Artículos de C.A.M

Trabajo sobre Grizzly man

Jueves, 22 Septiembre 2011

  

  

- Se deberá colgar el post con el trabajo (texto, imagenes,sonido y multimedia) antes del Domingo 25 de Setiembre  a las 22 horas

El cine es un medio de comunicación, y por tanto es necesario interpretarlo para descubrir qué es lo que nos quieren comunicar. Una película se compone de millones de elementos diferentes que en su conjunto, forman una narración con posibilidades de variados comentarios. Como todo relato, una película utiliza técnicas que hay que conocer, descubrir e interpretar Por eso una película no basta con verla. Hay que analizarla con ojo crítico con el fin de formarnos tanto en la comprensión del cine como contador de historias, como transmisor de valores y portador de arte y de conocimientos.

¿Qué pretendemos?


  • Analizar el cine como arte, técnica y medio de comunicación.
  • Analizar películas para apreciar su narración y lenguaje.
  • Valorar una película desde un punto de vista objetivo.
  • Valorar una película desde la propia opinión del espectador.
  • Interpretar el cine desde la óptica de la historia del siglo XX.
  • Aumentar el deseo por ir al cine.

1. Cómo se analiza una película


Introducción a la película.

Analizar una película es reflexionar sobre sus distintos elementos, partes y personajes por separado, con el fin de encontrar lo que la película puede enseñarnos. Para analizar una película, en primer lugar es necesario verla . Ya hemos realizado esta tarea y hemos explicado algunas características del film, de la época en la que se realizó, de su director, y tambien hemos dado algunas explicaciones sobre el argumento .  Ya habeis realizado una ficha técnica sobre la películaDiferenciar las partes de una película.

Elementos objetivos:

Después de ver la película, es conveniente que reflexiones . Toda película puede analizarse teniendo en cuenta en primer lugar los elementos objetivos. Narración, planos, encuadres, montaje, sonido, color, etc.

Si aprendes a desglosar escenas o secuencias de películas te será más fácil posteriormente llegar a analizar películas completas. También puedes separar todas las secuencias distintas, o de una secuencia diferenciar claramente los planos y cada tipo de ellos.

- Describe los elementos objetivos de la pelicula. Por ejemplo: es una pelicula en color.

- ¿Cual es la estructura del guión?

- Describe los principales personajes.

- Describe la fotografía

- Describe el sonido

- ¿En qué genero incluirías la película? ¿Por qué?

Elementos subjetivos:

. Las películas llevan en su interior multitud de mensajes, que debes saber encontrar e interpretar. Las películas las realizan personas que tienen su forma de ver las cosas, que valoran de manera distinta las situaciones o acontecimientos, y que influyen en el espectador, algunas veces de forma beneficiosa y otras perjudicial. Por eso hay que conocer y analizar estos mensajes, para reaccionar críticamente y tener pensamientos propios.

¿que mensaje principal intenta transmitir esta película?

¿que otros mensajes consideras importantes y por qué?

Valoración de la película.

Pon por escrito tus conclusiones y prepárate para un debate.

El programa es el anuncio

Miércoles, 7 Septiembre 2011

La publicidad se reinventa y pasa a formar parte del guión - Las marcas encuentran en el ‘branded content’ una fórmula eficaz para evitar que el espectador huya durante los ’spots’

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/programa/anuncio/elpepisoc/20110907elpepisoc_1/Tes

Más información, menos conocimiento

Domingo, 31 Julio 2011

MARIO VARGAS LLOSA 31/07/2011

 Nicholas Carr estudió Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurrió a toda su generación, descubrió el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revolución informática de nuestro tiempo, y no sólo dedicó buena parte de su vida a valerse de todos los servicios online y a navegar mañana y tarde por la Red; además, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnologías de la comunicación sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.

Un buen día descubrió que había dejado de ser un buen lector, y, casi casi, un lector. Su concentración se disipaba luego de una o dos páginas de un libro, y, sobre todo si aquello que leía era complejo y demandaba mucha atención y reflexión, surgía en su mente algo así como un recóndito rechazo a continuar con aquel empeño intelectual. Así lo cuenta: “Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo”.

Preocupado, tomó una decisión radical. A finales de 2007, él y su esposa abandonaron sus ultramodernas instalaciones de Boston y se fueron a vivir a una cabaña de las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil y el Internet llegaba tarde, mal y nunca. Allí, a lo largo de dos años, escribió el polémico libro que lo ha hecho famoso. Se titula en inglés The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains y, en español, Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Lo acabo de leer, de un tirón, y he quedado fascinado, asustado y entristecido.

Carr no es un renegado de la informática, no se ha vuelto un ludita contemporáneo que quisiera acabar con todas las computadoras, ni mucho menos. En su libro reconoce la extraordinaria aportación que servicios como el de Google, Twitter, Facebook o Skype prestan a la información y a la comunicación, el tiempo que ahorran, la facilidad con que una inmensa cantidad de seres humanos pueden compartir experiencias, los beneficios que todo esto acarrea a las empresas, a la investigación científica y al desarrollo económico de las naciones.

Pero todo esto tiene un precio y, en última instancia, significará una transformación tan grande en nuestra vida cultural y en la manera de operar del cerebro humano como lo fue el descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutenberg en el siglo XV que generalizó la lectura de libros, hasta entonces confinada en una minoría insignificante de clérigos, intelectuales y aristócratas. El libro de Carr es una reivindicación de las teorías del ahora olvidado Marshall MacLuhan, a quien nadie hizo mucho caso cuando, hace más de medio siglo, aseguró que los medios no son nunca meros vehículos de un contenido, que ejercen una solapada influencia sobre éste, y que, a largo plazo, modifican nuestra manera de pensar y de actuar. MacLuhan se refería sobre todo a la televisión, pero la argumentación del libro de Carr, y los abundantes experimentos y testimonios que cita en su apoyo, indican que semejante tesis alcanza una extraordinaria actualidad relacionada con el mundo del Internet.

Los defensores recalcitrantes del software alegan que se trata de una herramienta y que está al servicio de quien la usa y, desde luego, hay abundantes experimentos que parecen corroborarlo, siempre y cuando estas pruebas se efectúen en el campo de acción en el que los beneficios de aquella tecnología son indiscutibles: ¿quién podría negar que es un avance casi milagroso que, ahora, en pocos segundos, haciendo un pequeño clic con el ratón, un internauta recabe una información que hace pocos años le exigía semanas o meses de consultas en bibliotecas y a especialistas? Pero también hay pruebas concluyentes de que, cuando la memoria de una persona deja de ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a su alcance un ordenador, se entumece y debilita como los músculos que dejan de usarse.

No es verdad que el Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él. No es una metáfora poética decir que la “inteligencia artificial” que está a su servicio, soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en sus esclavos. ¿Para qué mantener fresca y activa la memoria si toda ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado “la mejor y más grande biblioteca del mundo”? ¿Y para qué aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a mí, resucitados por esas diligentes máquinas?

No es extraño, por eso, que algunos fanáticos de la Web, como el profesor Joe O’Shea, filósofo de la Universidad de Florida, afirme: “Sentarse y leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que puedo tener toda la información que quiera con mayor rapidez a través de la Web. Cuando uno se vuelve un cazador experimentado en Internet, los libros son superfluos”. Lo atroz de esta frase no es la afirmación final, sino que el filósofo de marras crea que uno lee libros sólo para “informarse”. Es uno de los estragos que puede causar la adicción frenética a la pantallita. De ahí, la patética confesión de la doctora Katherine Hayles, profesora de Literatura de la Universidad de Duke: “Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros”.

Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer Guerra y Paz o El Quijote. Acostumbrados a picotear información en sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la Red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura. Pero no creo que sea sólo la literatura a la que el Internet vuelve superflua: toda obra de creación gratuita, no subordinada a la utilización pragmática, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura que propicia la Web. Sin duda que ésta almacenará con facilidad a Proust, Homero, Popper y Platón, pero difícilmente sus obras tendrán muchos lectores. ¿Para qué tomarse el trabajo de leerlas si en Google puedo encontrar síntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron en esos farragosos librotes que leían los lectores prehistóricos?

La revolución de la información está lejos de haber concluido. Por el contrario, en este dominio cada día surgen nuevas posibilidades, logros, y lo imposible retrocede velozmente. ¿Debemos alegrarnos? Si el género de cultura que está reemplazando a la antigua nos parece un progreso, sin duda sí. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa aquello que un erudito estudioso de los efectos del Internet en nuestro cerebro y en nuestras costumbres, Van Nimwegen, dedujo luego de uno de sus experimentos: que confiar a los ordenadores la solución de todos los problemas cognitivos reduce “la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimientos”. En otras palabras: cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos.

Tal vez haya exageraciones en el libro de Nicholas Carr, como ocurre siempre con los argumentos que defienden tesis controvertidas. Yo carezco de los conocimientos neurológicos y de informática para juzgar hasta qué punto son confiables las pruebas y experimentos científicos que describe en su libro. Pero éste me da la impresión de ser riguroso y sensato, un llamado de atención que -para qué engañarnos- no será escuchado. Lo que significa, si él tiene razón, que la robotización de una humanidad organizada en función de la “inteligencia artificial” es imparable. A menos, claro, que un cataclismo nuclear, por obra de un accidente o una acción terrorista, nos regrese a las cavernas. Habría que empezar de nuevo, entonces, y a ver si esta segunda vez lo hacemos mejor.

© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011.

CONCURSO EDUCARED

Miércoles, 27 Abril 2011

- los participantes podrán presentar trabajos como un blog realizado en blogger,una web creada con editores on-line, una wiki creada con MediaWiki o Wikispaces, un grupo en una red social, trabajos creados con herramientas como Prezi, Google Earth,… o cualquier otraherramienta o aplicación que permita al docente o al grupo de trabajo realizar su proyecto y alcanzar los objetivos didácticos y formativos establecidos.

- Independientemente de la Modalidad de participación, todos los trabajos tendrán asociada una Memoria Descriptiva.En ella deberá registrar los objetivos planteados para el trabajo, por qué eligieron esa temática, por qué se decidieron por unas u otras herramientas de trabajo, metodología didáctica, cómo han trabajado los alumnos, distribución de tareas, vivencias de los alumnos si es el caso, evaluación y autoevaluación…

- La Memoria Descriptiva supondrá el 50% del peso en la valoración y el trabajo o producto final otro 50%, ya que se pretender evaluar tanto el producto final como el proceso de aprendizaje y de construcción del conocimiento.

- todos los trabajos que se presenten al Premio Internacional Educared deben demostrar que cuentan con actividad durante el periodo de trabajo del Premio. Así, aunque un trabajo haya sido iniciado con anterioridad (por ejemplo, a principio del curso escolar) debe demostrarse, mediante el propio trabajo (con su actualización) o la Memoria Descriptiva, que los participantes han realizado parte de su labor en el periodo de trabajo establecido.

El calendario del Premio está organizado en tres fases:Inscripción Periodo de trabajo Evaluación y Fallo del Jurado (1 de marzo al 2 de mayo, 1 de marzo al 6 de junio , Junio a Septiembre)

1.2. Criterios de evaluación.

A continuación se indican los criterios generales de evaluación de los trabajos presentados en esta Modalidad. La suma de la puntuación de estos criterios supondrá el 50% de la valoración final.

- Adecuación del contenido al currículo escolar. Se valorará que el trabajo esté relacionado con los contenidos curriculares o transversales, y que el desarrollo del trabajo está enmarcado en las actividades habituales del aula.

- Trabajo en equipo. Se valorará la construcción compartida del conocimiento y la diversidad de opiniones, así como la planificación, coordinación y organización de tareas dentro del grupo.

- Inmediatez. Se valorará la oportunidad y frecuencia de la renovación de la información así como la reacción a los sucesos del entorno o hallazgos de información que los autores compartan con los lectores.

- Autoría. Se valorará de manera especial aquellos trabajos en los que la autoría de los contenidos sea propia y original, aunque se haya elaborado en base a otras informaciones. Se penalizarán los errores ortográficos así como que la información haya sido copiada y pegada de otras fuentes, sin citarlas ni apreciarse redacción propia.

- Actitud crítica ante la información. Se valorará el empleo de múltiples fuentes de información (siempre referenciando la procedencia), la síntesis de la información, demostrando una actitud crítica y un posicionamiento objetivo ante los datos obtenidos.

- Aspecto visual y calidad técnica. Se valorará la navegabilidad, organización de los contenidos y estética del trabajo: adecuados elementos de navegación, diseño gráfico, uso de imágenes apropiadas, hipervínculos relacionados y accesibles, inclusión de diversoselementos multimedia, etc.

Frente a una realidad compleja, buen periodismo

Domingo, 27 Febrero 2011

Un ciudadano contando desde un blog un acontecimiento de relieve no es un periodista, igual que por el hecho de pillar in fraganti al asesino nadie se convierte en juez, ni cualquiera puede tenerse por policía al retener a un raterillo. Será un testigo excepcional y valiosísimo pero eso no permite atribuirle la categoría de informador en el sentido profesional que cabe asociar al término: el de un mediador que narra, ordena y analiza unos hechos para que el público se conmueva, los tamice con sus valores y los interprete para entender un poco mejor el mundo en el que está viviendo.

El oficio de periodista se enseña en las facultades pero se aprende en las redacciones, ese espacio donde conviven, del día a la noche y de la noche al día, profesionales que trabajan con un material sensible. En las redacciones, la experiencia y el conocimiento de unos ayuda a desarrollar y engrandecer el conocimiento y la experiencia de otros, un imposible en internet o la red social. Hay un dicho arraigado en la cultura de la redacción, heredado por transmisión oral desde hace generaciones, que sentencia: «En caso de duda, haz periodismo». Hacer periodismo es narrar sin parcialidad, con fidelidad, independencia, rigor y amenidad lo que ocurre. Hoy podría remedarse: «En tiempos de dudas, haz buen periodismo».

La jornada de reflexión y debate sobre la sociedad de la información, auspiciada por la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE) y la empresa Telefónica, que se celebró el lunes en LA NUEVA ESPAÑA, lo puso de manifiesto. «Ninguna profesión, por noble que sea, se libra de los idiotismos morales», sostenía Diderot. Igual que los utópicos que atacan al capitalismo sueñan con liquidar a los intermediarios -no confundir con los especuladores-, el idiotismo de la era digital en que nos hallamos inmersos consiste en acabar con el mensajero. Es la ingenua fantasía que extiende una creencia errónea: la de que la red supone la democratización total por sus facilidades para posibilitar la participación, la inmediatez, el acceso sin restricciones y la libertad absoluta.

En su afán por domesticar a las masas conviene al poder que esta ilusión incube. Fomentar el amateurismo, tanto falso periodismo como pulula por la web, atomiza la capacidad de control y la entorpece, lo que hace más cómoda la vida del gobernante. Opacidad consiste tanto en vedar cosas como en camuflarlas en un tsunami de datos. Como señala el filósofo Daniel Innerarity, «la democracia hoy está más empobrecida por los discursos que no dicen nada que por el ocultamiento expreso de información».

La sobreinformación, hábilmente manipulada, es la falacia de internet. Una borrachera de papeles no garantiza que la ciudadanía comprenda lo que pasa ni que brille la transparencia. Tener datos al alcance no basta: se precisa alguien que los sitúe en su contexto, los ensamble, les dé sentido al relacionar hechos presentes y pasados y pondere una valoración crítica. Ese papel corresponde al periodista. Lo conquista cultivando la credibilidad que le otorga su trabajo y su cabecera, algo que jamás asumirá un bloguero solitario. Sin mediación, léase periodismo, el mundo es menos inteligible y más ingobernable. Hace falta separar el grano de la paja, y en esa tarea son inevitables los periodistas.

Sólo los grandes diarios de referencia tienen las competencias necesarias y la capacidad para explorar las toneladas de información que se producen hoy. Lo vemos 30 años después con el golpe de Estado del 23-F, del que estos días LA NUEVA ESPAÑA ofreció numerosos testimonios inéditos, o lo vemos en los estertores del actual régimen asturiano, del que surgen síntomas inquietantes, resultado de administrar la región como una finca particular durante tres legislaturas. Anteponiendo la presunción de inocencia de los acusados, a ninguno de nuestros lectores les sonarán estas historias a chino. Hace tiempo que venimos trasladando las advertencias de funcionarios, juristas, economistas, politólogos y expertos sobre la degeneración que se percibe en algunos ámbitos del Gobierno del Principado: prima la ligereza en el gasto autonómico, el descontrol interesado en las contrataciones y el clientelismo en la política de personal. Anticiparse, orientar bien a su audiencia, es función de la mejor prensa. Justamente la que tanto desagrada a nuestros gobernantes, que prefieren unos medios dóciles controlados con recursos que proceden de los impuestos de los asturianos.

Los amigos del augurio consideran que el impacto del ágora digital en la sociedad superará al de la revolución industrial. Los fatalistas ponen hora, día y año a la muerte del papel. Aventuran pronósticos igual que podían rellenar quinielas. Concíbase internet como un nuevo medio en sí mismo o como un simple canal de distribución no será nada sin el aliento del periodismo.

Nunca todo, desde la revuelta árabe en una aldea norteafricana a las oposiciones a maestros en Asturias, estuvo a la vez tan cerca de todos e interesó a tantos. Son tiempos confusos, pero por ello propicios para el fortalecimiento del periodismo serio y riguroso, ese que ayuda a discernir una realidad poliédrica en la que los periodistas no resultan superfluos sino imprescindibles. La indignación no puede suplantar a la reflexión ni al esfuerzo por entender. Porque creemos en la bendita manía de contar lo que nos ocurre y de tratar de explicarlo, creemos también en el futuro de los periódicos y, sobre todo, en el lector. Es nuestro origen y nuestro destino: contamos a la gente lo que le pasa a la gente. Y tratamos de hacerlo con humildad. En medio de tanto ruido, en los periódicos aún queda sitio para encontrar la verdad. A ello aspira el que tiene en sus manos. En este caso, a buscar la verdad posible entre todos los asturianos de buena voluntad.

Bienvenidos a un mundo sin certezas

Viernes, 18 Febrero 2011

Amistades y parejas efímeras, contratos temporales, comunicación anónima - ¿Es hoy el desorden la fuente de innovación decisiva?

VICENTE VERDÚ

EL PAÍS  -  Sociedad - 18-02-2011 Todas las épocas presumen mucho de ser “tiempos de amores revueltos”. Lo que gusta mucho a las gentes de una humanidad siempre, aún secretamente, romántica. Lo romántico da vida. Y muerte también. Fuertes emociones, en suma.

La física cuántica, la penicilina, la radio, el avión, el subconsciente, la aspirina, la electricidad, el cine o el fox trot, hicieron sentir con la emoción de que el principio del siglo XX coincidía con la danza de otro mundo que anulaba al anterior. Y, por si faltaba poco, el estallido de la Gran Guerra en 1914 significó la cristalización de muchos males ya ahumados al final del siglo XIX. Tanto en la guerra como en sus vísperas nadie dudaba de que la familia, el sexo, la política, la economía, la mujer o la ciencia ensayaban un salto mortal, un salto de muerte cuyos funerales oscilaron después del luto a la bujía, y de la bombilla a la bomba atómica. Los principios del siglo XXI se le parecen relativamente mucho y si todavía no hay una gran guerra ¿quién dice que no la habrá? Años de vértigo. Cultura y cambio en Occidente llamó Philipp Blom a los tres primeros lustros del siglo pasado y no faltaban elementos explosivos para que la población se mareara. De todo aquello (el nuevo poder de la mujer, las vanguardias, el subconsciente, la tolerancia eclesial del vals) no queda prácticamente nada más obsceno que las mafias rusas y la bomba atómica. Pero ahora ni siquiera hablamos de ella. Las explosiones nos han hecho volver la vista desde los ruidos bélicos a las comunicaciones susurradoras, desde la sociedad de clases a la sin clases, desde la inflación galopante al precio cero y desde el precio cero al anonadamiento del valor. El arte es quien mejor lo representa puesto que ya no es que una obra valga mucho o valga poco. No vale sino de acuerdo a una estrategia que habiendo allanado la identidad de lo artístico convoca a todos los leoneses, por ejemplo, a demostrar sus talentos creativos en el MUSAC y a todos los tiburones muertos, calaveras y desechos pestilentes a conquistar precios cifrados en millones de dólares o euros o libras para producir al cabo un mercado tan opaco como circense, tan divertido como aniquilador. La literatura ha resistido mejor el comercio del escándalo pero, definitivamente, hasta las tremendas pilas de bestseller de aeropuerto o supermercado formarán parte de la pira general del papel. Y sin papel ¿qué función, qué representación hacer? Si se trata de política acabamos pronto. Los políticos han recuperado una suerte de corporación gremial que persiste en sus molestias a la manera de las palomas urbanas que sin cesar ensucian paseos y monumentos. No se conoce todavía cuál será la solución ecológica para acabar con la contaminación del enjambre pero la línea de actuación poseerá la misma inspiración que gracias a la Red y el contacto persona a persona ha terminado con millones de intermediarios. El político sin ideología o ideología cosmética hace tiempo que se halla entre nosotros. Sin lastres ideológicos se mueven y se camuflan mejor. Sin lastres ideológicos responden más apropiadamente a las manifestaciones, agitaciones y movimientos sin ideología. Las llamadas hoy “disrupciones” (no rebeliones, no revoluciones) que parten de llamadas desde Facebook o Twitter son traducciones del hacer cara a cara y la práctica del “pío-pío” (to twit) que no necesitan discursos, solo guiños o politonos para llegar al cénit de su rebelión. No es, pues, extraño que hayan sido niños a lo Mark Zuckerberg o como niños, tipo Bill Gates, quienes hayan impuesto los juegos como forma tal de reunir a la humanidad online. Toda la Biblia, con su juicio final incluido, se halla remedada en esta agrupación global de cientos de miles de millones de seres humanos informados al instante del bien o el mal, el Crepúsculo el iPad. Asombrosamente enterados de casi cualquier cosa, se trate del tsunami o la Gran Crisis, el Oscar de Hollywood o el Louis Vuitton de Gorbachov. ¿Abarrotamiento del mundo? La mecánica clásica lo tenía todo bajo control a imagen y semejanza del burgués del siglo XIX, vestido de negro en señal de que no había que buscar un más allá de color. Hoy, sin embargo, de negro solo van los artistas, precisamente equipados para husmear. Los artistas se hallan también en la red y, al anular el color, es más difícil adivinar sus realidades, El mundo de los mercados, de los chats, de los cientos de amigos, de los millones de operaciones comerciales, de las especulaciones letales, etcétera, se encuentran en manos fantasmales que si de una parte son tan poderosas es difícil saber por dónde salen y adónde van a parar. De ahí también la imposibilidad de hacer planes serios sobre una superficie tan movediza. Las amistades se abrevian, los compromisos de pareja no pasan de cuatro o cinco años, los contratos son temporales, las residencias portátiles, las adhesiones infieles. El móvil es la enseña. Numerosos fenómenos que causan todavía asombro proceden de esa tríada (distancia, anonimato, movilidad) que simboliza el móvil. Se habla en voz alta pero el otro se comporta como si no oyera nada en derredor. Nos acompañan como parte del organismo y vivimos una suerte de mutilación social y personal si el móvil se pierde o se olvida. Los padres castigan a los chicos retirándoles el móvil de la misma manera que antes, dulcemente, le retiraban el postre. O mucho más amargo: a la manera medieval de confinarlos en deplorables mazmorras. La comunicación, sea del grado que sea, ha dejado de ser un acto para convertirse en un actor de la cotidianidad. Vivimos en una comunicación tan frecuente como nunca y no es casual que los inventos que mejor caracterizan estos primeros años del siglo XXI sean, por encima de todos, los referidos a las tecnologías de la comunicación. En ocasiones parecería que el mundo se reconstruye a partir de estos nuevos enlaces, nudos, “nubes”, y de ahí que cada vez más factores de la nueva realidad hallen su incubadora en la Red, se trate de negocios como de ocios, de curaciones como de plagas. ¿Quién podría haber concebido a estas alturas un mundo regido más por la anarquía y el desorden que por la organización? Pero el desorden es hoy (en el cuadro, en el cine, en el tráfico, en el amor) fuente de inspiración e innovación más decisiva. Nadie puede vaticinar el porvenir puesto que el futuro tiene a gala poseer elementos que nunca pueden introducirse en el momento de las previsiones. Navegando, danzando, improvisando, vamos supliendo o sorteando la ausencia de referentes y, en consecuencia, tanto en la ética como en la estética, en el sexo como en el terrorismo, todo son impactos, accidentes. Sucesos que se instalan de golpe para combinarse con otros o para hundirse juntos y a la vez. Sin porvenir hay barra libre. El porvenir no existe puesto que se encuentra por venir. Y, ahora, tanto o más que en las vísperas de las guerras mundiales no sabemos adónde vamos a parar. Cuando se creía que la economía había terminado con sus ciclos tras más de un decenio de prosperidad sobreviene la ruina mayor del siglo, mientras se creía que el problema de los injertos había alcanzado la cima llegan las células madres, cuando se suponía que la nueva contienda sería “el shock de las civilizaciones” el Islam reacciona hacia una democracia occidental y los hindúes aspiran a ganar un Oscar. El trabajo, como el matrimonio, como la muerte, se hallaban a unos cientos de metros del portal, en el mismo pueblo o en sus entornos durante los tiempos de la sociedad anterior. Ahora, sin embargo, con los millones de emigrantes, los millones de viajes, los millones de traslaciones a otros puestos de trabajo, es imposible acertar. Incluso la moda que ha tratado de explotar todos los resquicios del cuerpo ha pasado en pocos años del clásico atractivo femenino, al desnudo varonil y desde el desnudo varonil al juego con los gais. O el juego con la muerte (Benetton o Chanel) que diera más filo al corte. En ningún caso, sin embargo, puede mantenerse una prolongada versión. Los grandes vidrios de las fachadas están girando, en nombre de la arquitectura sostenible, a plantas como lechugas que mantienen el frescor natural. Y en Bélgica, hace unos meses, un investigador logró que las palomas, “ratas del aire” que manchan las cornisas, defecaran detergente gracias una bacteria tan insólita como la que sin querer nos sirven en las cocinas de fusión. ¿Cocinas de fusión? ¿World Music? ¿International Art? Junto al infinito archipiélago de grupos, cocineros y artistas emergentes, una oleada que define el “homogéneo” perfil del planeta hace a todos participar en un simulacro de banquete que recuerda a las bodas de Caná. No habrá más caridad de “las mujeres de los niños de Acción Católica” pero nunca el mundo se mostró más solidario y humano a pesar de las estafas y las corrupciones que, como se ve en las actuales agitaciones populares, la gente no parece dispuesta a aceptar más. ¿Estará gestándose un mundo más justo y humano, menos cruel y más amante de la colaboración, la recíproca ayuda, la cooperación? Puede que sí. Y no ya porque los seres humanos hayan mejorado lo suficiente ni milagrosamente, sino porque al cabo no hay mejor recurso para sobrevivir en paz y prosperidad. ¿O es que alguien desearía la guerra? Todos los enfrentamientos, incluidos los de las dos Coreas o los del Barça-Madrid, desprenden un aroma cada vez más lúdico y rancio a la vez. Enfrentarse, pegarse en la calle como en los años cincuenta, ser aficionado al boxeo e incluso a los toros ha tomado una deriva que va del macho a la hembra. De la cultura de la violencia al gesto de la feminidad y hasta la natación sincronizada o el patinaje artístico nos dejan sentados en la butaca. No digamos ya si las ministras o las presidentas, hasta ayer amas de casa, nos comunican medidas tremendas al estilo solemne de los líderes fuertes y seguros de sí. La evolución de las mujeres que todavía hace unos decenios no tenían reconocido el derecho al voto en la misma Francia ha venido a ser la omnipresente sustancia pública que ha decidido el diseño y el empleo, la natalidad y la esperanza de vida, las novelas, los lavabos y el mismo coche eléctrico (tan fino) frente a la brutalidad del motor de explosión. Tanto en la energía como en la economía la mujer ha sido capital. Pero, además, lo seguirá siendo cada vez más a través del liderazgo político o familiar. Porque ¿qué queda ya del antiguo cabeza de familia? ¿Dónde se esconde, en qué se ha travestido, en qué fragmentos podría reconstruirse su improbable regreso? ¿Regreso? Fin absoluto de esa cabeza rectora -ya cómica- y pase gradual del orden piramidal al horizontal aunque a través de gritos. Esta familia hoy en guerra de guerrillas adolescentes, sin jefe bien definido, sin claridad estructural, desarmada de conceptos recuerda o ejemplariza la tan perdida o extraviada institución de la justicia, de la escuela, del parlamento, de los frenopáticos, del arte, de la universidad.

La manipulación publicitaria

Martes, 18 Enero 2011

Este trabajo debe ser colgado antes del Domingo 23 a las 20 horas

1.- La sociedad de consumo y la publicidad.

a.- La sociedad de la información (post 1)

- Enumera nuevos medios de comunicación desarrollados en las últimas decadas. ¿Cuales están sufriendo una transformación mas rápida?

- Recoge anuncios e informaciones relacionados con los nuevos medios de registro, procesamiento y transmisión de la información.

b.- Los medios de comunicación de masas. (post 2)

- . Cuales son?. Características mas importantes.

- Atendiendo as las posibilidades que tenemos de convertirnos en emisores de mensajes masivos, ¿ crees que la libertad de expresión, reconocida como un derecho democrático, es igual para todos? ¿Qué consecuencias se derivan de ello? Pon ejemplos.

- Reflexiona sobre el problema de la retroalimentación ¿Qué supone para los receptores-la audiencia- su ausencia o su dificultosa presencia como emisores de información. Pon ejemplos.

Elabora una historias audiovisual a partir dekl siguiente esquema

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Lectura de imágenes: objetiva y subjetiva.

Lunes, 10 Enero 2011

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 Comentar la imagen siguiendo el esquema. Colgar el post para el Domingo16 antes de las 20 horas

A.- La lectura objetiva. Elementos formales de la imagen

1.- Aspectos globales

               -  Tamaño y formato

               - Nivel de iconicidad.

               - Simplicidad/conmplejidad.

               - Objetos,personas y acontecimientos.

2.- Los signos básicos de la imagen.

               - Puntos, líneas y formas.

                - La textura

               - La luz

                                     * Clases de luz y estilos de comunicación.

                                     * Direcciones.

               - El color.

               - El encuadre.

                                       *La escala.

                                       * La angulación.

                                       * La óptica

               - La composición

                                       * Tipos de composición

                                       * Centros de interés y pesos visuales

                                       * Direcciones visuales

  3.- El tiempo

  4.- Texto y grafismos.

B.- La lectura subjetiva. El impacto sobre el espectador.

           1.- Percepción global de la imagen

           2.- Estereotipos sociales  a los que responde la imagen

           3.- Reacciones vivenciales que se pretenden provocar en el espectador.

           4.- El contexto comunicativo

C.-  La finalidad de la imagen y su valoración global.

          1.- Finalidad de la imagen y medios expresivos utilizados.

          2.- Conclusión : valoración del fenómeno comunicativo.

THE DIGITAL STORY OF THE NATIVITY

Lunes, 20 Diciembre 2010

THE DIGITAL STORY OF THE NATIVITY

Matar la heroína disparándose a sí misma

Jueves, 16 Diciembre 2010

Cristina Núñez publica un libro de más de 20 años de autorretratos que le salvaron del pozo de las drogas. Ahora, enseña esa ‘terapia’ en cárceles y centros de desintoxicación

Cristina Núñez era una niña bien y fue adolescente en los ochenta. Es la quinta de seis hermanas y tenía la rebeldía metida dentro. Fue modelo durante varios años en su juventud. Más tarde estudió teatro con John Strasberg en varios seminarios en París en 1986. Otros dos años cursó literatura Inglesa en la Universidad de Cambridge. Pero sobre todo, como muchos jóvenes acomodados de la España de los ochenta escuchó el canto de sirenas de la heroína.

La fotografía ha sido su redención. El autorretrato consiguió curarla y hacer de ella finalmente una artista. Ahora acaba de publicar un libro, Someone to love en el que cuenta sus experiencias y muestra más de 20 años de fotografías. Ella encontró su propio método para enfrentarse a los demonios y lo comparte en cárceles y centros de desintoxicación. Esta es su desgarradora historia llena de esperanza.

1.- La heroína. “Veréis cómo voy a hacer algo importante”.

No recuerdo exactamente la primera vez que me pinché. Sí, en general, las primeras veces. Era maravilloso. Una paz total y absoluta. Se me quitaba todo el dolor, físico y emocional. Era como estar rodeada de algodón. Como en un limbo, protegida por un calor estupendo dentro y fuera. No me importaba nada. No existía ninguna preocupación. Ningún problema. No necesitaba nada. Ni comer, ni beber… Nada. Esa sensación parece que vaya a durar para siempre. Querrías que durara para siempre. Entonces tenía un dolor existencial muy fuerte. Tenía muchísima rabia hacia todo el mundo. Sobre todo, hacia mí misma. Era muy nerviosa y sufría mucho de baja autoestima. Ese limbo me iba de maravilla.

Tenía 15 años y ya sabía que quería vivir esa experiencia. Quería probar lo peor. Conocer mundos opuestos al ambiente burgués en el que me crié. Llegar hasta el fondo de las cosas. Mi novio ya había probado la heroína cuando me la ofreció en Ibiza. Era de clase obrera, guapísimo e increíblemente rabioso hacia el mundo, como yo. Quizás todo significaba una manera de conocer mis propios límites, de ver hasta dónde podía llegar. Hoy sé muy bien que también era un proceso de autoconocimiento.

Pero la razón más importante era llamar la atención de mis padres y de mis hermanas. Recuerdo perfectamente mi pensamiento cuando empecé a pincharme: ‘Veréis cómo yo también voy a hacer algo importante’. Quería hacer mucho ruido. Mis hermanas eran creativas, guapas, revolucionarias y fuertes. Yo me había sentido siempre como la niña invisible y quería ser como ellas. Después de la separación de mis padres, todo empeoró. Me sentí aún más invisible. Menos vista. Inferior.

2.- La adicción. “Cuanto más consumía, peor era el síndrome”

Los primeros meses era todo muy divertido. Mi novio y yo gozábamos de la adrenalina que te proporciona saber que estás haciendo algo peligroso. Éramos Bonnie y Clyde. Entonces todavía podíamos trabajar en bares de noche. Conseguíamos ser organizados y portarnos bien mientras nos íbamos gastando todo lo que ganábamos en caballo. Fuimos aumentando las dosis y la cantidad poco a poco para evitar las consecuencias desagradables del mono. Naturalmente, cuanto más consumíamos, peor era el síndrome.

Me di cuenta de que era adicta en el primer mono fuerte. Te vuelves puro nervio, no te puedes estar quieto, sientes como una especie de vibración nerviosa en todo el cuerpo. Sudor frío, mucho frío. No te interesa nada más que conseguir una dosis. Harías lo que fuera. No te importa nada ni nadie. Estás desesperado y no sabes cuanto tiempo va a durar. Crees que no vas a soportar un momento más en esa situación horrible.

No pedí ayuda hasta el final, después de 4 años de heroína, cuando habíamos llegado hasta el fondo. Mi padre me mandó un ultimátum: no quería volver a verme si no dejaba de picarme. Entonces comprendí que no quería cortar con mi familia. No quería perderles. Intenté dejarlo varias veces, con mi novio, pero no lo conseguía. Al cabo de un año supe que tenía que dejarle y pedir ayuda a mi familia. Ellos me ayudaron a entrar en un centro de rehabilitación.

3.- La terapia. “Lo primero que hice fue dispararme una foto mirándome al espejo”

Después de un año y medio en El Patriarca, en España, Francia y Bélgica, volví a Barcelona, empecé una psicoterapia y acabé mis estudios, que había interrumpido. Al cabo de dos años conocí a un fotógrafo italiano. Nos enamoramos y me marché a Milán con él. Allí he pasado los últimos 24 años de mi vida. Le veía utilizar la cámara como un instrumento de conocimiento profundo. Su pasión era contagiosa. Cogí la cámara y lo primero que hice fue dispararme una foto mirándome al espejo. Y seguí fotografiándome siempre, intuitivamente, sin saber realmente lo que estaba haciendo.

Lo descubrí yo misma. Al principio creía que era cuestión de vanidad. Pero poco a poco se transformó en otra cosa. Aquellas fotografías me hacían sentir muy bien, como en paz conmigo misma, orgullosa de ser quien soy. Al cabo de unos años comencé a fotografiar a los demás y a ganar premios, a publicar libros. Me había convertido en una artista.

Sin embargo, mi malestar interior y profundo continuaba. Me resultaba muy difícil relacionarme con los demás y mi autoestima todavía era casi inexistente. Sólo mi trabajo y mis autorretratos me hacían sentir bien. Necesitaba fotografiarme a menudo. Especialmente en las peores crisis: cuando me separé de mi marido, cuando se murió mi padre o cuando fracasó mi agencia de fotógrafos. En 2004 mi hija, que entonces tenía 3 años, me pidió la cámara para sacarse un autorretrato. Hizo una serie maravillosa. Entonces supe que tenía un método muy potente y que podía ser muy útil también para los demás. De esta manera empecé a enseñar autorretrato en 2005 y poco a poco el método ha ido perfeccionándose, con mi experiencia con más de 1.000 personas diferentes, de todas las edades.

4.- El proceso. “Esta es mi misión: convertir el dolor de las personas en arte”

El proceso cambia según el estado de ánimo o según la fase del proyecto artístico. He ido probándolo todo. Al principio, cualquier ocasión de mi vida era buena para sacar un autorretrato. Me gustaban las situaciones y la luz naturales, que contaban mi vida tal y como era. Ahora, ya me interesa menos esto. Los autorretratos más recientes son más cuidados, en estudio, por varias razones. Ahora me dedico a estudiar las emociones difíciles como la rabia, la desesperación y el terror, y no quiero distracciones. Quiero descontextualizar la emoción, el dolor, para convertirlo, puro, en arte. El estudio se vuelve un lugar muy especial, fuera de la cotidianidad, donde se puede expresar todo. Es el lugar donde se desencadena el proceso creativo. Me he recreado aquel limbo en el que me dejaba un chute, pero esta vez es muy positivo. La luz del flash sorprende y saca una imagen donde nos reconocemos menos que con la luz natural. Y esto es importante, para explorar todos los aspectos de nuestra identidad que hasta ahora no conocíamos. Hay que tener en cuenta que estas imágenes (y ninguna otra imagen) no nos definen, no nos encasillan. Simplemente muestran lo que tiene que salir. Si salen monstruos, mejor, porque han salido.

El proceso que estoy utilizando en los últimos 3 años, en los autorretratos compartidos que más de 1000 personas han realizado conmigo en mi estudio, es el mismo. Bueno, existen muchos ejercicios de autorretrato, pero el ejercicio más importante es el de la expresión de emociones difíciles o sea, el convertir el dolor en arte. Esta es mi misión, convertir el dolor de la gente en obras de arte, para que se saquen ese peso de encima, para que compartiéndolo con los demás adquiera un papel social. Cuando lo que más te duele se vuelve una obra en la que los demás pueden reflejarse, ese dolor pierde importancia en tu vida, con lo cual, puedes pasar a otra cosa, lo superas.

5.- El método. “Escoge una emoción entre la rabia, la desesperación y el terror”

La persona entra en mi estudio. Yo le aconsejo que se desnude, si quiere, para dejar que el cuerpo también exprese la emoción, porque es mucho más liberador. Hacer algo que te vuelve más vulnerable, te convierte en más poderoso. Creo que hay que crear imágenes de cuerpos que expresan emociones, para contrarrestar las montañas de imágenes de cuerpos vacíos de humanidad. Coloco la persona, hago el encuadre, controlo la luz y le doy las siguientes instrucciones, antes de dejarla sola a sacarse fotos con el disparador. Les digo: “Hazte fotos en todo el proceso que ahora te voy a explicar. Escoge una emoción entre la rabia, la desesperación y el terror. Actúa la emoción, pero no para la cámara, sino para ti mismo, para sentir cuando se vuelve real. No mires a la cámara, escucha en todo momento cómo te sientes. Cuando notes que la emoción se ha vuelto real, intenta vaciarte completamente con un grito silencioso (porque el sonido le resta energía a la foto), con el cuerpo en la máxima tensión, empujando con la barriga para sacar hasta la última gota de aire emocional. Entonces estarás hecho polvo.

Así pasarás a la segunda fase: la escucha. ¿Qué emociones quedan ahora, después de todo esto? ¿Qué pensamientos te pasan por la mente? ¿Qué sensaciones físicas sientes en el cuerpo? Escucha tu respiración, visualiza el aire entrando y saliendo de tus pulmones.” Cuando la persona acaba ?después de unos 10 minutos? le muestro a la persona en el ordenador las imágenes que ha realizado. Al principio no nos gustamos nada. A veces, la persona incluso se asusta, porque no se reconoce, nunca se ha visto así. Ve otro dentro de sí y mientras lo mira se va de nuevo apropiando de él. En 5 minutos esa imagen ya no da miedo, incluso llega a gustar, porque yo le ayudo a ver la fuerza, la maravillosa humanidad, el aspecto épico, heroico del personaje que sale en estas fotos…

La sensación que te da el proceso creativo es maravillosa: no tienes ninguna preocupación, sabes que estás en tu camino, y gozas de él totalmente. Estás muy concentrado, en tensión creativa, pero sereno. Todo fluye, vas sintiendo lo que va pasando fuera de ti como si pasara también dentro, como si fueses parte integrante del mundo externo. No siempre consigo crear obras magníficas, naturalmente, pero siempre puedo gozar del proceso creativo. Últimamente me fotografío poco. A veces, aunque esté algo triste o enfadada, no me fotografío, porque no quiero depender de nada. Quiero vivir la vida intensamente, con todo lo que me puede traer, y encontrar el sentido positivo de cada cosa que me pasa.

6.- El trabajo. “Las cárceles están llenas de toxicómanos”

Yo quiero trabajar en todas partes. He trabajado en un centro para enfermos de Sida, y eran todos toxicómanos. Las cárceles están llenas de toxicómanos… Estoy proponiendo mi método a varios centros de desintoxicación, así que ya llegará. También lo hago en empresas: es un instrumento muy eficaz para el entrenamiento del líder, porque se trabaja sobre la propia imagen privada, interna, y cuando se comparte con el propio equipo se trabaja sobre la propia imagen pública. Los líderes están muy expuestos, su imagen pública es muy delicada e importante, por lo cual benefician muchísimo de este método.

Some one to love está disponible online: The private space Barcelona. La edición en castellano se eiditará hacia febrero o marzo.