Artículos de General

Símbolo y lenguaje 15-10-2010

Jueves, 14 Octubre 2010

 Referencia: Libro de Filosofía pag 145

Tarea: hacer un  post sobre las siguientes ideas (uno por idea) para el Lunes 18 de Octubre

1.-  El símbolo es un objeto o realidad a la que se atribuye un significado.

2.- En el símbolo: entre el significante y el significado hay una realidad arbitraria.

3.- Símbolo puede ser

       - objeto

      - Palabras

      - Seres vivos

      - Accidentes geográficos

      - Otros

4.- Realiza un post a partir de la siguiente frase de Erns Cassirer: ” el hombre ya no vive solamente en un puro universo físico sino en un universo simbólico”

5.- Comentar la siguiente imagen.

Al Jolson

Miércoles, 6 Octubre 2010

Asa Yoelson (Seredzius, Lituania, 26 de mayo de 1885 ó 1886 - San Francisco (EE. UU.), 23 de octubre de 1950), fue un cantante, actor, guionista y director de música estadounidense de origen lituano.

Contenido

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[editar] Biografía

Hijo de un rabino que en 1893 se trasladó con toda su familia a Norteamérica. Allí desarrollaría una gran variedad artística, primero como animador en bodeviles, cafés, plazas y circos, y luego en teatro, donde hacía repertorios burlescos en obras como La Belle Parée (1911), El Hijo de Robinson Crusoe (1916) y Simbad el Marino (1918-1920).

Asa y su hermano Hirsch, rebautizados como Al y Harry, iniciaron su carrera teatral muy jóvenes. Al tomó entonces la costumbre de teñirse el rostro de negro, lo que le valió su primer éxito.

En 1920, interpretó «Swanee», un tema de George Gershwin que le dará fama en todo el mundo. Después, presenta «Bombo», un espectáculo con el que continúa el éxito. En 1925 conoce un nuevo éxito con «Big Boy» y la canción «California, here I come».

[editar] The Jazz Singer

En el año 1927 tuvo una actuación cinematográfica en The Jazz Singer (El cantante de jazz) cuya trama era muy parecida a su vida real, como hijo de un rabino. Fue la primera película sonora, de allí lo catapultó definitivamente a la fama, lo cual luego interpretaría la versión original en teatro con éxitos rotundos en todo el país y en Europa. Su famosa frase “Un momento, un momento, aún no has escuchado nada!” quedó en los anales de la Historia del Cine.

Esta película dirigida por Alan Crosland marcó el advenimiento del cine sonoro. Al Jolson canta en ella varios temas («Mammy», «Toot, toot, tootsie, goodbye», «Dirty hands, dirty face», «Blue Skies», «Mother, I still have you», etc), convirtiéndose en una estrella del séptimo arte, al que regresa poco después interpretando «The Singing Fool» (1928), una cinta dirigida por Lloyd Bacon con la que alcanza una popularidad mayor si cabe que con «The Jazz Singer». En ella interpreta «Sonny Boy», uno de los más grandes éxitos de su historia artística.

Nativos digitales

Sábado, 2 Octubre 2010

TOMÀS DELCLÓS

EL PAÍS  -  Sociedad - 02-10-2010 La llegada de las nuevas tecnologías supuso que los ciudadanos tuvieran que inmigrar a un planeta digital que muchos contemplaban como algo inhóspito. Y ayudaba una informática poco amigable. En la medida que manejarla no exige rutinas ingenieriles y que su empleo es forzoso en lo laboral y ayuda en la vida cotidiana, la cacharrería digital ha entrado en los hogares. Es más, muchos ni tan siquiera advierten que tienen tratos con la informática, un caso, cuando conducen un coche o acuden a un hospital. Cada vez se hace más invisible.Hasta ahora Internet, por ejemplo, ha sido un espacio para las personas, pero ya se habla del Internet de las cosas, todas interconectadas y, gracias a ello, con una inteligencia superior de funcionamiento. Pero en el planeta digital hay unos habitantes que ya han nacido en él: los nativos. El empleo de ordenadores entre la población infantil (de entre 10 y 15 años) es prácticamente universal, un 94,6%, y la mayoría de ellos trata con Internet. Y un dato saludable, no hay diferencia de sexos en el empleo de los ordenadores y si la hay, en el caso de la telefonía móvil, es a favor de las chicas. Pero no todo está hecho. Además de mejorar los porcentajes de equipamiento por zonas y franjas de edad hay que profundizar la cultura de uso para que el ordenador sea algo más que un mueble moderno. Más de 11,5 millones de personas de 16 a 74 años disponen de DNI o de otros certificados de firma electrónica. Pero de ellos, solo el 4,7% ha usado el DNI digital en sus relaciones con las Administraciones. Y apenas un 17,4% acude a las tiendas en línea. Uno de los factores retardatarios para el uso frecuente y tranquilo de los ordenadores e Internet es la seguridad. Más del 72% teme ser víctima de un virus y, aunque apenas un 1,7% ha tenido problemas en este terreno, a un 62,6% le preocupa que los niños puedan acceder a páginas inapropiadas o a contactos con indeseables. Estos miedos razonables son inhibitorios y la encuesta refleja que distintos porcentajes de población se han retraído en determinados usos de la Red por este motivo. La batalla contra la brecha digital no puede consistir solo en mejorar el equipamiento de la población y que el acceso a Internet sea más veloz y asequible económicamente. También hay que combatir los miedos y ello implica a una industria que debe ofrecer máquinas y servicios fiables y una cultura de uso que, consciente de los riesgos, no los argumente para desentenderse de algo que ya es vital para su vida diaria.

El salto a lo digital es imparable

Sábado, 2 Octubre 2010

Pese a la crisis, se dispara el acceso a Internet y el empleo de nuevas tecnologías en los hogares - Los niños tiran del carro con un uso precoz e intensivoPATRICIA M. LICERAS

EL PAÍS  -  Sociedad - 02-10-2010 Como una mancha de aceite. Así se está extendiendo el uso de las nuevas tecnologías en la sociedad. Ni una recesión sin precedentes, ni un paro por encima del 20%, ni la rebaja de salarios ha frenado el rápido ritmo de incorporación de los españoles a la sociedad de la información, es decir, a la conexión de banda ancha a Internet, en medio de un creciente número de dispositivos multimedia. Con retraso, pero ya con prisa, España se digitaliza a pasos acelerados. Y reduce así la brecha con la Europa más avanzada.El proceso viene liderado por los más jóvenes de la casa, los llamados nativos digitales, chicos nacidos ya rodeados de tecnología y usuarios intensivos de ella desde edades cada vez más tempranas. Con 10 años la mayoría de los niños navega por la Red y con 12 tiene móvil, pero los indicadores de uso de tecnología muestran una mejora general en todas las edades que apunta hacia una sociedad digitalizada al 100% en el futuro. El 57,4% de los hogares dispone de conexión de banda ancha a Internet, un 11,6% más que en 2009, mientras que el número de internautas ha crecido un 7,1% en el último año y supera los 22,2 millones de personas, según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación en los Hogares publicada ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE). “La gente necesita estar conectada y es capaz de sacrificar lo que sea antes de quedarse sin ese vínculo”, asegura Fermín Bouza, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Y llama la atención sobre el hecho de que, pese a la situación económica, “la sociedad del conocimiento se mantiene intacta: ha crecido el uso de las nuevas tecnologías, pero tampoco ha bajado la venta de libros, ni el número de matriculaciones en las universidades. Es un buen indicador de que hay una cierta normalidad dentro de la crisis”. “La clave de esta expansión, sobre todo de Internet, es que la Red es útil, necesaria y divertida. No hay nada tan motivador como lo que entretiene. Internet siempre ha sido un entorno rabiosamente social, público, donde encontrar y conectar con gente, con cualquier fin”, dice Joan Mayans i Planells, presidente del Observatorio para la Cibersociedad. Junto a Internet, un amplio repertorio de aparatos tecnológicos -ordenadores, teléfonos, DVD, receptores de TDT- pueblan cada vez más nuestras casas, oficinas y nuestros bolsillos. Los expertos consultados coinciden en que la generalización de su uso es positiva, siempre y cuando ese manejo, como ocurre en otros ámbitos, se haga de manera segura y responsable. “Los más jóvenes son los que están tirando del carro de las nuevas tecnologías, y el problema es que estos nativos digitales van a una escuela anclada en la Edad Media, que sigue dependiendo del libro de texto”, lamenta el sociólogo Rafael Feito, profesor del máster de formación del profesorado de la Universidad Complutense de Madrid. “Nos encontramos ante un profesorado envejecido, pues existe una correlación entre la edad y el uso de las nuevas tecnologías, y eso tiene que cambiar”, resalta. Y apunta otro escollo, la resistencia a lo que Internet significa en el seno del sistema educativo. “Supone una redistribución del poder social dentro del aula. Hasta ahora había una concepción unidireccional de la enseñanza, la impartida del profesor al alumno, y la Red -con todas las posibilidades que abre- democratiza un sistema muy autoritario”, manifiesta. Guillermo Cánovas, presidente de Protégeles, organización dedicada a la protección de los menores en el ámbito de las nuevas tecnologías, dependiente de la Comisión Europea, destaca el déficit de conocimiento en las familias. “Son los más pequeños de la casa los que programan el DVD al padre o le cambian la melodía del móvil; los padres, como el sistema educativo, están de espaldas a este avance, de modo que los menores se ven obligados a manejarse en ese mundo solos, sin pautas”, critica Cánovas. El uso del ordenador por los menores de entre 10 y 15 años es prácticamente universal (94,6%), mientras que el 87,3% utiliza Internet, según el INE. Con 10 años, el 78% navega por la Red y el 29,8% tiene móvil; con 15 años, el porcentaje asciende al 93,1% y al 92,1%, respectivamente. La edad en que el móvil se convierte en mayoritario son los 12 años: un 68% lo tiene. “Tan necesario es que nuestros niños usen un ordenador a los cinco años como lo era hace 50 que aprendieran a leer o a utilizar un lápiz o una tiza. Los ordenadores, la conexión a Internet, son una parte de nuestro presente, pero para los niños esa parte es innegociable, imprescindible”, subraya el presidente del Observatorio para la Cibersociedad. Sin embargo, para ser un usuario con criterio y saber separar el grano de la paja, la formación es crucial. “Que sean nativos digitales no quiere decir que ya lo sepan todo sobre cómo usar un ordenador o conectarse a Internet. Al contrario, precisan una guía, una formación, una orientación para entender y sacar partido de esta ágora de información y personas. El ciberespacio es un espacio donde van a desarrollar su vida”, asevera Mayans. El presidente de Protégeles lo ilustra con un ejemplo. “Es como si al niño le das un coche sin enseñarle previamente las normas de circulación y alertarle de los riesgos de beber al volante”. Los expertos ponen el acento principalmente en el sistema educativo, en la necesidad de educar a los profesores para que estos a su vez formen a los jóvenes. “Hemos dado conferencias en 2.000 colegios e institutos de toda España y el resultado siempre es el mismo: los chicos abrazan las nuevas tecnologías”, indica Cánovas. Una formación previa básica para un uso seguro y responsable de las nuevas tecnologías que ayudará a disipar los miedos en torno a las mismas, un recelo fruto en muchas ocasiones del desconocimiento. “El hijo pide el ordenador o el móvil y los padres ceden, otros no, más que por falta de recursos, para evitar un problema de tipo moral, por puritanismo, pero prácticamente todos recelan por miedo a que los chicos se pierdan en un mundo que no controlan”, dice el sociólogo Bouza. “Los chicos utilizan el móvil o se conectan a la Red, primero, para comunicarse y, segundo, para divertirse. Ambas cosas son buenas y necesarias”, explica Cánovas. El presidente del Observatorio para la Cibersociedad afirma que se invocan los mismos peligros desde hace mucho tiempo: amenaza a la privacidad, posibilidad de fraude, utilización de nuestras pautas de comportamiento sociales con fines comerciales… “Estos peligros no son más que la consecuencia del aumento del tráfico en la Red y de la diversidad de perfiles conectados”, dice. “Engañar a alguien es igual de probable a pie de escalera que a través de un correo electrónico”, apunta el presidente de Protégeles. Cada vez que el universo de usuarios de Internet se acerca más al universo que conforma toda la sociedad, más se parecen las virtudes y defectos de uno y otro mundo, opina Mayans. “Internet no es ni más ni menos moral, peligroso, obsceno o divertido de lo que somos sus usuarios”, considera. Y augura el próximo paso, “el de los bolsillos”. “Cuando toda la potencia lúdica y social de Internet sea realmente operable desde nuestros dispositivos de bolsillo (eso a lo que antes llamábamos teléfono móvil), daremos otro salto evolutivo”. De seguir este crecimiento exponencial en el uso de las nuevas tecnologías, España, pese a su retraso histórico, parece preparada para ese siguiente escenario. Para ello, el presidente del Observatorio para la Cibersociedad, da un consejo. “Ante una sociedad híbrida donde la tecnología digital y las relaciones sociales se entrecruzan para formar un solo todo, deberían empezar a usarse los ordenadores ya en las guarderías”.

Memoria y olvido en la era de Internet

Jueves, 30 Septiembre 2010

¿Cómo dejar atrás algo que la Red ha fijado como un recuerdo imborrable? La banalización de lo privado con el auge de las redes sociales nos hará perder algo que nos ha pertenecido durante siglos: nuestra intimidad

ERNESTO HERNÁNDEZ BUSTO

EL PAÍS  -  Opinión - 30-09-2010 No creo que la sociedad entienda lo que sucede cuando todo está disponible, listo para ser conocido y almacenado indefinidamente”, dijo Eric Schmidt, consejero delegado de Google, en una entrevista concedida a The Wall Street Journal el pasado 14 de agosto. Y también predijo que los jóvenes que hoy hacen un intenso uso de las redes sociales podrían un día no muy lejano exigir el derecho a cambiar sus nombres para escapar de su pasado en Internet.

Cambiar de nombre parece complicado, pero no tanto cuando lo que está en juego es más complejo que un simple episodio embarazoso del pasado. Vean el ejemplo de Andrew Feldmar, un psicoterapeuta canadiense, que hace tres años se dirigía a recoger a un amigo en el aeropuerto de Seattle y se topó con un guardia fronterizo al que se le ocurrió buscar su nombre en Internet. Se enteró así de que Feldmar había escrito un artículo (en primera persona) sobre el uso del LSD en la década de los sesenta. El artículo, publicado en una oscura revista interdisciplinaria, le costó a Feldmar su entrada al país donde trabajaba, en el que vivían sus dos hijos, etcétera. Cada vez son más frecuentes estos casos en los que una simple búsqueda en la Red se convierte en requisito no superado. ¿Cómo impedir que Internet recuerde algo que queremos olvidar? Y sobre todo, ¿cómo hacerlo ahora que Google, Yahoo o Microsoft pueden almacenar todas nuestras búsquedas, hasta el punto de recordar nuestra vida mejor que nosotros mismos? La banalización de lo privado que acompaña el auge de las redes sociales podría ser uno de los efectos colaterales de nuestra falta de control sobre algo que nos ha pertenecido en exclusiva durante siglos. ¿Qué más da que cualquiera pueda tener acceso a mi intimidad si no tengo, en realidad, nada que ocultar?, concluyen hoy los adolescentes que han hecho de Facebook un ritual imprescindible. Dentro de unos años, tal vez cambien de idea. Pero ese pasado seguirá presente. Schmidt no es el primero, ni el único, en cuestionar las implicaciones éticas y culturales de este cambio decisivo en el estatus de la intimidad. Los defensores de la democracia han celebrado el paso de una Red concebida como herramienta para acceder a la información en herramienta para compartir información (¡viva el prosumer!). Pero no se han debatido lo suficiente las implicaciones de otra transformación: el paso de un mundo donde recordar era la excepción (y olvidar era “lo natural”) a un orbe digitalizado donde la tecnología invierte esos términos; ahora mantener el máximo de información digital disponible no solo es una meta alcanzable, sino un proceso mucho más fácil y económico que el que implica borrarla u olvidarla. Por supuesto, ello puede implicar ventajas sociales. Pero cuando hablamos de información personal, el paso de una cultura más proclive a la memoria que al olvido pone de manifiesto ciertas aristas polémicas. En su célebre relato Funes el memorioso, Jorge Luis Borges imagina a un personaje al que una caída del caballo le ha provocado la incapacidad de olvidar. Durante 19 años, Ireneo Funes “vivió como quien sueña”; después del accidente adquirió una descomunal cultura libresca. Sin embargo, es incapaz de pensar “en ideas generales, platónicas”; su memoria perfecta le impide ir más allá de las palabras. No es capaz de generalizar ni de hacer abstracciones, los demasiados árboles de su memoria perfecta le impiden ver el bosque del pensamiento. La hipótesis de Borges demostró rebasar la ficción cuando hace tres años Joshua Foer entrevistó a la mujer que la literatura clínica conoce como AJ, una empleada administrativa de California que recuerda perfectamente cada día de su vida desde que tenía 11 años. Esta memoria incontrolable y automática, “como una película que nunca se detiene”, ha terminado provocándole una especie de vasallaje cerebral. Tanto ella como otras personas que padecen el llamado “síndrome hipertiméstico” no han demostrado ser mucho más inteligentes ni más felices que el resto de los mortales. Los neurólogos arguyen que el olvido es parte central de la experiencia humana y del proceso mismo del pensamiento; la vasta red de sinapsis de un cerebro normal se vería desbordada si recordáramos exactamente cada hecho del pasado y cada estímulo que recibimos. Se trata, por supuesto, del esbozo de un asunto muy complejo: hay diferentes tipos de memoria, condiciones que facilitan recuerdos, olvidos traumáticos… pero todo parece indicar que el olvido cumple no solo con la segunda ley de la termodinámica, sino también con ciertos requerimientos evolutivos. Más que una limitación, se trata de una necesidad humana. El paso de lo análogo a lo digital (como estudia en detalle Viktor Mayer-Schönberger en su reciente libro Delete. The virtue of forgetting in the Digital Age ha alterado de manera fundamental qué información puede ser recordada, cómo puede ser recordada y a qué costo. Hasta hace poco, mucha de esa información sencillamente “estaba ahí”. Ahora, es parte de una cultura del intercambio, donde no solo escapa al control de quien decide compartirla, sino también al contexto de secuencia temporal y empatía emocional que se asocia con la memoria humana. “Nuestro pasado está cada vez más grabado como un tatuaje en nuestra piel digital… La Red ha olvidado cómo olvidar”, escribía -¡hace más de 12 años!- J. D. Lasica. Es poco probable que esta superabundancia de “huellas digitales” (en el sentido tecnológico de la expresión) acabe integrada en una orwelliana red de vigilancia universal. Y sin duda, la facilidad para acceder a información que antes resultaba olvidada o de difícil acceso contribuyen a la innovación y al crecimiento económico de las sociedades informatizadas. Pero una mirada minuciosa a los supuestos beneficios de una memoria digital omnipresente revela un paisaje bastante más ambiguo. En realidad, el uso sistemático de nuestra increíble capacidad actual de recordar lo almacenado por medios digitales representa un reto para nuestra aptitud de adaptación y aprendizaje. Luego de facilitar varios ejemplos, tanto benéficos como perjudiciales, de la manera en que esta nueva condición afecta nuestras vidas, Mayer-Schönberger escribe: “Durante milenios, los seres humanos han vivido en un mundo de olvido. La conducta individual, los mecanismos y procesos sociales y los valores humanos han incorporado y reflejado este hecho. Sería ingenuo pensar que dejar atrás esta parte fundamental de la naturaleza humana con la ayuda de la digitalización y la tecnología será un asunto indoloro. Hay numerosas maneras en que los seres humanos se ajustan rápidamente a diferentes condiciones ambientales, pero los trazos fundamentales de la conducta humana tardan varias generaciones en ser alterados o reemplazados. Incluso si somos capaces de hacer frente a este nuevo mundo de recuerdo automático y pasar por una fase de ajuste doloroso, ¿lo veríamos como un avance importante o más bien como una terrible maldición?”. Algunas de estas dudas han provocado las declaraciones de Schmidt. Otros analistas creen que si no hay suficiente transparencia social, la memoria digital puede no representar una ventaja. Como parte esencial de la arquitectura de la libertad contemporánea, Internet no debería priorizar el derecho a recordar sobre el derecho al olvido. Al menos, no puede hacerlo sin que ello implique, al mismo tiempo, una simplificación de la memoria humana. En su relato perfecto y conmovedor de la desventura de Funes, Borges deja caer un juicio que vale para quienes hoy abogan por la “memoria total”, aunque esta venga despojada de perspectiva y amenace, incluso, nuestra capacidad de decisiones racionales: “Llevaba la soberbia hasta el punto de simular que era benéfico el golpe que lo había fulminado”.

http://www.elpais.com/solotexto/articulo.html?xref=20100930elpepiopi_11&type=Tes&anchor=elpepiopi

Lunes 20-9-2010

Lunes, 20 Septiembre 2010

- No todoel mundo tiene hecho el blog y tampoco tengo de todos el correo.

- No todo el mundo ha hecho las tareas del fin de semana.

- Hay que hacer una presebntación con foto del alumno en cada blog

- Dedicaremos esta semana al Mito de la Caverna de Platón

               Contexto en el que se escribe.

               Lectura atenta del texto.

               http://www.youtube.com/watch?gl=ES&hl=es&v=nxVwsKNv08Q

               http://blog.educastur.es/lechuzaminerva/presentaciones-de-filosofia/

              http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiagriega/Platon/MitodelaCaverna.htm

              PERCEPCIÓN Y REALIDAD

               http://www.slideshare.net/pazpinacho/percepcin-y-realidad?from=ss_embed

¿Tarifa plana en la Red? Ahora ondulada

Jueves, 16 Septiembre 2010

 http://www.elpais.com/solotexto/articulo.html?xref=20100916elpepisoc_1&type=Tes&anchor=elpepisoc

Los operadores defienden un nuevo modelo en el que paguen más los que más descargan - Comienzan a limitar la banda ancha fija y advierten de que la móvil siempre tendrá restriccionesRAMÓN MUÑOZ

EL PAÍS  -  Sociedad - 16-09-2010 Internet comenzó siendo un restaurante a la carta. Era caro y casi nadie entraba. Luego se convirtió en un bufé. Los clientes pagan una cantidad fija y se conectan todo el tiempo que quieren. Solo en España hay 10,1 millones de líneas. Ahora ese sistema de tarifas está en entredicho en la banda ancha fija (ADSL y cable). Y lo peor es que en el móvil, donde nunca han existido tarifas planas como tales, la batalla se da por perdida antes de comenzar.Los pocos operadores que no ponían límites a sus mejores clientes, como AT&T , los han impuesto justo cuando hay una explosión de tráfico por Internet móvil gracias a los teléfonos inteligentes, los miniportátiles o las tabletas. Los operadores parecen a favor de volver a la fórmula de que pague más el que más use la Red o, al menos, para que se reabra ese debate hibernado ante el aumento exponencial del número de abonados y la rentabilidad del negocio que se ha hecho sobre la antigua red del par de cobre. En España, las declaraciones de Julio Linares, consejero delegado de Telefónica, abogando por “tarifas flexibles y segmentadas” adecuadas al consumo de los abonados han puesto en alerta a miles de usuarios. Más aún cuando han sido, de forma más o menos precisa, respaldadas por operadores como Vodafone , Orange o Yoigo . Otros, como Jazztel , se han desmarcado. El debate no es solo teórico. La filial de Telefónica en Reino Unido, O2 , ha decidido restringir todos sus planes de tarifas planas de banda ancha en el hogar. Los límites son de dos tipos: uno de descarga de 20 GB (gigabytes), o la introducción de una cláusula de “política de uso razonable” que permite incluso cortar el acceso a los abonados que hagan un uso abusivo del servicio, por ejemplo, mediante descargas masivas de archivos. En realidad, bajo esa cláusula se esconden también límites de descarga, de 100 GB y 250 GB, respectivamente, para los planes de tarifas más caros (The all rounder y The works) pensados para usuarios intensivos. El pago por el uso, que a primera vista es lógico -también pagan más los que más agua o luz gastan-, tiene el inconveniente de que el abonado no es consciente de su consumo, de si ha descargado tres o cinco gigas, ni cuenta con medios para controlarlo. Eliminar la tarifa plana podría ocasionar facturas desorbitadas como las que causaban los números de tarificación adicional o por el uso del móvil en el extranjero. “La tarifa plana ha sido fundamental porque el usuario quiere tener la certeza de lo que va a pagar”, dice Enrique García, portavoz de OCU. “Si se establece una cláusula de uso razonable supondría una modificación para los contratos, y el usuario tendría derecho a rescindirlo. En cuanto a los nuevos contratos, si de lo que se trata es de que los planes supongan una sensible reducción de precios para determinados tipos de usuarios, perfecto. Pero si lo que en realidad quieren es limitar las tarifas, vamos a mirar con lupa cualquier cláusula, porque puede atentar contra la libre competencia, y estamos dispuestos a ir a los tribunales”, añade. En España, Telefónica y el resto de operadores que ofrecen banda ancha fija (Vodafone, Orange, Jazztel y los de cable) se han apresurado a señalar que no existe un plan a corto plazo para limitar el ADSL o al cable. Aunque en el móvil también existe el consenso de que sería “insostenible” una tarifa plana por motivos técnicos. El problema se agrava porque la banda ancha móvil será en unos pocos años la primera vía de acceso a Internet. AT&T daba el aviso de lo que va a pasar. El 7 de junio anunciaba la eliminación de sus planes de tarifa plana de datos de móvil en EE UU. La utilización de smartphones como el iPhone estaba colapsando su red en urbes como San Francisco y Nueva York. La solución, cobrar más: 25 dólares al mes (19 euros) por 2 GB y 10 dólares (7,7 euros) por cada gigabyte adicional. En España, todos los operadores de móvil tienen limitadas sus tarifas de datos, puesto que a partir de un cierto volumen de descarga mensual se reduce la velocidad a mínimos. Ello no les impide publicitarlas como tarifas planas, aunque en el argot se conocen irónicamente como “onduladas”. Las más populares, con velocidades teóricas de hasta 7 Mbps (nunca se alcanzan), cuestan alrededor de 19 euros al mes más IVA. Así la Tarifa Plana Internet Mini de Movistar (19 euros/mes) tiene un límite de 500 Mb, el mismo que la Tarifa Plana Internet Smartphone de Vodafone (19,9 euros), mientras que la Tarifa Internet Everywhere de Orange (19 euros) pone la barrera en 1 GB. Con estas capacidades, lo que es evidente es que la banda ancha móvil no sustituirá a la fija en mucho tiempo. Las descargas de vídeos -el principal motivo de la saturación de la Red- con los nuevos formatos lo hacen inviable. Pero incluso los límites que se barajan para el ADSL y el cable pueden resultar un problema para los usuarios intensivos. Una película en alta definición puede pesar entre 5 y 10 GB, frente al mega que pesan en formato normal Divx. Por eso, confiar en la promesa de que en España no va a pasar lo que en Reino Unido en la banda ancha fija es muy aventurado. La posición es casi unánime a la hora de señalar que Internet móvil siempre estará restringido. Máxime cuando se espera una explosión de tráfico por los smartphones, cuyas funcionalidades (e-mail, navegación, vídeos) consumen mucho ancho de banda. En 2009 se vendieron 172 millones en todo el mundo y representan el 15,5% del total. En el primer semestre de este año las ventas han aumentado un 50%, y para dentro de dos años representarán ya la mitad de los terminales. Paralelamente, la venta de aplicaciones de tiendas online como App Store o Android Market (3.900 millones de descargas en seis meses) también colapsan la Red. “En España, para la introducción de la banda ancha móvil, se optó por un modelo de tráfico ilimitado con reducción de velocidad. En otros países, se lanzaron propuestas con descargas ilimitadas, y ahora, a la vista del crecimiento de tráfico, han tenido que introducir límites”, señala Isaac Hernández, director de Banda Ancha de Vodafone España. “El modelo español está mejor preparado para gestionar los niveles de demanda actuales, pero no es previsible que dado el crecimiento exponencial de la demanda vayan a desaparecer las restricciones en velocidad”, dice. Tampoco los nuevos operadores van a romper esa tendencia. El consejero delegado de Yoigo, Johan Andsjö, lo tiene claro: “Creemos en tarifas sencillas como las tarifas planas, pero esto no significa que tengan que ser ilimitadas. Pensamos que es más justo que los usuarios que quieran consumir más también paguen más”. Telefónica apuesta por tarifas “flexibles y segmentadas” para que una mayoría de usuarios, que usa Internet para navegar y mandar e-mails, deje de subvencionar a unos pocos que descargan películas, suben vídeos a YouTube o realizan streaming, según la operadora. Las cifras: el 5% de los abonados de móvil consume un 75% del tráfico (la proporción es de 20-80 en la banda ancha fija). Luis de Pozo, director de Marketing de Jazztel, estima que la red fija tiene capacidad para mantener la actual estructura de tarifas planas, pero que esta no llegará nunca a la móvil porque presenta el inconveniente de ser un medio compartido -una antena para todos los usuarios-, mientras que en ADSL cada bucle es para un cliente-. “Las capacidades de la red móvil evolucionarán, pero no vamos a poder ver, por ejemplo, una película en el móvil porque tienen una capacidad limitada y no podrían absorber todo el tráfico necesario”, señala Del Pozo. “En caso de que las tarifas planas desaparezcan habría muchos internautas que optarían por las modalidades más económicas y de menor velocidad para navegar y consultar el correo. Por tanto, los operadores deberían evaluar si les interesa seguir captando clientes y soportar los costes derivados del aumento de tráfico o, por el contrario, prefieren contener los gastos y no avanzar”, señala Javier Sanz, responsable del portal de Internet ADSLzone.net. Este debate de la tarifa plana entronca con otro con el que aparentemente no tiene nada que ver: la neutralidad en la Red, la no discriminación de ningún contenido ni de ningún proveedor. Los operadores advierten de que la situación se hará insostenible si los proveedores como Google o Yahoo no contribuyen a mantener la Red pese a que generan 15 veces más tráfico que los ISP que la gestionan, en un escenario en el que el tráfico de datos se ha multiplicado por cinco en cinco años. El consejero delegado de R Cable, Arturo Dopico, dice que, para asegurar ese tráfico, los operadores tienen que invertir continuamente en redimensionar la Red. Y esa inversión solo puede recuperarse a través de las tarifas de los abonados o de los que llenan la Red con sus contenidos. “Y lo que está claro es que las tarifas no pueden subir -y de hecho así ha pasado en 10 años- porque la gente no está dispuesta a pagar más. Así que lo lógico es que los que obtienen un beneficio de Internet sin invertir nada, casi todos empresas norteamericanas, contribuyan”. La introducción de cláusulas antip2p, que ya utilizan muchos operadores, puede ser solo el primer paso para desarrollar otras discriminaciones. Por ejemplo, que un operador de prioridad a los vídeos de YouTube, si firma un acuerdo comercial con Google. O que, otro, por el contrario, los penalice. Fórmulas todas ellas que pueden tener un común denominador difícil de asimilar por muchos internautas: el cliente paga más, y el operador elige.

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Una conquista histórica de los internautas
 
La tarifa plana a la que asociamos Internet no ha existido desde siempre ni les salió gratis a los internautas. No fue hasta junio de 2000 cuando se implantó, después de años de movilizaciones con varias huelgas de desconexión, el envío de miles de correos electrónicos a todos los altos cargos y acciones reivindicativas como la colocación de una pancarta en el viaducto de la madrileña calle Bailén.Terra, Arrakis, EresMas, Wanadoo y Ono sacaban las primeras tarifas semiplanas, de seis de la tarde a ocho de la mañana en los días laborables y todo el fin de semana, por entre 2.500 y 2.700 pesetas mensuales (15 y 16,2 euros, respectivamente). Ofrecían una velocidad de 56 kbps (hacía falta un día para bajarse una canción).

Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas, que estaba detrás de aquellas movilizaciones, considera que las compañías chocarán con el mercado si quieren volver atrás porque los consumidores están acostumbrados a esas tarifas. “Pero lo que más me preocupa es la posición que vaya a adoptar el Gobierno, que ha prometido el servicio universal de 1 Mbps en todo el territorio para 2011 y aún hay cuatro millones de ciudadanos que no tienen acceso a esa velocidad”.

Los estudios realizados por diversas instituciones (OCDE, Comisión Europea y CMT) concluyen que la banda ancha en España es cara, aunque los operadores ponen en duda la metodología de esos informes. Según la comparativa que realiza la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), solo para velocidades bajas (hasta 2 Mbps), la oferta de los operadores españoles es más asequible que la media europea. Para velocidad media (3 y 6 Mbps), que es la que tienen contratada casi el 70% de los internautas, las tarifas españolas son un 10,5% más caras. Si solo se comparan las tarifas de los antiguos monopolios (Telefónica, Deutsche Telecom, Telecom Italia, France Telecom…), las diferencias son aún mayores.

“Es curioso que en un país donde los precios de la banda ancha son los más caros de Europa se hable de poner restricciones. Nos preocupan las condiciones de competencia, porque si Telefónica adoptara esa medida los demás podrían seguirle, ya que es el operador dominante. Los reguladores tendrían que estar atentos”, advierte Enrique García, portavoz de OCU.

Formas de evitar nuestra extinción

Lunes, 19 Noviembre 2007

La desaparición de las especies se ha disparado. ¿Qué hará el ser humano cuando le llegue el turno?

M. RUIZ DE ELVIRA (ENVIADA ESPECIAL)  -  Heidelberg

 

EL PAÍS  -  Sociedad - 18-11-2007 La especie humana es única, domina
la Tierra y además ha demostrado a lo largo de sus 100.000 años de historia ser enormemente versátil. Sin embargo, los que se dedican a estudiarla no creen que estas características sean suficientes para garantizar su supervivencia a corto, medio o largo plazo, y los que se interrogan sobre su futuro no se ponen de acuerdo siquiera en lo que está dibujando su presente. Una incertidumbre a la que estos expertos (tecnólogos, demógrafos, biólogos, paleontólogos, antropólogos y genetistas) dan forma de preguntas. ¿Cuándo le llegará el turno de extinguirse a la especie humana? ¿Se mantiene la evolución darwiniana -la selección natural biológica- como la mayor fuerza para el cambio o ha sido superada por la evolución social y cultural? Se interrogan además sobre si la especie humana puede, e incluso debe, mejorarse a sí misma introduciendo cambios genéticos que se transmitan a sus descendientes e interfiriendo así en la evolución natural. ¿Llegará el ser humano a ser mitad biológico mitad electrónico y vivirá parcialmente en Internet? Una batería de preguntas a la que un grupo de expertos convocados recientemente por el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL), en la ciudad alemana de Heidelberg, han tratado de dar respuesta. Éstas son algunas de sus reflexiones. “
La Tierra será teóricamente habitable durante 5.000 millones de años más, así que el Homo sapiens tiene mucho más tiempo por delante que tras él. Y si sobrevivimos otros 100.000 años ¿cómo seremos y por qué nos importa saberlo?”, se pregunta para empezar Andrew Moore, director del programa Ciencia y Sociedad en el EMBL. “Nuestro medio ambiente, que cambia rápidamente, es un factor muy importante para nuestro futuro y la supervivencia de los humanos no tiene por qué depender de los mismos factores que la supervivencia de otras especies”. Y es que para muchos, aunque no para todos, el reto más urgente es el cambio climático. “Si sobrevivimos a este cambio climático…” es una coletilla constante en las reflexiones en Heidelberg.
El estudio del pasado ya ha dejado claro que los cambios climáticos son una de las armas más poderosas de la naturaleza para cambiar el rumbo de la vida en
la Tierra. Una crisis medioambiental de alcance, que afectara a la productividad agrícola y a la respuesta cultural al estrés, podría ser suficiente para extinguir la especie humana, estima Jay Stock, experto en evolución de
la Universidad de Cambridge. O al menos la civilización occidental, que actualmente está dominando el mundo a través de la globalización. “Todas las civilizaciones que hemos conocido han caído y la nuestra también caerá, obviamente. Podría ser por un cambio climático, no lo sabemos”, opina el antropólogo canadiense Jerome Barkow.
La duración media de una especie se estima en un millón de años, pero la tasa actual de extinción de especies es 1.000 veces superior a la media que se deduce del estudio de los fósiles a lo largo de millones de años. ¿Quiere eso decir que la crisis medioambiental nos aboca a la sexta extinción en masa conocida en la historia de la vida en
la Tierra, 65 millones de años después de la desaparición de los dinosaurios?
El riesgo existe, según el finlandés Ikka Hanski, de
la Universidad de Helsinki, si no cambia la forma del ser humano de encarar los problemas de su medioambiente.
Sin embargo, el punto en el que menos coinciden los expertos de los distintos campos es si estamos sometidos a la presión selectiva ambiental, la que hace que sobreviva y tenga descendientes el más apto. Para biólogos y paleontólogos está claro que siguen funcionando los mecanismos biológicos, probablemente tan antiguos como la vida, que no detectamos hasta el siglo XIX, de la mano de Darwin. El genetista y paleontólogo Mark Stoneking, que descubrió el gen de los pelirrojos en la especie extinta neandertal junto al español Carlos Lalueza Fox, menciona ejemplos comprobados, como los cambios genéticos para tolerar la lactosa o resistir a la malaria que se han producido en la breve historia de la especie humana actual. El ejemplo más llamativo es el las llamadas razas humanas: En sólo decenas de miles de años, con la acción conjunta de la evolución y las migraciones, surgió la panoplia de distintos rasgos y tonos de piel que hizo creer hasta el siglo pasado que detrás debía de haber un proceso mucho más largo, de millones de años. También existen ejemplos de presión selectiva, la que ejercen actualmente enfermedades epidémicas como el sida, la tuberculosis o la malaria, que causan millones de muertes al año, de personas que sucumben a la fuerza ambiental de la enfermedad. Aunque igualmente hay evidencias de que la presión selectiva se ha aflojado. Por ejemplo, la reducción del tamaño de los dientes y las mandíbulas, porque el ser humano ya no necesita la capacidad de masticación indispensable en el pasado. De ahí que, en muchas personas las muelas del juicio no tengan sitio donde desarrollarse. A pesar de estos datos, nadie niega la importancia de la cultura como motor de la evolución humana. “Hace ya entre 50.000 y 60.000 años que se puede hablar de cultura, y de su compañera, la tecnología. En los humanos la evolución biológica está condicionada fuertemente por la cultura”, comenta Stock. “No existen límites definidos entre la evolución natural y la cultural”, opina la alemana Eve-Marie Engels, catedrática de Bioética en Tubingen. Pero el estadounidense James Hughes es más tajante: “La evolución biológica ha terminado o es mucho menos importante que hace 20.000 años. No existe ya una selección biológica real, lo que les pase a mis hijos dependerá de en qué condiciones vivan, no de sus características biólógicas”. De la discusión surgen dos conclusiones. La primera: “No nos hemos aislado totalmente de la naturaleza, la evolución continúa, pero no sabemos exactamente lo que está pasando”. Y la segunda: “La evolución es menos importante porque nos adaptamos a nuestro ambiente y sobrevivimos por la transmisión social de gran cantidad de información acumulada”. Si la evolución natural no es ya el principal mecanismo de mejora de la especie humana y ésta dispone de un amplísimo bagaje de conocimientos, la pregunta entonces es si el ser humano puede o debe mejorarse a sí mismo y a sus descendientes. Según Engels, esta cuestión no es nueva: “Estamos trascendiéndonos permanentemente, como ya lo definió Julian Huxley hace medio siglo: la especie humana dirige la evolución sin quererlo, al percibir nuevas posibilidades de y para su naturaleza”. La aspiración de mejorar es tan antigua como el hombre -desde que soñó con la inmortalidad, por ejemplo-, pero cuando ahora se habla de mejorar genéticamente la especie aparecen fantasmas: la producción de una raza de superhombres que mandarán sobre razas “inferiores”. Hay quien, al menos, quiere provocar el debate: “Lo que me importa es que las personas sean mejores, más felices y vivan más, y si el resultado es que los que se mejoren evolucionen hacia una especie diferente, incluso hasta el punto de que no se puedan cruzar con la especie humana actual, yo creo que debemos hacerlo”, afirma el filósofo británico John Harris, que tiene un nuevo libro sobre la mejora de la especie humana (Enhancing evolution: The Ethical case for making better people, editado por Princeton Press). “¿Pero quién va a decidir qué es una mejora, y qué mejora es la deseable?”, se pregunta Engels. ¿Será un cambio para aumentar la inteligencia de nuestros hijos y nietos o un cambio estético, para evitar la calvicie? ¿Será para evitar la depresión o para tener menos apetito? Al principio serán experimentos en humanos para los que no está clara la justificación ni que exista una buena relación entre el riesgo y el beneficio, comenta la bióloga holandesa Elaine Dzierzak. Sin embargo, para algunos, como la especialista australiana en bioética Sara Chan, la manipulación genética es únicamente un medio más, que debe regularse en función de los objetivos deseados: “Que exista riesgo no justifica el rechazo sin más. Si, por ejemplo, existe una posibilidad de curar el cáncer de este modo, debemos permitirlo si disponemos de la seguridad necesaria y tenemos la convicción de que funciona”. Para otros, como el británico Ian Pearson, no pasará mucho tiempo antes de que a los padres se les exija que mejoren genéticamente a sus hijos, como ahora se les exige que les den educación.

A Pearson, este tipo de discusiones le aburren. Él, que trabaja en British Telecom, es de los que miran mucho más allá. Ve un futuro en el que el Homo optimus se funde con el Homo cyberneticus para dar lugar al Homo hybridus: mezcla de ser humano y máquina optimizados genéticamente, que funcionan en parte en el cerebro humano y en parte en ordenadores. Y, cuando alcancen la conciencia, los robots se fundirán a su vez con el Homo hybridus para dar lugar al Homo machinus, afirma. Además las fronteras entre individuos serán borrosas -se compartirá la conciencia y no se morirá porque habrá un número infinito de réplicas y muchas vidas- y los mundos virtuales añadirán valor al mundo real. Para Pearson, el verdadero problema, que además es otro riesgo para la supervivencia de la especie, es que la tecnología está mucho más adelantada que la ciencia, lo que supone el peligro de poder cambiar el mundo sin saber qué se quiere obtener.

Lunes, 15 Octubre 2007

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