Artículos de Febrero 2011

Frente a una realidad compleja, buen periodismo

Domingo, 27 Febrero 2011

Un ciudadano contando desde un blog un acontecimiento de relieve no es un periodista, igual que por el hecho de pillar in fraganti al asesino nadie se convierte en juez, ni cualquiera puede tenerse por policía al retener a un raterillo. Será un testigo excepcional y valiosísimo pero eso no permite atribuirle la categoría de informador en el sentido profesional que cabe asociar al término: el de un mediador que narra, ordena y analiza unos hechos para que el público se conmueva, los tamice con sus valores y los interprete para entender un poco mejor el mundo en el que está viviendo.

El oficio de periodista se enseña en las facultades pero se aprende en las redacciones, ese espacio donde conviven, del día a la noche y de la noche al día, profesionales que trabajan con un material sensible. En las redacciones, la experiencia y el conocimiento de unos ayuda a desarrollar y engrandecer el conocimiento y la experiencia de otros, un imposible en internet o la red social. Hay un dicho arraigado en la cultura de la redacción, heredado por transmisión oral desde hace generaciones, que sentencia: «En caso de duda, haz periodismo». Hacer periodismo es narrar sin parcialidad, con fidelidad, independencia, rigor y amenidad lo que ocurre. Hoy podría remedarse: «En tiempos de dudas, haz buen periodismo».

La jornada de reflexión y debate sobre la sociedad de la información, auspiciada por la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE) y la empresa Telefónica, que se celebró el lunes en LA NUEVA ESPAÑA, lo puso de manifiesto. «Ninguna profesión, por noble que sea, se libra de los idiotismos morales», sostenía Diderot. Igual que los utópicos que atacan al capitalismo sueñan con liquidar a los intermediarios -no confundir con los especuladores-, el idiotismo de la era digital en que nos hallamos inmersos consiste en acabar con el mensajero. Es la ingenua fantasía que extiende una creencia errónea: la de que la red supone la democratización total por sus facilidades para posibilitar la participación, la inmediatez, el acceso sin restricciones y la libertad absoluta.

En su afán por domesticar a las masas conviene al poder que esta ilusión incube. Fomentar el amateurismo, tanto falso periodismo como pulula por la web, atomiza la capacidad de control y la entorpece, lo que hace más cómoda la vida del gobernante. Opacidad consiste tanto en vedar cosas como en camuflarlas en un tsunami de datos. Como señala el filósofo Daniel Innerarity, «la democracia hoy está más empobrecida por los discursos que no dicen nada que por el ocultamiento expreso de información».

La sobreinformación, hábilmente manipulada, es la falacia de internet. Una borrachera de papeles no garantiza que la ciudadanía comprenda lo que pasa ni que brille la transparencia. Tener datos al alcance no basta: se precisa alguien que los sitúe en su contexto, los ensamble, les dé sentido al relacionar hechos presentes y pasados y pondere una valoración crítica. Ese papel corresponde al periodista. Lo conquista cultivando la credibilidad que le otorga su trabajo y su cabecera, algo que jamás asumirá un bloguero solitario. Sin mediación, léase periodismo, el mundo es menos inteligible y más ingobernable. Hace falta separar el grano de la paja, y en esa tarea son inevitables los periodistas.

Sólo los grandes diarios de referencia tienen las competencias necesarias y la capacidad para explorar las toneladas de información que se producen hoy. Lo vemos 30 años después con el golpe de Estado del 23-F, del que estos días LA NUEVA ESPAÑA ofreció numerosos testimonios inéditos, o lo vemos en los estertores del actual régimen asturiano, del que surgen síntomas inquietantes, resultado de administrar la región como una finca particular durante tres legislaturas. Anteponiendo la presunción de inocencia de los acusados, a ninguno de nuestros lectores les sonarán estas historias a chino. Hace tiempo que venimos trasladando las advertencias de funcionarios, juristas, economistas, politólogos y expertos sobre la degeneración que se percibe en algunos ámbitos del Gobierno del Principado: prima la ligereza en el gasto autonómico, el descontrol interesado en las contrataciones y el clientelismo en la política de personal. Anticiparse, orientar bien a su audiencia, es función de la mejor prensa. Justamente la que tanto desagrada a nuestros gobernantes, que prefieren unos medios dóciles controlados con recursos que proceden de los impuestos de los asturianos.

Los amigos del augurio consideran que el impacto del ágora digital en la sociedad superará al de la revolución industrial. Los fatalistas ponen hora, día y año a la muerte del papel. Aventuran pronósticos igual que podían rellenar quinielas. Concíbase internet como un nuevo medio en sí mismo o como un simple canal de distribución no será nada sin el aliento del periodismo.

Nunca todo, desde la revuelta árabe en una aldea norteafricana a las oposiciones a maestros en Asturias, estuvo a la vez tan cerca de todos e interesó a tantos. Son tiempos confusos, pero por ello propicios para el fortalecimiento del periodismo serio y riguroso, ese que ayuda a discernir una realidad poliédrica en la que los periodistas no resultan superfluos sino imprescindibles. La indignación no puede suplantar a la reflexión ni al esfuerzo por entender. Porque creemos en la bendita manía de contar lo que nos ocurre y de tratar de explicarlo, creemos también en el futuro de los periódicos y, sobre todo, en el lector. Es nuestro origen y nuestro destino: contamos a la gente lo que le pasa a la gente. Y tratamos de hacerlo con humildad. En medio de tanto ruido, en los periódicos aún queda sitio para encontrar la verdad. A ello aspira el que tiene en sus manos. En este caso, a buscar la verdad posible entre todos los asturianos de buena voluntad.

Bienvenidos a un mundo sin certezas

Viernes, 18 Febrero 2011

Amistades y parejas efímeras, contratos temporales, comunicación anónima - ¿Es hoy el desorden la fuente de innovación decisiva?

VICENTE VERDÚ

EL PAÍS  -  Sociedad - 18-02-2011 Todas las épocas presumen mucho de ser “tiempos de amores revueltos”. Lo que gusta mucho a las gentes de una humanidad siempre, aún secretamente, romántica. Lo romántico da vida. Y muerte también. Fuertes emociones, en suma.

La física cuántica, la penicilina, la radio, el avión, el subconsciente, la aspirina, la electricidad, el cine o el fox trot, hicieron sentir con la emoción de que el principio del siglo XX coincidía con la danza de otro mundo que anulaba al anterior. Y, por si faltaba poco, el estallido de la Gran Guerra en 1914 significó la cristalización de muchos males ya ahumados al final del siglo XIX. Tanto en la guerra como en sus vísperas nadie dudaba de que la familia, el sexo, la política, la economía, la mujer o la ciencia ensayaban un salto mortal, un salto de muerte cuyos funerales oscilaron después del luto a la bujía, y de la bombilla a la bomba atómica. Los principios del siglo XXI se le parecen relativamente mucho y si todavía no hay una gran guerra ¿quién dice que no la habrá? Años de vértigo. Cultura y cambio en Occidente llamó Philipp Blom a los tres primeros lustros del siglo pasado y no faltaban elementos explosivos para que la población se mareara. De todo aquello (el nuevo poder de la mujer, las vanguardias, el subconsciente, la tolerancia eclesial del vals) no queda prácticamente nada más obsceno que las mafias rusas y la bomba atómica. Pero ahora ni siquiera hablamos de ella. Las explosiones nos han hecho volver la vista desde los ruidos bélicos a las comunicaciones susurradoras, desde la sociedad de clases a la sin clases, desde la inflación galopante al precio cero y desde el precio cero al anonadamiento del valor. El arte es quien mejor lo representa puesto que ya no es que una obra valga mucho o valga poco. No vale sino de acuerdo a una estrategia que habiendo allanado la identidad de lo artístico convoca a todos los leoneses, por ejemplo, a demostrar sus talentos creativos en el MUSAC y a todos los tiburones muertos, calaveras y desechos pestilentes a conquistar precios cifrados en millones de dólares o euros o libras para producir al cabo un mercado tan opaco como circense, tan divertido como aniquilador. La literatura ha resistido mejor el comercio del escándalo pero, definitivamente, hasta las tremendas pilas de bestseller de aeropuerto o supermercado formarán parte de la pira general del papel. Y sin papel ¿qué función, qué representación hacer? Si se trata de política acabamos pronto. Los políticos han recuperado una suerte de corporación gremial que persiste en sus molestias a la manera de las palomas urbanas que sin cesar ensucian paseos y monumentos. No se conoce todavía cuál será la solución ecológica para acabar con la contaminación del enjambre pero la línea de actuación poseerá la misma inspiración que gracias a la Red y el contacto persona a persona ha terminado con millones de intermediarios. El político sin ideología o ideología cosmética hace tiempo que se halla entre nosotros. Sin lastres ideológicos se mueven y se camuflan mejor. Sin lastres ideológicos responden más apropiadamente a las manifestaciones, agitaciones y movimientos sin ideología. Las llamadas hoy “disrupciones” (no rebeliones, no revoluciones) que parten de llamadas desde Facebook o Twitter son traducciones del hacer cara a cara y la práctica del “pío-pío” (to twit) que no necesitan discursos, solo guiños o politonos para llegar al cénit de su rebelión. No es, pues, extraño que hayan sido niños a lo Mark Zuckerberg o como niños, tipo Bill Gates, quienes hayan impuesto los juegos como forma tal de reunir a la humanidad online. Toda la Biblia, con su juicio final incluido, se halla remedada en esta agrupación global de cientos de miles de millones de seres humanos informados al instante del bien o el mal, el Crepúsculo el iPad. Asombrosamente enterados de casi cualquier cosa, se trate del tsunami o la Gran Crisis, el Oscar de Hollywood o el Louis Vuitton de Gorbachov. ¿Abarrotamiento del mundo? La mecánica clásica lo tenía todo bajo control a imagen y semejanza del burgués del siglo XIX, vestido de negro en señal de que no había que buscar un más allá de color. Hoy, sin embargo, de negro solo van los artistas, precisamente equipados para husmear. Los artistas se hallan también en la red y, al anular el color, es más difícil adivinar sus realidades, El mundo de los mercados, de los chats, de los cientos de amigos, de los millones de operaciones comerciales, de las especulaciones letales, etcétera, se encuentran en manos fantasmales que si de una parte son tan poderosas es difícil saber por dónde salen y adónde van a parar. De ahí también la imposibilidad de hacer planes serios sobre una superficie tan movediza. Las amistades se abrevian, los compromisos de pareja no pasan de cuatro o cinco años, los contratos son temporales, las residencias portátiles, las adhesiones infieles. El móvil es la enseña. Numerosos fenómenos que causan todavía asombro proceden de esa tríada (distancia, anonimato, movilidad) que simboliza el móvil. Se habla en voz alta pero el otro se comporta como si no oyera nada en derredor. Nos acompañan como parte del organismo y vivimos una suerte de mutilación social y personal si el móvil se pierde o se olvida. Los padres castigan a los chicos retirándoles el móvil de la misma manera que antes, dulcemente, le retiraban el postre. O mucho más amargo: a la manera medieval de confinarlos en deplorables mazmorras. La comunicación, sea del grado que sea, ha dejado de ser un acto para convertirse en un actor de la cotidianidad. Vivimos en una comunicación tan frecuente como nunca y no es casual que los inventos que mejor caracterizan estos primeros años del siglo XXI sean, por encima de todos, los referidos a las tecnologías de la comunicación. En ocasiones parecería que el mundo se reconstruye a partir de estos nuevos enlaces, nudos, “nubes”, y de ahí que cada vez más factores de la nueva realidad hallen su incubadora en la Red, se trate de negocios como de ocios, de curaciones como de plagas. ¿Quién podría haber concebido a estas alturas un mundo regido más por la anarquía y el desorden que por la organización? Pero el desorden es hoy (en el cuadro, en el cine, en el tráfico, en el amor) fuente de inspiración e innovación más decisiva. Nadie puede vaticinar el porvenir puesto que el futuro tiene a gala poseer elementos que nunca pueden introducirse en el momento de las previsiones. Navegando, danzando, improvisando, vamos supliendo o sorteando la ausencia de referentes y, en consecuencia, tanto en la ética como en la estética, en el sexo como en el terrorismo, todo son impactos, accidentes. Sucesos que se instalan de golpe para combinarse con otros o para hundirse juntos y a la vez. Sin porvenir hay barra libre. El porvenir no existe puesto que se encuentra por venir. Y, ahora, tanto o más que en las vísperas de las guerras mundiales no sabemos adónde vamos a parar. Cuando se creía que la economía había terminado con sus ciclos tras más de un decenio de prosperidad sobreviene la ruina mayor del siglo, mientras se creía que el problema de los injertos había alcanzado la cima llegan las células madres, cuando se suponía que la nueva contienda sería “el shock de las civilizaciones” el Islam reacciona hacia una democracia occidental y los hindúes aspiran a ganar un Oscar. El trabajo, como el matrimonio, como la muerte, se hallaban a unos cientos de metros del portal, en el mismo pueblo o en sus entornos durante los tiempos de la sociedad anterior. Ahora, sin embargo, con los millones de emigrantes, los millones de viajes, los millones de traslaciones a otros puestos de trabajo, es imposible acertar. Incluso la moda que ha tratado de explotar todos los resquicios del cuerpo ha pasado en pocos años del clásico atractivo femenino, al desnudo varonil y desde el desnudo varonil al juego con los gais. O el juego con la muerte (Benetton o Chanel) que diera más filo al corte. En ningún caso, sin embargo, puede mantenerse una prolongada versión. Los grandes vidrios de las fachadas están girando, en nombre de la arquitectura sostenible, a plantas como lechugas que mantienen el frescor natural. Y en Bélgica, hace unos meses, un investigador logró que las palomas, “ratas del aire” que manchan las cornisas, defecaran detergente gracias una bacteria tan insólita como la que sin querer nos sirven en las cocinas de fusión. ¿Cocinas de fusión? ¿World Music? ¿International Art? Junto al infinito archipiélago de grupos, cocineros y artistas emergentes, una oleada que define el “homogéneo” perfil del planeta hace a todos participar en un simulacro de banquete que recuerda a las bodas de Caná. No habrá más caridad de “las mujeres de los niños de Acción Católica” pero nunca el mundo se mostró más solidario y humano a pesar de las estafas y las corrupciones que, como se ve en las actuales agitaciones populares, la gente no parece dispuesta a aceptar más. ¿Estará gestándose un mundo más justo y humano, menos cruel y más amante de la colaboración, la recíproca ayuda, la cooperación? Puede que sí. Y no ya porque los seres humanos hayan mejorado lo suficiente ni milagrosamente, sino porque al cabo no hay mejor recurso para sobrevivir en paz y prosperidad. ¿O es que alguien desearía la guerra? Todos los enfrentamientos, incluidos los de las dos Coreas o los del Barça-Madrid, desprenden un aroma cada vez más lúdico y rancio a la vez. Enfrentarse, pegarse en la calle como en los años cincuenta, ser aficionado al boxeo e incluso a los toros ha tomado una deriva que va del macho a la hembra. De la cultura de la violencia al gesto de la feminidad y hasta la natación sincronizada o el patinaje artístico nos dejan sentados en la butaca. No digamos ya si las ministras o las presidentas, hasta ayer amas de casa, nos comunican medidas tremendas al estilo solemne de los líderes fuertes y seguros de sí. La evolución de las mujeres que todavía hace unos decenios no tenían reconocido el derecho al voto en la misma Francia ha venido a ser la omnipresente sustancia pública que ha decidido el diseño y el empleo, la natalidad y la esperanza de vida, las novelas, los lavabos y el mismo coche eléctrico (tan fino) frente a la brutalidad del motor de explosión. Tanto en la energía como en la economía la mujer ha sido capital. Pero, además, lo seguirá siendo cada vez más a través del liderazgo político o familiar. Porque ¿qué queda ya del antiguo cabeza de familia? ¿Dónde se esconde, en qué se ha travestido, en qué fragmentos podría reconstruirse su improbable regreso? ¿Regreso? Fin absoluto de esa cabeza rectora -ya cómica- y pase gradual del orden piramidal al horizontal aunque a través de gritos. Esta familia hoy en guerra de guerrillas adolescentes, sin jefe bien definido, sin claridad estructural, desarmada de conceptos recuerda o ejemplariza la tan perdida o extraviada institución de la justicia, de la escuela, del parlamento, de los frenopáticos, del arte, de la universidad.

Trabajo sobre Cinema Paradiso

Lunes, 7 Febrero 2011

Colgar  un post sobre la película antes del  Domingo 13 a las 20 horas. Trabajo personal que mezcle texto e imágenes y que puede seguir este guión u otro similar. Puntos de interés:

- Ficha técnica de la película.

- ¿ Por qué la sala de cine se llama Paradiso?

- Que periodo temporal abarca la película: contexto histórico, social…similitudes con España.

- Valoración de los actores.

- Valoración de la banda sonora.

- Generación de “los besos robados”

- El cine como parte de nuestra historia sentimental:  hablar reproduciendo frases de las películas…etc.

- Evolución de la “proyección cinematográfica”. Amenazas sobre el cine.

- Primer amor; similitudes con Ciudadano Kane.

- El cine como “fábrica de sueños”.