tuviera una seguridad social y una protección de la infancia, de la mujer en parto, de los ancianos. Lo que podemos lamentar es que el mundo se homogeneiza solamente en aspectos comerciales, con los capitales especulativos yendo de un lado a otro, y no en aquellas cosas que serían deseables, como la defensa de los derechos humanos y la educación.

¿No lamenta usted la globalización?
Es que, en contra de otra superstición que oigo mucho, tampoco veo que el mundo se vaya haciendo todo igual, por desgracia. Entre Suecia y Ruanda no solamente no va habiendo menos diferencias, sino que va habiendo más. Y desde luego los países están llenos de peculiaridades muchas de las cuales son espeluznantes, de modo que ojalá el mundo fuera más uniforme y los derechos fundamentales se respetaran en todas partes por igual.

¿Qué hay que defender entonces?
La capacidad creativa. Lo importante es que se respeten todas las posibilidades de creación que haya en un lado o en otro. Conservar arqueológicamente las peculiaridades porque “son lo que aquí siempre ha existido”, cuando en realidad consisten en que cuatro o cinco folcloristas, o arqueólogos, o antropólogos, inventan y acuñan una identidad y todos los demás tienen que seguir ese camino sin mezclarse con nadie, sinceramente a mí no me parece ninguna ventaja. De modo que lo que me preocupa en todo este asunto no son ni las identidades, por las que no tengo ninguna fascinación, ni la defensa de un pluralismo que creo que está asegurado porque los seres humanos siempre vamos a nacer diferentes unos de otros.

¿Y el mestizaje?
La grandeza de la especie humana está precisamente en que todos somos mestizos. Probablemente cuando nacimos en África todos éramos negros e iguales y poco a poco nos hemos diversificado, adquiriendo diversas etnias, colores, y formas. Esas mezclas múltiples son la sal de la tierra y van a serlo todavía más en un siglo en el que uno puede dar la vuelta al mundo en pocas horas y comunicarse por medio de un ordenador con el otro extremo del planeta. A mí todo lo que sea pureza, pureza de la identidad o de la etnia me parece estéril. La pureza no es fecunda nunca; las vírgenes no tienen hijos.

Según usted, la educación, que define como “la antifatalidad por excelencia, la única forma de liberar a los hombres de su destino”, puede cambiar mucho las cosas…
Sí. Las sociedades en las que la educación no desempeña ningún papel son sociedades estamentales en las que cada grupo está destinado a reproducir la suerte de sus padres o de la minoría a la que pertenece; el hijo del campesino aprende de su padre las labores del campo, las mujeres se informan unas a otras respecto a la cuestión del parto y de los hijos, los militares aprenden a tirar con arco o a montar a caballo puesto que ésos van a ser sus destinos en la sociedad. La educación, en cambio, prepara a seres humanos abiertos y polivalentes que pueden ocupar distintos lugares. Así, la Grecia de Pericles educaba, porque cada ciudadano podía convertirse en cualquier cosa dentro de la sociedad griega, mientras que en la Persia del Gran Rey no se educaba porque cada uno estaba predestinado a ocupar un puesto preciso. En nuestras sociedades de hoy hay también una especie de fatalidad que hace que el hijo del pobre siempre vaya a ser pobre, y que el hijo del ignorante siempre tenga que ser ignorante. Y frente a eso, la educación es el elemento progresista con capacidad de romper con la fatalidad social e inventar algo nuevo: en las sociedades de movilidad social abierta, el hijo del barrendero puede llegar a presidente o a rector de universidad por medio de la educación.

En esa reinvención de la sociedad por medio de la educación, ¿qué papel desempeñan la familia, las instituciones educativas y el propio alumno?
Cuando hablo de educación no me refiero exclusivamente a la académica, que es la más controlable, pero no la única. Aunque las familias han ido evolucionando históricamente y no son como eran hace 50 años, siguen teniendo un papel educativo que tiene que ver con la entrada en el mundo del respeto y del buen conocimiento por la vía del afecto. Lo que ocurre es que hoy los miembros adultos responsables de la familia tienen, o dicen tener, poco tiempo para educar y tienden a pagar para que les descarguen de ese oficio… Por su parte, la educación académica familiariza a los niños con un mundo más igualitario y más abstracto, no meramente afectivo, sino legal, lo cual es una conquista importante. Ahora bien, en último término, quien aprende es el sujeto, el alumno, el neófito. Los profesores lo más que podemos hacer es enseñar, pero aprender sólo lo puede hacer el alumno. De modo que lo que hay que intentar es despertar la vocación de aprender. En cuanto esa vocación ha sido suscitada en una persona, ella misma buscará las mejores vías de aprender.

Sus libros Ética para Amador y Política para Amador eran intentos de explicar a su hijo y, por extensión, a otros jóvenes los grandes principios de esas disciplinas. ¿Cree de verdad que a los jóvenes les interesan esas cosas?
No he conocido nunca a ningún joven que no se interese por esos temas. La gran mayoría no se interesa por los profesores que se los enseñan, pero adolescentes de 15 o 16 años que no se interesan por la libertad, por la belleza, por la justicia o por la muerte… en 30 años que llevo dedicado a la docencia jamás he encontrado ninguno. Sí he conocido algunos adultos que están ocupados ganando dinero o haciendo cosas que ellos creen importantes que han dejado de preocuparse de estas cosas.

Aun a riesgo de aburrirle, no quisiera terminar sin preguntarle si es optimista respecto a una solución del conflicto vasco…
Hay una milonga que dice que muchas veces la esperanza son ganas de descansar. En este caso, tener esperanza es decir: “Ya se arreglará esto, poco a poco, la vida, el tiempo…”.Yo creo que ni el tiempo ni el espacio arreglan nada por sí mismos, soy un pesimista activo. Las cosas no se van a resolver solas; la situación es muy grave y está muy mal. Y labores como la difusión por Europa, para que Europa sepa lo que ocurre y se responsabilice o colabore de alguna forma con los que estamos
luchando contra el fascismo aquí pueden ser útiles. Porque lo mismo que se han movilizado para apoyar a quienes estaban amenazados por el totalitarismo en Kosovo o en otros lugares, aquí también hay que actuar.
Uno cuando hace cosas las hace esperando que salgan bien, y en ese sentido es optimista, porque piensa que haciéndolas la situación puede mejorar. Pero tampoco es un proceso automático. El problema no es que se pongan de acuerdo los partidos soberanistas y los constitucionalistas, eso no tiene nada que ver. ¿Va a cambiar la forma de educar a los chicos? ¿Va a desaparecer la propaganda en la televisión? ¿Va a cesar esa inculcación sistemática de odio en el País Vasco a todo lo que signifique España, o españoles, es decir, a más de la mitad de la población que vive allí? ¿Va a variar eso? ¿Hay alguna medida que se haya aprobado para cambiarlo? De modo que hay que seguir luchando.

¿Y usted va a seguir?
Yo voy a intentar seguir, sí… Si me dejan.

LOS IDOLOS DE LA TRIBU

Sábado, 17 Marzo 2007

por Fernando Savater

      ¿Recuerdan ustedes lo que decía de los ídolos Francis Bacon? Por supuesto no me refiero al gran pintor recientemente desaparecido, sino al filósofo recacientista que fue Barón de Verulamio, Lord Canciller de Inglaterra y crítico acerbo de Aristóteles. Bacon sostuvo que diversos ídolos o supersticiones ideológicas acosan la mente de los hombres, derivados de la propia naturaleza humana, de la psicología individual, de las convenciones sociales y de errores filosóficos indebidamente venerados. A los que provienen de nuestra naturaleza o raza humana les llamó ídolos de la tribu, mientras que los que provienen del intercambio social eran los ídolos del mercado. Sea entre los de la tribu o entre los del mercado, estoy seguro de que Bacon hoy no dejaría de incluir la obsesión por la identidad cultural y nacional en la nómina de los más pertinaces ídolos vigentes.
       Según se dice, la identidad de un grupo la forman el conjunto de rasgos que le hacen ser el que es y como es. Si los rasgos cambian, cambia la identidad y el grupo deja de ser el que era … aunque siga siendo un grupo. Los partidarios del culto a la identidad consideran que ello supone una gran pérdida y sólo puede deberse a una malévola injerencia externa. Por lo visto, toda identidad es buena por el hecho de serlo y ningún cambio puede ser para mejor o al menos indiferente. También las personas tenemos una identidad, pero es comúnmente aceptado que ciertos cambios venidos del exterior pueden mejorarla: en el caso contrario, ¿de qué vivirían los maestros y los psicoanalistas? No saber leer ni escribir es un rasgo de identidad muy propio de los niños y de los adultos de ciertas capas sociales pero lo común es intentar modificarlo (lo que llevó a Bergamín a deplorar ‘la decadencia del analfabetismo’); ciertas fobias y ciertas filias desordenadas son de lo más característico de algunos individuos, pero suele pagarse a los psicoanalistas por intentar transformarlas. Si la identidad personal sufre cambios que a nadie escandalizan por influjo de fuerzas exteriores, ¿por qué las identidades nacionales no podrían ser también ‘educadas’ o ‘curadas’ de modo semejante?
        La identidad de un grupo se forma por lo común a base de hábitos, técnicas o diversiones que pasan por inmemoriales pero que la mayor parte de las veces son estilizaciones recientes (brotadas más o menos por la época en que la acuñación de una identidad propia se hace deseable) y que derivan de la imitación, la transformación o la emulación de otros procedimientos foráneos. El contagio y la impregnación por lo ajeno son norma, no excepción, en todo lo que sentimos como más peculiar y propio. El estímulo venido de fuera potencia lo de dentro. ¿Qué sería del vino de jerez sin los ingleses o de los mariachis mexicanos sin el mariage de Maximiliano y Carlota, monarcas gabachos y efímeros? La identidad no es el despliegue de una escencia nacional eterna, sino el conjunto de intercambios creadores y de excentricidades fecundas. Esos rasgos son tanto más auténticos (en el sentido de fidelidad veraz a su origen) cuanto más flexible y ligero es su uso: el estereotipo purista y castizo los caricaturiza en lugar de preservarlos. Además, el proceso continúa en el presente porque los perfiles de la identidad no tienen una época privilegiada para establecerse in aeternum. Los rasgos que hoy se destruyen dan lugar a otros, ni más ni menos ‘puros’ que los antes desplazados: lo que ocurre es que ahora somos conscientes de la estimulante ‘corrupción’ forastera que los provoca, mientras hemos olvidado la que incitó a los que vemos desaparecer.
     Al defender los rasgos culturales o folklóricos supuestamente idiosincráticos,los idólatras de la identidad olvidan que son formas de hacer y de comportarse nacidas para resolver determinados problemas, no para singularizarse entre los vecinos. ¿Por qué no pueden cambiarse si se nos ofrecen otros modelos más efectivos y provechosos para afrontar retos semejantes? La numeración romana fue un rasgo de la identidad cultural latina de lo más relevante, pero no conozco a nadie que deplore su sustitución por los guarismos árabes. Es evidente que éstos funcionan mucho mejor y lo que se pretende con los números es calcular bien, no ‘distinguirse’ de otros pueblos. Tampoco parece que los puristas que defendieron nuestro racial pergamino frente al papel inventado por los chinos o consideraron la seda como una decadente moda de esos diablos amarillos sean dignos de ser imitados. ¿No son igual de obtusos los que hoy defienden la ley coránica frente al liberalismo democrático, en nombre de conservar la propia identidad contra contaminaciones extranjeras? No es cierto que los rasgos culturales no admitan nunca parangón unos con otros: en muchos casos es posible decir que unos son mejores que otros, porque su función última no es la de expresar ‘formas de ser’ preexistentes, sino afrontar las dificultades de una realidad que en gran medida tiene aspectos comunes para todos los humanos. Y ello es válido incluso en el terreno aparentemente menos objetivo de los gustos y diversiones. ¿Por qué debo seguir bailando al son de mis abuelos si otros ritmos me agradan más … aunque me los hayan enseñado gentes de fuera? ¿Snobismo? ¿Y qué sería de la cultura si los benditos snobs no sintieran el capricho por lo exótico, por lo foráneo, por la agitación de las formas y de los modos?
       Entonces los partidarios de la identidad incorrupta profetizan que la pérdida de las identidades nacionales uniformizará el mundo, convirtiéndolo en monótono reflejo del imperio dominante. Es curioso que se recurra a lo idéntico para propagar lo diverso. Para que el mundo no se uniformice, los partidarios de la identidad quieren unifomizar su parte del mundo … de modo que todo en ella se distinga del resto del planeta pero nada dentro de ella sea distinto de lo demás. El comportarse ‘a su modo’ es el derecho de la identidad en las colectividades pero extranjerismo mimético o colonialismo o colonialismo en los individuos. Es cierto que los cosmopolitas prefieren que todo en Japón sea muy japonés y en Murcia muy murciano, porque ellos viven ya como ciudadanos de un imperio en el que reinan los transportes rápidos: pero quizá los que viajan menos prefieran que les traigan las cosas a la puerta de casa. ¿Qué es más uniforme: que en cada gran ciudad haya una calle en la que se encuentre un restaurante vasco, un McDonald, un bistrot, un pub, una pizzería, un restaurante chino y una taberna andaluza o que esos locales no se vean nunca fuera de su lugar de origen … ni en su lugar de origen se encuentre cosa distinta al local que corresponde por ‘identidad’? El reproche de abigarramiento sin raíces contra las democracias imperiales viene de lejos.En un panfleto anónimo del siglo V a.C. contra la democracia ateniense (en el que se le reprochan cosas que les sonarán a ustedes, como la corrupción de los políticos y el afán popular por el dinero) se asegura que “mientras otros griegos se valen cada uno de su propia lengua y tienen su propio modo de vestir y sus propias maneras, el lenguaje, los trajes y las maneras de los atenienses están entreverados de elementos dispersos de todos los griegos y de todos los bárbaros”. Sin embargo, las ‘invasiones’ culturales contra las que más se predica acaban luego como el Eurodisney: el que quiere va, el que no quiere no va … y si la mayoría no va el negocio puede entrar en bancarrota. De vez en cuando, los entusiastas de la identidad sacan la artillería dialéctica pesada: lo étnico, lo lingüístico, la identidad histórica. En último extremo, la raza. Fundar un estado en la identidad - es decir, en la uniformidad y el sometimiento de la diferencia - de lo étnico o lo lingüístico no es más que un primer paso en el camino que lleva al estado basado en criterios raciales. Por desgracia, tenemos mucho de eso en nuestro pasado y una ojeada por la Europa que vivimos revela que también en nuestro presente. El combate del mañana será entre quienes intenten desmitificar la identidad de la tribu y quienes deseen convertirla en ídolo y mito del siglo XXI.

CASA DE CITAS

Sábado, 17 Marzo 2007
  1. Cada hombre debe inventar su camino (Sartre).
  2. Los bellos caminos no llevan lejos (proverbio chino).
  3. ¡No se debe ser cobarde ante los propios actos!¡ no se les debe desestimar a posteriori ! El remordimiento es indecente. (Nietzsche).
  4. No reconozcas como superior más que a un hombre mejor que tu (Pitagoras)
  5. Lo que no es útil para la colmena no lo es tampoco para la abeja (Marco Aurelio)
  6. Aunque muchos son sabios en latín suelen ser necios en romance. (Gracian).
  7. La vida del hombre oscila como un péndulo entre el dolor y el hastío. Los hombres han expresado esto de una manera muy extraña. Después de heber hecho del infierno la morada de todos los tormentos y de todos los sufrimientos, ¿qué ha quedado para el cielo?. El aburrimiento precisamente. (Schopenhauer) 

  8. Ser capaz de ocupar inteligentemente los ocios es el último producto de la civilización (B.Russell) 

  9. El que teme sufrir ya sufre de temor (proverbio chino).

  10. Festina lente Speude bradewV

  11. Podrán golpearme, romperme los huesos ,matarme ,tendrán mi cadáver ; pero no mi obediencia (Mahatma Gandhi)
  12. Los que aprueban una opinión particuñar la llaman opinión; pero los que la desaprueban la llaman herejía. (Thomas Hobbes)
  13. El que callar no puede, hablar no sabe El que acude al filósofo ha de llevarse consigo algo bueno cada día, ha de volver a su casa o más sano o más curable. Y así volverá: ésta es la virtud de la filosofía, que ayuda no sólo a quienes se consagran a ella, sino hasta a quienes con ella tienen trato (Cartas a Lucilio). (Séneca)

“Ya no entiendo mi vida sin correr y el día que no lo hago me cambia hasta el humor”

Viernes, 16 Marzo 2007

ENTREVISTA A UN DIABÉTICO

BLOQUE II: LA IMAGEN FIJA

Jueves, 15 Marzo 2007

1.- ¿ Qué es la percepción (visual) ?         

   a.- La percepción es un proceso bipolar.          

  b.- la percepción es un proceso de información- adaptación.        

   c.- La percepción es un proceso de selección

2º.- ¿Cómo percibimos (visualmente)?         

   a.- Teorías: asociacionismo, “gestalt”, funcionalismo, cognitivismo.       

     b.- Configuración del campo perceptivo              

          1b.- fondo-figura.                     

          2b.- Leyes de agrupación       

     c.- esquemas perceptivos (visuales).       

     d.- otros factores: subjetivos, experiencia y aprendizaje, estilo cognitivo.   

     e.- alucinaciones e ilusiones

.3.- La perspectiva visual.

4.- Conclusión 

 LA IMAGEN COMO LENGUAJE 

 1.-  Manipulación de la realidad

2º.- Complejidad y carga simbólica

3º.- Una forma diferente de argumentar

4º.- La alfabetización audiovisual.

5º.- La imagen publicitaria:a.-

A. Características y funciones.

b.- Publicidad en prensa, revistas, vallas, folletos y camisetas.

c.- Manipulación de imágenes y lenguajes subliminales.           

 d.- Publicidad, estereotipos y formación del consumidor 

LECTURA DE IMÁGENES FIJAS 

 Lectura objetiva: los elementos formales de la imagen            

  1.- Aspectos globales                        

- Tamaño y formato                       

 - Nivel de iconicidad.                       

- Simplicidad/complejidad.
                       

- Objetos, personas, acontecimientos.            

 2.- Los signos básicos de la imagen                     

    - Puntos, líneas y formas.                  

      - La textura.                   

     - La luz                     

   - El color.                        

 - El encuadre. (escala, angulación y optica)                    

    - La  composición (tipos, centros de interés, direcciones visuales)       

      3.- El tiempo.        

     4.- Texto y grafismos. Lectura subjetiva: el impacto sobre el espectador       

      1.- Percepción global de la imagen.            2.- Estereotipos sociales a los que responde la imagen            3.- Reacciones vivenciales que se pretenden provocar en el espectador.            4.- El contexto comunicativo. La finalidad de la imagen y valoración global   

  1.- Finalidad  de la imagen y medios expresivos utilizados.        

    2.- Conclusión: valoración del fenómeno comunicativo.            

 LA FOTOGRAFÍA  Y LA IMAGEN  1.- Historia y función social de la fotografía.2.- La fotografía como medio de información periodística y de expresión artística.3.- Naturaleza de la fotografía: analógica versus digital 

            a.- Características básicas de la  fotografía analógica: cámara, registro y reveladob.

- La fotografía digital:            - El cuarto oscuro digital            - Captación de las imágenes.            - Procesamiento de las imágenes            - Impresión de las imágenes      

.4.- La imagen digital

a.- Recursos técnicos para la digitalización y manipulación de imágenes digitales.

b.- Hardware y software. Formatos digitales de imagen.c.- Distinción entre imagen y fotografía digital. 

.El Cartel. Elementos de composición y posibilidades expresivas

 La imagen secuencial: El cómic. a.- Componentes ,características y elementos estructurales.b.- Recursos icónicos.c.- Planificación y narratividad. 

La fotonovela y el story-board: de la imagen secuencial a la imagen en movimientoProcedimientos y destrezas:   PROCEDIMIENTOS

1.- Analizar imágenes publicitarias extraídas de revistas, o de prensa, y reflexionar sobre sus elementos expresivos, sus intenciones y sus posibles efectos sociales.

2.- Aplicar el procedimiento de lectura de imagen a series de carteles y componer carteles publicitarios para exponerlos en la clase.

3.- Ver y aplicar el procedimiento de lectura de imagen sobre fotografías de autores  relevantes.

4.- Producción y manipulación de imágenes fijas digitales. Aplicación de los procesos de  digitalización de imagen fija más usuales.

5.- Elaborar  con Power Point una página con viñetas para un cómic o para un story-board

Actitudes

1.-Valoración de las posibilidades de la producción y manipulación de imágenes desde los formatos fotoquímicos hasta los formatos digitales.

2.- Valoración de las fuentes de producción de una imagen de calidad: el conocimiento técnico, el diseño, la composición, la organización del equipo y la reflexión.

3.- Valoración de la fotografía como medio genuino de expresión y comunicación social, su papel como registro de la historia a lo largo del siglo XX, y su papel en el contexto de las artes visuales.

4.- Desarrollo de actitudes de curiosidad, investigación y producción de imágenes como proceso de creación artística con fines estéticos.

5.- Reflexión sobre las repercusiones de la publicidad en los actos de consumo personales y comprender la responsabilidad social de los mensajes publicitarios.

6.- Apreciación del trabajo comunitario de producción de mensajes icónicos, en formato fotográfico, en cartel o con fines publicitarios. 

SIN FE , NI FU NI FA

Martes, 13 Marzo 2007

FERNANDO SAVATER 01/03/2007

A menudo, las indignaciones o escándalos de nuestra sociedad recuerdan bastante a los caprichos apasionados de la multitud en el circo romano. Por ejemplo, el pataleo suscitado porque una agraciada señora que se presenta a un concurso de belleza (ocasión paradigmáticamente machista) sea tratada, oh sorpresa, de modo paradigmáticamente machista al discriminarla por su maternidad. Eso es como ir al campo de fútbol y luego protestar ante el griterío porque levanta dolor de cabeza (no quiero dar ideas pero ¿acaso los propensos a la jaqueca no tienen derecho a frecuentar los estadios? Interesante problema jurídico). De parecido tenor me parece -dejando aparte pormenores del derecho laboral que conozco poco- la irritación suscitada porque el obispo correspondiente haya cesado a una profesora de religión que convive con quien quiere y como quiere. Precisamente la doctrina que ella está profesionalmente obligada a enseñar prohíbe tal libertad de costumbres. De hecho, la Iglesia para cuya propaganda ha sido elegida -a costes pagados por el Estado, eso sí- ha tenido a lo largo de los siglos y aún quisiera retener dentro de lo posible el ordenamiento por medio de premios y castigos (algunos sobrenaturales y otros no tanto) de la vida privada de los ciudadanos. No puede por tanto extrañar que trate al menos de controlar a quienes hablan en su nombre y según su nombramiento, ya que el resto de la sociedad parece estar cada vez menos por la labor. Sería sorprendente que los obispos eligieran para transmitir su reglamento teocrático a los jóvenes a quienes tienen ideas parecidas a las de los jóvenes y no a las suyas.

El caso suscita interesantes reflexiones sobre la evidente impropiedad de mantener una asignatura confesional -sea obligatoria, voluntaria o mediopensionista- en la enseñanza pública. En un artículo aparecido como es lógico en Abc (”Profesores de religión”, 24-2-2007), Juan Manuel de Prada compara el caso de la profesora expulsada con el de un militar que, tras haberse graduado en la academia con calificaciones sobresalientes, se negara a ir al campo de batalla alegando convicciones pacifistas. Según Prada, nadie se escandalizaría de que fuese destituido puesto que “profesar la milicia y negarse a empuñar un arma son circunstancias incompatibles”. En este último punto, desde luego, es imposible no estar de acuerdo con él. Pero el símil plantea cuestiones inquietantes. A ningún profesor de geografía se le puede echar de su plaza por ser remiso a viajar, a ningún profesor de literatura se le cesa por preferir leer El Código da Vinci a En busca del tiempo perdido y ni siquiera son privados de su doctorado tantos médicos destacados que fuman, beben y perjudican alegremente su salud como si la ministra Elena Salgado no hubiera venido jamás a nublar nuestras vidas. En cambio, a la profesora de religión amancebada -perdonen el término anticuado, tan barojiano- se la pone de patitas en la calle… sin que el Tribunal Constitucional logre presentar objeción válida. ¿Cómo puede ser eso? Pues lo explica Prada muy clarito: “Siendo la asignatura de religión de naturaleza confesional, nada parece más justo que exigir a quienes la transmiten una coherencia entre las enseñanzas que transmiten y su testimonio vital, (…) que exigir a los docentes que prediquen con el ejemplo y profesen efectivamente y no sólo de boquilla la fe que se disponen a transmitir”. Sigue teniendo razón desde su perspectiva, aunque precisamente sea esa perspectiva la que nos plantea problemas a quienes deseamos una educación pública digna de tal nombre y por tanto inevitablemente laica.

Veamos: para empezar hay que hablar con propiedad. No estamos refiriéndonos a los profesores de religión en abstracto, de historia de las religiones o de creencias religiosas comparadas, ni siquiera a docentes que enseñen los principios del cristianismo y sus múltiples variedades instituidas, sino a personas designadas por las autoridades eclesiásticas para impartir doctrina católica con más o menos adornos. No es una asignatura relacionada con el conocimiento sino con la devoción. De ahí que -a diferencia de lo que ocurre en las materias de sustancia científica- se pida militancia a quienes la imparten, como bien subraya Juan Manuel de Prada: los profesores de catolicismo deben ser mitad monjes y mitad soldados, para utilizar otra expresión antañona. Lo que importa no es la autenticidad de lo enseñado (me temo que bastante discutible) sino la autenticidad de la fe con que se enseña. Se trata no de saber sino de creer o de aprender lo que hay que creer y a qué principios se debe obediencia. Es la fe quien mueve toda esta montaña pedagógica. De aquí también la dificultad intrínseca de evaluar semejante materia como las demás. Para ser rigurosos y coherentes con lo que se exige a los docentes, deberían puntuarse las buenas obras de los alumnos y su entrega piadosa al culto divino, no las respuestas a ningún tipo de cuestionario. Lospecados veniales restarían puntos y tres pecados mortales -por ejemplo- podrían bastar para suspender el curso. En esta asignatura no debería haber otros exámenes que los exámenes de conciencia…

Hay que reconocer que todo esto suena bastante raro, pero por lo visto es lo que dispone el Concordato firmado con la Santa Sede. Supongo que por eso la sentencia del Tribunal Constitucional establece que “si la impartición en los centros educativos de una determinada enseñanza religiosa pudiera eventualmente resultar contraria a la Constitución, ya fuere por los contenidos de dicha enseñanza o por los requisitos exigidos a las personas encargadas de impartirla, lo que habría de cuestionarse es el acuerdo en virtud del cual la enseñanza religiosa se imparte, no la forma elegida para instrumentarlo”. En efecto, es ese acuerdo lo que urge revisar (por cierto, se firmó en el año 1979 -como una herencia de la época franquista que por entonces más valía no meterse a discutir- y según creo sólo por tres años). Porque resulta por lo menos inusual que una materia figure en el programa de bachillerato no por decisión libre de las autoridades educativas sino como concesión a una entidad foránea. Además, ¿qué consideración institucional merece la Santa Sede? Si se trata de una autoridad eclesiástica, la cabeza de la Iglesia Católica, ¿por qué debe mantener con ella nuestro Estado no confesional un tratado especial y comprometedor? Si se trata de un Estado extranjero con todas las de la ley, es hora de recordar que en él no se respetan derechos fundamentales en lo tocante a la libertad religiosa, igualdad de sexos para acceder a cargos públicos, etc… En una palabra, es una teocracia al modo de Arabia Saudí y no parece por tanto la influencia más deseable en el plan de estudios de un país democrático. Ese Concordato venido del franquismo concuerda muy mal con nuestras instituciones actuales y muchos católicos lo reconocen abiertamente así. Aquí y no en otra parte está el verdadero problema y el auténtico escándalo.

El adoctrinamiento confesional, sea católico, protestante, musulmán, judío o lo que se quiera, no ha de tener lugar en la enseñanza pública, ni como asignatura opcional pero pagada por el erario público ni mucho menos como obligatoria. Defender así el laicismo indispensable para el funcionamiento democrático no es un tema menor y hoy menos que nunca. Desde la ultramontana Polonia, pasando por Bélgica, Italia o España y hasta la admirable Francia, ahora amenazada en el horizonte por las propuestas neointegristas de Sarkozy, es raro el país europeo que no padece conflictos con el regreso invasor de la mentalidad religiosa en el siempre vulnerable redil educativo. Entre nosotros, suele trivializarse el tema o convertirse en palestra partidista, en ambos casos al modo de la discusión sobre el nacionalismo. Para los pro-nacionalistas actuales, cualquier reivindicación de la unidad de España como Estado de Derecho es “rancia”… como si los derechos históricos impertérritos ante el paso de los siglos y la segregación étnica fuesen conquistas de la modernidad. También para los actuales abogados del clericalismo el laicismo es progresismo trasnochado y, según Rouco Varela, el ateísmo resulta decimonónico (por lo visto la transubstanciación eucarística y la resurrección final de los muertos es lo que más va a llevarse la próxima temporada). Otros pretenden que el laicismo es un perverso invento de Zapatero y sus adláteres, lo mismo que hay quien cree que denunciar el separatismo reaccionario (todos lo son) es una maniobra al servicio del PP o del tradicional fascismo hispánico. Quiero pensar que la mayoría de este país -aunque desde luego la menos estentórea- no vive políticamente empobrecida por semejantes tópicos sectarios.

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

TELEBASURA

Martes, 13 Marzo 2007

‘Telebasura’: de la telerrealidad a la teleficción  

El autor analiza en este texto el nuevo macrogénero televisivo y la aparición, con él, de nuevos formatos y contenidos periodísticos trivializados
Gérard Imbert es profesor titular de las universidades de París-Sorbona y Carlos III de Madrid.
 
 
 
 
 
 
 
 
El gusto por el disparate, la moda de lo grotesco vienen a dar forma a esta estética del descuido

Hoy, más que nunca, la televisión genera discursos pasionales, sobre todo en cuanto a su función ¿informativa, educativa, de entretenimiento? y a sus efectos. El malentendido en torno a la televisión viene sin duda de su evolución misma, que algunos enfatizan y otros ignoran. En poco más de una década, hemos pasado de una televisión con una función claramente referencial (la televisión “ventana al mundo”) a una televisión que no se limita a reproducir objetivamente la realidad sino que construye su propia realidad: potencial del medio, dirán los integrados de siempre, que demuestra su enorme capacidad técnica y su poder de convocatoria, de acuerdo con una desgastada teoría de la demanda (”dadle al pueblo lo que el pueblo quiere”: si circo, circo, si sangre, sangre), sin caer en que el gusto del público está condicionado por la escasez y poca variedad de la oferta, por la estandarización del producto; poder de mistificación, dirán los apocalípticos de nuevo cuño, que espectaculariza todo cuanto toca y transforma la realidad en simulacro (Baudrillard), impone su ley, ya no por la fuerza sino mediante la seducción, ejerciendo así su poder simbólico (Bourdieu). “Telebasura”, sentencian casi todos, sin que muchos sepan siempre de qué están hablando…

El discurso sobre la televisión levanta pasiones porque el discurso de la televisión es en sí contradictorio, oscila entre una vocación formativa y una tendencia a la evasión, entre una orientación eufórica y una tentación de violencia. Sin embargo, hay una especie de ceguera ¿y en ocasiones sinrazón? consistente en no ver que el discurso de la televisión se ha alejado del modelo reproductor de realidad para acercarse a un modelo performativo, productor de realidad. La “telerrealidad” es la ilustración perfecta de esta transformación radical de la realidad representada, con la creación de una realidad sui géneris, que ni es del todo documental, ni tampoco exactamente ficticia: en este sentido, Gran Hermano ha abierto una brecha irreversible en la representación de la realidad.

Intentemos un acercamiento mínimamente racional al fenómeno, que abarque no sólo los contenidos, sino también las formas (expresivas, estéticas), los envites simbólicos (las incidencias sobre las representaciones sociales y la sensibilidad colectiva) y su dimensión ética. Lo haremos en forma de breve decálogo, con fines didácticos, y sin descartar posibles usos de utilidad pública:

1. La telebasura está vinculada a un macrogénero (la telerrealidad) y a la aparición de nuevos formatos: reality shows (primera y segunda época), talk shows ¿con sus derivas hacia el cotilleo?, concursos de convivencia, supervivencia y superación. Retoma, trivializándolos, géneros periodísticos tradicionales (reportaje, debate, entrevista), los integran a programas-contenedores y concursos, con fines de entretenimiento, no sin, a veces, pretensiones sociológicas.

2. En cuanto a sus contenidos, se centran en lo que he llamado referentes fuertes, de acuerdo con las famosas 3 “S” (sexo, sangre, sensacionalismo) ¿podríamos añadir: muerte? como ocurrió en el tratamiento del caso Alcàsser; esto es, objetos que, por sus características extremas, fomentan el voyeurismo (el placer del ver por el ver) y alimentan el morbo (el deseo de ver cada vez más).

3. Se caracteriza por una deriva hacia temas del ámbito de lo íntimo, lo secreto, lo tabú, reflejando un desplazamiento y una dilución de las fronteras entre lo público y lo privado: una tendencia a publicitar lo privado (los entresijos de la vida privada) ¿hasta convertir la intimidad en exhibicionismo (”extimidad”, según la acertada expresión del psiquiatra S. Tisseron)? pero también tendencia a privatizar lo público (la utilización del medio como confesionario público).

4. En el tratamiento, llama la atención la “sobrexposición” a la que se ven expuestos estos objetos y sujetos. Hipervisibilidad, he calificado esta hipertrofia del ver (El Zoo visual), que remite a una mutación profunda en el régimen de visibilidad moderno: omnivisibilidad, transparencia, panóptico, dispositivos del ver todo, cuya cara oculta es la fascinación por lo invisible. ¿Qué es el morbo, sino una exacerbación del ver, un complacerse y también un jugar con él (con el deseo, la espera) y con la fascinación por lo no visto (lo prohibido), hasta caer en una mirada perversa?

5. Como práctica comunicativa, la telebasura denota una degradación de la categoría de lo informativo: la utilización de técnicas y géneros periodísticos con fines espectaculares, mediante dramatización o trivialización; la producción de una actualidad paralela a la actualidad “objetiva”, sin duda debido al desgaste de ésta última: el cotilleo como actualidad redundante, autorreferente y sumamente pobre en contenidos, carente de valor simbólico.

6. Esto lleva consigo la institucionalización de prácticas degradantes que sustituyen el grito al debate, anteponen a la dialéctica de las ideas el enfrentamiento de personas, al intercambio de significados el linchamiento del otro, al rigor del argumento la fuerza bestial del verbo, el desmadre del gesto, todo ello erigido ¿hasta hace poco? en modelo de intercambio, conforme a una idea maniquea, primaria, del “debate”, a falta de otra alternativa. ¡Menudo ejemplo de socialización para los jóvenes!

7. Pero se traduce también por la aparición de nuevas formas narrativas, basadas en la espectacularización y ficcionalización de lo cotidiano ¿y cuya narratividad se va construyendo sobre la marcha en los realities?, acompañadas por fenómenos de hibridación entre géneros (documental y ficción) y de confusión entre categorías (verdad / simulación, atractivo / repulsivo), que pueden resultar peligrosos en cuanto cuestionan distinciones fundamentales para los niños en su proceso de aprendizaje.

8. Desde el punto de vista enunciativo, es patente la potenciación de un “habla profana” (Mehl): la del espectador anónimo (que adquiere nombre y fama gracias al medio), por oposición al experto (el que posee un saber) y al famoso (el que ya tiene nombre), instituyendo una falsa ¿y a menudo manipulada? democratización del discurso. Todo vale con tal de que refleje una “vivencia”, aunque sea intrascendente.

9. Esta espectacularización se caracteriza por una tendencia al exceso, traducida en barroquismo de las formas, que cae, las más de las veces, en el esperpento, la parodia, con una inclinación al autopastiche (CM y sus imitaciones) y a la reflexividad (el zapping); produce una fragmentación del discurso, una dilución del sentido y redunda en puro juego con las formas, con un predominio de lo imitativo sobre lo creativo, lo que no deja de ser preocupante, también, desde el punto de vista educacional.

10. En el aspecto ético, se desenvuelve en un universo de valores donde ha desaparecido toda jerarquía, todo imperativo moral, y se difuminan tanto las categorías éticas (bien / mal) como las estéticas (bello/ feo). Lo grotesco, lo monstruoso, y ahora lo freak, están de moda, el nuevo héroe es precisamente un antimodelo, hace gala de su desparpajo, de su desfachatez ¿entiéndase su capacidad para aprovecharse del medio y del otro (Pocholo)?, o de su cinismo (Lecquio), sin contraposición alguna de otros modelos. Lo negativo ¿la negación del / de lo otro? se erige en referencia dominante, el acoso en método periodístico, la invectiva en autoafirmación.

¿Entramos en la era de la postelevisión? ¿Una televisión especular en la que el espectador se contempla a sí mismo, transformado en un personaje casi de ficción, deformado por el espejo de lo grotesco, metamorfoseado por el esperpento en su propia caricatura?

Desde esta perspectiva, ¿cómo sorprendernos de que, en la escuela, haya bajado, nos dice el Informe Pisa, la curiosidad por el saber y se manifieste un rechazo al esfuerzo y una dificultad para concentrarse? Las múltiples derivas hacia el cotilleo (el periodismo del rumor, de la conjetura), hacia la telerrealidad (con su simulación de intimidad), hacia el juego, la parodia, con su traducción grotesca, facilitan una huida de la realidad y fomentan una “cultura del cachondeo”: del ¿pa’ qué?, ¿qué más da? y allá ellos, reformulación posmoderna (postransición y posmovida) del carpetovetónico que me quiten lo bailao.

El gusto por el disparate, la moda de lo grotesco, vienen a dar forma (forma pobre, tristemente trivial) a esta estética del descuido, de la despreocupación, versión despolitizada de la ideología del compromiso, que nos sitúa en las antípodas de una ética de la responsabilidad y del respeto ¿de atención al saber y al otro? imprescindible en todo proceso de aprendizaje (de la vida y de la diferencia). ¿Estamos pagando años de nivelación cultural, sustentada por la aculturación política, la regresión del discurso público a retóricas de otros tiempos, fomentada por / desde el ansarismo?

A no ser que esta representación hiperreal del ruedo ibérico ¿entre el pastiche y la parodia? colme el vacío dejado por otros discursos (el ideológico, el político, el histórico) y cambie una actualidad (la política) por otras (negra: de crímenes, rosa: de cotilleo, amarilla: de escándalos) o por su doble (la parodia, el zapping) y, con ellas, instale otros presentes, otras realidades, y confirme la función de evasión de la televisión. Más real que la realidad: la telerrealidad; más auténtico que la ficción, la teleficción, que es ya la televisión de hoy.