«La palabra tiene más fuerza que la imagen»

Bárbara Allende Gil de Biedma (Madrid, 1957) se rebautizó así misma como Ouka Leele con el ánimo de ocultarse y, a la par, mostrar su arte, el mismo que le valió en 2005 el Premio Nacional de Fotografía. Sus instantáneas coloreadas han trascendido fronteras, pero lo cierto es que mantiene con esas pequeñas joyas, y con la fotografía en general, una extraña relación que le hace amar más la palabra que la imagen, la pintura que el negativo. El próximo viernes participa en Gijón en el encuentro Fotoart Mujer 2012 en el que se presentará la obra de Natalia Alonso, Raquel Sánchez y Elena Gimeno. Será a las 19.30 horas en el Centro Municipal de El Coto.

-Viene a Gijón a un foro de fotografía y mujer. ¿Hay una mirada femenina en la fotografía?

-No lo sé. Pero recuerdo meterme en una exposición mía y oír los comentarios de la gente cuando no sabían quién era y pensaban que era un japonés que usaba un ordenador. Nadie creía que fuera una mujer.

-Luego no cree que exista esa mirada femenina…

-Creo que ahora mismo es muy interesante la mirada de la mujer en el arte, porque emplea un lenguaje más nuevo y renovado. Y el artista siempre tiene que estar renovando la mirada. Pero no hago diferencias entre hombres y mujeres, no me gusta. Cuando me llaman para exponer en el mes de marzo, porque se hacen apartados entre hombres y mujeres, siempre digo que no, me niego a hacerlo. No me gusta la discriminación ni positiva ni negativa. A la charla de Gijón he dicho que sí porque lo organiza Esther Maestre y confío mucho en ella. Creo que la mujer tiene que estar presente por sí misma de forma natural, no en apartados.

-¿Eligió su nombre precisamente para huir de esa diferenciación?

-Al principio usaba el nombre para ocultarme en él. Me parecía importante tener un nombre sonoro y rotundo. Es algo que me divierte, como un juego.

-Pero usted tiene un nombre que ya es sonoro y rotundo.

-Eso me decían mis amigos: ‘Estás loca con lo de Ouka Leele, si tienes un nombre precioso’. De todas formas, creo que es la obra la que hace el nombre.

-Al margen de quien haga el arte, supongo que lo que ha cambiado es la consideración de la fotografía como tal.

-Sí. Ahora hay normalidad. Antes la fotografía era la hermana pobre del arte, había esa duda de si era arte o no, ahora ya no existe esa pregunta.

-¿En qué momento está?

-En auge. Ya todo el mundo hace fotos.

-Usted empezó en el arte en plena Movida madrileña. ¿Cómo influye haber si parte de un movimiento tan potente?

-Fue un movimiento de gente con mucha fuerza, muy creativa, muy investigadora… Aquello no era una ‘Operación Triunfo’, una operación de marketing en la que se moldea a las personas, aquello era cada persona buscando dentro de sí misma. Fue un gran conjunto de individualidades.

-¿No ha vuelto a haber una generación así en España?

-Yo no lo veo. Veo gente joven muy interesante, pero no esa fuerza. Estaba el mundo entero interesado en lo que pasaba en España.

-Ese fenómeno se produce en un momento histórico concreto y ahora estamos en otro momento muy especial. Hay quien dice que las crisis impulsan la creatividad. ¿Saldrá algo bueno de aquí?

-Yo creo que sí. Cuando dejamos de estar dormidos en los laureles estos de ‘me van a dar una subvención’, ‘el ministerio me lleva a no sé dónde’, de pronto surgen cosas. La falta de medios y recursos hace crecer la creatividad, buscar otros caminos.

-La cultura es la que más sufre en una crisis como esta.¿Soluciones?

-El Gobierno debería ayudar a que el arte sea más accesible. Es alimento espiritual; imprescindible.

-Cuando se habla de fotografía es imposible no hacerlo de tecnología. Usted se enganchó a la fotografía por la magia del revelado. ¿Qué magia tiene el formato digital?

-Que sin necesidad de apagar la luz tienes todo tu laboratorio en el ordenador.

-¿Cómo se lleva con ella?

-Bien… Bueno, con la fotografía en general tengo una relación amor-odio, porque yo huyo de ella y ella me atrapa todo el rato. Cuando decidí dejarla del todo me dieron el Premio Nacional de Fotografía y resulta que mientras preparaba la exposición que organizaba el Ministerio, como lo digitalizamos todo, aprendí a usar el photoshop… .Y donde esté la mano y el pincelito…

-¿Y qué tal se lleva con la cámara del móvil?

-Muy bien. Yo nunca he sido de llevar cámara al hombro y ahora con el móvil haces fotos todo el rato. Tiene un lenguaje muy especial y es altruista, porque ves algo y lo compartes enseguida. Me encanta.

-¿Puede salir arte de ahí?

-Sí, claro, no puedes ampliar mucho, ¿pero por qué tiene que ser todo tan grande? Si una cosa es bella puede ser pequeñita y maravillosa.

-¿Le motiva tanto como para plantearse una exposición o similar?

-Estoy hablando con editoriales para hacer algo.

-Usted también pinta. ¿Qué tiene de particular hacerlo sobre una foto?

-Pintar una foto me lleva tanto tiempo que es como irreal en esta época de la vida. Parezco una monja cisterciense del siglo XIII iluminando una lámina de un libro. Tardo meses, son como tesoritos. Y siempre tienes debajo la forma de la imagen. El resultado es tan bonito que merece la pena, pero es muy sacrificado. De todas formas, ya le digo que tengo una relación extraña con la fotografía. Creo que tiene mucha más fuerza la palabra que la imagen. Si yo le cuento una historia, eso crea miles de imágenes, mientras que una imagen lo congela todo. Una fotografía es como una goma de borrar; borra los recuerdos. No puedo con ello. En cambio, si has estado dibujando algo mantienes el recuerdo de ese momento.

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