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Medioambiente

  

Flujos migratorios y medio ambiente.

 

Para entender los flujos migratorios actuales, el elemento central a analizar es la hegemonía global de la expresión más salvaje del capitalismo.
    Este modelo de globalización neoliberal ha producido un conjunto de desequilibrios a escala mundial, comenzando por la enorme concentración de poder económico y militar en una elite internacional, que está forzando un estado de guerra global permanente como instrumento tanto para mantener los privilegios del Norte opulento, como para repeler cualquier intento generado en el Sur para crear formas alternativas de vida y satisfacción de sus necesidades.
    La voracidad del modelo de producción y consumo irracional del Norte y de las elites integradas del Sur, afectan directamente al planeta, por lo que es energética y ambientalmente insostenible a medio-largo plazo, incluso si este esquema se mantuviese acotado-como se pretende- en el espacio actual de consumo del mundo global.
    Pero este intento de confinar el modelo de consumo a una parte privilegiada del planeta, de restringirlo a una minoría cada vez menor de la humanidad, hace que su sostenimiento se base forzosamente en la exclusión, la represión y el hambre de la mayoría de la población mundial. Este es el verdadero motor que alimenta los flujos migratorios mundiales actuales y lo que, por consiguiente, conecta estructuralmente la inmigración con la destrucción del medio ambiente.
    Por tanto, al ser dos características intrínsecas del modelo actual de capitalismo salvaje, no pueden “corregirse por separado”.  Reordenar los flujos migratorios desde la perspectiva de las personas y sus derechos universales, significa necesariamente, instalar otros modelos de organización social, ambiental y socialmente sostenibles.
Derechos para todos
Resumen de lo publicado en El Ecologista nº 50 (Invierno 2006-2007)

 

 GLOBALIZACIÓN, CRISIS  AMBIENTAL Y SOSTENIBILIDAD

Aunque es frecuente oir que vivimos en un mundo globalizado en el que ya no hay fronteras para el conocimiento (Internet), para los desplazamientos de las personas (facilidad de transporte) y los bienes de consumo (disponemos en nuestra vida cotidiana de objetos que proceden de cualquier parte del planeta). Esto en principio, sólo es cierto para los habitantes de los países desarrollados, y no todos.
La realidad es que el acceso a la información que representa la Red no es ni mucho menos universal, que el libre flujo de personas no implica la aceptación de la llegada de inmigrantes procedentes de países desfavorecidos y que esos bienes de consumo que disfrutamos no sólo están vedados para la mayoría, sino que su uso y abuso implica una creciente presión sobre los recursos del planeta.
Hasta el momento, la globalización se ha desarrollado básicamente en el aspecto económico que implica una libertad total de mercados, el fomento del libre comercio y la eliminación de trabas al flujo de bienes y capitales, en la teoría. Pues en la práctica aún se conservan aranceles y subsidios en los países desarrollados, para hacer frente a llegada de los productos procedentes de los países en vías de desarrollo.
Este fenómeno entendido únicamente como globalización económica supone la perpetuación de un sistema económico que prima la creciente producción y el consumo como manera de mantener la estabilidad de nuestro sistema de vida (el de los países ricos), pero hay que tener en cuenta que el sistema económico no puede desligarse, y aún más, es parte del denominado sistema ecológico.
La energía del sol y el capital terrestre: agua, aire, tierra de labor, biodiversidad, materias primas y fuentes de energía constituyen ese sistema ecológico, junto con los residuos y contaminación que generamos con el uso de esos recursos y que el planeta debe asumir. Por ello cualquier sistema económico que no tenga en cuenta las limitaciones del sistema ecológico, tal y como ha ocurrido hasta ahora, desemboca en una crisis ambiental que se pone de manifiesto por los siguientes problemas ambientales:
Ante las dimensiones que cobra esta situación de crisis ambiental se propone como solución viable un modelo que no se identifica con el crecimiento incontrolado, que ha sido lo característico de los países ricos, sino que se basaría en una actividad económica que satisface las necesidades de la generación presente sin afectar a la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades; en esto consistiría lo que se definió como desarrollo sostenible y que en la actualidad  tiende a denominarse sostenibilidad, la cual podemos concretar en tres niveles:
·         Sostenibilidad económica, que implica crecimiento industrial y agrícola, aumento del rendimiento financiero, la remuneración de los empleos…
·         Sostenibilidad ecológica que implica aire y agua limpios, preservación del suelo, conservación de los recursos naturales, de la integridad de los ecosistemas y de la diversidad biológica.
·         Sostenibilidad social que implica el beneficio público, la equidad laboral, la participación, el trato digno a los empleados, la preservación de las culturas y la salud de los seres humanos.
Una sociedad sostenible controla su crecimiento económico, la contaminación, la explotación de los recursos y el tamaño de su población para conseguir su mantenimiento en el tiempo y no hipotecar las posibilidades de las generaciones futuras.
En la Cumbre de Río de Janeiro de 1992 se plasmó esta idea en una declaración de principios (Carta de la Tierra) y se concretó en un documento denominado Programa 21, en el que se exponen las estrategias necesarias para conseguir la sostenibilidad en el siglo XXI.  Estas estrategias se basarían en una gestión global, sin fronteras ni diferencias entre los países, en erradicar la pobreza, en equiparar la calidad de vida de todas las personas, en gestionar mejor los recursos y la protección de  los ecosistemas.
Desde la asignatura Ciencias de la Tierra y Medioambientales de 2º de Bachillerato, y en menor medida en la asignatura Energías Renovables y Medio Ambiente de 4º ESO, podemos abordar el tema de la globalización económica a través de su inevitable relación con el deterioro ambiental y las posibles fórmulas para remediarlo.  En este sentido los alumnos trabajarían, con diferentes niveles de profundización evidentemente, las características antes mencionadas de la crisis ambiental y de la sostenibilidad. 
Cuestiones clave, por citar sólo algunas serían: huella ecológica, deslocalización productiva,  revolución verde, biopiratería,  comercio justo, equidad, factor 4 (producir el doble con la mitad de los recursos),  organismos internacionales implicados (FMI, Banco Mundial, OMC ), movimientos antiglobalización …
María Jesús González

25 de abril de 2007

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