Artículos de Televisión

EL SHOW DE TRUMAN

Martes, 13 Mayo 2014

ACTIVIDADES

1º.Cuelga el cartel de la película ¿Qué te sugiere el cartel o la carátula de la película? ¿Podrías comentarlo?¿Qué te sugiere el Título de la película? Comenta las siguientes imágenes:

The Truman Show regresa como serie de TV

 

seriecarrey

2º.- ¿Ves alguna relación  entre la situación de Truman, Matrix y el Mito de la Caverna de Platón?.¿Cuando se empieza liberar Truman? ¿Qué papel juega la duda?

3º.- “Las cosas solo duran mientras existen en televisión”. Comenta esta frase en relación a la actitud de los espectadores del show al final de la película?

4º.- La película es una alegoría de un tipo determinado de sociedad. Analiza las principales características.

5º. En la película se establece un conflicto entre dos derechos ¿Qué crees que es más importante, el derecho a la información o el derecho a la intimidad?. Comenta alguna escena referida con dicho conflicto. ¿Se deben publicar los mails de Urdangarín?

6º• Los medios de comunicación en nuestra sociedad actual: ¿Actúan con total sinceridad o también ocultan y mienten sobre las informaciones que nos transmiten? Comentan alguna escena de la película en donde la información sea manipulada y cómo se manipula.

7º.- Una de las principales fuentes de financiación del Show de Truman (comenta alguna escena al respecto) es la publicidad encubierta, ¿en nuestra televisión actual existe publicidad encubierta como en la película?

8º • ¿Cómo consideras la actitud de Christof a lo largo de la película? ¿Crees que tiene justificación? Responde a partir del comentario de sus palabras:

«Soy el creador del programa de televisión que llena de ilusión a miles de personas. Eres el protagonista. Ahí fuera no hay más verdad que el mundo que he creado para ti, las mismas mentiras, (…) pero en mi mundo no tienes nada que temer. Te conozco mejor que tu mismo, tienes miedo por eso no puedes marcharte (…)».

9º• ¿Crees que Truman, en algún momento de la película, tiene miedo a afrontar su situación? ¿Qué papel juega el miedo en la vida del protagonista. Comenta algunas escenas al respecto. Justifica la respuesta.

10º.-¿Qué opinas de la utilización de Truman como protagonista involuntario de la historia? ¿Tú verías una serie de televisión de esas características? ¿Hay algún programa parecido en nuestras televisiones?¿Consideras que los espectadores del programa tienen algo de culpa en lo que le sucede a Truman?

11º.-Analiza:

a. ¿Qué programas de televisión existen en la actualidad con una temática similar al argumento de la película?

b. ¿Qué valores y estereotipos transmiten?

c. ¿Crees que atentan contra la intimidad de las personas?

d. ¿Puede justificarse la emisión de cualquier contenido en TV si se avala con un elevado índice de  audiencia?

12º• Existen algunos elementos simbólicos en la película. ¿Qué significado tiene el mar en la película? ¿y la figura de Christof como padre creador? Interpreta la siguiente secuencia: “Cuando Truman reúne la suficiente ambición como para hacer frente al padre y huir de la isla, éste le manda una tormenta de agua cual castigo bíblico. Cuando todos creemos que Truman ha muerto a bordo de la embarcación, éste resucita de repente y milagrosamente para seguir su camino. Al llegar al final, Truman camina sobre las aguas…”

13º.• Comenta la siguiente frase: “De todos los elementos presentes en nuestra realidad, la televisión es el que más influye sobre el ser humano. El poder hipnótico de sus imágenes tiene tal poder de convicción que se hace muy difícil resistirse a sus encantos… Hoy en día los grandes héroes ya no vienen de la mitología o la leyenda popular: salen directamente del aparato de televisión para instalarse definitivamente en nuestros hogares”.

14º.- • Comenta la siguiente frase que pronunció Peter Finch en la película Network (al final de la misma): “La televisión no es la realidad. La televisión es un parque de atracciones. Es un circo, un carnaval, una cohorte de acróbatas, cuentistas, bailarines, cantantes, monstruos, domadores y jugadores de futbol. Este es el negocio del entretenimiento y si busca la verdad diríjase a Dios, a su gurú o a usted mismo, porque ese será el único lugar donde va a encontrarla”

15º.-. Analiza y comenta el siguiente texto:

“Vivimos rodeados de modelos por todas partes. A través de la publicidad, del cine, de la televisión se nos presentan maneras de comportarnos, de hablar, de vestir, ligadas a ideas de felicidad, desarrollo personal, éxito, triunfo… jóvenes y adultos miramos y observamos una y otra vez estos modelos y muchas veces intentamos asemejarnos a ellos”

(Corominas, A., Modelos y medios de comunicación de masas,

16º.-Comenta el diálogo final de la película

Cuando Truman choca con su velero en el decorado, encuentra la puerta del set de televisión y va a salir, se produce este dialogo entre Truman y el director, que le habla desde el cielo.:

Director: Truman…

Truman: ¿Quién eres?

Director: El creador de un programa de TV. que da esperanza, dicha e inspiración a millones de personas.

Truman: (por un instante se queda pensativo) ¿Quién soy yo?

Director: La estrella.

Truman: ¿Nada de esto fue real? (se da la vuelta como para salir)

Director: Escúchame, Truman, ya no hay más verdad ahí que el mundo que yo cree para ti. Las mismas mentiras, el mismo engaño pero en un mundo donde no tienes nada que temer. Te conozco más de lo que tu te conoces a ti mismo…

Truman: ¡Nunca pusiste una cámara dentro de mi cabeza!

Director: Tienes miedo por eso no puedes irte. Esta bien. Comprendo. Te he observado toda tu vida, cuando naciste, cuando diste tu primer paso, tu primer día de escuela, cuando perdiste tu primer diente; no puedes irte, tú perteneces aquí.

(Truman permanece en silencio y de espaldas mirando hacia la salida)

Director: ¡Háblame, di algo, estás en TV., todo el mundo te ve en vivo y en directo!

Truman: ( pasan unos segundos, se da vuelta sonriente, hace una genuflexión) En caso de que no los vea: ¡Buenos Días, Buenas Tardes, y Buenas Noches! (ese era su usual saludo de todas las mañanas, durante 38 años, frente a sus mismos vecinos. Gira hacia la puerta de salida y se va).

 

El mundo de la Televisión. Examen 10-5-2013

Domingo, 5 Mayo 2013

 

http://blog.educastur.es/rosarioaelcriticon/2013/04/21/el-show-de-truman/

Ignacio Ramonet

  • “El informativo televisado, estructurado como una ficción, no está hecho para informar, sino para distraer”.[2]
  • “[En la televisión] se establece poco a poco la engañosa ilusión de que ver es comprender”.[2]
  • “La presencia in situ de equipos de televisión desencadena, especialmente en casos de manifestaciones masivas, una efervescencia artificial vorazmente filmada por las cámaras” .[3]
  • “La sucesión rápida de noticias breves y fragmentadas produce un doble efecto negativo de sobreinformación y desinformación”.[2]
  • “La televisión construye la realidad, provoca el shock emocional y condena prácticamente al silencio y la indiferencia a los hechos que carecen de imágenes” .[3]
  • “Muy pronto, la televisión impondrá los criterios emocionales como superiores a los argumentos racionales”.[2]

1.- La televisión de nuestra vida

En España un ciudadano ve la televisión tres horas y tres cuartos de promedio todos los días. La cifra parece increíble cuando uno piensa en su propia vida, pero, poco a poco, va tomando sentido. Cuando nos levantamos, muchos de nosotros conectamos el televisor y, medio dormidos, lo mantenemos de fondo con las noticias. A menudo, al llegar a casa volvemos a conectarlo mientras hacemos la cena y nos distraemos viendo un concurso, una comedia, una película o un poco de telerrealidad… Y si vamos sumando podemos comprobar, despavoridos, que veinte minutos por la mañana más la presencia constante del aparato desde las siete y media hasta cerca de las once hacen las casi cuatro horas de promedio que dice la encuesta. Pero el consumo televisivo es muy errático y una de las variables más claras es la edad del espectador: cuantos más años tienes, más televisión consumes. O, lo que es lo mismo, los jóvenes de secundaria, por ejemplo, ven la televisión dos veces y media menos (cerca de 140 minutos al día) que los mayores de 65 años (aproximadamente 320 minutos al día). El 42,5% de estos jóvenes se conecta todos los días a Internet, mientras que un 89,6% mira la televisión todos los días.2 Y lo que también es espectacular es que, mientras de televisión el grupo de los adolescentes es el que menos consume , en el caso de Internet, en cambio, es el que más lo hace. Los medios en general son fascinantes, y la televisión e Internet lo son especialmente. No es de extrañar que gusten tanto a los adolescentes y que, junto con los videojuegos, hagan que éstos consuman su tiempo libre enganchados a las pantallas del televisor o el ordenador.

Pero ¿qué influencia tienen en su comportamiento, en su formación?Desde un punto de vista amplio sabemos que, sin duda, los medios contribuyen a la formación de la personalidad de todos los que los utilizan. Pero también sabemos que no son unívocos y que sus mensajes influyen y forman, a veces de un modo absolutamente contradictorio.

Las tendencias son claras, pero aún no tenemos claro hacia dónde nos llevan. Cada vez más, el consumo de medios, especialmente de televisión e Internet, se realiza de forma individualizadacada uno con su tele o su ordenador, situados en su habitación. Cada vez es más difícil descubrir qué diferencia hay entre los dos medios, ya que la interactividad característica de Internet también lo será, en pocos años, de la televisión. Las modas, los estilos y los pensamientos que reflejan los medios son cada vez más plurales, lo que no quiere decir necesariamente que sean más democráticos, y nuestros jóvenes también tienen estos comportamientos tribales muy marcados. Conocemos el camino, pero no vemos el final. Quizás porque, sencillamente, en esto de los medios no hay ningún tipo de final…

1.2. Televisión, comunicación y cultura

Los medios de comunicación han definido la cultura del siglo XX. Hijos del nuevo mundo nacido con la Revolución Industrial, nos ayudan a entender la evolución de la vida en las grandes ciudades y las necesidades de socialización de una población que, progresivamente, pierde los referentes de la cultura tradicional. Pensemos sólo en la situación en la que se encontraba un habitante de un país occidental a finales del siglo XIX: los únicos medios de comunicación masivos eran los diarios y los folletines, pero evidentemente, hablar a finales del siglo XIX de masivos es simplemente una cuestión cualitativa en comparación con los medios de información individualizados. Buena parte de la población era analfabeta o bien no tenía acceso a esos diarios y folletines.

El siglo XX lo cambia todo. El acceso a la información se generaliza, a menudo con géneros y métodos muy alejados de los que reclamaba y hacía suyos la cultura clásica. La narración se convierte en el sistema más fascinante para llegar a obtener información. La aparición de la radio comercial, en 1920, es un fenómeno que complementa la pasión que el mundo sentía por el cine. El cine mudo y la radio sonora dan vida a la fantasía de la próxima aparición de la televisión, un invento inexistente entonces pero que ya había sido bautizado en 1907 por uno de los padres de la ciencia ficción, Hugo Gernsback.

La televisión comercial nace en 1929 En el año 1932, el ingeniero Vicenç Guiñau compra un aparato de televisión y lo exhibe en su tienda de la calle Aribau de Barcelona. Los diarios de la época dicen que la gente hacía colas para ver el aparato, que, como es natural, no debía de estar encendido porque no había ninguna señal que pudiera captar. No fue hasta el año 1948 cuando, por primera vez en España, se pudo visionar la televisión. Fue en la Feria de Muestras de Barcelona, en una demostración de la casa Philips.

Así pues, ya desde el principio de todo, la televisión y, con ésta, todos los otros medios de comunicación masivos provocan el embelesamiento de todo el mundo. La televisión es el cine en casa, es la radio con imágenes, es el final de todo… Una vez haya televisión ya no harán falta los cines ni el teléfono, los libros o los diarios. La televisión nos lo dará todo.

Por razones obvias, la televisión no se implanta en la mayoría de países occidentales hasta la década de 1950. Es la época del boom de los electrodomésticos, y no se levantan voces críticas, como mínimo ninguna con demasiada fuerza, contra la televisión y contra lo que ya se denomina cultura de masas.

Es aquí donde nace el debate en torno de las virtudes y los peligros de la televisión. Un debate que aún protagoniza las tensiones sociológicas sobre el papel de los medios de comunicación de masas en la sociedad contemporánea y que Umberto Eco interpretó perfectamente en el libro Apocalípticos e integrados, publicado en 1965. Para él, el apocalíptico es quien ve con desconfianza las nuevas técnicas de creación y difusión cultural. Tiene una visión aristocrática de la cultura. Para un apocalíptico es un contrasentido hablar de cultura de masas porque es inconcebible cualquier cultura compartida por una masa. La masificación cultural sólo es infracultura. En cambio, el integrado es un personaje optimista. Vive de la cultura, pero no se preocupa por la cultura. Para él, la libre circulación de los productos culturales es naturalmente buena. La masificación cultural es, simplemente, un sinónimo de democratización cultural.

 ¿Dónde nos lleva todo esto, a principios del siglo XXI? En estos momentos, como hemos comentado antes, el consumo televisivo de niños, adolescentes y jóvenes está disminuyendo de forma sostenida. El ocio familiar, que durante cuatro décadas ha pasado necesariamente por la televisión y, en menor medida, por el cine, está cambiando, igual que están cambiando las familias.

A estas alturas aún salen voces que afirman con orgullo que “en casa, cuando cenamos juntos no tenemos el televisor encendido” como si fuera algo excepcional, cuando lo excepcional empieza a ser el hecho de cenar juntos y no de qué modo lo hacemos. La cuestión, pues, ya no se centra en nuestra visión de los medios y de su papel cultural, porque los medios han dejado de estar frente a nosotros para pasar a estar dentro de nosotros.

Sería muy fácil atribuir a los medios, especialmente a la televisión y a Internet, estos cambios que ahora nos parecen a peor. La televisión y la red son, cada vez más, extensiones de nuestro propio tejido social. Cuando nos horrorizamos porque el horario nocturno de prime time de los viernes es el que acoge más espectadores de 3 a 12 años de toda la semana, a menudo cargamos contra las televisiones. ¿Y qué deben hacer? ¿Dejar de emitir a esas horas para concienciar a los padres de la necesidad de que los niños duerman?

Y también cargamos contra la televisión cuando descubrimos programas alienantes y embrutecedores , pero no nos acordamos de que, si bien pueden captar mucha audiencia, no dejan nunca de ser minoritarios, no dejan nunca de formar parte de un entramado de símbolos e iconos que definen nuestro tiempo. La televisión o Internet son también retratos de Dorian Gray que nos devuelven una imagen de nosotros mismos, aunque no nos guste. Disfrutar con las retransmisiones de fútbol no es menos anómalo que disfrutar con La Voz o Salvame deluxe.

Así pues, ni apocalípticos ni integrados. Igual que somos críticos y, al mismo tiempo, apasionados con el entorno que nos rodea, así de críticos y apasionados debemos ser con los medios de comunicación.

1.3. La industria de la televisión

La televisión es una industria que no deja de evolucionar. Hace poco Televisión Española celebró los cincuenta años de emisión, pero el panorama de la televisión en España es muy diferente del del período “heroico” de las primeras transmisiones que reunían a los vecinos en el bar de la esquina. Los costes de la programación son muy altos y las cadenas de televisión se disputan las audiencias a fin de conseguir más recursos publicitarios –a partir de la nueva ley de la televisión sin fronteras de la UE, la publicidad puede ocupar hasta cinco horas de la emisión de una cadena. En un mercado tan disputadolas televisiones reparten el tiempo entre la información, el entretenimiento y la persuasión.

La información ha evolucionado desde los clásicos teleinformativos, con las noticias del día, hasta programas de prensa rosa, que convierten la información en entretenimiento. Por otro lado, el entretenimiento ya no se concentra en las películas y las series de ficción, y ha encontrado un nuevo modelo en los reality shows.

Y la persuasión no se limita a los anuncios, sino que aparece en forma de publicidad indirecta en los concursos o los productos que vemos en las series. También cabe destacar la importancia que dan las cadenas a las autopromociones de programas, otro formato persuasivo.

Todas las cadenas luchan por tener un share, un porcentaje de audiencia, muy alto y el marketing televisivo se vuelve muy conservador, de tal modo que la calidad no parece un objetivo destacable y las estrategias de las empresas de televisión se parecen a la estrategia de las marcas de gran consumo que encontramos en los supermercados. Por ejemplo, un caso que está sobre el tapete ahora: ¿cuál es el posicionamiento que pretenden los propietarios de las nuevas cadenas de televisión digital terrestre (TDT)? No resulta nada fácil descubrirlo. Todas parecen entregadas al refrito de contenidos o a la incorporación de programas de bajo coste. Y los movimientos de las empresas para hacerse un hueco en la TDT no se corresponden con la idea de procurar servicio al consumidor, sino más bien con actuaciones de carácter puramente economicista y de estrategia empresarial: con más canales (marcas) se puede negociar mejor el precio de los contenidos, se dificultan las políticas de absorción por parte de competidores, se ocupa terreno para evitar que se apoderen de él los competidores existentes o los potenciales, y se puede conseguir sumar una cuota de mercado que de otro modo ya no se podrá conseguir nunca, con las consecuencias que esto conlleva.

Otro parecido notable entre las tendencias del marketing de gran consumo y el marketing de los medios de comunicación es la brevedad de los ciclos de vida de los productos –las revistas, los programas de radio, el tipo de información o el modelo de programas de ficción–, por mucho que con la innovación tecnológica se abran nuevas ventanas de explotación con más o menos éxito. La lucha por el share es prácticamente homologable a la disputa de las marcas de gran consumo para mejorar su presencia en las estanterías del punto de venta. Aplicado a este caso, el valor de un minuto de emisión es demasiado alto para mantener contenidos carentes de éxito; sale más a cuenta no amortizar un programa que arriesgarse a perder espectadores. Esto tiene una consecuencia directa en la innovación de productos de comunicación: se realizan múltiples variantes de los productos de más éxito y se reduce la posibilidad de presentar contenidos realmente nuevos. O desaparecen de la parrilla televisiva. Como ha ocurrido con los bloques de programación infantil, que las televisiones privadas han limitado a las franjas matinales del fin fin de semana, cuando los padres descansan y los niños se concentran en los dibujos animados.

¿Desaparecerán todos los programas que no sean partidos de fútbol o series protagonizadas por familias y detectives forenses? No necesariamente. Las tendencias de la televisión nos dirigen hacia un futuro caracterizado por la multiplicidad de canales, por la segmentación del público en franjas de edad, lo que facilita la distribución de los anuncios en función de lo que denominamos público objetivo, o por su agrupación según “gustos”: deportes, viajes, niños, cocina, información, etc. La tiranía del sharese verá sustituida por la especialización de la programación de cada canal.

1.4. Los límites de la televisión

¿Y cuáles son esos límites? Opinamos que lo que tensiona el medio televisivo son los aspectos que afectan directamente a la ética y el modelo de representación que “diseña” la televisión.

El carácter educativo de la televisión no se vehicula a través de las posibilidades didácticas del medio y el lenguaje audiovisual. La televisión no es un libro de texto, y un documental se visiona y se disfruta como espectador, no como estudiante. Todo esto ha sido muy estudiado y ya lo sabemos. Cuando hablamos de educación, en este caso, nos referimos a los aspectos socializadores de la televisión, aquello que afecta la adopción de modelos de conducta. ¿Quién define el concepto de intimidad en el siglo XXI? Los programas del corazón hacen de la intimidad espectáculo. ¿Y la violencia? ¿Es lícito hacer de la violencia espectáculo y potenciar el discurso del horror en una sociedad en la que aumenta la violencia doméstica y la violencia global? Por todo esto, a fin de aportar materiales y pistas para desarrollar un criterio crítico respecto al “consumo” de la comunicación, presentamos cinco bloques temáticos que, por ahora, definen las fronteras del medio televisivo en el ámbito de la información.

• Los medios como modelos. ¿Cuáles son los límites en la representación de unos modelos de comportamiento que afectan el imaginario de los espectadores pero que no son representativos de la realidad social actual?

• La independencia informativa. ¿Cuáles son los límites entre la exposición de las noticias y su interpretación subjetiva?

• La representación de la infancia. ¿Cuáles son los límites en la utilización de la imagen de niños en la programación televisiva?

• La telebasura. ¿Cuáles son los límites de la información respecto al derecho a la intimidad de los ciudadanos? ¿Cuáles son los límites de un modelo de programas que convierten las relaciones interpersonales en espectáculo?

• ¿Y cómo debe regirse la autorregulación en el periodismo para evitar que meros rumores se conviertan en noticias?

 ”Creo que la televisión es muy educativa. Cuando alguien la enciende me voy a leer un libro.”

http://www.peliculas4.com/ver-network-un-mundo-implacable-1976-online-10-478.html

NOAM CHOMSKY: LAS 10 ESTRATEGIAS DE MANIPULACION MEDIATICA

Domingo, 9 Diciembre 2012

1. La estrategia de la distracción.

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción, que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del
público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales” (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas’).

2. Crear problemas, después ofrecer soluciones.

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad.

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que  condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir.

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad.

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar
engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad” (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas’).

6. Utilizar el aspecto emocional más que la reflexión.

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores” (ver ‘Armas  silenciosas para guerras tranquilas’).

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto, malhablado, admirador de gentes sin talento alguno, a despreciar lo intelectual, exagerar el valor delculto al cuerpo y el desprecio por el espíritu…

9. Reforzar la autoculpabilidad.
Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus
capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.

En el transcurso de los últimos 50 años,los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la  mayor parte los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

¿Quién está detrás de los medios de comunicación en España?

Viernes, 31 Agosto 2012

http://www.elblogsalmon.com/sectores/quien-esta-detras-de-los-medios-de-comunicacion-en-espana-infografia-actualizada

TV privada y dinero público

Domingo, 7 Noviembre 2010

Jesús Cacho - 07/11/2010

“Ahora mismo el negocio de la televisión está en menos manos que nunca, cuando hay más canales que nunca”. La frase pertenece a uno de los mayores expertos del sector, para quien está claro que el negocio televisivo no está en las audiencias, sino en la publicidad, en la cuota de mercado publicitario. Como dice Paolo Vasile, consejero delegado de Telecinco, “mi obligación no es entretener o educar a la gente, sino conseguir espectadores para vendérselos a los anunciantes”. Dos frases para enmarcar la situación de un sector crucial, según la clase política, para domeñar el voto, y que después de casi siete años de Gobierno socialista, después de la literatura desplegada sobre la necesidad de conceder nuevas licencias y repartir canales entre amigos varios, todo ello en aras de la libertad de expresión, faltaría más, ofrece una foto fija tan escandalosa que debería provocar, si no una movilización ciudadana, si al menos una reflexión colectiva sobre los caminos por los que transita este país. Resulta que, tras la decisión adoptada el 29 de octubre por la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) aprobando la fusión Telecinco-Cuatro, y con la operación Antena3-laSexta en ciernes, los dos grandes grupos de comunicación citados se van a zampar el 83% de la tarta publicitaria global, que es donde está el meollo. El resto, los tropecientos canales de la TDT que pugnan diariamente por un átomo de audiencia, a verlas venir. A la luna de Valencia. Lo asombroso del asunto es que ambos grupos están en las manos finalistas de Silvio Berlusconi y la familia De Agostini. Un sector estratégico, clave para el normal desenvolvimiento de una sociedad democrática, convertido en un oligopolio en manos extranjeras.

Imposible entender la dimensión de la tropelía cometida por este Gobierno sin intentar urgente repaso de lo ocurrido en el mundo de la televisión desde la llegada de Zapatero al poder. En noviembre de 2005, el aludido puso en marcha la gran operación mediática que iba a marcar su Presidencia mediante la creación de grupo audiovisual propio, gestionado por sus amigos Roures, Contreras & Cía. A tal efecto, otorgó un nuevo canal de TV en abierto, La Sexta, cuando ya había fecha fija para el llamado “apagón analógico”. Unos meses antes y en plena desbandada veraniega (30 de julio), el Ejecutivo, violando letra y espíritu de la Ley, había autorizado la conversión de un canal de pago (Canal Plus) en otro en abierto (Cuatro), logrando así cerrar la boca del grupo mediático de Jesús Polanco. El escándalo implícito se vistió con el lenguaje falsario de las grandes ocasiones: la concesión de nuevas licencias se hacía en aras de “aumentar el pluralismo e incrementar la oferta”, porque, además, había “espectro de sobra”, y los nuevos canales cabían en un mercado publicitario que a la sazón atravesaba un boom. La vicepresidenta De la Vega, mandatada por ZP, cerró un pacto con los dueños de los grupos multimedia a base de promesas de dinero público, logrando que Alechu-Vasile (Telecinco) y Lara-Carlotti (Antena3) se tragaran sin rechistar el sapo de dos nuevos competidores, y metiendo en el mismo paquete a Unidad Editorial (Veo TV) y a Vocento (Net TV). Tutti contenti.

Pero, a lo largo de 2009, a cuenta del drástico cambio de tendencia del mercado publicitario motivado por la crisis y del nivel de endeudamiento asumido por los prohombres del sector, la situación se tornó tan dramática que el Gobierno tuvo que salir al rescate de todos, amigos y menos amigos. De pronto no había cartas para tantos jugadores, porque la tarta publicitaria no daba más de sí, y había que proponer fusiones a toda velocidad, juntar meriendas a uña de caballo. Para hacerlo posible, el Ejecutivo eliminó en febrero 2009 el tope (5%) que limitaba la participación de un mismo accionista en más de una cadena. Con el habitual desparpajo socialista a la hora de retorcer la ley, De la Vega aseguró que el nuevo Decreto venía a “avanzar en la liberalización del sector y garantizar la transparencia y el pluralismo…”. Pero ese era solo la mitad del regalo. La otra mitad llegaba en julio del mismo año: para que se fusionen con garantía, vamos prohibir la contratación de publicidad por parte de TVE (unos 500 millones de euros), de modo que ustedes puedan repartirse esa pasta en comandita. Abrir la caja de la  televisión pública y repartir su contenido entre unos cuantos. Fusiones privadas con dinero público. No sin ciertas dosis de sorna, el atraco fue bautizado oficialmente como “Ley de financiación de TVE”.

Fernández de la Vega hasta las cachas

En hacer realidad este engendro se ha empleado con total dedicación la ex vicepresidenta del Gobierno, Fernández de la Vega, se supone que gratia et amore, ahora premiada con un puesto vitalicio en el Consejo de Estado. El resultado del escándalo tiene cifras frescas: solo en los nueve primeros meses de este año Telecinco ha facturado más de 622 millones de euros, un llamativo 45,2% por encima del mismo periodo de 2009, mientras Antena3 ingresó 570, con incremento del 15%. Se entienden los elogios encendidos de Alechu Echevarría, presidente de Telecino, a De la Vega caya vez que asistía a un acto público con la vice. “Estamos muy contentos por las cosas que el Gobierno está haciendo por nosotros”, dijo el citado, presidente de la patronal Uteca, en ocasión reciente. Parodiando la frase de la desdichada Jeanne Manon Philipon camino del patíbulo, cabría decir aquello de ¡Oh Democracia, cuántos abusos se cometen en tu nombre!

El proceso culminó hace unos días con la CNC -ahora integrada en exclusiva por consejeros del PSOE- rubricando la fusión entre Telecinco y Cuatro. Ambas cadenas convivirán por separado bajo el control único de Mediaset, el holding Berlusconi. El acuerdo plantea que la italiana comprará Cuatro y el 22% de Digital+ a Prisa, a cambio de 500 millones de euros en efectivo y el 18,3% de Telecinco. Como Telefónica no ha tenido más remedio que hacerse cargo de otro 22% de Digital+, que para eso -un roto y un descosido- está el gigante que preside Alierta, tito Berlusconi ha ideado una jugada meravigliosa: “tú pones la pasta, César, que de eso vas sobrao, y yo me encargo de la gestión, que en España no sabéis hacer televisión de pago”. De modo que hemos acabado con la TV de pago y, además, hemos entregado la tele en abierto a los gentiluomi transalpinos. La operación era vital para la supervivencia de Prisa. Han bastado 9 días para que Pérez Rubalcaba, hombre fuerte del nuevo Gobierno e íntimo de Cebrián -buen amigo de Vasile también-, acabara de un plumazo con los casi ocho meses de dudas de Luis Berenguer, presidente de la CNC, que ha tenido que soportar presiones sin cuento de De la Vega, además de tener que recibir al citado Vasile y al propio hijo de Berlusconi, ahora cuasi residente en Madrid. Nada ha podido contra Rubalcaba. Nada, tampoco, ZP contra Paolo, a quien se ha querido cepillar por culpa de unos comentarios despectivos pronunciados en 2004. No lo ha permitido Berlusconi. La venganza ha consistido en no recibirlo en Moncloa desde entonces.

El creciente poder italiano en España

Y al caer está el anuncio de fusión entre Antena3 y laSexta (con  la mexicana Televisa presionando para poner en valor su 40%), y con más motivo aun que el anterior: María Teresa se ha empleado a fondo tratando de evitar la quiebra del Grupo Planeta de José Manuel Lara (espléndido el esfuerzo desplegado por su embajador plenipotenciario en Madrid), y no vamos a dejar en la estacada a los amigos del Presidente, con Roures a la cabeza. El cuadro que se adivina tras el desvergonzado intervencionismo gubernamental en un sector estratégico como el de los medios no puede ser más preocupante en términos de calidad democrática. Dos grandes grupos privados controlando el 83% de la tarta publicitaria; dos ejecutivos italianos -Maurizio Carlotti en Antena 3 y el omnipresente Vasile en Telecinco) decidiendo qué es lo que tienen que ver los españoles en TV cada día, y un practico oligopolio a dos bandas  en manos de accionistas extranjeros. Los italianos controlan buena parte de la energía (Enel) y gran parte de los medios de comunicación españoles. Y sin reciprocidad ninguna, que ahí está Telefónica, por ejemplo, empantanada con Telecomn Italia, para demostrarlo. En la sombra, aliados tan poderosos como Fainé (Caixa), Rato (Caja Madrid) y Pérez (ACS), unidos todos por la argamasa de Borja Prado (presidente de Enel y del italiano Mediobanca en España).

Queda una TVE cada día más abocada al declive, regida de facto por un Consejo cuyo control se arroga Miguel Angel Sacaluga, hombre del apparatchik socialista que apadrinan José Blanco y De la Vega, porque el poder no está en manos del venerable Oliart. Los rectores de la cosa, además, han decidido que la tele pública no compita con los canales privados en los grandes eventos deportivos, seguramente porque en Moncloa han decidido darle la puntilla. Y quedan las televisiones autonómicas, endeudadas hasta las cejas, y multitud de pequeños negocios y negocietes digitales que, a base de las migajas publicitarias que dejan los grandes, malviven en espera de algún despistado con pasta que aparezca de la nada dispuesto a comprar, pues que nadie ve tales canales porque a nadie interesan. Y bien ¿qué dice la izquierda del espectáculo a grandes rasgos aquí descrito? ¿Qué, los señores de la ceja, esa progresía patria del mundo del arte afincada en la subvención? Todos callan cual muerto, en espera del próximo reparto. ¡Porca miseria!

La princesa y el lobo feroz

Miércoles, 6 Octubre 2010

ROSA PEREDA

EL PAÍS  -  Opinión - 06-10-2010 Hay que ver la tele. Y yo creo que hay que verla muy atentamente, porque en ese mundo virtual y paralelo están pasando cosas muy curiosas.

La penúltima semana de septiembre, al tiempo que se realizaba una contradictoria convocatoria a la huelga general -la derecha, la verdad, no sabía qué elegir, si el desgaste del presidente o el poderío de los sindicatos- y una no menos contradictoria cobertura de las primarias del PSOE, que parecen haber funcionado como una formidable campaña de los dos candidatos madrileños -quién no conoce ya a Tomás Gómez- asistimos al inicio de un experimento político: el lanzamiento de Belén Esteban, la princesa del pueblo, a la arena política. Parece de ciencia-ficción, pero no es así. El martes 21 se estrenó en la Gran Vía madrileña, y en olor de multitud, y el jueves siguiente en la pantalla pequeña, el documental titulado con el sobrenombre que hacía meses que su cadena venía dándole a Belén: La princesa del pueblo. En él se contaba la vida de esta chica de origen humilde que se fue convirtiendo en una estrella mediática a partir de su ruptura con Jesulín de Ubrique, un torero con carisma popular, del que tiene una niña. La espontaneidad de Belén Esteban, su presencia insistente en los medios del corazón, hasta su pelea abnegada y furiosa por sacar adelante a su hija, incluso a costa de su salud, la han vuelto una especie de presencia entrañable y le han dotado de una enorme popularidad. En el documental, fuertemente publicitado por la cadena, se incluye una encuesta, realizada al parecer por Sigma 2, que dice que el 8% de los encuestados votaría a Belén Esteban si esta se presentara a las elecciones generales. Un porcentaje, que, insisten, la convertiría en la tercera fuerza política del país. Me imagino que esta idea, que me parece perversa, comenzó a fraguarse a raíz de un episodio particularmente desafortunado, que valió a Belén la solidaridad popular, y debo decir que yo misma estaba de su lado. Hace unos meses, el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid enviaba a la Fiscalía, de oficio, su petición de actuar contra Belén Esteban en defensa de su hija, por la exposición pública de la vida privada de la niña, que la madre hacía de “plató en plató”. Efectivamente, el núcleo duro del discurso de Belén está en su lucha por su hija y contra el padre de esta, pero, como dice ella en su defensa, la institución que la amenazaba con quitarle a la niña debería ocuparse más bien de los padres que no atienden suficientemente a sus hijos. Aducía, además, que no ha “vendido” la imagen de su hija nunca, y que habla de sí misma. El caso es que hubo firmas populares, más de 50.000, pidiendo la dimisión del político madrileño y apoyando a la Esteban. A los pocos días, el Defensor del Menor del equipo de Esperanza Aguirre cesaba “a petición propia”, después de que le hubieran afeado, desde muchas tribunas, el que hubiera hecho pública su actuación ante la Fiscalía con una nota de prensa enviada a todos los medios, exponiendo a la niña tanto o más que su madre. Esa dimisión fue leída, naturalmente, como una victoria de Belén, y como, creo yo, la toma del pulso a su popularidad y a la identificación con esta chica que habla su lenguaje, pone voz y gestos al sentido común, y representa un sueño: el de la superación de unos condicionantes socioeconómicos, gracias a lo que se puede leer como una postura honesta y valiente. Porque, entre todos los personajes fabricados por los platós, Belén tiene algo. A lo mejor, esa suerte de descaro que le hace recurrir a latiguillos populares, o a popularizar otros; cierto patetismo en las duras, cierta ingenuidad en las maduras, y un fondo de buena persona. Y la sensación de que es auténtica y genuina. Por lo que sea, la gente se ha identificado con ella. Y parece que por más de un cuarto de hora. De hecho, ya está dando su nombre y su imagen a algunos productos. Antes, sartenes. Ahora, zapatos. Sinceramente, no creo que la cosa se quede ahí, porque esa chica es una mina. No es raro que, efectivamente, el lobo feroz mediático plantee el bonito juego de hacerle un pulso al sistema democrático. En Francia hubo un humorista, en Italia una streeper, en fin. Ha habido candidatos fabricados, como cuñas para desprestigiar a la clase política. Después han sido juguetes rotos. Que se cuide la princesa, y que nos cuidemos nosotros, del lobo feroz. Porque no creo que haya quien pare una oportunidad de probar el formidable poder de la televisión. El espectáculo está servido, y eso es, al final, lo que importa.

La asignatura pendiente de la democracia

Sábado, 17 Octubre 2009

J. MONTABES  -  R. BULTÓ Y R. FONT

EL PAÍS  -  Sociedad - 17-10-2009

El Consejo de Ministros acaba de aprobar el proyecto de Ley General Audiovisual, que iniciará en breve su tramitación parlamentaria. Si se siguen los trámites habituales, entrará en vigor, previsiblemente, después del 3 de abril de 2010, fecha de la plena digitalización. Lejos de ser su causa y origen, el próximo apagón analógico ha añadido argumentos a la necesidad de un marco normativo que defina con claridad las reglas del juego en el espacio público audiovisual, de acuerdo con los parámetros europeos y los de una democracia avanzada. Cabe esperar pues que las Cortes Generales acaben dando forma a una norma moderna, sistemática, flexible en cuanto a su capacidad de adaptación a los cambios tecnológicos. Y cabe esperar también que la nueva ley se corresponda con las características propias de la legislación básica estatal, respetando el margen de desarrollo que corresponde a las Comunidades Autónomas y que emana de sus Estatutos de Autonomía. Una norma que ponga fin al régimen vigente, que pivota esencialmente sobre los parámetros legislativos establecidos en los años ochenta y que, según hemos denunciado en foros diversos, presenta unos rasgos claros de obsolescencia. Esperamos, en definitiva, una norma que acabe con la tendencia a abordar los problemas de forma singular, al hilo de debates, intereses y alianzas tácticas con actores concretos de la escena audiovisual.

Dicho todo lo anterior, procede hacer ahora dos consideraciones generales: en primer lugar, debemos lamentar la escasa transparencia y participación con las que se han elaborado los sucesivos borradores y anteproyectos. Si nos fijamos en otros países avanzados del entorno europeo (el Reino Unido es el paradigma), la elaboración de la norma general ordenadora del sector estuvo precedida de una serie de documentos preparatorios y debates públicos, en los que se pusieron sobre la mesa tanto las intenciones y proyectos del Gobierno correspondiente como las posiciones y observaciones de los actores implicados. Poco de esto ha sucedido en nuestro país. Más concretamente, hay que decir que los consejos audiovisuales autonómicos, que constituyen el modelo de regulador al cual parece dirigirse finalmente el legislador estatal, no han tenido la oportunidad de participar en esta fase legislativa previa, tal y como hubieran deseado. Cualquier intento de estas instituciones de hacer una mínima aportación constructiva basada en la propia experiencia ha obtenido como respuesta el silencio, siempre con la sensación de que otros actores del sector, muchos de ellos directamente afectados por la nueva regulación, eran en cambio considerados como interlocutores válidos, siempre en el marco de un proceso de diálogo y consulta, cuanto menos, opaco.

En segundo lugar, merece la pena reiterar aquí la necesidad de que el legislador acometa la creación de un organismo regulador independiente en esta materia. Fruto de la falta de un regulador efectivo de ámbito estatal, la Comisión Europea y el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas han empezado ya a actuar contra España con cierta contundencia, precisamente, por la deficiente aplicación de la normativa europea en materia audiovisual, y en particular en lo que se refiere a la aplicación de los límites de saturación publicitaria y la prohibición de la pornografía en abierto. En este último caso, quizá sea la presión de las instituciones comunitarias y la de nuestros propios consejos reguladores la que habría llevado al Gobierno a introducir de manera expresa dicha prohibición, que pondrá fin a una deficiencia mantenida durante cerca de veinte años. Es necesario pues que la nueva ley dote al regulador de la independencia y de los poderes necesarios, no sólo ni principalmente sancionadores, sino también normativos y de adjudicación de licencias (y también de fomento de la auto y la co-regulación) para cumplir con sus responsabilidades.

 La ordenación razonable de la comunicación audiovisual constituye seguramente una de las últimas asignaturas pendientes para consolidar nuestra madurez democrática. Esperemos que el legislador no desaproveche esta oportunidad.

El mundo de la televisión

Sábado, 17 Octubre 2009

<!–[if !supportLists]–> La televisión de nuestra vida

    En España un ciudadano ve la televisión tres horas y tres cuartos de promedio todos los días. La cifra parece increíble cuando uno piensa en su propia vida, pero, poco a poco, va tomando sentido. Cuando nos levantamos, muchos de nosotros conectamos el televisor y, medio dormidos, lo mantenemos de fondo con las noticias. A menudo, al llegar a casa volvemos a conectarlo mientras hacemos la cena y nos distraemos viendo un concurso, una comedia, una película o un poco de telerrealidad… Y si vamos sumando podemos comprobar, despavoridos, que veinte minutos por la mañana más la presencia constante del aparato desde las siete y media hasta cerca de las once hacen las casi cuatro horas de promedio que dice la encuesta. Pero el consumo televisivo es muy errático y una de las variables más claras es la edad del espectador: cuantos más años tienes, más televisión consumes. O, lo que es lo mismo, los jóvenes de secundaria, por ejemplo, ven la televisión dos veces y media menos (cerca de 140 minutos al día) que los mayores de 65 años (aproximadamente 320 minutos al día). El 42,5% de estos jóvenes se conecta todos los días a Internet, mientras que un 89,6% mira la televisión todos los días.2 Y lo que también es espectacular es que, mientras de televisión el grupo de los adolescentes es el que menos consume , en el caso de Internet, en cambio, es el que más lo hace. Los medios en general son fascinantes, y la televisión e Internet lo son especialmente. No es de extrañar que gusten tanto a los adolescentes y que, junto con los videojuegos, hagan que éstos consuman su tiempo libre enganchados a las pantallas del televisor o el ordenador. Pero ¿qué influencia tienen en su comportamiento, en su formación?. Desde un punto de vista amplio sabemos que, sin duda, los medios contribuyen a la formación de la personalidad de todos los que los utilizan. Pero también sabemos que no son unívocos y que sus mensajes influyen y forman, a veces de un modo absolutamente contradictorio.

    Las tendencias son claras, pero aún no tenemos claro hacia dónde nos llevan. Cada vez más, el consumo de medios, especialmente de televisión e Internet, se realiza de forma individualizada; cada uno con su tele o su ordenador, situados en su habitación. Cada vez es más difícil descubrir qué diferencia hay entre los dos medios, ya que la interactividad característica de Internet también lo será, en pocos años, de la televisión. Las modas, los estilos y los pensamientos que reflejan los medios son cada vez más plurales, lo que no quiere decir necesariamente que sean más democráticos, y nuestros jóvenes también tienen estos comportamientos tribales muy marcados. Conocemos el camino, pero no vemos el final. Quizás porque, sencillamente, en esto de los medios no hay ningún tipo de final…

 

1.2. Televisión, comunicación y cultura

 

    Los medios de comunicación han definido la cultura del siglo XX. Hijos del nuevo mundo nacido con la Revolución Industrial, nos ayudan a entender la evolución de la vida en las grandes ciudades y las necesidades de socialización de una población que, progresivamente, pierde los referentes de la cultura tradicional. Pensemos sólo en la situación en la que se encontraba un habitante de un país occidental a finales del siglo XIX: los únicos medios de comunicación masivos eran los diarios y los folletines, pero evidentemente, hablar a finales del siglo XIX de masivos es simplemente una cuestión cualitativa en comparación con los medios de información individualizados. Buena parte de la población era analfabeta o bien no tenía acceso a esos diarios y folletines.

    El siglo XX lo cambia todo. El acceso a la información se generaliza, a menudo con géneros y métodos muy alejados de los que reclamaba y hacía suyos la cultura clásica. La narración se convierte en el sistema más fascinante para llegar a obtener información. La aparición de la radio comercial, en 1920, es un fenómeno que complementa la pasión que el mundo sentía por el cine. El cine mudo y la radio sonora dan vida a la fantasía de la próxima aparición de la televisión, un invento inexistente entonces pero que ya había sido bautizado en 1907 por uno de los padres de la ciencia ficción, Hugo Gernsback.

 

    La televisión comercial nace en 1929 En el año 1932, el ingeniero Vicenç Guiñau compra un aparato de televisión y lo exhibe en su tienda de la calle Aribau de Barcelona. Los diarios de la época dicen que la gente hacía colas para ver el aparato, que, como es natural, no debía de estar encendido porque no había ninguna señal que pudiera captar. No fue hasta el año 1948 cuando, por primera vez en España, se pudo visionar la televisión. Fue en la Feria de Muestras de Barcelona, en una demostración de la casa Philips. Así pues, ya desde el principio de todo, la televisión y, con ésta, todos los otros medios de comunicación masivos provocan el embelesamiento de todo el mundo. La televisión es el cine en casa, es la radio con imágenes, es el final de todo… Una vez haya televisión ya no harán falta los cines ni el teléfono, los libros o los diarios. La televisión nos lo dará todo. Por razones obvias, la televisión no se implanta en la mayoría de países occidentales hasta la década de 1950. Es la época del boom de los electrodomésticos, y no se levantan voces críticas, como mínimo ninguna con demasiada fuerza, contra la televisión y contra lo que ya se denomina cultura de masas.

    En la década de 1960 las cosas cambian: la televisión deja de ser vista por muchos intelectuales como aquel aparato amable que entretiene de forma inocente a partir de las siete de la tarde. Ahora, cada vez más, la televisión se convierte en un monstruo devorador del espectador, especialmente de los chiquillos, que ante la fuerza de las imágenes y los sonidos se convertirá en un esclavo del gregarismo.

    Es aquí donde nace el debate en torno de las virtudes y los peligros de la televisión. Un debate que aún protagoniza las tensiones sociológicas sobre el papel de los medios de comunicación de masas en la sociedad contemporánea y que Umberto Eco interpretó perfectamente en el libro Apocalípticos e integrados, publicado en 1965. Para él, el apocalíptico es quien ve con desconfianza las nuevas técnicas de creación y difusión cultural. Tiene una visión aristocrática de la cultura. Para un apocalíptico es un contrasentido hablar de cultura de masas porque es inconcebible cualquier cultura compartida por una masa. La masificación cultural sólo es infracultura. En cambio, el integrado es un personaje optimista. Vive de la cultura, pero no se preocupa por la cultura. Para él, la libre circulación de los productos culturales es naturalmente buena. La masificación cultural es, simplemente, un sinónimo de democratización cultural.

 

    ¿Dónde nos lleva todo esto, a principios del siglo XXI? En estos momentos, como hemos comentado antes, el consumo televisivo de niños, adolescentes y jóvenes está disminuyendo de forma sostenida. El ocio familiar, que durante cuatro décadas ha pasado necesariamente por la televisión y, en menor medida, por el cine, está cambiando, igual que están cambiando las familias. A estas alturas aún salen voces que afirman con orgullo que “en casa, cuando cenamos juntos no tenemos el televisor encendido” como si fuera algo excepcional, cuando lo excepcional empieza a ser el hecho de cenar juntos y no de qué modo lo hacemos. La cuestión, pues, ya no se centra en nuestra visión de los medios y de su papel cultural, porque los medios han dejado de estar frente a nosotros para pasar a estar dentro de nosotros.

http://www.elpais.com/

 

Sería muy fácil atribuir a los medios, especialmente a la televisión y a Internet, estos cambios que ahora nos parecen a peor. La televisión y la red son, cada vez más, extensiones de nuestro propio tejido social. Cuando nos horrorizamos porque el horario nocturno de prime time de los viernes es el que acoge más espectadores de 3 a 12 años de toda la semana, a menudo cargamos contra las televisiones. ¿Y qué deben hacer? ¿Dejar de emitir a esas horas para concienciar a los padres de la necesidad de que los niños duerman? Y también cargamos contra la televisión cuando descubrimos programas alienantes y embrutecedores , pero no nos acordamos de que, si bien pueden captar mucha audiencia, no dejan nunca de ser minoritarios, no dejan nunca de formar parte de un entramado de símbolos e iconos que definen nuestro tiempo. La televisión o Internet son también retratos de Dorian Gray que nos devuelven una imagen de nosotros mismos, aunque no nos guste. Disfrutar con las retransmisiones de fútbol no es menos anómalo que disfrutar con Operación triunfo, o El diario de Patricia.

Así pues, ni apocalípticos ni integrados. Igual que somos críticos y, al mismo tiempo, apasionados con el entorno que nos rodea, así de críticos y apasionados debemos ser con los medios de comunicación.

 

1.3. La industria de la televisión

 

    La televisión es una industria que no deja de evolucionar. Este año Televisión Española celebra los cincuenta años de emisión, pero el panorama de la televisión en España es muy diferente del del período “heroico” de las primeras transmisiones que reunían a los vecinos en el bar de la esquina. Los costes de la programación son muy altos y las cadenas de televisión se disputan las audiencias a fin de conseguir más recursos publicitarios –a partir de la nueva ley de la televisión sin fronteras de la UE, la publicidad puede ocupar hasta cinco horas de la emisión de una cadena. En un mercado tan disputado, las televisiones reparten el tiempo entre la información, el entretenimiento y la persuasión. La información ha evolucionado desde los clásicos teleinformativos, con las noticias del día, hasta programas de prensa rosa, que convierten la información en entretenimiento.Por otro lado, el entretenimiento ya no se concentra en las películas y las series de ficción, y ha encontrado un nuevo modelo en los reality shows.Y la persuasión no se limita a los anuncios, sino que aparece en forma de publicidad indirecta en los concursos o los productos que vemos en las series.

 

También cabe destacar la importancia que dan las cadenas a las autopromociones de programas, otro formato persuasivo Todas las cadenas luchan por tener un share, un porcentaje de audiencia, muy alto y el marketing televisivo se vuelve muy conservador, de tal modo que la calidad no parece un objetivo destacable y las estrategias de las empresas de televisión se parecen a la estrategia de las marcas de gran consumo que encontramos en los supermercados.

 

Por ejemplo, un caso que está sobre el tapete ahora: ¿cuál es el posicionamiento que pretenden los propietarios de las nuevas cadenas de televisión digital terrestre (TDT)? No resulta nada fácil descubrirlo. Todas parecen entregadas al refrito de contenidos o a la incorporación de programas de bajo coste. Y los movimientos de las empresas para hacerse un hueco en la TDT no se corresponden con la idea de procurar servicio al consumidor, sino más bien con actuaciones de carácter puramente economicista y de estrategia empresarial: con más canales (marcas) se puede negociar mejor el precio de los contenidos, se dificultan las políticas de absorción por parte de competidores, se ocupa terreno para evitar que se apoderen de él los competidores existentes o los potenciales, y se puede conseguir sumar una cuota de mercado que de otro modo ya no se podrá conseguir nunca, con las consecuencias que esto conlleva.

Otro parecido notable entre las tendencias del marketing de gran consumo y el marketing de los medios de comunicación es la brevedad de los ciclos de vida de los productos –las revistas, los programas de radio, el tipo de información o el modelo de programas de ficción–, por mucho que con la innovación tecnológica se abran nuevas ventanas de explotación con más o menos éxito. La lucha por el share es prácticamente homologable a la disputa de las marcas de gran consumo para mejorar su presencia en las estanterías del punto de venta. Aplicado a este caso, el valor de un minuto de emisión es demasiado alto para mantener contenidos carentes de éxito; sale más a cuenta no amortizar un programa que arriesgarse a perder espectadores. Esto tiene una consecuencia directa en la innovación de productos de comunicación: se realizan múltiples variantes de los productos de más éxito y se reduce la posibilidad de presentar contenidos realmente nuevos. O desaparecen de la parrilla televisiva. Como ha ocurrido con los bloques de programación infantil, que las televisiones privadas han limitado a las franjas matinales del fin de semana, cuando los padres descansan y los niños se concentran en los dibujos animados.

    ¿Desaparecerán todos los programas que no sean partidos de fútbol o series protagonizadas por familias y detectives forenses? No necesariamente. Las tendencias de la televisión nos dirigen hacia un futuro caracterizado por la multiplicidad de canales, por la segmentación del público en franjas de edad, lo que facilita la distribución de los anuncios en función de lo que denominamos público objetivo, o por su agrupación según “gustos”: deportes, viajes, niños, cocina, información, etc. La tiranía del share se verá sustituida por la especialización de la programación de cada canal.

 

1.4. Los límites de la televisión

. ¿Y cuáles son esos límites? Opinamos que lo que tensiona el medio televisivo son los aspectos que afectan directamente a la ética y el modelo de representación que “diseña” la televisión.

    El carácter educativo de la televisión no se vehicula a través de las posibilidades didácticas del medio y el lenguaje audiovisual. La televisión no es un libro de texto, y un documental se visiona y se disfruta como espectador, no como estudiante. Todo esto ha sido muy estudiado y ya lo sabemos. Cuando hablamos de educación, en este caso, nos referimos a los aspectos socializadores de la televisión, aquello que afecta la adopción de modelos de conducta. ¿Quién define el concepto de intimidad en el siglo XXI? Los programas del corazón hacen de la intimidad espectáculo. ¿Y la violencia? ¿Es lícito hacer de la violencia espectáculo y potenciar el discurso del horror en una sociedad en la que aumenta la violencia doméstica y la violencia global? Por todo esto, a fin de aportar materiales y pistas para desarrollar un criterio crítico respecto al “consumo” de la comunicación, presentamos cinco bloques temáticos que, por ahora, definen las fronteras del medio televisivo en el ámbito de la información.

 

Los medios como modelos. ¿Cuáles son los límites en la representación de unos modelos de comportamiento que afectan el imaginario de los espectadores pero que no son representativos de la realidad social actual?

La independencia informativa. ¿Cuáles son los límites entre la exposición de las noticias y su interpretación subjetiva?

La representación de la infancia. ¿Cuáles son los límites en la utilización de la imagen de niños en la programación televisiva?

La telebasura. ¿Cuáles son los límites de la información respecto al derecho a la intimidad de los ciudadanos? ¿Cuáles son los límites de un modelo de programas que convierten las relaciones interpersonales en espectáculo?

¿Y cómo debe regirse la autorregulación en el periodismo para evitar que meros rumores se conviertan en noticias?

La Ley Audiovisual refuerza la protección de niños y discapacitados

Sábado, 17 Octubre 2009

ROSARIO G. GÓMEZ  -  Madrid

EL PAÍS  -  Sociedad - 17-10-2009 Tras 15 años de promesas electorales, el Gobierno de Zapatero ha dado por fin luz verde a la Ley General de la Comunicación Audiovisual (LGCA), una norma llamada a ordenar la legislación -dispersa y obsoleta- de un sector en plena revolución tecnológica y azotado por la crisis publicitaria. El proyecto de ley aprobado ayer en Consejo de Ministros, que ahora emprende su andadura parlamentaria, prohíbe la emisión en abierto de programas que incluyan “escenas de pornografía o violencia gratuita”, relega los espacios dedicados a juego y azar a la madrugada y adapta la normativa comunitaria sobre publicidad en televisión. También refuerza los derechos de las personas con discapacidad, ya que obliga a ofrecer con subtítulos una buena parte de la programación (el 75% en 2013).

El proyecto de ley no viene solo. Deroga hasta 14 normas y disposiciones legislativas relacionadas con el sector de la radio, la televisión y las telecomunicaciones. Entre las expresamente suprimidas figuran las leyes que regulan la televisión privada (de 1988) y las autonómicas (1983). UGT alertó ayer de que la derogación de la ley del Tercer Canal abrirá la puerta a la privatización de los entes regionales. Esta opción ha sido planteada repetidamente por comunidades como la de Madrid. Su presidenta, Esperanza Aguirre, del PP, se ha mostrado partidaria en más de una ocasión de privatizar Telemadrid, aunque hasta ahora esgrimía la Ley del Tercer Canal como un obstáculo insalvable. Fuentes del Gobierno señalan, sin embargo, que la derogación de esta norma no afecta a las privatizaciones porque “el Estado concedió las licencias para su explotación como canales de titularidad pública” y añaden que la voluntad del Ejecutivo es que las autonómicas sigan siendo cadenas públicas.

Compuesto por 60 artículos, el proyecto de ley fue presentado ayer por la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, como una norma “necesaria, deseada, garantista, liberalizadora e imprescindible para el sector”. A su juicio, se trata de una ley “útil y moderna” que llega en un momento clave, justo cuando la televisión está a punto de dar el salto a la digitalización (el completo apagón analógico se producirá el 3 de abril de 2010). Éstos son sus principales aspectos.

- Contenidos. La ley pone un especial empeño en la protección de los menores. Después de un amplio debate social, el Gobierno ha modificado su articulado para prohibir la emisión en abierto de contenidos pornográficos o violencia gratuita, que sólo se podrán difundir codificados entre las 22.00 y las 6.00 y con control parental. Otros programas que puedan ser considerados lesivos para los menores tendrán que ir acompañados de señales acústicas o visuales. Los espacios dedicados a juegos de azar y apuestas (en abierto o codificados) estarán recluidos entre la 1.00 y las 5.00.

 - Cine. Las televisiones y los operadores de telecomunicaciones destinarán cada año un 5% de sus ingresos brutos (el 6% en el caso de TVE) a financiar el cine español y el europeo. El 40% de esa cuota podrá destinarse a series.

 - Publicidad. La LGCA aprovecha para incorporar la directiva comunitaria sobre publicidad, que limita a 12 minutos por hora de reloj el tiempo máximo de anuncios que pueden emitir las televisiones. Las películas y los informativos podrán ser interrumpidos una vez cada 30 minutos. Se autoriza el emplazamiento de productos en series, documentales o programas deportivos, aunque estará vedado en los infantiles.

 - TDT de pago. Los titulares de las licencias podrán destinar el 50% de sus canales (un múltiple de TDT tiene capacidad para cuatro programaciones) en sistema de pago. Frente a los 10 años actuales, el periodo de vigencia de las licencias de televisión (que se podrán ceder o arrendar) será de 15 años.

- Interés general. Los operadores estarán obligados a emitir en abierto determinados acontecimientos de interés general. El Consejo Estatal de Medios Audiovisual elaborará un catálogo bienal. La ley establece que la compra de derechos de fútbol se realizará en los términos que establezcan las autoridades de la competencia españolas y europeas. Estos organismos han propuesto que se limiten a tres años.

- Consejo Audiovisual. Catorce años después de que el Senado aprobara la creación de una autoridad encargada de velar por el cumplimiento de las leyes, nacerá el Consejo Estatal de Medios Audiovisuales. Este organismo, adscrito al Ministerio de la Presidencia, estará formado por nueve miembros, elegidos por una mayoría de tres quintos del Congreso. Las infracciones acarrearán multas de hasta un millón de euros.

TELEBASURA

Martes, 13 Marzo 2007

‘Telebasura’: de la telerrealidad a la teleficción  

El autor analiza en este texto el nuevo macrogénero televisivo y la aparición, con él, de nuevos formatos y contenidos periodísticos trivializados
Gérard Imbert es profesor titular de las universidades de París-Sorbona y Carlos III de Madrid.
 
 
 
 
 
 
 
 
El gusto por el disparate, la moda de lo grotesco vienen a dar forma a esta estética del descuido

Hoy, más que nunca, la televisión genera discursos pasionales, sobre todo en cuanto a su función ¿informativa, educativa, de entretenimiento? y a sus efectos. El malentendido en torno a la televisión viene sin duda de su evolución misma, que algunos enfatizan y otros ignoran. En poco más de una década, hemos pasado de una televisión con una función claramente referencial (la televisión “ventana al mundo”) a una televisión que no se limita a reproducir objetivamente la realidad sino que construye su propia realidad: potencial del medio, dirán los integrados de siempre, que demuestra su enorme capacidad técnica y su poder de convocatoria, de acuerdo con una desgastada teoría de la demanda (”dadle al pueblo lo que el pueblo quiere”: si circo, circo, si sangre, sangre), sin caer en que el gusto del público está condicionado por la escasez y poca variedad de la oferta, por la estandarización del producto; poder de mistificación, dirán los apocalípticos de nuevo cuño, que espectaculariza todo cuanto toca y transforma la realidad en simulacro (Baudrillard), impone su ley, ya no por la fuerza sino mediante la seducción, ejerciendo así su poder simbólico (Bourdieu). “Telebasura”, sentencian casi todos, sin que muchos sepan siempre de qué están hablando…

El discurso sobre la televisión levanta pasiones porque el discurso de la televisión es en sí contradictorio, oscila entre una vocación formativa y una tendencia a la evasión, entre una orientación eufórica y una tentación de violencia. Sin embargo, hay una especie de ceguera ¿y en ocasiones sinrazón? consistente en no ver que el discurso de la televisión se ha alejado del modelo reproductor de realidad para acercarse a un modelo performativo, productor de realidad. La “telerrealidad” es la ilustración perfecta de esta transformación radical de la realidad representada, con la creación de una realidad sui géneris, que ni es del todo documental, ni tampoco exactamente ficticia: en este sentido, Gran Hermano ha abierto una brecha irreversible en la representación de la realidad.

Intentemos un acercamiento mínimamente racional al fenómeno, que abarque no sólo los contenidos, sino también las formas (expresivas, estéticas), los envites simbólicos (las incidencias sobre las representaciones sociales y la sensibilidad colectiva) y su dimensión ética. Lo haremos en forma de breve decálogo, con fines didácticos, y sin descartar posibles usos de utilidad pública:

1. La telebasura está vinculada a un macrogénero (la telerrealidad) y a la aparición de nuevos formatos: reality shows (primera y segunda época), talk shows ¿con sus derivas hacia el cotilleo?, concursos de convivencia, supervivencia y superación. Retoma, trivializándolos, géneros periodísticos tradicionales (reportaje, debate, entrevista), los integran a programas-contenedores y concursos, con fines de entretenimiento, no sin, a veces, pretensiones sociológicas.

2. En cuanto a sus contenidos, se centran en lo que he llamado referentes fuertes, de acuerdo con las famosas 3 “S” (sexo, sangre, sensacionalismo) ¿podríamos añadir: muerte? como ocurrió en el tratamiento del caso Alcàsser; esto es, objetos que, por sus características extremas, fomentan el voyeurismo (el placer del ver por el ver) y alimentan el morbo (el deseo de ver cada vez más).

3. Se caracteriza por una deriva hacia temas del ámbito de lo íntimo, lo secreto, lo tabú, reflejando un desplazamiento y una dilución de las fronteras entre lo público y lo privado: una tendencia a publicitar lo privado (los entresijos de la vida privada) ¿hasta convertir la intimidad en exhibicionismo (”extimidad”, según la acertada expresión del psiquiatra S. Tisseron)? pero también tendencia a privatizar lo público (la utilización del medio como confesionario público).

4. En el tratamiento, llama la atención la “sobrexposición” a la que se ven expuestos estos objetos y sujetos. Hipervisibilidad, he calificado esta hipertrofia del ver (El Zoo visual), que remite a una mutación profunda en el régimen de visibilidad moderno: omnivisibilidad, transparencia, panóptico, dispositivos del ver todo, cuya cara oculta es la fascinación por lo invisible. ¿Qué es el morbo, sino una exacerbación del ver, un complacerse y también un jugar con él (con el deseo, la espera) y con la fascinación por lo no visto (lo prohibido), hasta caer en una mirada perversa?

5. Como práctica comunicativa, la telebasura denota una degradación de la categoría de lo informativo: la utilización de técnicas y géneros periodísticos con fines espectaculares, mediante dramatización o trivialización; la producción de una actualidad paralela a la actualidad “objetiva”, sin duda debido al desgaste de ésta última: el cotilleo como actualidad redundante, autorreferente y sumamente pobre en contenidos, carente de valor simbólico.

6. Esto lleva consigo la institucionalización de prácticas degradantes que sustituyen el grito al debate, anteponen a la dialéctica de las ideas el enfrentamiento de personas, al intercambio de significados el linchamiento del otro, al rigor del argumento la fuerza bestial del verbo, el desmadre del gesto, todo ello erigido ¿hasta hace poco? en modelo de intercambio, conforme a una idea maniquea, primaria, del “debate”, a falta de otra alternativa. ¡Menudo ejemplo de socialización para los jóvenes!

7. Pero se traduce también por la aparición de nuevas formas narrativas, basadas en la espectacularización y ficcionalización de lo cotidiano ¿y cuya narratividad se va construyendo sobre la marcha en los realities?, acompañadas por fenómenos de hibridación entre géneros (documental y ficción) y de confusión entre categorías (verdad / simulación, atractivo / repulsivo), que pueden resultar peligrosos en cuanto cuestionan distinciones fundamentales para los niños en su proceso de aprendizaje.

8. Desde el punto de vista enunciativo, es patente la potenciación de un “habla profana” (Mehl): la del espectador anónimo (que adquiere nombre y fama gracias al medio), por oposición al experto (el que posee un saber) y al famoso (el que ya tiene nombre), instituyendo una falsa ¿y a menudo manipulada? democratización del discurso. Todo vale con tal de que refleje una “vivencia”, aunque sea intrascendente.

9. Esta espectacularización se caracteriza por una tendencia al exceso, traducida en barroquismo de las formas, que cae, las más de las veces, en el esperpento, la parodia, con una inclinación al autopastiche (CM y sus imitaciones) y a la reflexividad (el zapping); produce una fragmentación del discurso, una dilución del sentido y redunda en puro juego con las formas, con un predominio de lo imitativo sobre lo creativo, lo que no deja de ser preocupante, también, desde el punto de vista educacional.

10. En el aspecto ético, se desenvuelve en un universo de valores donde ha desaparecido toda jerarquía, todo imperativo moral, y se difuminan tanto las categorías éticas (bien / mal) como las estéticas (bello/ feo). Lo grotesco, lo monstruoso, y ahora lo freak, están de moda, el nuevo héroe es precisamente un antimodelo, hace gala de su desparpajo, de su desfachatez ¿entiéndase su capacidad para aprovecharse del medio y del otro (Pocholo)?, o de su cinismo (Lecquio), sin contraposición alguna de otros modelos. Lo negativo ¿la negación del / de lo otro? se erige en referencia dominante, el acoso en método periodístico, la invectiva en autoafirmación.

¿Entramos en la era de la postelevisión? ¿Una televisión especular en la que el espectador se contempla a sí mismo, transformado en un personaje casi de ficción, deformado por el espejo de lo grotesco, metamorfoseado por el esperpento en su propia caricatura?

Desde esta perspectiva, ¿cómo sorprendernos de que, en la escuela, haya bajado, nos dice el Informe Pisa, la curiosidad por el saber y se manifieste un rechazo al esfuerzo y una dificultad para concentrarse? Las múltiples derivas hacia el cotilleo (el periodismo del rumor, de la conjetura), hacia la telerrealidad (con su simulación de intimidad), hacia el juego, la parodia, con su traducción grotesca, facilitan una huida de la realidad y fomentan una “cultura del cachondeo”: del ¿pa’ qué?, ¿qué más da? y allá ellos, reformulación posmoderna (postransición y posmovida) del carpetovetónico que me quiten lo bailao.

El gusto por el disparate, la moda de lo grotesco, vienen a dar forma (forma pobre, tristemente trivial) a esta estética del descuido, de la despreocupación, versión despolitizada de la ideología del compromiso, que nos sitúa en las antípodas de una ética de la responsabilidad y del respeto ¿de atención al saber y al otro? imprescindible en todo proceso de aprendizaje (de la vida y de la diferencia). ¿Estamos pagando años de nivelación cultural, sustentada por la aculturación política, la regresión del discurso público a retóricas de otros tiempos, fomentada por / desde el ansarismo?

A no ser que esta representación hiperreal del ruedo ibérico ¿entre el pastiche y la parodia? colme el vacío dejado por otros discursos (el ideológico, el político, el histórico) y cambie una actualidad (la política) por otras (negra: de crímenes, rosa: de cotilleo, amarilla: de escándalos) o por su doble (la parodia, el zapping) y, con ellas, instale otros presentes, otras realidades, y confirme la función de evasión de la televisión. Más real que la realidad: la telerrealidad; más auténtico que la ficción, la teleficción, que es ya la televisión de hoy.