Filosofía

IES Rosario de Acuña

La muerte de Descartes: ¿fue realmente envenenado?

En un pasaje inquietante de este extraordinario libro de Luciano Canfora, Una profesión peligrosa. La vida cotidiana de los filósofos griegos, se dice:

“Descartes era, en cambio, un hombre sereno y sabio; nunca emprendía un viaje sin reflexionar largamente acera de su conveniencia. Durante casi un año, de febrero a septiembre, había dudado acerca de si aceptar o no la invitación de Cristina de Suecia para desplazarse a la fría ciudad de Estocolmo, con el objeto de exponer ante la soberana, aún protestante por entonces, los principios de su filosofía. Finalmente se decidió a partir, cosa que hizo el 1 de septiembre de 1649. Ignoraba que mientras él se encaminaba hacia Suecia otro hombre había partido, de Roma en este caso, con el firme propósito de convertir a la reina: era el padre jesuita Viogué. La muerte de Descartes, acaecida en Estocolmo el 11 de febrero de 1650, fue atribuida durante siglos a una pulmonía causada por el duro invierno sueco. El mismo Viogué se encargó de dar la extremaunción al filósofo, que agonizaba en el edificio de la legación francesa. En una vertiginosa sucesión de acontecimientos, apenas unos meses más tarde, Cristina declaró su voluntad de abdicar; en agosto de ese año envió a Roma al jesuita Antonio Macedo para que informara de su voluntad de convertirse al catolicismo. Pocos repararon en el epitafio que, en mayo, Pierre Chanut había hecho colocar sobre la tumba de su amigo Descartes: “Expió los ataques de sus rivales con la pureza de su vida.” El documento revelador no saldría a la luz hasta tres siglos más tarde. En 1980, el historiador y médico alemán Eike Pies descubrió en Leiden, en el archivo de los manuscritos occidentales de la Rijksuniversiteit, una carta secreta dirigida a un antepasado suyo. La había escrito, pocas horas después de la muerte de Descartes, el holandés Johann Van Wullen a su colega Willem Pies, médico personal de Cristina. Lo hizo con gran astucia, escondiendo, tras informaciones ociosas y después de una aparente adhesión a la tesis oficial de la pulmonía, la noticia que quería hacer llegar por lo menos a la “libre” Holanda: Descartes había sido envenenado. Viogué -podemos concluir- había cumplido su misión.”

Curioso, ¿eh?

Hay otras muchas cosas interesantes en este libro, el exterminio de los eleusinos, la rivalidad entre Platón y Jenofonte, las tropelías en Alejandría, y cosas por el estilo.

Luciano Canfora, Una profesión peligrosa. La vida cotidiana de los filósofos griegos, Anagrama, Barcelona 2002; págs. 181-182.

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2 Respuestas a “La muerte de Descartes: ¿fue realmente envenenado?”

G Riera dice:


No me dedico a esto de la filosofía, pero me encantó el libro de Canfora. Gracias por transcribir este trozo. Saludos

Jose Cabo dice:


Ebert sostiene en concreto que Viogué envenenó a Descartes al darle la comunión. Esto es puro Dan Brown, y muy improbable por no decir delirante, pues, de ser cierto lo de la comunión, el jesuita habría cometido el sacrilegio de envenenar una hostia (cuerpo de Cristo según la doctrina católica) para remediar una posible mala influencia sobre la Reina. Dado que el sacrilegio es más grave que la herejía, el remedio sería peor que la enfermedad. ¿Sacrilegio de Viogué o conspiranoia de Canfora? Me parece más probable esto último.

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