Filosofía

IES Rosario de Acuña

Hume

EL EMPIRISMO DE HUME: CRITICA A LA METAFÍSICA RACIONALISTA Y JUSTIFICACIÓN DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO.

1. DATOS BIOGRÁFICOS.

            Nace en Edimburgo en 1711. En 1740 publica anónimamente su obra más importante: Tratado de la naturaleza humana. En ella se propone aplicar al estudio del hombre el método experimental de Bacon y Locke, pero no tiene ninguna repercusión. Más adelante refundiría la obra bajo el célebre título de Investigación sobre el entendimiento humano. Oposita varias veces a cátedras siento vetado por hereje y ateo, situación que se agraba con la publicación de su polémica obra Historia natural de la religión. Por entonces ha abandonado ya su intento de construir un compendio del saber humano al estilo del Tratado y se convierte en un reputado ensayista crítico al modo de los enciclopedistas franceses, con los que mantiene fluidas relaciones. Muere en 1776.

2. CRÍTICA A LA METAFÍSICA RACIONALISTA.

            2.1. LA TEORÍA ESCÉPTICA DEL CONOCIMIENTO.

            La teoría del conocimiento de Hume presenta dos características fundamentales:

            I. Todo conocimiento arranca de la experiencia de nuestros sentidos.

            Este es, como hemos venido diciendo, el enunciado básico del empirismo, pero Hume lo precisa de la siguiente manera:

            Llama percepción a “cualquier cosa que pueda presentarse a la mente, sea que empleemos nuestros sentidos, o que nos impulse la pasión, o que ejercitemos nuestro pensamiento y reflexión.”

            Las percepciones son de dos tipos, distinguiéndose por el grado de intensidad con que se presentan:

            a) Impresiones: percepciones que penetran con más fuerza. Son, por tanto, las más precisas e intensas. Son, a su vez, de dos tipos, de sensación y de reflexión, según nos informen de los objetos exteriores o de nuestros estados de conciencia.

            b) Ideas: son percepciones más vagas, menos precisas. Son imágenes de las impresiones que empleamos al pensar y razonar. Siempre tienen una impresión correspondiente de la que se derivan como copias.

            La primera crítica a la metafísica racionalista está clara: Si cualquier idea, incluso las más complejas, tienen como referencia una  o varias impresiones de las que se derivan, entonces tendremos que rechazar como ilusorias y carentes de significado todas aquellas ideas en las que no sea posible encontrar sus impresiones de referencia. Como podrá apreciarse, eso afectaría a gran parte de las ideas metafísicas más importantes (Dios, alma, sustancia…) con las que no se corresponde impresión sensible alguna.

            El pensamiento relaciona unas ideas con otras en virtud de lo que Hume llama las tres Leyes de la Asociación: ley de la semejanza, ley de la contigüidad en el espacio o en el tiempo y ley de la causa y el efecto.

            II. No es posible un conocimiento necesario de la naturaleza.

            La negación de un conocimiento necesario de la naturaleza se basa en las tres premisas siguientes:

1.Todo conocimiento puede subdividirse en dos categorías:

            a) relaciones de ideas: son afirmaciones cuya verdad es necesaria y se da con independencia de los datos de los sentidos.

            b) cuestiones de hecho: su verdad o falsedad debe decidirse apelando a los datos de los sentidos.

2. Toda afirmación sobre cuestiones de hecho (es decir, todas las afirmaciones excepto las de las ciencias puramente formales como las matemáticas y la lógica) consiste en establecer una relación entre una causa y un efecto que se supone idéntica a la que se da en la realidad. Pero lo que Hume descubre es lo siguiente:

            - No tenemos ninguna impresión de que un fenómeno sea la causa de otro, por tanto, la causalidad es una idea que surge en nuestra mente sin referencia sensorial, y en consecuencia falsa e ilegítima.

            - Lo que ocurre es que estamos acostumbrados a ver que ciertos fenómenos se dan siempre unidos, y de ahí generalizamos gratuitamente que seguirán dándose unidos en el futuro.

            - Por tanto, la causalidad no es una ley de las cosas, sino una ley de nuestro modo de pensar las cosas; la ley de la asociación, y en particular la tercera de las que vimos anteriormente. El hábito de la experiencia anterior acumulada nos hace cree falsamente que existe en la realidad una conexión necesaria entre los acontecimientos que pueda ser conocida por nosotros.

            La crítica a la metafísica racionalista es en este punto especialmente fuerte: por un lado se pone en duda la existencia de vínculos causales constantes y necesarios  en la realidad, con lo que parece desvanecerse gran parte de aquella imagen armónica en la que confiaban ciegamente los racionalistas. Pero además, aún en el caso de que tales vínculos existieran, nunca podríamos llegar a conocerlos con absoluta certeza puesto que no tenemos impresiones de los mismos por nuestros sentidos. No es posible un conocimiento necesario de la naturaleza, lo más que podemos hacer es afirmar probabilidades, suposiciones con más o menos visos de certeza. Lejos queda ya aquella confianza racionalista en el poder absoluto de la razón humana para descubrir las conexiones necesarias de la naturaleza.

 2.2 LA CRÍTICA A LAS IDEAS DEL YO PENSANTE, DE DIOS Y DE SUSTANCIA.

            Con lo que llevamos visto hasta ahora podremos anticiparnos facilmente a la crítica demoledora que Hume hace a estas tres ideas capitales desde donde se construye la metafísica racionalista.

            a) La idea de sustancia, dice Hume, no responde a ninguna impresión. Es fruto de una propensión de la imaginación tendente a justificar la permanencia de las cosas que se nos presentan.

            b) La idea de Dios surge de la proyección sin límite de las facultades mentales del hombre. Así, tomando lo que el hombre es, pero negando sus límites, surge la idea de un ser infinitamente sabio, bueno, todopoderoso…

            c) La idea del yo pensante (el alma) tampoco se corresponde con ninguna impresión. Surge para justificar la supuesta unidad de nuestras percepciones pasadas y presentes.

3. LA JUSTIFICACIÓN DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO.

            Lo dicho anteriormente muestra la crítica demoledora de Hume a la metafísica y a la teología, pero no sería de esperar que un empirista mostrara el mismo desprecio por las ciencias. Desde luego, las matemáticas trabajan, como se vio, con lo que Hume llamaba relaciones de ideas, las cuales, como se recordará, eran afirmaciones cuya verdad era necesaria e independiente de los datos de la experiencia. Por lo tanto, los enunciados matemáticos quedan perfectamente a salvo de cualquier ataque desfundamentador. Pero, )qué ocurre con las ciencias experimentales?. Desde nuestro punto de vista, en Hume se encuentra un doble proceso de desfundamentación en un sentido y de fundamentación en otro. Veamos qué se quiere decir con esto:

            a) Desfundamentación de la idea de ciencia propia de la metafísica racionalista.

            Para los racionalistas, herederos de la tradición pitagórica y platónica, la naturaleza está escrita en lenguaje matemático. Esto quiere decir que las leyes naturales se dan con la misma necesidad que las leyes matemáticas. La estructura matemática de lo real asegura que los fenómenos naturales estén conectados por vínculos fijos, intransgredibles, necesarios. Cuando el científico conoce la naturaleza de un fenómeno y las fuerzas que actúan sobre él, puede predecir con absoluta certeza cómo se va a comportar en un futuro. Si una causa x tiene un efecto y, de manera necesaria, siempre que se de x se dará y. Pero además, la razón humana puede conocer completamente la estructura de la naturaleza y construir verdades incontrovertibles, necesarias.

            Para Hume, en cambio, las ciencias experimentales no pueden construir ningún conocimiento necesario de la naturaleza. El pensamiento nunca puede afirmar que a una causa x deba seguir necesariamente un efecto  y (revisar la crítica de Hume a la causalidad), y si esto no es posible, cualquier predicción que hagamos sobre el futuro será puramente probable, no necesaria. El científico sólo podrá descubrir regularidades en la naturaleza, podrá concluir que tales fenómenos se han dado siempre unidos, pero no puede deducir de ahí que uno sea la causa del otro y que en cualquier ocasión futura cuando aparece el uno como causa, deba necesarimente aparecer el otro como efecto. Lo más que podemos llegar a afirmar es que las cosas se dan así regularmente, pero del hábito de observar regularidades no podemos concluir leyes generales y necesarias de la naturaleza.

            b) Fundamentación del conocimiento científico propio de la teoría empírica.

            Dicho esto, puede entenderse con más justeza la posición de Hume ante la ciencia. Desde luego, no pone en duda su utilidad, ni piensa que los productos científicos sean quimeras. Nada puede afirmarse con absoluta certeza, pero eso no supone que sea estúpido buscar la verdad o aumentar el grado de certeza. En este sentido, la labor de Hume es aportar una visión  que critica las aspiraciones del científico de construir verdades absolutas, pero desde luego defiende la validez del método experimental de su época y concede a la observación de los fenómenos un papel prioritario.

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