Artículos de Filosofía

EL CARTEL

Lunes, 31 Octubre 2011

BLOGS DE ETICA

Martes, 3 Mayo 2011

http://www.sophiaesmundus.blogspot.com/

THE DIGITAL STORY OF THE NATIVITY

Lunes, 20 Diciembre 2010

THE DIGITAL STORY OF THE NATIVITY

“Toda dominación social está basada en la asimetría de la información”

Viernes, 1 Octubre 2010

España prepara una Ley de Transparencia y hemos estado con varios expertos para analizar su importancia

Su conclusión: sin información pública, la democracia se convierte en un juego de sombras chinescas

01.10.2010 · Juan Luis Sánchez

“Incluso en una versión básica de la democracia, incluso en una democracia que consista sólo en votar cada 4 años, es indispensable el acceso a la información para poder decidir”, dice José Luis Martí, profesor de Filosofía del Derecho de la UPF. “Toda relación de dominación social está basada en la asimetría de la información”, y pone un ejemplo: “cómo va a poder decidir por sí mismo un ciudadano si está de acuerdo con que se ponga una guardería en su zona de la ciudad en vez de un polideportivo si no tiene datos sobre cuáles y cómo son las guaderías o los polideportivos que ya hay”.

Si haces click en este enlace te descargarás el anteproyecto de Ley de Transparencia del Gobierno de España. No lo busques en la-moncloa.es porque no está. No lo busques en la página de la vicepresidencia del Gobierno, que ha coordinado el documento, porque tampoco lo encontrarás.

Hasta ahora, sólo un medio de comunicación “ha tenido acceso” al texto a través de una filtración, en una práctica habitual en la relación entre el periodismo y sus fuentes pero que en esta ocasión ha suscitado una indignación especial en círculos especializados: “que un anteproyecto de ley sobre transparencia política y acceso a la información pública salga a la luz a través de una filtración exclusiva a un periódico es paradigmático”, nos dice Helen Darbishire, directora en España de Acces Info Europe, una de las organizaciones que trabaja por la transparencia democrática y que ha organizado esta semana las jornadas Del secretismo a la transparencia.

Mapa de leyes de transparencia en Europa

Formas aparte, la Ley de Transparencia pone las reglas del juego para que la información publica sea accesible por el común de los ciudadanos. Viene a tapar un hueco importante y como tal es bienvenida, pero no se trata de una iniciativa social de vanguardia sino más bien una cuenta pendiente de España, el único país de Europa con más de un millón de habitantes que no tiene una ley de este tipo.

Yendo al contenido, los críticos citan tres puntos negros en el texto preliminar: que no especifica a qué administraciones afecta, de manera que se puede intuir, dicen, que no se aplicará a muchas empresas públicas, ni a los poderes legislativo y judicial; que el plazo máximo para responder a las solicitudes de información es uno de los más largos de Europa; y que la información que está excluida del alcance de la ley “es demasiada”, incluyendo defensa o política exterior.

La Coalición Pro Acceso, que agrupa a 41 asociaciones de transparencia democrática, ha publicado nueve principios que deberían inspirar la ley, donde reclaman por ejemplo que la denegación de información y el secretismo sean la excepción, no la regla.

Balanza de la información pública que permanecerá reservada (izquierda) o accesible para los ciudadanos con la nueva Ley de Transparencia, según la Coalición Pro Acceso

Es interesante que alguien que ha sido director de la Agencia Española  de Protección de Datos diga en público que “la protección de datos se ha instrumentalizado políticamente y se usa para evitar proporcionar información”, en palabras de José Luis Piñar, director de la agencia desde 2002 a 2007.

La perspectiva latinoamericana estuvo presente en el debate. Una perspectiva incómoda, confusa, en especial cuando los expertos, más de una docena, tuvieron que hablar sobre México, un país que “tiene una de las mejores leyes de transparencia del mundo”, dijeron varios, pero que a la vez tiene serios problemas de corrupción que ponen trabas a su aplicación. Expertos como el abogado Andrés Monroy destaca en este artículo de Bottup el caso de Colombia, con “una las leyes más antiguas sobre acceso a la información en el continente americano” y donde se ha puesto en marcha la alianza “Más información Más Derechos” frente a la cantidad “abusiva” de “documentos reservados” que establecen las autoridades públicas.

Tecnología e intermediarios

Llegados al hipotético mundo donde todo es transparente y los datos públicos lo son de verdad, Álvaro Ortiz, del colectivo Pro Bono Público, se pregunta “¿sería capaz el Estado de dar a basto si todos comenzamos a hacer consultas? Tenemos que ser capaces de que la transparencia sea escalable”, es decir, que funcione incluso cuando se hace uso de ella masivamente, “y usable”, es decir, que no esté presentada de forma farragosa y solo apta para técnicos.

Para esto, según Pro Bono Público, está la tecnología y los intermediarios. “Hay que pensar en lo público como un procesamiento de datos. Los periodistas deben empezar a hacer su oficio de un modo nuevo, saber programación informática”, afirma Furilo, “para transformar y remezclar bases de datos”, porque esa será la nueva forma de contar las cosas.

Política de maniquí

Domingo, 26 Septiembre 2010

IGNACIO CAMACHO

Día 22/09/2010

LA política contemporánea se ha vuelto casi completamente bidimensional: huérfana de ideas y a menudo también de principios, en ella sólo importan el alto y el ancho de las imágenes. Los programas se han convertido en spots, los proyectos apenas sirven como soporte de decorados de atrezzo y los discursos han sido sustituidos por fotogramas. No es un problema exclusivo de la escena española, aunque el zapaterismo ha alquitarado esa tendencia de banalidad formalista en la esencia de un estilo de gobernar. La posmodernidad política ha licuado los debates hasta transformarlos en un ejercicio de escaparatismo.

El presidente del Gobierno tiene tan interiorizada esa prioridad aparencial que la formula con una naturalidad irreverente, sin importarle que se le vea el cartón de sus intenciones. Su frase ante Mohamed VI en Nueva York —«lo importante es la foto»— la suscribiría en su fuero íntimo cualquier otro líder posmoderno, desde Obama a Sarkozy, pero sólo a él se le ocurre expresarla con esa espontaneidad demoledora que quintaesencia su manera de entender la política como un permanente posado ante una cámara. No se trata ya de que el medio sea el mensaje, sino de que el mensaje no existe más allá del cartón del photocall. Por eso se le ve tan a gusto en foros como la asamblea de la ONU, donde prevalece una retórica de galería y estupendismo que permite a los próceres del mundo retratarse por su perfil más solemne y favorecido. Naciones Unidas es un teatro de vanidades en el que los gobernantes se hacen a sí mismos un liftingde universalidad sobre las arrugas de desgaste que envejecen la fachada de su política doméstica.

Entre esas candilejas de superficialidad nuestro hombre se mueve con una soltura complaciente; en el escenario reparte sonrisas luminosas y brinda con generosa galantería al sol de la solidaridad internacional, y en los encuentros bilaterales se entrega sin tapujos al arte de la representación iconográfica. Con su técnica de vaporización y reducción al vacío, al modo de los alquimistas de la nueva cocina, Zapatero destila la diplomacia —ya de por sí relacionada con el protocolo— en un alambique de fotogenia donde se depuran los contenidos y hasta las palabras para extraer tan sólo la esencialidad figurativa. Aunque últimamente a su entorno se le escapan los detalles y permite que le madruguen los símbolos; el séquito alauita se adelantó a colocar en primer plano de la instantánea una bandera de Marruecos para marcar el territorio de las prioridades. Puestos a hacer política de maniquíes, Mohamed estuvo más atento a la oportunidad de apropiarse del escaparate.

http://www.abc.es/20100922/opinion-colaboraciones/politica-maniqui-20100922.html

Photoshop acude al rescate

Viernes, 17 Septiembre 2010

La manipulación de una imagen del presidente egipcio, Hosni Mubarak, es el último ejemplo de una ‘magia’ que a veces da disgustos

http://www.elcomerciodigital.com/rc/20100917/gente/photoshop-acude-rescate-201009170238.html

Ciudadano digital

Jueves, 16 Septiembre 2010

Artículo de Antonio Arias, Síndico de Cuentas del Principado de Asturias, en La Nueva España el 16/o9/2010

http://www.upyd.es/servlets/VerFichero?id=45655

¿Quién teme al ciudadano feroz?

Martes, 20 Marzo 2007
FÉLIX DE AZÚA  Publicado en el País, jueves 9 de noviembre de 2006 
 

      Como es bien sabido, con ocasión del Salon de 1864 el pintor Édouard Manet expuso su célebre Olympia, un desnudo femenino que irritó profundamente a la buena sociedad parisina y cambió las reglas de la representación clásica. La gigantesca cólera desatada por el cuadro de Manet era debida a que el nuevo modo de presentar un tema clásico dejaba sin argumentos a los tradicionalistas. La estrategia artística de Manet negaba todos los valores defendidos por la vieja escuela. Los entendidos, los expertos, los coleccionistas y aquellos aficionados que se consideraban enterados, reaccionaron con violencia porque, de ser cierto lo que Manet expresaba en su pintura, entonces ellos eran una colosal mentira. También es conocido el final de la historia: eran una colosal mentira.

     Algo similar está sucediendo con la irrupción de un pequeño partido posnacionalista en Cataluña, a partir de las últimas elecciones. El Partido de los Ciudadanos (PC) es minúsculo en comparación con las fuerzas que representan al nacionalismo catalán, pero la reacción que ha desatado es sorprendente y pone de manifiesto, no la amenaza de los débiles, sino el miedo de los poderosos. La astuta conducta de los medios de comunicación catalanes, que no informaron en ningún momento sobre la campaña del PC mientras duró la subasta de votos, no ha podido resistir el resultado y ahora se desborda en ataques furibundos. Un síntoma inequívoco de que el poder se siente débil.

    Por si alguien supone que escribo desde una posición militante, debo aclarar que si bien formé parte del grupo que incitó a la creación en Cataluña de un nuevo partido que pudiera hablar con naturalidad sobre todo lo prohibido por el poder, en cuanto ese partido se constituyó legalmente me retiré con ánimo de no regresar nunca más a la política empírica. Si ahora escribo sobre ellos es porque nos están sirviendo una valiosa información sobre la falta de información que sufre la sociedad catalana. De modo que habría escrito exactamente lo mismo si hubiera votado a Convergencia o a Iniciativa.

    La falta de información a la que aludo es una de las causas de la inseguridad del poder catalán. Cuando escribo esta crónica hay ya un acuerdo para repetir el tripartito. Es decir, que han ganado los que han perdido, pero quizás no cabía otra posibilidad. Los partidos nacionalistas catalanes son máquinas de distribución. Cualquiera de las posibles combinaciones ganadoras no se forma para cumplir el deseo de los votantes sino para satisfacer a los partidos y a sus clientelas. Contra este estado de cosas había que fundar un nuevo partido y ese partido ha conseguido tres escaños sin apenas campaña, sin dinero, sin apoyos, sin aparecer en los medios, contando tan sólo con el entusiasmo de la gente.

     La victoria ha sorprendido porque la sociedad catalana carece de información responsable. Muy pocos periodistas sabían algo sobre el nuevo partido y lo que sabían era mentira. Ningún profesional de la prensa catalana intentó averiguar algo por su cuenta. Cada uno de los mediáticos de prestigio pertenece a un grupo dentro del sistema y nada que caiga fuera de tan estrecho horizonte tiene la menor importancia. La endogamia informativa ha llegado a extremos grotescos, como la creación de un comité de comisarios que vigila a los periodistas catalanes. Sin embargo, no es el momento de examinar el grado de dependencia y la falta de autonomía de los medios catalanes, sino de sacar algunas conclusiones. Y para ello nadamejor que poner algunos ejemplos de lo que está sucediendo después de las elecciones, cuando el resultado es irreparable. Quizás alguien se percate de que el estado de cosas es insostenible, que está hundiendo a la sociedad catalana en el escepticismo democrático, y trate de ponerle remedio.

     Hablemos de las firmas y vayamos de menor a mayor. Como es lógico, todo el periodismo de batalla ha coincidido en calificar al PC de facha, ultraderechista y cosas semejantes. De nada ha servido que el jefe del partido se definiera como socialdemócrata, o que no haya ni un solo dato que fundamente semejante barbaridad, es decir, que este es un partido de delincuentes. Ningún responsable del PC ha hablado de inmigración y si lo ha hecho ha sido con bastante mayor liberalidad que la señora Ferrusola de Convergencia o el señor Barrera de Esquerra; ni de religión y si lo ha hecho es para declararse laico y contrario a la asignatura de religión, a diferencia de los nacionalistas; ni del aborto, las bodas gays, el feminismo y la parafernalia que trabaja ese partido estetizante, Iniciativa, como no sea para coincidir con ellos porque, la verdad, esas cosas son simplemente obvias. No importa: los Sopena, los Culla, los Cardús, los Sánchez, la infantería del sistema, han afirmado que el PC es de extrema derecha.

     Era de esperar, por así decirlo, entre la gente de faena, pero subamos un peldaño. Toni Soler es una figura de la radiotelevisión catalana y escribe en La Vanguardia. Es una de esas estrellas locales que viven de luchar heroicamente contra la microscópica presencia del PP y que jamás han tocado un pelo al poder. Sin embargo, la aparición del PC le ha puesto nervioso. He aquí lo que escribía Soler el domingo 5 de noviembre: “(Para el PC) el nacionalismo catalán va de Carod a Piqué, inclusive, y dicen una frase en cada idioma, para demostrar que el idioma no les importa, es decir, que si el catalán desaparece no soltarán ni una lágrima”. Esto lo escribe Soler en castellano. Es otro de los innumerables nacionalistas que considera justo multar a un tabernero por no rotular en catalán, pero que desea seguir cobrando sus artículos en castellano, por favor. Con esta moral es difícil informar objetivamente.

    Subamos otro peldaño, lleguemos a periodistas prestigiosos y a los que respeto. Ese mismo día y en el mismo órgano de los conservadores catalanes, Enric Juliana escribía: “El despliegue del Partido de la Ciudadanía en España sólo es posible con el apoyo estratégico de un poder fuerte. La FAES es uno de ellos y ha amenazado con querellarse contra quien diga que suya es la mano que mece la cuna”. Debo confesar que el párrafo me ha desconcertado porque soy lector habitual de Juliana, uno de los escasos periodistas catalanes que utiliza el castellano con elegancia. Su posición siempre ha sido clara, es simpatizante de Convergencia, pero no es un palanganero. Suelo oírle en la tertulia de Carlos Herrera y me parece un hombre equilibrado. Que utilice una falacia tan absurda es significativo sobre el grado de intoxicación de los periodistas catalanes. La gente que ha conseguido tres escaños se los ha trabajado como antaño los clandestinos que luchaban contra Franco: aguantando los ataques del régimen en pleno y sin el menor apoyo de nadie como no sea el desinteresado y generoso de mucha gente que está harta de tanta falacia. Que sólo les hiciera caso la prensa de Madrid no es culpa suya, sino de la prensa de Barcelona.

    Y acabemos de subir la escalera hasta un nivel que puede costarme una amistad. El viernes 3 de noviembre, Xavier Vidal-Folch, el director de la edición catalana de este periódico y amigo personal, hacía un balance de los resultados. Escribía lo siguiente: “La gran novedad, Ciutadans, ese nacionalismo neoespañolista”. Pasaba luego a anunciar que el partido practicará el lerrouxismo, que acabará en manos de la extrema derecha, y terminaba diciendo: “¿Nuevo el nacionalismo español? ¿O el más rancio y cutre de los nacionalismos hispánicos?”. Esta es la opinión de un gran profesional catalán que ha vivido en Bruselas durante años y conoce la prensa europea. Si estuviéramos en Europa habría que hacerle algunas preguntas: ¿Qué es, en su opinión, el “españolismo”? ¿Algo así como el catalanismo, un apego cultural? ¿Que te guste la música de Albéniz, el Museo del Prado y las novelas de Mendoza? ¿Hay que añadir, para radicalizar, la jota en plan sardana, los toros en plan castellers, el Valle de los Caídos en plan Montserrat? ¿O más bien será españolista alguien que se oponga al populismo del odio contra los españoles tipo Rubianes? ¿Y que sería un “neoespañolismo”? ¿O es sólo un modo de clasificar para evitarse el análisis? ¿Pereza o desinformación?

    El lerrouxismo y la extrema derecha son fantasmas constantes en Cataluña, quizás por ser dos de las más frecuentes tentaciones catalanas, desde el carlismo del XIX hasta los Requetés franquistas. Son espantajos que carecen de contenido ya que toda situación histórica es irrepetible y para acabarlo de arreglar nadie sabe muy bien en qué consisten. ¿Es un lerrouxista a la inversa Artur Mas cuando se inventa un carnet de puntos para inmigrantes? ¿O Maragall cuando le concede la nacionalidad catalana a Montilla por lo bien que se ha portado? Cuando un término más o menos técnico se usa como insulto hay que suponer que de lo que abunda en el corazón habla la boca.

Lo mejor sin embargo es el final. “Rancio” y “cutre” son de nuevo adjetivos muy frecuentes entre los defensores de la buena sociedad catalana, aunque deben aplicarse exclusivamente al llamado “nacionalismo español”. Que Artur Mas se arrodille ante la tumba de Wifredo el Velloso, que todos los partidos canten Els segadors con la mano en el pecho y lo hagan obligatorio en las escuelas, que peregrinen a los lugares sagrados, que prohíban a los escolares hablar en castellano en el patio, o que sólo hayan leído a Prat de la Riba y otros genios de la filosofía política, no es, para ellos, ni “cutre” ni “rancio”. Debe de ser lo más progresista, aunque sólo en Cataluña. ¡Qué pésima información, Dios mío!

En efecto, un partido sin dinero, sin campaña, sin apoyo mediático, en cuatro meses ha conseguido tres diputados. Ahora el poder catalán puede reaccionar de dos modos distintos: temblando de miedo e insultando como hasta ahora viene haciendo, o poniendo remedio a lo que ha provocado 90.000 votos para el nuevo partido, 60.000 votos en blanco, la más alta abstención de la historia de Cataluña, y un panorama para el futuro Gobierno que cada vez nos acerca más a la Italia de los años de plomo. O a cosas peores. Quizás ellos se sientan a gusto en este ambiente de sauna para padrinos. Los demás, no.

LA ETICA COMO ANTÍDOTO

Sábado, 17 Marzo 2007

Entrevista realizada por Lucía Iglesias Kuntz, periodista del Correo de la UNESCO a Fernando Savater (filósofo). JULIO 2001

Filósofo, escritor, profesor de Universidad… a pesar de sus múltiples ocupaciones y de los más de 45 libros que ha publicado, últimamente parece que sólo se acude a usted para que hable del conflicto vasco. ¿No le pesa?
Es un poco aburrido y reduccionista, porque uno se ha dedicado a muchas cosas, quizá demasiadas, a lo largo de la vida, y lo único que le queda a la gente en la cabeza es que te pusiste un día en una esquina con una pancarta. Pero en fin, a veces los problemas son ésos. La gente no tiene obligación de preocuparse por la filosofía, pero creo que sí la tiene de preocuparse por el país en que vive. No tengo ningún interés en reclamar la atención sobre mí. Lo único que intento es utilizar la audiencia pública que pueda tener para ponerla al servicio de algo que me parece importante, que es la defensa del Estado de derecho y la lucha contra el totalitarismo en mi tierra.
Debe de resultarle insoportable no poder hacer nada sin ir acompañado por escoltas.
El otro día, una persona me preguntó, con toda su buena voluntad por otra parte: ¿Qué siente al tener que ir con escolta? Y yo le contesté: ¿Y bueno, qué siente usted al ver a gran parte de sus conciudadanos, periodistas, profesores, concejales, amas de casa, que tienen que hacer su vida acompañados de escoltas? ¿Por qué es un problema psicológico qué siente uno al ir escoltado y no qué siente el otro viéndote pasar con la escolta? Habría que decirle a la gente: ¿a ustedes qué les parece que estemos hablando de una unidad europea, y de pronto les cuentan que en un lugar de Europa la gente no puede salir a la calle en paz?

La plataforma Basta Ya, de la que usted es portavoz, acaba de recibir en el Parlamento Europeo el premio Sajarov de los derechos humanos. ¿Puede explicarnos qué es Basta Ya?
Es una iniciativa más de las muchas que ha habido en estos años en el País Vasco que intenta denunciar la violencia y oponerse a ella. Quizá lo característico de Basta Ya es que hemos salido a la calle no solamente para decir lo que no queremos (violencia, crímenes, asesinatos), sino también para defender lo que queremos: estatuto de autonomía y Constitución, es decir, lo que es el Estado de derecho español, que por supuesto puede evolucionar y transformarse, pero no por la fuerza.

En los 25 años transcurridos desde la muerte de Franco, el País Vasco, como otras regiones españolas, ha ido obteniendo una autonomía cada vez más amplia, y sin embargo las víctimas del terrorismo de ETA son más de 800, ¿por qué tanta violencia?
La violencia se alimenta de una ideología étnico-totalitaria que se ha ido forjando a lo largo del tiempo, probablemente con elementos acumulados de la época de Franco, que hoy está enquistada y constituye una amenaza bastante insólita dentro de Europa, porque verdaderamente no se ve muy bien qué justificación puede tener a estas alturas.
Es verdad que lo que ocurre en el País Vasco es raro, porque en otros lugares hay unas desigualdades de poder y económicas notables y una conculcación evidente de derechos humanos que, aunque no legitimen, al menos explican que haya violencia.

¿Cómo qué lugares?
Por ejemplo, Colombia es un país muy injusto, de grandes desigualdades económicas y educativas. No es que yo piense que la guerrilla allí sea un movimiento liberador, en absoluto, pero uno puede entender que haya personas que se pasen a la lucha armada, como en El Salvador o Guatemala en su momento. O en la propia Irlanda, donde secularmente la situación de los católicos ha sido de marginación, de exclusión y de postergación frente a los protestantes unitarios. Y no digamos Palestina y Oriente Medio. Hay lugares en que sin que uno vaya a decir que le parece bien la lucha armada, de alguna forma comprende que exista todo ese mundo de violencia.

¿Y por qué según usted el caso del País Vasco es diferente?
El País Vasco es una zona donde se goza de unas libertades como las de cualquier otro país europeo. Hay un grado de autonomía política y fiscal mayor que en los lander alemanes y un parlamento propio en el que están representados todos los partidos políticos, incluidos los independentistas. Es una zona desarrollada y sin problemas económicos. El gran problema vasco es que no existe problema vasco, es decir, que no existe una base objetiva, histórica ni económica para justificarlo. Y las ideas de ETA o, digámoslo claramente, las ideas del nacionalismo vasco no serían tomadas en serio si no fuera por la violencia.

¿Cómo desmentiría a quienes apoyan a ETA si no en la forma, sí al menos en el fondo, porque sostienen que su lucha armada es la única manera que tienen de conseguir la independencia?
Desde luego que sí, yo estoy convencido de que es la única forma que tienen de conseguir la independencia porque, claro, son una minoría dentro de una sociedad que no quiere eso. La legitimidad de ETA es exactamente la misma que tienen los asaltantes para entrar armados en los bancos. Como ellos no tienen dinero en el banco y el dueño del banco no se lo va a dar voluntariamente, pues entran con una pistola para que se lo den. Lo que pasa es que, no ya sus medios, sino el proyecto mismo de ETA, tampoco es legítimo. Yo no creo que sea legítimo sustituir una democracia de ciudadanos por una democracia étnica. Crear un Estado puede ser un proyecto político, puesto que los Estados son convenciones, pero no es un derecho, y sobre todo no es una obligación que los demás sintamos interés ni entusiasmo por una situación política que propugnan personas cuyos medios y cuyas ideas –mitad racistas, mitad radicalismo marxista– no son compartidas por el resto de la población.

Hay quien alega que los vascos sufrieron más que otros españoles durante el franquismo…
Eso es un mito evidente. Franco, que no tuvo muchos ministros catalanes, en cambio sí tenía ministros vascos a montones. Y veraneaba tranquilamente en San Sebastián en un barquito en medio de la playa de la Concha, cosa que evidentemente José María Aznar no podría hacer hoy. Hubo naturalmente vascos reprimidos, perseguidos, lesionados, como en todas partes. La lengua estaba marginada, aunque no tanto como se ha dicho, porque había congresos y enseñanza en euskera. Pero los vascos sufrieron tan poco que las provincias vascas eran las de mayor renta de todo el territorio. En 1975, Guipúzcoa era la provincia número uno en renta per capita y Vizcaya la segunda. Hoy me parece que son la 13 o 14. De modo que es una mitología que los vascos sufrieron más que los demás. La mayoría, y desde luego la mayoría de los que se convirtieron en nacionalistas a partir de la muerte de Franco, porque hasta entonces eran franquistas, se beneficiaron del franquismo a costa de otros.

Algunos historiadores se extrañan de que en España no se hiciera ningún tipo de trabajo de memoria durante la transición. Un día se murió Franco y al día siguiente había una monarquía parlamentaria…¿es que los españoles son amnésicos?
La inmensa mayoría de la sociedad española había procurado mirar para otro lado en la época del franquismo, sobre todo al final. La gente se decía: “no nos metamos demasiado en profundidades y dejemos que este señor llegue a su final natural, que ya le queda poco”. En el País Vasco, ese trabajo de memoria fue más bien una amnesia voluntaria repartida: yo olvido lo que tú has hecho y tú olvidas lo que he hecho yo. En el año 78 hubo en el País Vasco una amnistía general de todo tipo de delitos, algo único en Europa, porque en ningún lugar ha existido una amnistía tan global y absoluta. La coartada para no hacer investigaciones sobre autoridades franquistas fue que no se hizo ninguna respecto a los terroristas. Y, lo mismo que se liberó al etarra que había matado a quien fuese, no hubo más remedio que olvidar al general o al comisario que habían cometido otros delitos.
¿Hay minorías que estén legitimadas para pedir el derecho de autodeterminación?
El derecho de autodeterminación es un derecho político, un logro histórico de determinadas comunidades que se cimientan en Estados frente a las demás. Por razones históricas, el perímetro y la extensión que España tiene hoy no es el que tenía hace mil años y puede que no sea el que tenga dentro de mil, lo mismo que Estados Unidos o cualquier otro lugar. Pero todo eso no tiene nada que ver con la cuestión de las minorías. Piense que en el mundo hay aproximadamente 200 Estados y más de 5.000 lenguas distintas, lo que significa que la mayoría de los Estados tienen muchas lenguas y diversidad de grupos étnicos en su interior.
Se podría pensar que es usted enemigo de las minorías…
No soy hostil a las minorías. Todos pertenecemos a minorías estereotipadas por otros; grupos de aficiones, de intereses o incluso de tradiciones religiosas. Yo pertenezco a la de los aficionados a las carreras de caballos, lo que ocurre es que no tenemos antropólogos que hablen por nosotros ni una representación ante las Naciones Unidas. El mundo está lleno de estas cosas y no hay nada de malo en ello. De lo que soy enemigo es de quienes inventan identidades a grupos determinados y fragmentan la humanidad accesoriamente en lugar de intentar buscar las ventajas de la civilización para todos. Y aún más cuando esos rasgos identitarios son por ejemplo la ablación del clítoris o cualquier otra barbaridad.

Pero el riesgo opuesto es la uniformidad.
No creo que haya que tener ningún culto maniático por la diferencia ni ningún horror no menos maniático ante la homogeneidad. En sí mismas, las diferencias no son buenas por ser diferencias. Algunas son valiosas, enriquecedoras, y aumentan el placer de la experiencia humana, pero otras son residuos atávicos y atroces de un pasado que cuanto antes dejemos olvidado, mejor. En este sentido, la esclavitud es diferente al contrato laboral, pero es que el contrato laboral es mejor, y se ve absurdo que para defender la pluralidad admitiéramos que unos tuvieran contrato laboral y otros fueran esclavos. Ojalá que todo el mundo fuera educado, tuviera una seguridad social y una protección de la infancia, de la mujer en parto, de los ancianos. Lo que podemos lamentar es que el mundo se homogeneiza solamente en aspectos comerciales, con los capitales especulativos yendo de un lado a otro, y no en aquellas cosas que serían deseables, como la defensa de los derechos humanos y la educación.

¿No lamenta usted la globalización?
Es que, en contra de otra superstición que oigo mucho, tampoco veo que el mundo se vaya haciendo todo igual, por desgracia. Entre Suecia y Ruanda no solamente no va habiendo menos diferencias, sino que va habiendo más. Y desde luego los países están llenos de peculiaridades muchas de las cuales son espeluznantes, de modo que ojalá el mundo fuera más uniforme y los derechos fundamentales se respetaran en todas partes por igual.

¿Qué hay que defender entonces?
La capacidad creativa. Lo importante es que se respeten todas las posibilidades de creación que haya en un lado o en otro. Conservar arqueológicamente las peculiaridades porque “son lo que aquí siempre ha existido”, cuando en realidad consisten en que cuatro o cinco folcloristas, o arqueólogos, o antropólogos, inventan y acuñan una identidad y todos los demás tienen que seguir ese camino sin mezclarse con nadie, sinceramente a mí no me parece ninguna ventaja. De modo que lo que me preocupa en todo este asunto no son ni las identidades, por las que no tengo ninguna fascinación, ni la defensa de un pluralismo que creo que está asegurado porque los seres humanos siempre vamos a nacer diferentes unos de otros.

¿Y el mestizaje?
La grandeza de la especie humana está precisamente en que todos somos mestizos. Probablemente cuando nacimos en África todos éramos negros e iguales y poco a poco nos hemos diversificado, adquiriendo diversas etnias, colores, y formas. Esas mezclas múltiples son la sal de la tierra y van a serlo todavía más en un siglo en el que uno puede dar la vuelta al mundo en pocas horas y comunicarse por medio de un ordenador con el otro extremo del planeta. A mí todo lo que sea pureza, pureza de la identidad o de la etnia me parece estéril. La pureza no es fecunda nunca; las vírgenes no tienen hijos.

Según usted, la educación, que define como “la antifatalidad por excelencia, la única forma de liberar a los hombres de su destino”, puede cambiar mucho las cosas…
Sí. Las sociedades en las que la educación no desempeña ningún papel son sociedades estamentales en las que cada grupo está destinado a reproducir la suerte de sus padres o de la minoría a la que pertenece; el hijo del campesino aprende de su padre las labores del campo, las mujeres se informan unas a otras respecto a la cuestión del parto y de los hijos, los militares aprenden a tirar con arco o a montar a caballo puesto que ésos van a ser sus destinos en la sociedad. La educación, en cambio, prepara a seres humanos abiertos y polivalentes que pueden ocupar distintos lugares. Así, la Grecia de Pericles educaba, porque cada ciudadano podía convertirse en cualquier cosa dentro de la sociedad griega, mientras que en la Persia del Gran Rey no se educaba porque cada uno estaba predestinado a ocupar un puesto preciso. En nuestras sociedades de hoy hay también una especie de fatalidad que hace que el hijo del pobre siempre vaya a ser pobre, y que el hijo del ignorante siempre tenga que ser ignorante. Y frente a eso, la educación es el elemento progresista con capacidad de romper con la fatalidad social e inventar algo nuevo: en las sociedades de movilidad social abierta, el hijo del barrendero puede llegar a presidente o a rector de universidad por medio de la educación.

En esa reinvención de la sociedad por medio de la educación, ¿qué papel desempeñan la familia, las instituciones educativas y el propio alumno?
Cuando hablo de educación no me refiero exclusivamente a la académica, que es la más controlable, pero no la única. Aunque las familias han ido evolucionando históricamente y no son como eran hace 50 años, siguen teniendo un papel educativo que tiene que ver con la entrada en el mundo del respeto y del buen conocimiento por la vía del afecto. Lo que ocurre es que hoy los miembros adultos responsables de la familia tienen, o dicen tener, poco tiempo para educar y tienden a pagar para que les descarguen de ese oficio… Por su parte, la educación académica familiariza a los niños con un mundo más igualitario y más abstracto, no meramente afectivo, sino legal, lo cual es una conquista importante. Ahora bien, en último término, quien aprende es el sujeto, el alumno, el neófito. Los profesores lo más que podemos hacer es enseñar, pero aprender sólo lo puede hacer el alumno. De modo que lo que hay que intentar es despertar la vocación de aprender. En cuanto esa vocación ha sido suscitada en una persona, ella misma buscará las mejores vías de aprender.

Sus libros Ética para Amador y Política para Amador eran intentos de explicar a su hijo y, por extensión, a otros jóvenes los grandes principios de esas disciplinas. ¿Cree de verdad que a los jóvenes les interesan esas cosas?
No he conocido nunca a ningún joven que no se interese por esos temas. La gran mayoría no se interesa por los profesores que se los enseñan, pero adolescentes de 15 o 16 años que no se interesan por la libertad, por la belleza, por la justicia o por la muerte… en 30 años que llevo dedicado a la docencia jamás he encontrado ninguno. Sí he conocido algunos adultos que están ocupados ganando dinero o haciendo cosas que ellos creen importantes que han dejado de preocuparse de estas cosas.

Aun a riesgo de aburrirle, no quisiera terminar sin preguntarle si es optimista respecto a una solución del conflicto vasco…
Hay una milonga que dice que muchas veces la esperanza son ganas de descansar. En este caso, tener esperanza es decir: “Ya se arreglará esto, poco a poco, la vida, el tiempo…”.Yo creo que ni el tiempo ni el espacio arreglan nada por sí mismos, soy un pesimista activo. Las cosas no se van a resolver solas; la situación es muy grave y está muy mal. Y labores como la difusión por Europa, para que Europa sepa lo que ocurre y se responsabilice o colabore de alguna forma con los que estamos
luchando contra el fascismo aquí pueden ser útiles. Porque lo mismo que se han movilizado para apoyar a quienes estaban amenazados por el totalitarismo en Kosovo o en otros lugares, aquí también hay que actuar.
Uno cuando hace cosas las hace esperando que salgan bien, y en ese sentido es optimista, porque piensa que haciéndolas la situación puede mejorar. Pero tampoco es un proceso automático. El problema no es que se pongan de acuerdo los partidos soberanistas y los constitucionalistas, eso no tiene nada que ver. ¿Va a cambiar la forma de educar a los chicos? ¿Va a desaparecer la propaganda en la televisión? ¿Va a cesar esa inculcación sistemática de odio en el País Vasco a todo lo que signifique España, o españoles, es decir, a más de la mitad de la población que vive allí? ¿Va a variar eso? ¿Hay alguna medida que se haya aprobado para cambiarlo? De modo que hay que seguir luchando.

¿Y usted va a seguir?
Yo voy a intentar seguir, sí… Si me dejan.

LOS IDOLOS DE LA TRIBU

Sábado, 17 Marzo 2007

por Fernando Savater

      ¿Recuerdan ustedes lo que decía de los ídolos Francis Bacon? Por supuesto no me refiero al gran pintor recientemente desaparecido, sino al filósofo recacientista que fue Barón de Verulamio, Lord Canciller de Inglaterra y crítico acerbo de Aristóteles. Bacon sostuvo que diversos ídolos o supersticiones ideológicas acosan la mente de los hombres, derivados de la propia naturaleza humana, de la psicología individual, de las convenciones sociales y de errores filosóficos indebidamente venerados. A los que provienen de nuestra naturaleza o raza humana les llamó ídolos de la tribu, mientras que los que provienen del intercambio social eran los ídolos del mercado. Sea entre los de la tribu o entre los del mercado, estoy seguro de que Bacon hoy no dejaría de incluir la obsesión por la identidad cultural y nacional en la nómina de los más pertinaces ídolos vigentes.
       Según se dice, la identidad de un grupo la forman el conjunto de rasgos que le hacen ser el que es y como es. Si los rasgos cambian, cambia la identidad y el grupo deja de ser el que era … aunque siga siendo un grupo. Los partidarios del culto a la identidad consideran que ello supone una gran pérdida y sólo puede deberse a una malévola injerencia externa. Por lo visto, toda identidad es buena por el hecho de serlo y ningún cambio puede ser para mejor o al menos indiferente. También las personas tenemos una identidad, pero es comúnmente aceptado que ciertos cambios venidos del exterior pueden mejorarla: en el caso contrario, ¿de qué vivirían los maestros y los psicoanalistas? No saber leer ni escribir es un rasgo de identidad muy propio de los niños y de los adultos de ciertas capas sociales pero lo común es intentar modificarlo (lo que llevó a Bergamín a deplorar ‘la decadencia del analfabetismo’); ciertas fobias y ciertas filias desordenadas son de lo más característico de algunos individuos, pero suele pagarse a los psicoanalistas por intentar transformarlas. Si la identidad personal sufre cambios que a nadie escandalizan por influjo de fuerzas exteriores, ¿por qué las identidades nacionales no podrían ser también ‘educadas’ o ‘curadas’ de modo semejante?
        La identidad de un grupo se forma por lo común a base de hábitos, técnicas o diversiones que pasan por inmemoriales pero que la mayor parte de las veces son estilizaciones recientes (brotadas más o menos por la época en que la acuñación de una identidad propia se hace deseable) y que derivan de la imitación, la transformación o la emulación de otros procedimientos foráneos. El contagio y la impregnación por lo ajeno son norma, no excepción, en todo lo que sentimos como más peculiar y propio. El estímulo venido de fuera potencia lo de dentro. ¿Qué sería del vino de jerez sin los ingleses o de los mariachis mexicanos sin el mariage de Maximiliano y Carlota, monarcas gabachos y efímeros? La identidad no es el despliegue de una escencia nacional eterna, sino el conjunto de intercambios creadores y de excentricidades fecundas. Esos rasgos son tanto más auténticos (en el sentido de fidelidad veraz a su origen) cuanto más flexible y ligero es su uso: el estereotipo purista y castizo los caricaturiza en lugar de preservarlos. Además, el proceso continúa en el presente porque los perfiles de la identidad no tienen una época privilegiada para establecerse in aeternum. Los rasgos que hoy se destruyen dan lugar a otros, ni más ni menos ‘puros’ que los antes desplazados: lo que ocurre es que ahora somos conscientes de la estimulante ‘corrupción’ forastera que los provoca, mientras hemos olvidado la que incitó a los que vemos desaparecer.
     Al defender los rasgos culturales o folklóricos supuestamente idiosincráticos,los idólatras de la identidad olvidan que son formas de hacer y de comportarse nacidas para resolver determinados problemas, no para singularizarse entre los vecinos. ¿Por qué no pueden cambiarse si se nos ofrecen otros modelos más efectivos y provechosos para afrontar retos semejantes? La numeración romana fue un rasgo de la identidad cultural latina de lo más relevante, pero no conozco a nadie que deplore su sustitución por los guarismos árabes. Es evidente que éstos funcionan mucho mejor y lo que se pretende con los números es calcular bien, no ‘distinguirse’ de otros pueblos. Tampoco parece que los puristas que defendieron nuestro racial pergamino frente al papel inventado por los chinos o consideraron la seda como una decadente moda de esos diablos amarillos sean dignos de ser imitados. ¿No son igual de obtusos los que hoy defienden la ley coránica frente al liberalismo democrático, en nombre de conservar la propia identidad contra contaminaciones extranjeras? No es cierto que los rasgos culturales no admitan nunca parangón unos con otros: en muchos casos es posible decir que unos son mejores que otros, porque su función última no es la de expresar ‘formas de ser’ preexistentes, sino afrontar las dificultades de una realidad que en gran medida tiene aspectos comunes para todos los humanos. Y ello es válido incluso en el terreno aparentemente menos objetivo de los gustos y diversiones. ¿Por qué debo seguir bailando al son de mis abuelos si otros ritmos me agradan más … aunque me los hayan enseñado gentes de fuera? ¿Snobismo? ¿Y qué sería de la cultura si los benditos snobs no sintieran el capricho por lo exótico, por lo foráneo, por la agitación de las formas y de los modos?
       Entonces los partidarios de la identidad incorrupta profetizan que la pérdida de las identidades nacionales uniformizará el mundo, convirtiéndolo en monótono reflejo del imperio dominante. Es curioso que se recurra a lo idéntico para propagar lo diverso. Para que el mundo no se uniformice, los partidarios de la identidad quieren unifomizar su parte del mundo … de modo que todo en ella se distinga del resto del planeta pero nada dentro de ella sea distinto de lo demás. El comportarse ‘a su modo’ es el derecho de la identidad en las colectividades pero extranjerismo mimético o colonialismo o colonialismo en los individuos. Es cierto que los cosmopolitas prefieren que todo en Japón sea muy japonés y en Murcia muy murciano, porque ellos viven ya como ciudadanos de un imperio en el que reinan los transportes rápidos: pero quizá los que viajan menos prefieran que les traigan las cosas a la puerta de casa. ¿Qué es más uniforme: que en cada gran ciudad haya una calle en la que se encuentre un restaurante vasco, un McDonald, un bistrot, un pub, una pizzería, un restaurante chino y una taberna andaluza o que esos locales no se vean nunca fuera de su lugar de origen … ni en su lugar de origen se encuentre cosa distinta al local que corresponde por ‘identidad’? El reproche de abigarramiento sin raíces contra las democracias imperiales viene de lejos.En un panfleto anónimo del siglo V a.C. contra la democracia ateniense (en el que se le reprochan cosas que les sonarán a ustedes, como la corrupción de los políticos y el afán popular por el dinero) se asegura que “mientras otros griegos se valen cada uno de su propia lengua y tienen su propio modo de vestir y sus propias maneras, el lenguaje, los trajes y las maneras de los atenienses están entreverados de elementos dispersos de todos los griegos y de todos los bárbaros”. Sin embargo, las ‘invasiones’ culturales contra las que más se predica acaban luego como el Eurodisney: el que quiere va, el que no quiere no va … y si la mayoría no va el negocio puede entrar en bancarrota. De vez en cuando, los entusiastas de la identidad sacan la artillería dialéctica pesada: lo étnico, lo lingüístico, la identidad histórica. En último extremo, la raza. Fundar un estado en la identidad - es decir, en la uniformidad y el sometimiento de la diferencia - de lo étnico o lo lingüístico no es más que un primer paso en el camino que lleva al estado basado en criterios raciales. Por desgracia, tenemos mucho de eso en nuestro pasado y una ojeada por la Europa que vivimos revela que también en nuestro presente. El combate del mañana será entre quienes intenten desmitificar la identidad de la tribu y quienes deseen convertirla en ídolo y mito del siglo XXI.