Artículos de Noviembre 2009

El arte como espejo del tiempo

Lunes, 30 Noviembre 2009

http://www.elpais.com/articulo/cultura/arte/espejo/tiempo/elpepicul/20091130elpepicul_3/Tes/

La historia se puede contar de muchas maneras. La mayor parte de las veces se hace hilvanando los grandes sucesos políticos y económicos. En esa forma de hacer, las obras de arte han solido ser un mero apoyo. Pero hay otras maneras de contar las cosas. El historiador Juan Pablo Fusi (San Sebastián, 1945) y el catedrático y crítico de arte Francisco Calvo Serraller (Madrid, 1948) cuentan en El espejo del tiempo (Taurus) una versión del pasado de España narrado de la mano de medio centenar de pinturas.

http://www.elpais.com/fotografia/mayo/1808/obra/Goya/elpdiacul/20091130elpepicul_2/Ies/

“Obama no se entiende sin la Red”

Miércoles, 25 Noviembre 2009

JUAN CRUZ  -  Madrid

EL PAÍS  -  Sociedad - 24-11-2009 De Manuel Castells (Hellín, 1942), profesor en Francia, en Estados Unidos y en España, dijo su colega Emilio Lamo de Espinosa que es “el sociólogo español más importante después de Ortega”. Lamo resaltó su valía presentando a un compañero de ambos, Edgar Morin, en el Foro de la Complutense. Y fue en este mismo marco donde Castells habló hace una semana para presentar el último resultado de su pensamiento sobre la era nueva que estamos viviendo, la era de Internet, de la que él es un profeta. Se titula Comunicación y poder (Alianza Editorial) y tiene más de 600 páginas. De su contenido, y sobre todo de Internet, hemos hablado con él.Pregunta. ¿Internet nos cura de la soledad?

Respuesta. Sí. No la elimina. Si la gente se encuentra sola, se encontrará menos sola con Internet. El uso de Internet favorece la sociabilidad, disminuye y la sensación de aislamiento.

 P. ¿Y el abuso no hace que la gente se olvide de la calle?

R. La gente que utiliza Internet tiene más amigos, sale más frecuentemente, participa más políticamente, tiene mayores intereses y actividades culturales… Internet expande el mundo.

P. ¿Y qué le ha dado a usted?

R. La capacidad de investigar como nunca hubiera podido. Si sabes dónde buscar, que es la gran condición, y qué buscas, puedes estar siempre al día. Mi hija vive en Ginebra, la hija de mi mujer vive en Siberia, tengo dos nietos en Ginebra, otra nieta está en Los Ángeles, mi mujer y yo viajamos mucho. Y siempre estamos en contacto. No sólo por e-mail, hablamos con Skype, gratis.

P. ¿De qué calidad es esa comunicación que construimos?

R. Es mucho más intensa porque la podemos practicar mucho más intensamente. Lo que no excluye que si mi hija viviera en mi ciudad la vería personalmente, claro. Pero también lo haría por Internet. La comunicación de banda más ancha es, claro, la interpersonal, cara a cara, porque hay comunicación donde no sólo intervienen las palabras. Pero no se trata de oponer una a otra, se trata de añadirlas.

P. Le decían hoy que teníamos que aprender de los norteamericanos. ¿Qué?

R. No creo que tengamos que aprender de los norteamericanos. Las tasas de difusión de Internet en el norte de Europa son más altas que en Estados Unidos. Aunque el mayor paquete de internautas -más de 300 millones- son los chinos. Y la lengua de Internet no es el inglés, las websites en ese idioma son el 28%. Vivimos con Internet, no en Internet. Lo utilizamos para trabajar, para relacionarnos entre nosotros, para leer los periódicos…

P. Su asunto, su libro. ¿Cómo está utilizando el poder Internet? ¿Para qué le sirve?

R. Los Estados le tienen miedo, porque han perdido el control de la comunicación y de la información sobre el que se ha basado el poder a lo largo de la historia. Internet es extremadamente útil para la educación, para los servicios públicos, para la economía. Y no puedes tener un poquito de Internet, tienes que tener Internet en la plenitud de su capacidad autónoma de comunicación. Internet no se puede interferir. Se puede cerrar un servidor. Y se abre otro. El Estado vigila Internet, entra en la privacidad de las personas. Pero eso lo hizo siempre, aunque haga falta una orden judicial, si el Estado quiere nos vigila. Todos los Gobiernos de todo el mundo lo hacen, lo pueden hacer. Lo nuevo es que podemos vigilarlos nosotros a ellos.

P. Dice usted que poder es mucho más que comunicación y comunicación es mucho más que poder. Choque de trenes.

R. Exacto. Internet incide en las relaciones de poder incrementando el poder de los que tenían menos poder. Pero eso no quiere decir que los que siempre tuvieron el poder dejen de tenerlo. Lo tienen, pero menos. E intentan acotar los espacios de libertad. En EE UU, por ejemplo, están buscando crear un Internet no neutral, mayor banda ancha a quien pague más. Otro método es intentar censurar, cerrar servidores. Pero siempre se puede desviar el tráfico por otros circuitos. Y otro método sería introducir legislaciones que sirven para una cosa -pornografía infantil, control de piratería…- pero se pueden usar para otra… Este tipo de legislaciones tienen como objetivo último el control de la Red.

P. ¿Será más difícil la manipulación?

R. En un mundo dominado por la televisión, según cómo, puedes recibir imágenes que casi todas vayan en el sentido de activar ese miedo. En un mundo libre de Internet puedes tener suficientes imágenes de otro sentido para activar tus otros elementos metafóricos de disminuir el miedo y aumentar la confianza. Eso es lo que Obama activó muy hábilmente. Obama no se puede entender sin Internet. No fue sólo por internet, pero sin Internet Obama no hubiera sido elegido. P. Decía que Internet es como la electricidad, no se puede vivir sin ella. Como el aire, pues. ¿El aire barrerá el papel, también? R. Desgraciadamente, no. Desgraciadamente, porque estamos desforestando el planeta.

P. Conversamos para EL PAÍS y para elpais.com. ¿Cuándo se hará sólo para elpais.com?

R. Nunca hago predicciones porque siempre me equivoco. Pero creo que se hará sólo el día en que la edición de papel sea un producto de lujo que sólo se pueden permitir élites, que aprecian un placer que yo comparto, el crujido del papel junto al desayuno. Cuando haya que pagar 10 euros por el periódico, la mayor parte de los lectores van a ser lectores en la web.

P. ¿En qué momento estamos de ese porvenir?

R. En un momento decisivo porque tenemos una crisis económica muy profunda; ni las empresas tienen recursos ni la gente se puede permitir comprar en papel lo que pueden hacer en la web. La idea es, como hizo ya EL PAÍS, cerrar la web y cobrar. En el caso de su periódico, tuvieron que cambiar y hacer otro modelo, basado en la publicidad, los servicios… Estamos en un punto de aceleración hacia el periodismo en web.

P. Usted dice en su libro que somos ángeles y demonios. Y si fuera el abogado del diablo del papel, ¿qué diría que nos perderíamos si desapareciera el papel? R

. La nostalgia, porque a los niños de cinco años no se les va a poder convencer de que ya no existe una cosa que fundamentalmente sirve para garabatear.

http://www.elpais.com/solotexto/articulo.html?xref=20091124elpepisoc_9&type=Tes&anchor=elpepusoc

La prensa y el ‘efecto Martini’

Domingo, 8 Noviembre 2009

AURELIO MEDEL

NEGOCIOS  -  Negocios - 08-11-2009 La industria de la prensa escrita vive asustada con la amenaza de Internet, temor que se ha agigantado con la crisis económica y las frecuentes olas del otro lado del Atlántico que dan parte del cierre de tal o cual periódico que decide abandonar su versión vegetal para quedarse en la digital. Esto lleva a que el sentir casi mayoritario, o el que más ruido hace, apunta a que la prensa de papel lleva el mismo camino que los dinosaurios.Sin embargo, hay otros puntos de vista que recuerdan que ya se ha visto cómo la televisión no mató ni al cine, ni a la radio, ni, por supuesto, al libro. Todos llevan años conviviendo en armonía. Por tanto, ¿podrá vivir durante décadas el periódico en papel con la información en Internet? La corriente que más se nota apunta a que el papel no tiene futuro, pero hay razones de peso para no ser tan pesimistas. Lo esencial es que el ciudadano quiere obtener información, y para satisfacer esa necesidad está avanzando rápido hacia un concepto que acuñó Martini en la publicidad. El consumidor de información quiere saber qué está pasando donde esté y a la hora que esté, y quiere que esa información se la sirva alguien de quien se fía, normalmente un periódico, que es su referencia.

Este mismo debate, papel o Internet, se vivió con crudeza en la banca en los años del cambio de siglo, y aunque la analogía parezca rebuscada, viene al caso. La aplicación de Internet al negocio bancario llevó a que muchos analistas pronosticaran que las sucursales de los bancos iban a desaparecer de manera rápida. Que el click vencería al brick: Internet, lo virtual, ganaría al ladrillo, a lo físico, representado por la oficina bancaria. No eran sólo teorías; estos vaticinios movían el dinero de tal manera que en febrero de 2000 Terra, la famosa filial de Internet de Telefónica, llegó a valer 40.000 millones de euros. Era la tercera empresa española por capitalización bursátil. Los enterradores de la sucursal bancaria aseveraban que el cliente no volvería por su tradicional centro de relación con el banco, pudiendo realizar todas las operaciones a través de Internet, del teléfono y de los cajeros automáticos. Sin embargo, estos agoreros no repararon en una cuestión: que cuando al cliente se le preguntaba por cuándo iba a la oficina, éste respondía: “Voy muy poco, sólo para las cosas importantes”. Esta afirmación llevaba una carga de profundidad enorme, que en aquellos momentos no se quiso atender, y es la que hizo que la sucursal bancaria no sólo no desapareciera, sino que en los siguientes años se siguieran abriendo más oficinas en España o en EE UU, que es el edén de Internet. Los clientes han desplazado a los nuevos canales (cajeros, tarjetas de pago, teléfono e Internet) las operaciones puramente transaccionales, aquellas que las propias entidades financieras prefieren que el cliente las haga directamente, ya que libera tiempo de trabajo al empleado y reduce costes. Sin embargo, las operaciones de valor, las que dejan ingresos, se hacen o se deciden en la sucursal. El cliente ha encontrado una situación ideal. Ha conseguido tener banca Martini, donde esté y a la hora que esté, sin coste adicional. Puede realizar transferencias, conocer sus movimientos, obtener dinero en efectivo en casi cualquier parte del mundo y a cualquier hora. Pero cuando quiera invertir su dinero o concretar un préstamo, irá a la oficina en busca del asesoramiento de ese empleado de su banco, al que seguramente conoce desde hace tiempo y que le da confianza, la palabra clave. El consumidor prefiere a los bancos con amplias redes de sucursales frente a los que operan exclusivamente por Internet/teléfono, aunque paguen más por los depósitos y no tengan colas.

El periódico en papel y la sucursal bancaria tienen muchas similitudes. El ciudadano quiere que su periódico, al que da más credibilidad que a ninguno, sea el mismo que le informa en Internet, y si además tiene una radio y una tele que están en la misma sintonía, mejor. Esto es lo que explica que las páginas web de información más vistas sigan siendo las que nacieron desde un soporte en papel. Las iniciativas informativas en la Red sin versión en papel tienen muchas menos visitas porque los ciudadanos asocian como marcas informativas a las que tienen una matriz en papel, aquellas que ya les cautivaron.

Credibilidad y confianza son las palabras mágicas, casi sinónimos. El lector cree en determinado periódico porque a lo largo de los años se ha ganado su credibilidad. El consumidor bancario deja su dinero en una u otra entidad porque le da más confianza, y ése es un sentimiento que aún no transmiten las máquinas. Los periódicos son el centro de la mayor parte de los grupos de comunicación. Marcan la pauta ideológica que moviliza a los otros soportes (radio, televisión o Internet) de un mismo grupo. Son, por tanto, la zona de mayor valor de esos grupos, la que les diferencia, la que genera la adicción de muchos de sus lectores, oyentes o telespectadores.

El periódico en papel tiene tantos atributos que es muy difícil que desaparezca. Otra cuestión es que deba cambiar, que no tenga sentido dar exactamente el mismo contenido en el periódico en papel que en su versión web y que ésta sea gratis. Tendrán que cobrar, como está planteando abiertamente el mayor empresario de prensa del mundo, Rupert Murdoch, o diferenciar unos contenidos de otros. El periódico en papel va a seguir existiendo. Probablemente venda menos, pero seguirá siendo un producto atractivo para una parte muy relevante de la sociedad, con elevado nivel cultural y alto poder adquisitivo. Será, por tanto, una joya para los anunciantes, y si hay ingresos, hay negocio.

Esto es precisamente lo que sigue sin estar claro en Internet. ¿Cuál es el modelo de negocio? Cada poco tiempo triunfa una magnífica idea en la Red. Facebook o Tuenti son dos casos de enorme éxito en la Red, con millones de usuarios y unos ingresos próximos a cero. Es más, siguen sin saber cómo los van a obtener. Pero siendo esto un problema, lo peor es que quizá estas iniciativas han crecido gracias a que son gratuitas y tienen escasa publicidad, que a muchos usuarios les resulta invasora. Por tanto, si quieren perdurar y crecer, deben buscar un modelo de negocio cuyo fundamento se desconoce. ¿De dónde salen los ingresos? Hoy estamos ante un ciudadano que quiere que el vermut sea Martini, que la banca se la haga su entidad de siempre y con todos los canales posibles, y que la información se la sirva su mismo periódico y en todos los soportes. Quiere que sus marcas le den acceso a lo que él necesite donde esté y a la hora que esté.