Artículos de Noviembre 2007

Formas de evitar nuestra extinción

Lunes, 19 Noviembre 2007

La desaparición de las especies se ha disparado. ¿Qué hará el ser humano cuando le llegue el turno?

M. RUIZ DE ELVIRA (ENVIADA ESPECIAL)  -  Heidelberg

 

EL PAÍS  -  Sociedad - 18-11-2007 La especie humana es única, domina
la Tierra y además ha demostrado a lo largo de sus 100.000 años de historia ser enormemente versátil. Sin embargo, los que se dedican a estudiarla no creen que estas características sean suficientes para garantizar su supervivencia a corto, medio o largo plazo, y los que se interrogan sobre su futuro no se ponen de acuerdo siquiera en lo que está dibujando su presente. Una incertidumbre a la que estos expertos (tecnólogos, demógrafos, biólogos, paleontólogos, antropólogos y genetistas) dan forma de preguntas. ¿Cuándo le llegará el turno de extinguirse a la especie humana? ¿Se mantiene la evolución darwiniana -la selección natural biológica- como la mayor fuerza para el cambio o ha sido superada por la evolución social y cultural? Se interrogan además sobre si la especie humana puede, e incluso debe, mejorarse a sí misma introduciendo cambios genéticos que se transmitan a sus descendientes e interfiriendo así en la evolución natural. ¿Llegará el ser humano a ser mitad biológico mitad electrónico y vivirá parcialmente en Internet? Una batería de preguntas a la que un grupo de expertos convocados recientemente por el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL), en la ciudad alemana de Heidelberg, han tratado de dar respuesta. Éstas son algunas de sus reflexiones. “
La Tierra será teóricamente habitable durante 5.000 millones de años más, así que el Homo sapiens tiene mucho más tiempo por delante que tras él. Y si sobrevivimos otros 100.000 años ¿cómo seremos y por qué nos importa saberlo?”, se pregunta para empezar Andrew Moore, director del programa Ciencia y Sociedad en el EMBL. “Nuestro medio ambiente, que cambia rápidamente, es un factor muy importante para nuestro futuro y la supervivencia de los humanos no tiene por qué depender de los mismos factores que la supervivencia de otras especies”. Y es que para muchos, aunque no para todos, el reto más urgente es el cambio climático. “Si sobrevivimos a este cambio climático…” es una coletilla constante en las reflexiones en Heidelberg.
El estudio del pasado ya ha dejado claro que los cambios climáticos son una de las armas más poderosas de la naturaleza para cambiar el rumbo de la vida en
la Tierra. Una crisis medioambiental de alcance, que afectara a la productividad agrícola y a la respuesta cultural al estrés, podría ser suficiente para extinguir la especie humana, estima Jay Stock, experto en evolución de
la Universidad de Cambridge. O al menos la civilización occidental, que actualmente está dominando el mundo a través de la globalización. “Todas las civilizaciones que hemos conocido han caído y la nuestra también caerá, obviamente. Podría ser por un cambio climático, no lo sabemos”, opina el antropólogo canadiense Jerome Barkow.
La duración media de una especie se estima en un millón de años, pero la tasa actual de extinción de especies es 1.000 veces superior a la media que se deduce del estudio de los fósiles a lo largo de millones de años. ¿Quiere eso decir que la crisis medioambiental nos aboca a la sexta extinción en masa conocida en la historia de la vida en
la Tierra, 65 millones de años después de la desaparición de los dinosaurios?
El riesgo existe, según el finlandés Ikka Hanski, de
la Universidad de Helsinki, si no cambia la forma del ser humano de encarar los problemas de su medioambiente.
Sin embargo, el punto en el que menos coinciden los expertos de los distintos campos es si estamos sometidos a la presión selectiva ambiental, la que hace que sobreviva y tenga descendientes el más apto. Para biólogos y paleontólogos está claro que siguen funcionando los mecanismos biológicos, probablemente tan antiguos como la vida, que no detectamos hasta el siglo XIX, de la mano de Darwin. El genetista y paleontólogo Mark Stoneking, que descubrió el gen de los pelirrojos en la especie extinta neandertal junto al español Carlos Lalueza Fox, menciona ejemplos comprobados, como los cambios genéticos para tolerar la lactosa o resistir a la malaria que se han producido en la breve historia de la especie humana actual. El ejemplo más llamativo es el las llamadas razas humanas: En sólo decenas de miles de años, con la acción conjunta de la evolución y las migraciones, surgió la panoplia de distintos rasgos y tonos de piel que hizo creer hasta el siglo pasado que detrás debía de haber un proceso mucho más largo, de millones de años. También existen ejemplos de presión selectiva, la que ejercen actualmente enfermedades epidémicas como el sida, la tuberculosis o la malaria, que causan millones de muertes al año, de personas que sucumben a la fuerza ambiental de la enfermedad. Aunque igualmente hay evidencias de que la presión selectiva se ha aflojado. Por ejemplo, la reducción del tamaño de los dientes y las mandíbulas, porque el ser humano ya no necesita la capacidad de masticación indispensable en el pasado. De ahí que, en muchas personas las muelas del juicio no tengan sitio donde desarrollarse. A pesar de estos datos, nadie niega la importancia de la cultura como motor de la evolución humana. “Hace ya entre 50.000 y 60.000 años que se puede hablar de cultura, y de su compañera, la tecnología. En los humanos la evolución biológica está condicionada fuertemente por la cultura”, comenta Stock. “No existen límites definidos entre la evolución natural y la cultural”, opina la alemana Eve-Marie Engels, catedrática de Bioética en Tubingen. Pero el estadounidense James Hughes es más tajante: “La evolución biológica ha terminado o es mucho menos importante que hace 20.000 años. No existe ya una selección biológica real, lo que les pase a mis hijos dependerá de en qué condiciones vivan, no de sus características biólógicas”. De la discusión surgen dos conclusiones. La primera: “No nos hemos aislado totalmente de la naturaleza, la evolución continúa, pero no sabemos exactamente lo que está pasando”. Y la segunda: “La evolución es menos importante porque nos adaptamos a nuestro ambiente y sobrevivimos por la transmisión social de gran cantidad de información acumulada”. Si la evolución natural no es ya el principal mecanismo de mejora de la especie humana y ésta dispone de un amplísimo bagaje de conocimientos, la pregunta entonces es si el ser humano puede o debe mejorarse a sí mismo y a sus descendientes. Según Engels, esta cuestión no es nueva: “Estamos trascendiéndonos permanentemente, como ya lo definió Julian Huxley hace medio siglo: la especie humana dirige la evolución sin quererlo, al percibir nuevas posibilidades de y para su naturaleza”. La aspiración de mejorar es tan antigua como el hombre -desde que soñó con la inmortalidad, por ejemplo-, pero cuando ahora se habla de mejorar genéticamente la especie aparecen fantasmas: la producción de una raza de superhombres que mandarán sobre razas “inferiores”. Hay quien, al menos, quiere provocar el debate: “Lo que me importa es que las personas sean mejores, más felices y vivan más, y si el resultado es que los que se mejoren evolucionen hacia una especie diferente, incluso hasta el punto de que no se puedan cruzar con la especie humana actual, yo creo que debemos hacerlo”, afirma el filósofo británico John Harris, que tiene un nuevo libro sobre la mejora de la especie humana (Enhancing evolution: The Ethical case for making better people, editado por Princeton Press). “¿Pero quién va a decidir qué es una mejora, y qué mejora es la deseable?”, se pregunta Engels. ¿Será un cambio para aumentar la inteligencia de nuestros hijos y nietos o un cambio estético, para evitar la calvicie? ¿Será para evitar la depresión o para tener menos apetito? Al principio serán experimentos en humanos para los que no está clara la justificación ni que exista una buena relación entre el riesgo y el beneficio, comenta la bióloga holandesa Elaine Dzierzak. Sin embargo, para algunos, como la especialista australiana en bioética Sara Chan, la manipulación genética es únicamente un medio más, que debe regularse en función de los objetivos deseados: “Que exista riesgo no justifica el rechazo sin más. Si, por ejemplo, existe una posibilidad de curar el cáncer de este modo, debemos permitirlo si disponemos de la seguridad necesaria y tenemos la convicción de que funciona”. Para otros, como el británico Ian Pearson, no pasará mucho tiempo antes de que a los padres se les exija que mejoren genéticamente a sus hijos, como ahora se les exige que les den educación.

A Pearson, este tipo de discusiones le aburren. Él, que trabaja en British Telecom, es de los que miran mucho más allá. Ve un futuro en el que el Homo optimus se funde con el Homo cyberneticus para dar lugar al Homo hybridus: mezcla de ser humano y máquina optimizados genéticamente, que funcionan en parte en el cerebro humano y en parte en ordenadores. Y, cuando alcancen la conciencia, los robots se fundirán a su vez con el Homo hybridus para dar lugar al Homo machinus, afirma. Además las fronteras entre individuos serán borrosas -se compartirá la conciencia y no se morirá porque habrá un número infinito de réplicas y muchas vidas- y los mundos virtuales añadirán valor al mundo real. Para Pearson, el verdadero problema, que además es otro riesgo para la supervivencia de la especie, es que la tecnología está mucho más adelantada que la ciencia, lo que supone el peligro de poder cambiar el mundo sin saber qué se quiere obtener.

Internet. nuevo ecosistema comunicativo

Jueves, 8 Noviembre 2007

Internet: el alumbramiento deun nuevo ecosistema comunicativo
Severino Lázaro Pérez, sj* 

Lo que más cuesta analizar y ver en sus distintas aristas es aquello que más pegado a nosotros camina. Hablar de Internet es hablar de una nueva tecnología que en pocos años ha dado el salto a formar parte de nuestras vidas, y lo ha hecho con tal rapidez y profundidad que cualquier análisis que se haga de él es, pienso, provisional, muy provisional.      Sirva este punto de partida para poner entre paréntesis cualquier tipo de afirmación fuerte o taxativa que se quiera hacer de este medio de comunicación, incluso las que el presente artículo pueda defender, ya lo haga con más o menos convicción.      Hablamos de un medio tecnológico muy joven (apenas treinta y siete años de vida), pero con una expansión muy rápida en su difusión por el ámbito social y mundial. De ese grupo primero de científicos, universitarios e investigadores militares entre los que nació, a los nueve millones de usuarios que contaba cuando se creó
la World Wide Web en 1995, y de ahí a los casi 1.100 millones de usuarios con que cuenta actualmente1, hay tal salto que es difícil saber aún hoy, en nuestros días, a qué nos enfrentamos o de qué estamos hablando.      Ocurre que lo que era una simple tecnología, despreciada en ámbitos como la investigación militar y empresarial, muy pronto se metió en todos los campos de nuestra vida, desde la profesional hasta la más privada; y lo hizo de tal forma que podemos hablar de que nuestra vida, en casi toda su totalidad, está organizada por este medio de comunicación. Es esta invasión fortuita sufrida lo que está en el origen de no pocas reflexiones que uno lee sobre Internet y lo que hace que las posiciones que se mantienen a su respecto tiendan a tener un carácter extremo que oscila entre la veneración, por parte de unos, y el más ostentoso rechazo, por parte de otros. 

1. Internet, la revolución que cambió para siempre nuestras vidas 

1.1. Un medio de comunicación nuevo en su forma de organización2La primera lección que la historia de Internet nos devuelve es que, lejos de otro tipo de aplicaciones que se podían esperar de él, la comunicación fue la que se erigió en su principal vía de desarrollo. Dos datos en esta dirección nos interesa rescatar de la historia de su evolución.      En sus inicios, Internet nace como fruto y colaboración de tres tipos de interlocutores: el Pentágono (o las investigaciones militares americanas), el mundo de la universidad y los grupos de tinte más libertario o contestatario de la sociedad de los años sesenta. En realidad, lo que intentaban era intercambiar el máximo de información entre todos sus ordenadores. Les bastó poco tiempo para ver que más importante que la información que lograban intercambiar era el hecho de la facilidad de comunicación que existía entre ellos a través de lo que ya entonces se llamaría el «correo electrónico».      Ahora bien, dentro de éste ámbito de la comunicación, en el que pronto empezó a destacar, hay un aspecto que no podemos olvidar y que lo convierte en un medio de comunicación distinto y distante de todos los demás: su carácter abierto y de libre acceso. Lo peculiar de Internet como medio de comunicación es que no es un medio estático ni teledirigido, sino dinámico y abierto. Se retroalimenta diariamente de las aportaciones de todos sus usuarios. Son éstos quienes modifican, mejoran y encuentran nuevas aplicaciones de la herramienta original que los técnicos hayan podido diseñar.      Un segundo dato a rescatar de la historia de su evolución es que se trata de un medio de comunicación cuya flexibilidad y ductilidad permiten la interacción de los usuarios y de la información en tiempo real. Es esta cualidad lo que le distingue de los medios tradicionales de comunicación y le convierte, a día de hoy, en imprescindible. 

1.2. El impacto social de una nueva tecnologíaCuesta imaginar que una tecnología consistente, técnicamente hablando, en una red de redes de ordenadores conectados, capaces de comunicarse entre sí, pueda haber traído tantos cambios a la forma de organizarse nuestra vida y nuestro mundo. Ello nos indica que estamos ante una tecnología peculiar o ante algo mucho más grande que una simple tecnología.      ¿Cuál es la peculiaridad de Internet? Que se trata de una tecnología que afecta de lleno al elemento que nos constituye como personas: el lenguaje, la capacidad de establecer entre nosotros una comunicación inteligente. Cualquier transformación en este campo –e Internet ha trastocado el modo de comunicarnos– arrastrará numerosos cambios en todos los ámbitos de nuestra vida, ya que todos ellos se constituyen a partir de la comunicación e interacción que unos establecemos con otros3.      Bastaría apelar a la experiencia de cada uno de los lectores para que, repasando los últimos diez o doce años de vida, viéramos con nitidez la hondura de los cambios que Internet ha producido en ésta. A los primeros escarceos por la red, llenos de curiosidad y asombro, le sucedió pronto el envío masivo de correos electrónicos. Más tarde descubrimos que, gracias al messenger o al chat, podíamos, además de comunicarnos por escrito, mantener conversaciones en tiempo real. Y el último paso de esta invasión de Internet en nuestra vida personal seguramente sea la confección de nuestra página web, o weblog personal, que nos tiene ocupados en estos días.      Pero si del plano particular diéramos el salto al plano universal, el efecto sería el mismo. Hablar de Internet no es hablar sólo de un medio de comunicación mundial, sino que su presencia se puede rastrear en los distintos ámbitos de la vida en sociedad.      En la economía, de la mano de Internet, el valor del conocimiento y de las ideas innovadoras se ha convertido en una de las fuentes de ganancia más apetecidas. En la política, las posibilidades que Internet abre a una participación e implicación más directa por parte de todos los ciudadanos son incontables. En lo mediático es claro que Internet es, ya al día de hoy, el corazón que articula toda la información que circula por los distintos medios de comunicación.      Es la presencia de Internet en todos estos frentes y el protagonismo que va adquiriendo en cada uno de ellos lo que ha llevado a sostener que estemos ante el medio de comunicación y de relación esencial sobre el que está naciendo una forma de de sociedad nueva: la sociedad red4

2. Internet: un abanico nuevo de posibilidades de comunicación 

Aunque los efectos de Internet, como acabamos de decir, se han dejado sentir en todos los campos de nuestra organización social, en el presente artículo nos interesa centrarnos en la revolución comunicativa que ha traído a nuestras vidas.      Hablar de Internet es hablar de un incremento no sólo cuantitativo, sino cualitativo, de
la comunicación. Lo que surgió como una herramienta tecnológica de puro intercambio de información ha ido, poco a poco, introduciéndose en el campo de las relaciones personales y adaptándose a todos los acentos y necesidades que las personas necesitamos para una comunicación fluida y cálida.      Sin ignorar los cambios que esta incursión pueda haber creado en la forma de entender la comunicación interpersonal, hay que decir, en honor a la verdad, que dichas comunicaciones no sólo no han tendido a desaparecer, sino que se han incrementado, si cabe. Es decir, la gente sigue cultivando este tipo de relaciones igual que antes, e Internet se ha convertido en uno de los medios más usados para dicha finalidad.      Ahora bien, de entre la enorme variedad de formas de comunicación que encontramos en la red, ¿cuáles podríamos delimitar como las más usadas y qué las ha llevado a ese puesto de honor? 

a) El «correo electrónico»También llamado «e-mail» (electronic mail), ha venido a sustituir, prácticamente en su totalidad, al correo postal o las cartas tradicionales. Ahora, en vez de servirnos de Correos, nos servimos de la red de ordenadores para mandarnos todo tipo de mensajes, cartas, información, etc. Es, con mucho, el uso mayoritario que el usuario normal hace de
la red. El reciente desarrollo de este instrumento, que permite adjuntar como parte del mensaje todo tipo de imágenes, sonidos, ficheros, documentos adjuntos, etc., así como la creación de «listas de correos» que facilitan la distribución masiva de información entre múltiples usuarios, ha derivado, si cabe, en una mayor expansión de esta herramienta como medio de comunicación, no sólo entre las personas, sino también a nivel más colectivo y empresarial. 

b) El «chat»Hace referencia a un espacio virtual (salas) donde confluyen varios individuos que se conectan para conversar, bien sea de manera abierta y visible (en el foro general), bien a través de mensajes privados. La diferencia que muestra con los mensajes de correo electrónico, foros o listas de distribución, es que las conversaciones que se tienen en un chat no quedan registradas. Se trata de conversaciones en tiempo real, pero sin la co-presencialidad tradicional. Lo que identifica a cada usuario del chat son los Nicks, o sobrenombres que se ponen como tarjeta de presentación y que a veces reflejan tan sólo una presentación del nombre con caracteres o símbolos originales y distintos, pero que otras veces incorporan frases sugerentes que expresan gustos o vivencias importantes de la persona con la que estás hablando.      La orientación del chat a la conversación o comunicación con otros es mucho más clara, si cabe, que la del correo electrónico, messenger, etc. Es una comunicación indiscriminada. Tan sólo el número máximo de usuarios aceptados en cada sala limita el aforo. Pero es evidente que se trata de una conversación más arriesgada, pues en ella se suele ignorar la procedencia, cultura, idioma, rasgos físicos, forma de pensar, etc. de la persona con la que se habla. No es extraño, pues, que muchas de estas conversaciones resulten ser un tanto efímeras y de corta duración.      El único punto fijo desde el que poder empezar la conversación suele ser el tema que los congrega. La percepción que tengo del otro, y con la que se inicia toda interacción, se ve así privada de dos elementos clave para una verdadera comunicación: el contexto de mi interlocutor y su misma presencia física y gestual. La importancia de estos dos elementos estriba en que, a partir de la observación de ambos, se despiertan en mí las impresiones favorables o desfavorables hacia la conversación con la otra persona o personas5.      ¿Cómo responde a esta carencia la arquitectura del chat? A través de los famosos «emoticones»: distintas imágenes o símbolos que representan desde emociones o estados de ánimo hasta acciones físicas, involucrando de esa manera tanto el contexto como al sujeto con el que se conversa. 

c) El «messenger»La popularidad actual de los chat viene compartida con este servicio de mensajería instantánea. Se trata de programas que combinan la lógica de los chat, en cuanto a una comunicación instantánea con grupos de personas de manera abierta, con la de los correos electrónicos, en cuanto a la posibilidad que ofrece de mandar mensajes privados no instantáneos. Su peculiaridad, a mayores, es que permite ir haciendo una lista de contactos con los que intercambiar archivos escritos, de voz, de video, etc. La identidad del usuario del messenger está asociada a la dirección del correo electrónico.      Así pues, la conversación que se desarrolla a partir del messenger suele estar más prefijada o limitada que la del chat. Lo que suele ocurrir a menudo es un desplazamiento de una conversación o relación más esporádica por chat a una más continuada y profunda por messenger. Estaríamos así ante lo que se llama un «segundo nivel de confianza» en
la relación. A esta conversación de mayor intimidad apunta su misma arquitectura, con la presencia en él de distintos grados de accesibilidad del otro con el que se quiere conversar: conectado, no conectado, no disponible, ausente, etc.6      Otro cambio con respecto al chat acontece en el manejo de las impresiones y emociones que aparecen. Éste viene facilitado por una serie de decisiones previas (asociarlo a tu lista de contactos; revelarte en la pantalla como conectado o no conectado; la visualización de una fotografía tuya en el margen de la pantalla…) que revelan más de lo que creemos nuestra intención comunicativa. Se reduce así no poco ese carácter de incertidumbre que acompañaba a la conversación por chat7

d) El «weblog»También conocido con el nombre de «bitácora», estamos ante uno de los últimos desarrollos de la comunicación por Internet. Como su mismo nombre indica (web [= red de Internet] + log [= diario de a bordo, libro de notas]), se trata de un espacio virtual y personal que sirve para volcar sobre él cualquier escrito, impresión, anécdota, opinión, imagen, video, audio… que uno quiera compartir.      El weblog representa el máximo logro alcanzado en ese esfuerzo de Internet por adaptarse a las necesidades más básicas de comunicación en términos de ese afecto que todos buscamos. El hecho de que sea un espacio, por un lado, totalmente abierto a cualquier usuario de la red y, por otro, enteramente personal en su configuración y arquitectura, como si de un diario virtual se tratara, es una de las claves que explican su rápida expansión a nivel mundial.      Ahora bien, no acaba ahí el interés que despierta en nuestros días, porque, unido a ese uso de comunicación más personal, se ha descubierto en él la fuente por excelencia de conocimiento e información del futuro próximo. Ventajas que ofrece en este campo: presenta una información de tinte más personal, directa, rápida, menos mediatizada, más horizontal y más interactiva que la que ofrece cualquiera de los medios de comunicación tradicionales8.      La arquitectura de este medio de comunicación es parecida a la de una página web normal, pero con la ventaja sobre ésta de renovarse en su información con mucha mayor celeridad. En los weblogs lo más actual aparece al principio, y lo más antiguo al final de
la pantalla. Suelen contar con un archivo de registros o entradas para acceder desde él al historial de todo lo publicado por el autor. También suelen abundar en ellos los enlaces a otras direcciones para ampliar cualquier tipo de información. Un apartado que nunca falta es el de ofrecer a sus lectores la opción de hacer comentarios a todos y cada uno de los contenidos que en él aparecen, suscitándose a menudo un debate o intercambio de pareceres en torno a cualquier asunto tratado. 

3. La conversación por Internet: retos y posibilidades 

Explicábamos al comienzo de nuestro artículo cómo la proximidad de Internet a nuestras vidas y su corta trayectoria histórica se convierten, a priori, en posibles enemigos a la hora de hacer un análisis objetivo sobre esta herramienta de
la comunicación. El intento hecho en las páginas anteriores exigiría terminar nuestro artículo haciendo alusión a esas dos vertientes en las que se posicionan los detractores y los entusiastas de dicha tecnología. Creemos, sin embargo, que tales discursos están hechos más desde la mesa de un despacho que desde el observatorio de la realidad que pisamos cada día. Una mirada rápida a ésta nos devuelve algo que dista mucho de la rigidez en que se refugian ambas posiciones. Podríamos formularlo de esta manera: Internet es ya –y en el futuro próximo lo será en mayor medida– el medio por excelencia en el que nos expresamos, en el que nos comunicamos y a través del cual conversamos unos con otros.      Por eso, más que de amenazas en sentido negativo, y fortalezas adquiridas en sentido positivo, queremos hablar de «retos» y de «posibilidades» bajo un solo epígrafe, para hacer alusión a un camino pendiente todavía de recorrer y discernir en muchas de sus etapas, pero del que no podremos salirnos si queremos acompañar el devenir de nuestro mundo.      Propongo esta especie de hoja de ruta a seguir, atendiendo al mundo juvenil con el que trabajo y a los tres elementos clave de la comunicación que han ido apareciendo en mis conversaciones con ellos. Es, sin duda alguna, la franja de población en la que mejor se pueden detectar estos retos y posibilidades que nos plantea el uso de esta tecnología llamada «Internet». 

1)   Creo que es de todos sabido que el suelo común que late a todas las conversaciones que se suceden en el mundo juvenil es el de la búsqueda de
la identidad. Pues bien, la creciente tendencia al «chateo» y a la conversación por Internet, en cualquiera de sus formas, vendría a reflejar mejor que ninguna otra los acentos nuevos de esta búsqueda. Vivimos en un mundo cada vez más interconectado en todos los sentidos. El tema de la búsqueda de la identidad habría dado un giro copernicano en este periodo que llamamos postmodernidad o sociedad red, si lo comparamos con el periodo anterior. Ésta ya no se construiría desde los parámetros modernos del individuo, de la autonomía o del compromiso con uno mismo y sus convicciones, sino que adoptaría unos moldes más flexibles que pasarían por la conexión con los otros y la integración en mi mundo de elementos e ingredientes de universos culturales muy diversos. Los otros, vendría a decir este nuevo discurso, son parte esencial de nuestra constitución como sujetos individuales. Más que lo diferente y lo propio, lo que nos va a definir en el futuro es aquello que nos «conecta» con los otros.      Pues bien, creo que Internet se está revelando como el espacio donde el adolescente y el joven emprenden esta búsqueda. Claro que hablamos de modos distintos de conexión o agrupamiento, de conversaciones mucho más frágiles, más impersonales, menos duraderas; pero la ambigüedad de esta búsqueda y de esas conversaciones no hay que cargarlas en el «debe» del medio o herramienta tecnológica que las posibilita, sino en el mismo adolescente o joven, que tiende a hacer de toda búsqueda un juego o experimento por tanteo, encontrando en esta herramienta tecnológica muchos más recursos para ello.      El reto que se nos plantea en toda esta búsqueda de la identidad en la que el joven se encuentra durante años es cómo conectar con él y acompañarlo en ese viaje. Tendremos que hacernos presentes en esa red de redes en la que él se mueve como pez en el agua; perder el tiempo «chateando», al igual que en tiempos pasados estábamos accesibles a él en aquellos espacios donde se movía; perder el miedo a adentrarnos en esa forma de conversación interactiva a través del e-mail, del messenger o de la creación de blogs o páginas web, en las que le proporcionemos contenidos útiles para la búsqueda de su identidad y espacios para escuchar también su voz al respecto. 

2)   Inherente a toda forma de conversación camina el deseo de que ésta llegue a ser un ámbito o espacio privilegiado para la expresión de mí mismo en sinceridad y transparencia, mostrando al otro mi lado más vulnerable, consciente de ser siempre escuchado y comprendido en cualquier situación por la que esté pasando. ¿Será que el desembarco de la conversación por Internet en lo cotidiano de nuestras vidas ha puesto tierra abundante sobre esta utopía de la comunicación? Así parece indicarlo el uso frecuente del anonimato en estos tipos de conversaciones virtuales; o la utilización de un nick o sobrenombre falso con el que muchos usuarios acceden a ellas. Si éste fuera el balance definitivo sobre estas formas de conversación más virtuales, estaríamos ante un verdadero cáncer para la conversación, la negación de la alteridad, producto de la desconfianza que se siente hacia el otro. Internet, siendo en su origen y finalidad un medio de comunicación, acabaría produciendo en sus usuarios el efecto contrario de lo que pretende: la represión de toda forma de comunicación auténtica, el encerramiento dentro de uno mismo.      ¿Es así? Creemos que no. Lo que una simple observación y paseo por la red devuelve es que, paralelo a esa expansión del anonimato en las relaciones virtuales, se abre paso también el deseo de una verdadera comunicación en el doble sentido de querer conocer al otro y poder comunicarle quién soy y qué me pasa. Los anonimatos, nicks o sobrenombres, conversaciones superficiales y emoticones no son más que esos tanteos iniciales, necesarios y que siempre han estado presentes en todas las formas de conversación tradicionales, en espera de tener los datos suficientes para saber con quién estoy hablando y llegar a niveles más profundos en la conversación.      Aún más. La posible salida a situaciones de fuerte encerramiento en uno mismo, soledad prolongada o falta de habilidades para la comunicación interpersonal, encuentran en la no presencialidad que acompaña a las formas de conversación virtual la rampa de lanzamiento que necesitan para empezar a abrirse al otro. En mi humilde trayectoria de «internauta» he tenido numerosas veces la experiencia de ver cómo personas a las que cualquier comunicación cara a cara les habría supuesto una barrera infranqueable, una conversación virtual no presencial ha facilitado el inicio de una comunicación terapéutica o sanadora para su vida.      La sola presencia de un ejemplo en esta dirección (y serían muchos los que podríamos poner) mostraría cómo la conversación por Internet, en sus múltiples formas, puede llegar a convertirse en nuestros días en ese taller de reconstrucción o arreglo de tantas y tantas subjetividades rotas y narcisistas como abundan en estos tiempos postmodernos. 

3)   Un tercer y último elemento o dinámica que late por debajo de toda conversación hace referencia al viaje más largo y complicado que, como personas, tenemos que hacer: el acceso al otro en su realidad. ¿Cuál es el cambio que las nuevas tecnologías de la comunicación han producido en este punto? Uno muy simple y claro: «todo» y «todos» llegan hasta la pantalla de mi ordenador sin necesidad de que haya que partir a su encuentro. Esto, en un principio, podríamos decir que representa una facilidad para una posible comunicación. Pero lo que es un privilegio, inexistente hasta la creación de Internet, puede volverse en nuestra contra si confundimos el estar «conectados» a múltiples posibles interlocutores con el «estar realmente en relación con ellos». El acceso al otro en su realidad, como dinámica de fondo y finalidad en la que se mueve toda conversación, exigirá siempre, también al internauta, andar un camino largo de acercamiento, de conocimiento, de atención, de intercambio, de escucha, de diálogo.      ¿Permite la conversación por Internet hacer este camino? Yo diría que sí, y además con muchos más recursos que cualquier otra forma de conversación o comunicación. Al fin y al cabo, Internet no es más que una tecnología a nuestra disposición, siendo nosotros quienes tenemos que decidir qué uso hacer de esa herramienta. Para ello es necesario llevar a cabo una delimitación y acotación de los espacios de información y contacto en
la red. Hay que decidir y elegir a quién y a qué queremos llegar; qué contactos, de toda la amplia lista que tengo, me interesa no sólo mantener, sino cultivar; con qué comunidades cibernéticas me interesa contactar y para qué; que lista de direcciones electrónicas debo poner en la carpeta de «favoritos» y cuáles no.      Somos pesimistas cuando pensamos que la mediación de estos aparatos electrónicos en la comunicación impide o difumina esta posibilidad de acceso al otro y a su realidad. ¿No podríamos defender con iguales argumentos que el uso de estas tecnologías está dotando a las nuevas generaciones de una apertura de mente o «elasticidad cultural» que les permite acoger y adaptarse a los más diversos contextos y personas, desafiando todo tipo de demarcaciones culturales?      No niego que la mediación de estos aparatos tecnológicos pueda añadir alguna barrera a la relación que pretendemos establecer; pero también las tiene el acceso directo a través de una conversación presencial. Además, creo que mentiríamos si negáramos el frecuente uso que muchos jóvenes y usuarios en general hacen de esta herramienta para un verdadero encuentro con otras personas, con otras culturas, con otras realidades. La creación de redes de jóvenes solidarios implantadas en numerosos colegios, por hablar de una realidad que conozco, es un ejemplo elocuente al respecto.
.1.     http://www.abcdelinternet.com/stats.htm. Fuente consultada el 30 de septiembre del 2007.

2.     Seguimos para este apartado el capítulo que M. Castells dedica a la historia o nacimiento y evolución de Internet:La galaxia Internet. Reflexiones sobre Internet, empresa y sociedad, Ed. Debolsillo, Barcelona 2003, 25-56.

3.     «La comunicación consciente (el lenguaje humano) es lo que determina la especificidad biológica de la especie humana. Como la actividad humana está basada en la comunicación, e Internet transforma el modo en que nos comunicamos, nuestras vidas se ven profundamente afectadas por esta nueva tecnología de la comunicación»: cf. M. Castells, op. cit., 19.

4.     M. Castells, La era de la información: economía, sociedad y cultura. Vol. I: La sociedad red, Alianza Editorial, Madrid 2001, 645 p.

5.     G. Roco Opazo, «Internet y la transformación de las relaciones interpersonales (I y II)»: http://www.wikilearning.com/internet_y_la_transformacion_de_las_relaciones_interpersonales_i-wkccp-20280-1-htm. Fuente consultada el 27 de septiembre de 2007.

6.     A.J. Gordo López (Coord.) Jóvenes y cultura Messenger. Tecnología de la información y la comunicación en la sociedad interactiva, p. 64, en http://www.fad.es/sala_lectura/Messenger.pdf Fuente consultada el 30 de septiembre del 2007.

7.     M. Domínguez, «Técnicas de subjetivización e interacción virtual en tiempo real. ¿Tienen algo en común Michel Foucault y los chats?», en Actas electrónicas del 2º Congreso online del Observatorio para la Cibersociedad, 1-14 de noviembre de 2004 (formato CD-ROM), Madrid 2005: Observatorio para Cibersociedad.

8.     J.L. Orihuela, «Los weblogs ante los paradigmas de la comunicación: 10 principios del nuevo escenario mediático”, en http://blog.infoaragon.com/jlori/index.php?idarticulo=200311261. Fuente consultada el 26 de septiembre de 2007.