PALABRAS DE PROFES

Actividades de los profes fuera de clase

AÑO 2004

Despedida del alumnado de 2º Bachillerato  (Curso 2003-2004)

             PALABRAS DEL CATEDRÁTICO DEL DPTO DE LENGUA Y LITERATURA

BENIGNO DELMIRO COTO 

Preámbulo

   Supone para mí todo un honor el haber sido propuesto para dirigiros estas palabras de despedida en el momento de cerrar un curso académico que, por ser el último de una etapa vital, os resultará inolvidable.

   En ocasiones como ésta en que os encontráis como en una encrucijada de caminos, plenos de una amalgama de emociones y sentimientos que evocan recuerdos, llaman a la nostalgia de lo que no hace tanto tiempo ha sucedido y añaden la expectativa siempre ilusionada ante lo venidero, yo siempre pienso en unos versos de José Agustín Goytisolo que él dedicaba a su hija Julia, cuando tenía más o menos vuestra edad y que a mí siempre me sirvieron de ayuda en esos momentos en que se te juntan dudas y esperanzas, tal como hoy os ocurre a todos vosotros y vosotras, empezaban:

 Tu ya no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable 
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez quisieras no haber nacido 
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado 
Entonces siempre acuérdate
de lo que yo un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.   

Y este es un buen momento para pediros que penséis en el cúmulo de esfuerzos que han hecho posible que hoy estemos aquí juntos celebrando vuestros flamantes títulos de bachilleres. Lo decía muy bien vuestro profesor de Latín, Pacuvio, en el acto similar a éste del pasado junio: debéis estar satisfechos de que vuestros esfuerzos y sacrificios os hayan acercado a un buen puerto o mejor a un buen punto de partida, detrás están vuestras familias y todos los profesores y profesoras y el resto de personal que trabaja en los colegios e instituto que al modo de carrera de relevos os han ayudado a superaros…  

Pero yo no quería abandonar este estrado, ya que os pillo por última vez, sin dedicar unos minutos más a defender el mundo de los libros y la lectura: La omnipresencia de lo televisual   Éste es un tiempo marcado por la omnipresencia de las imágenes televisuales. Y esto es especialmente cierto en lo que os atañe a vosotros: los jóvenes. Pasamos muchísimo tiempo, y parece que cada vez pasaremos más, frente a las pantallas para consumir imágenes. Las cuales surgen y se disparan desde todos los flancos, lo que a veces nos lleva a creer esa mentira difundida en forma de eslogan que afirma que: “una imagen vale más que mil palabras”. Sin reparar en que ocurre justamente al revés: una palabra vale más que mil imágenes porque las palabras son capaces de suscitar todas las imágenes.

En cambio, una imagen sin palabras es mero decorado o truco ilusionista del que se escamotea lo esencial para impedir su apropiación crítica.    Las palabras ganan sin duda mucho con la ayuda de las imágenes, pero las imágenes sin las palabras lo pierden todo. Por eso se levantan ya muchas voces que nos avisan de las consecuencias nefastas que pueden desprenderse de esta prepotencia de la imagen: unos espectadores que tan sólo nos preocupemos de “ver” y no nos esforcemos en “comprender”, unas personas que creamos estar al día por el mero hecho de “estar informados”, quedándonos en la superficie de las cosas, sin preguntarnos nunca los porqués de lo que sucede en el enturbiado fondo.

Hay que dejarlo bien claro: una imagen de un niño pobre asediado por las moscas, y que trata desesperadamente de obtener leche de los pechos de su madre… (que es una imagen que suelen ponernos en la televisión de vez en cuando y casi siempre a la hora de comer…), es muy emotiva pero no explica los porqués de la pobreza, nada nos dice, por ejemplo, de la situación económica y política en la que se desenvuelve la familia de ese niño, ni sabemos nada de su país… en suma, se trata de una imagen que nos elimina el contexto y no nos deja entender qué es lo que pasa realmente en el fondo.

Por lo general, nos brindan imágenes dirigidas a suscitar emociones y dejar frío el razonamiento. Para colmo, tenemos una televisión que difunde la ilusión mentirosa de que sólo es verdad lo que se representa por medio de imágenes servidas en bandeja para un consumo fácil. Lo que no aparezca en las pantallas corre el riesgo de perder hasta su propio estatuto de existencia. Unas imágenes, en fin, que fragmentan la realidad en pedazos e impiden comprender el sentido del conjunto.    Da la impresión de que en las mentes de algunos jerifaltes anida la intención de separar con un nuevo abismo social y cultural a sus conciudadanos. De un lado, para la inmensa mayoría, el consumismo audiovisual; para las minorías que detentan el poder, la letra impresa que contiene la información imprescindible e incita a la reflexión. Cargas irracionales de emociones y sentimientos para la mayoría de los ciudadanos; conceptos y pensamiento con asiento en los libros para las minorías. El reposo y la autoconciencia para unos pocos; el engañoso circo de las imágenes descarnadas, que pelean por decir lo máximo a ser posible en los veinticinco segundos que dura un anuncio, para las mayorías inconscientes.    Nos hallamos en una época en la que el llamado “horizonte de expectativas” de muchos jóvenes dificulta cada día más el manejo de los textos escritos. Su comportamiento se corresponde con el de auténticos “depredadores audiovisuales” que consumen usos comunicativos provenientes de la televisión, del cine, de la publicidad, del cómic, de los video-juegos y de Internet. Sin ser conscientes de que a través de estos usos expresivos de los códigos iconoverbales de la comunicación de masas se transmiten no sólo informaciones sobre las personas y sobre el mundo sino también maneras concretas de entender la realidad que apuntan hacia la manipulación de las personas y a cegar cualquier posible interpretación crítica de sus mensajes.

   De aquí que necesitemos leer con constancia. Escribir e interpretar textos con más frecuencia que en ninguna otra época si no queremos apostar por la marginación. Y entre los libros los más especiales, y aquí barro un poquitín  para casa, son los que forman parte de la literatura. Lo diré con palabras del escritor Antonio Muñoz Molina:

La literatura es un tesoro infinito de sensaciones, de experiencias y vidas que están a nuestra disposición igual que lo estaban a la de Adán y Eva las frutas de los árboles del Paraíso. Gracias a los libros nuestro espíritu puede romper los límites del espacio y del tiempo, de manera que podemos vivir al mismo tiempo en nuestra propia habitación y en las playas de Troya, en las calles de Nueva York, en las llanuras heladas del Polo Norte, y podemos conocer a amigos tan felices y tan íntimos como los que no siempre tenemos a nuestro lado, pero que vivieron hace cincuenta años o veinticinco siglos. La literatura nos enseña a mirar dentro de nosotros y mucho más lejos del alcance de nuestra mirada. Es una ventana y también un espejo. Quiero decir: es necesaria. Algunos puritanos la consideran un lujo. En todo caso es un lujo de primera necesidad.

(Antonio Muñoz Molina, La disciplina de la imaginación) 

La manifiesta utilidad de lo literario

   Por eso defiendo la utilidad de lo literario, la importancia que tiene para nuestra vida cotidiana el tomarnos tiempo y el esfuerzo de leer, escribir e interpretar textos literarios. Las actividades alrededor de los textos literarios son útiles porque:

  •  Ponen en relación con el mundo de la fantasía y la imaginación, lo que permite adquirir buenas defensas ante el peso de lo cotidiano y evitar así que la rutina nos engulla.

  • Se constituyen pronto en antídoto del fracaso vital que a todos inevitablemente llega.

  • Dan infinitas respuestas al absurdo que siempre anida en cada existencia vital.

  • Preparan para entender y adaptarse más adecuadamente a la desgracia ineludible.

  • Relativizan la configuración física y psicológica de cada uno (tan enredada en el juego de yoes: el que somos realmente, el que creemos ser, el que los demás piensan que somos y el que deseamos ser), y la de quienes nos rodean, distinguiendo las distintas máscaras de la realidad.

  • Colocan en diversas perspectivas, lo que ayuda aumentar la capacidad de valoración crítica.

  • Ayudan a encontrar múltiples sentidos en lo que hacemos.

  • Previenen del manejo meramente propagandístico de los medios de comunicación.

  • Enseñan el arte de contar cosas como instrumento de comprensión e interpretación del mundo.

  • Permiten sentirse como persona y “construirnos” como personaje que actúa en un contexto social; desarrollan la capacidad de análisis concreto de situaciones concretas.

  • Conectan con la “cultura”, entendida ésta como memoria no hereditaria de la colectividad.—Enseñan a relacionar los diversos códigos que confluyen en los textos artísticos; favorecen el entendimiento de la sociedad como conjunto de grupos cuyos intereses están en un conflicto presente en los discursos de cada participante en la estructura social.    Y ya para concluir: la motivación esencial que ha de llevarnos a leer o a escribir es de orden hedonista, esto es, buscamos pasárnoslo bien con los libros. Casi todo lo que hacemos a diario es impuesto por quienes nos rodean, en cambio, una tarde de lectura la decidimos nosotros. En eso sí que podemos ser un emperador o una emperadora, nuestros deseos son órdenes y ahora ordenamos a los personajes que aparezcan o ahora les expulsamos. Aunque a veces se resistan. En esa tarde de lectura nos sentimos los dueños del universo, porque en cierta forma el libro es un universo dispuesto a cedernos su conquista.   Con las mismas palabras tomadas a Antonio Muñoz Molina: Sólo amaremos los libros si nos damos cuenta de que nos son útiles y de que pertenecen al reino de nuestra propia vida. Leer no es hacer méritos para aprobar un examen ni para demostrar que se está al día. Un libro no se debería adquirir por las misma razones por las que se compra el temario de una oposición o una camisa de moda. Un libro verdadero –porque también hay libros impostores– es algo tan material y necesario como una barra de pan o un vaso de agua. Como el agua y el pan, como la amistad y el amor, la literatura es un atributo de la vida y un instrumento de la inteligencia, de la razón y de la felicidad.  Y ya acabo con los versos del poema de José Agustín Goytisolo que nos servían de entrada y que ellos nos despidan: Tu destino está en los demástu futuro es tu propia vidatu dignidad es la de todos Otros esperan que resistasque les ayude tu alegríatu canción entre sus canciones Nunca te entregues ni te apartesjunto al camino nunca digasno puedo más y aquí me quedo La vida es bella tú veráscomo a pesar de los pesarestendrás amor tendrás amigos Y siempre acuérdatede lo que un día yo escribípensando en ti como ahora pienso. Os deseo, os deseamos, lo mejor para vosotros y para vuestras familias: salud y éxitos. 

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