PALABRAS DE PROFES

Actividades de los profes fuera de clase

AÑO 2003

Discurso para el acto de entrega de diplomas. Junio 2003.

INTERVENCIÓN DEL CATEDRÁTICO DEL DPTO. DE FÍSICA Y QUÍMICA

 LORENZO SÁNCHEZ  VELÁZQUEZ

        La ciencia es una parte importante de la cultura humanista

Buenas tardes:
Hace unas semanas la dirección de nuestro Instituto me propuso decir unas palabras para este acto de entrega de diplomas. Después de pensarlo un tiempo, acepté la invitación, no sin antes decidir cual sería el tema a tratar: decidí hablar sobre la labor que se realiza en el Centro; es decir, sobre educación. Concretamente de la educación científica.
Podríamos comenzar haciéndonos estas preguntas: ¿qué es educar?, ¿para qué se educa?, ¿quién educa? Desde que nacemos aprendemos dentro de la sociedad en la que vivimos. La familia en primer lugar, la escuela después, el instituto, los medios de comunicación, los amigos, la calle, …: todo educa. Sin embargo, como señala Fernando Savater, la institución escolar surge y se generaliza para incorporar aquellos saberes que no se adquirirían de otro modo. Los centros de enseñanza aparecen cuando lo que se ha de enseñar tiene un carácter científico (como las matemáticas superiores o la gramática) y no meramente empírico y tradicional.
En este último siglo, las Ciencias de la Naturaleza han ido incorporándose progresivamente a la sociedad y a la vida social, convirtiéndose en una de las claves esenciales para entender la cultura contemporánea, sin olvidar, además, su contribución a la satisfacción de necesidades humanas. Por eso mismo, la sociedad ha tomado conciencia de la importancia de las ciencias y de su influencia en asuntos como la salud, los recursos alimenticios y energéticos, la conservación del medio ambiente, el transporte, los medios de comunicación, etc. En consecuencia, es conveniente incorporar a la enseñanza contenidos de cultura científica, como una parte de la cultura en general.
Analizaremos primero la historia de la ciencia para comprender mejor sus características y después trataremos algunos aspectos relacionados con su enseñanza.
Allá por el siglo VI a. d. C., lo griegos jónicos intentaron explicar el mundo sin la influencia de los dioses,  basándose sólo en la experiencia. Estas ideas continuaron con la escuela de Alejandría durante unos 600 años. Fue un gran logro. Posteriormente, otro contexto social, en el que la esclavitud constituyó la fuente de trabajo de los ciudadanos griegos, trajo consigo otras ideas. Los ciudadanos, libres de las ataduras del trabajo manual (relegado a los no ilustrados: esclavos, artesanos, etc.), pudieron dedicarse al estudio de las artes “más sublimes” como las del pensamiento y la razón. Esta “ciencia”, basada exclusivamente en las matemáticas era contemplativa, con muy pocas conexiones con la realidad (Por ejemplo, se despreció la posibilidad de conseguir un calendario preciso, que resultaba imprescindible para la agricultura y la navegación; más tarde, los médicos medievales estudiaban la medicina antigua, pero las operaciones, disecciones y sangrías quedaban en manos de ¡barberos!). No se creía que la ciencia y los aspectos prácticos debían estar al servicio de la humanidad.
Esta idea básica, de poner la ciencia al servicio del hombre, es patente en filósofos de la naturaleza del siglo XVI, como Francis Bacon; quien llegó a considerar el sistema filosófico de los griegos científicamente frívolo y socialmente corrompido. Fue a partir de la Ilustración, cuando la enseñanza de la ciencia y de la técnica alcanzó la consideración social semejante a la que tenía la educación cívico-moral. En su “Enciclopedia”, Diderot estudia las artesanías, como la albañilería, las artes culinarias, etc,  antes tan desdeñadas por los intelectuales.
A partir de este impulso se desarrolló la ciencia moderna; una de las empresas más esperanzadoras realizadas por el hombre. Se asimilaron las contribuciones de los griegos adaptándolas a un mejor contexto social, al no existir la esclavitud. Esto condujo a la fundación de instituciones de investigación mantenidas con fondos públicos. Se sumaron en ellas los esfuerzos de los técnicos y de los filósofos de la naturaleza que con frecuencia eran las mismas personas. Se dio importancia a la publicación de los resultados obtenidos, y a la colaboración/discusión de todos los científicos independientemente de su nacionalidad y se subrayaron los aspectos beneficiosos para toda la humanidad.
Estas grandes expectativas se han cumplido sólo en parte. En tres siglos ha cambiado la faz de las naciones industrializadas. Si un personaje del siglo XVIII volviera entre nosotros, ¿qué aspecto de la vida actual le llamaría más la atención? Quizás los avances en la medicina, o en la agricultura, los medios de transporte, la electricidad, los medios de comunicación, etc. Aprovecho la ocasión para hacer un breve elogio de la química, tan denostada y cuya mala fama no hace justicia a sus logros. Todo es química: el agua, la tierra, el aire, los seres vivos (incluidos nosotros mismos). La química produce las medicinas, los abonos, los plásticos, los metales, el silicio para fabricar chips de ordenadores, el papel, las pinturas y colorantes, los vestidos que llevamos. Continuamente, a cualquier hora del día o de la noche, estamos utilizando objetos que han sido creados por la química. Otra idea errónea acerca de la química consiste en afirmar que las sustancia naturales son mejores que las artificiales. La molécula de vitamina C de un comprimido es la misma que la vitamina C de la naranja, y sus efectos biológicos también, para las mismas dosis.
Sin embargo, a pesar de estos espectaculares avances, la investigación científica es en gran parte bélica y está en manos de grandes corporaciones; por ello es secreta. Algo parecido ocurre con la investigación industrial, sometida a las patentes. La pobreza no ha sido superada y aumenta la distancia entre los pueblos ricos y los pobres.
¡Qué lejos quedan los tiempos de la Royal Society, donde se discutía y se publicaba ….!
  
 Vayamos ahora a la enseñanza de la ciencia. Como acabamos de señalar, los avances científicos han sido enormes, hasta el punto de cambiar nuestro modo de vida. Sin embargo, la cultura científica, caracterizada como uno de los grandes logros de la humanidad, apenas llega a la población. En la era de internet, la información de cualquier tipo, incluida la científica, abunda en cantidad y a veces en calidad; pero es preciso saber obtenerla y filtrarla. Además ¿qué porcentaje de la población accede a ella? Más aún, de los usuarios de internet ¿cuántos consultan información de calidad? ¿Qué porcentaje de la población lee libros, consulta revistas, lee prensa no deportiva?  ¿Cuántos leen las páginas o suplementos culturales?
Y si dentro de la cultura metemos también, como hemos señalado antes, los conocimientos científicos y tecnológicos, ¿cuántas páginas de las revistas o de la prensa se dedican a la divulgación de la ciencia y la tecnología?  El panorama de la cultura científica es desolador.
Por poner un ejemplo: hemos desarrollado hábitos cotidianos suponiendo que disponemos de fluido eléctrico en cualquier instante. Pensemos por un momento en los trastornos que nos producirían unos días sin electricidad (ahora me viene a la mente la novela de Saramago “Ensayo sobre la ceguera”). Sin embargo, ¿qué porcentaje de la población ha oído el nombre de Faraday (el descubridor de la inducción electromagnética gracias a la cual se produce la electricidad en alternadores y dinamos y funcionan los motores)? ¿Cuántos han oído hablar de un tal Nicola Tesla (el que desarrolló el transformador de corriente, gracias al cual la electricidad se puede transportar a grandes distancias)?  No pido que conozcan sus realizaciones, más científicas en el caso de Faraday o más técnicas en el caso de Tesla, sólo el nombre.
En los próximos años se deben tomar importantes decisiones de carácter político, económico y social, relacionadas con temas científico-tecnológicos. Por citar sólo algunos: la enorme cantidad de dinero que se debe invertir en el ITER (para investigar sobre fusión nuclear), el tratamiento de los residuos radiactivos de alta intensidad que generan las centrales nucleares existentes y los hospitales (no olvidar que aproximadamente un 25 % de la energía eléctrica que se consume en España es de origen nuclear), el gran debate sobre biotecnología, clonación, las enfermedades emergentes, etc.
 Algunos dirán, no sin cierto desprecio, son cuestiones técnicas. ¿Acaso la tecnología esta reñida con el conocimiento o la belleza? Los conocimientos científicos deben llegar a toda la población. Esta función es competencia de la  institución escolar. Cuanto mayor sea el grado de alfabetización científica de los ciudadanos, menos manipulables serán y podrán opinar con mayor fundamento.     
Por otra parte, no podemos desconocer la belleza que implican muchas de las realizaciones científicas, tan beneficiosas para la humanidad. Tan bello  puede ser un poema, como la comprensión del secreto de vida: la molécula de ADN cuya estructura fue obtenida a partir de las fotografías de rayos X. El proceso mental que lleva desde unas fotografías a una estructura compleja en tres dimensiones y la intuición de poner a modo de peldaños en la doble hélice las moléculas básicas de la vida, no es menor que el plasmar en un lienzo el rostro de un personaje cuyas facciones está determinadas precisamente por sus genes.
Los razonamientos de años que llevaron a Einstein a la teoría de la relatividad son un prodigio de inteligencia, ingenio y perseverancia, semejante al arranque de una gran novela escrita por muchos autores.
La magia que subyace en la física cuántica es más bella e increíble que los trucos del mejor prestidigitador. ¡La admiración por lo que ocurre en lo infinitamente pequeño o lo infinitamente grande, es tanta, al estar tan alejada de nuestro mundo sensorial cotidiano! Cuando el sentido común, basado en nuestra experiencia cotidiana, no es suficiente, y lo que nos muestran los resultados experimentales es un sinsentido: estamos hablando de la mecánica cuántica.
Sin embargo, como señala Einstein, “la mayoría de las ideas fundamentales de la ciencia son esencialmente sencillas y, por regla general, pueden ser expresadas en un lenguaje comprensibles por todos”. Esta es nuestra tarea: hacer fácil lo complejo.
Sois la 10ª promoción del Instituto y la primera que estudió en nuestro centro desde 1º de ESO. En el futuro, del paso por el Instituto recordaréis algunas clases, los compañeros, algunas actividades extraescolares, algunos profesores,…
       
He sido profesor de muchos de vosotros, y me gustaría que del Instituto os quedara no sólo unos conocimientos, que os sirvan más o menos en vuestros estudios o en vuestro trabajo, sino también una formación en el análisis crítico desde el conocimiento, que os permita enfrentaros mejor a este complejo y cambiante mundo. Deberéis ser críticos, pero siempre desde el conocimiento. En estos tiempos tan dados a la crítica frívola, en muchas ocasiones desde la ignorancia, se debe impone el rigor en los planteamientos.
Finalmente desearos de corazón los mayores éxitos en vuestros estudios y en vuestra vida profesional.
Muchas gracias.

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