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18 Febrero 2007
Publicado por aracelilb en: Globalización, Política y globalización
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En este articulo incluyo la reseña de Xóchitl Leyva del libro “Globalización, conocimiento y poder” de Steffan Igor Ayora
Siendo muy esquemáticos podríamos decir que el libro de Igor Ayora se divide en dos grandes bloques; en el primero, nos deja en claro los conceptos y las teorías que guiaron su trabajo de campo antropológico y, en el segundo, nos presenta sus pesquisas etnográficas organizadas en torno a dos líneas: 1) las formas de representación y los tipos de reconocimiento, y 2) la racionalidad, el poder y la hibridez. Ayora señala desde las primeras páginas que su libro se ocupa de las “formas en las que el poder contribuye a dar forma a la estructura de relaciones entre distintas formas del saber” (p. 12); del saber médico en concreto. Partiendo de reconocer la existencia del pluralismo médico en Chiapas, afirma que los proveedores de salud ocupan posiciones desiguales dentro del campo médico en donde la posición dominante la ocupa la medicina cosmopolita frente a la cambiante posición ocupada por las medicinas alternativas locales. A lo largo del libro, Ayora nos muestra cómo son la medicina y los médicos cosmopolitas quienes tienen finalmente el poder de validar, legitimar o negar la validez de los otros conocimientos médicos. Sin embargo, estos últimos no necesariamente siempre aspiran a adquirir el mismo tipo de reconocimiento.

Ayora retoma el debate multicultural y de la política de la diferencia para adentrarnos en las luchas por el reconocimiento que llevan a cabo en la vida cotidiana diferentes médicos y medicinas locales de Chiapas, que no llegan a constituirse en movimientos sociales, pero están en diálogo con ellos (capítulo 2). Poniendo el acento en las diferentes narrativas de médicos locales y siguiendo al estudioso de la Escuela de Frankfurt, Axel Honneth, Ayora nos muestra que algunos médicos locales se dan por servidos con el reconocimiento afectivo de su comunidad de sentido, formada por pacientes de la localidad indígena que bien pueden ser parientes, amigos y amigos de los amigos. Otros médicos locales, tales como las parteras tenejapenses y los médicos tojolabales, buscan y reclaman también el reconocimiento de las instituciones de salud que los “capacitan” o bien que, incluso a raíz del levantamiento armado zapatista de 1994, los invitaron a ser parte orgánica del hospital de Comitán. Finalmente, Ayora habla de un tercer tipo de reconocimiento, éste se otorga a través de una organización de médicos indígenas empoderada por el Estado y asesorada por médicos cosmopolitas quienes han convertido a la herbolaria en el canal más seguro y eficiente para lograr la legitimidad y el reconocimiento legal (nacional, internacional e institucional) de la “medicina indígena tradicional”. Dichos médicos no se dan cuenta que la herbolaria no es central en las medicinas locales sino, más bien, el locus se encuentra en la práctica espiritual, en el llamado de Dios y la relación con el mundo de las almas y los santos. En este sentido, dice Ayora, los asesores cosmopolitas en su afán por lograr el reconocimiento de la “medicina indígena tradicional”, en verdad lo que logran es reforzar la burocratización, la superioridad y el dominio de la medicina cosmopolita en la que ellos mismos fueron formados y de la que finalmente no pueden sustraerse a pesar de sus buenas intenciones.
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