PALABRAS DE PROFES

Actividades de los profes fuera de clase

AÑO 2006

José Carlos Rivera Fernández. Profesor de Filosofía

Buenas tardes a todas y a todos y bienvenidos a este acto de despedida de la promoción 2000-2006.
En primer lugar deciros, que al estar aquí pronunciando estas palabras estoy traicionando mis principios, porque este tipo de liturgias no son de mi agrado, las he visto como una pantomima, llenas de discursos vacíos, hinchados de verborrea y frases ampulosas y huecas. Siempre me interesó más la cena que celebraremos después que el discurso más o menos sentimental de este momento. Me gusta decir lo que siento y sentir lo que digo.
A lo largo de mi existencia seguí aquél consejo que daba Antonio Machado, en palabras de su personaje Juan de Mairena, a sus discípulos, que decía: “Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura”.
Con estos prolegómenos, me surge un problema, ¿De qué puedo hablaros que no caiga en los tópicos de los discursos al uso? Después de muchos devaneos mentales, se me ocurrió que como sois la primera promoción del siglo XXI, podía plantearos alguna reflexión sobre la noción filosófica de TIEMPO, pero no me refiero al tiempo atmosférico del que se habla en los ascensores, o por teléfono, cuando no tenemos de qué hablar, sino a esa noción evasiva que inspiró a Einstein la teoría de la relatividad y sumió en la perplejidad a San Agustín. Hagamos el intento.
Rememoremos el tiempo pasado:
Muchos de vosotros habéis estado seis años en estas aulas, en estos pasillos, en este patio, me imagino que durante este tiempo os habréis ilusionado y decepcionado, pero ahora, me imagino que sentís cierta tristeza o nostalgia de tener que dejar los años del instituto atrás, ya que dejáis la adolescencia y con ella esa etapa de frescura, de espontaneidad, tu pandilla de amigos, tus amores y las canciones que os acompañaron en todos esos momentos irrepetibles. Os llamaron la atención las modas, al principio tal vez os unisteis a ellas y os comprasteis aquella camiseta donde aparecía Eddie, el muñeco de Iron Maiden, os gustaba vestir como los demás y encontraste gente que no sólo compartía el aula contigo sino también tus intereses y tus gustos, o bien se reía de los mismos chistes, o le apasionaba la misma música o los mismos colores. ¿Recordáis los papelitos que os pasabais de uno a otro y como os moríais de risa cuando el profe pescaba a alguno? Algunos coleccionasteis también amonestaciones y sanciones y de vez en cuando pirasteis clases, ¡QUÉ PASIÓN!
Espero que hayáis aprendido a guardar silencio cuando es necesario, preguntar sólo en el momento oportuno, distinguir entre una plaza y un aula y que ya no consideréis interesante dejar escrito vuestro nombre en las mesas.
Fuisteis tomando contacto con las distintas ramas del saber, empezasteis a leer los primeros libros y creo que fuisteis comprendiendo que cuanto más leáis, más armas tendréis para combatir la intolerancia, el autoritarismo, la hipocresía y la corrupción en la que estamos inmersos.
Creo que recordareis que en alguna clase de filosofía consideré una obligación no alimentar ficciones y os dije que para ser felices hay que limitar los proyectos, adecuar los fines que perseguimos a los medios con los que contamos, insistí, muchas veces, parafraseando a Flaubert, “No leáis para divertiros como hacen los niños, ni como los ambiciosos para instruiros. No, leed para vivir”. Seguro que durante estos seis años,
aparte de estudiar, hacer exámenes y trabajos, también han sido seis años de excursiones divertidas, de salidas a ver alguna película, cuando se celebraba el festival de cine de Gijón, o a oír algún concierto de música al teatro Jovellanos esas salidas extraescolares también han sido parte de vuestra formación, porque no debemos olvidar que hay que enseñar a la mosca a salir del mosquitero. Para cada uno de nosotros todos estos momentos tuvieron un valor y un significado diferente, dependiendo de la circunstancia, que decía Ortega. Estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
¿No os parece que es más hermosa la imagen grabada en la memoria que la grabada en la retina?
Cada situación vivida os habrá planteado unos problemas y los habréis intentado resolver con las posibilidades que cada uno de vosotros dispone; con esas posibilidades se forja el proyecto de una nueva situación. Así es como vamos haciendo el trazado de nuestra vida. La realización de este proyecto va cambiando las situaciones, cada situación vuelve a plantear otro problema y así vamos constituyendo la urdimbre de nuestra vida. Así, las cosas que yo he hecho antes, desde el punto de vista de los proyectos, van desapareciendo como realidades, pero perviven de una forma concreta: han decantado en mí las posibilidades de las que yo voy a disponer en la situación siguiente. La posibilidad es la forma como el pasado pervive en el presente. Desaparece como realidad pero ha decantado las posibilidades.
Sobre el presente
¿Qué puedo deciros del tiempo presente? Nacemos para vivir, por eso el capital más importante que tenemos es el tiempo, es tan corto nuestro paso por este planeta que es una pésima idea no gozar cada paso y cada instante. Fijaos en “este instante, mío aún, se desvanece, se escapa, se hunde. ¿Voy a exponerme al siguiente? Me decido: helo aquí, me pertenece y ya está lejos. Desde la mañana hasta la noche, fabricar pasado.[1] La razón del presente consiste en dejar de ser, de modo que en realidad no podemos decir que existe el tiempo presente sino en cuanto tiende a no existir.
Sobre el futuro
En cuanto al futuro seguro que la palabra que mejor define lo que sentís es la de “Incertidumbre”. Los antiguos griegos cuando querían saber lo que el futuro les depararía acudían a consultar el oráculo de Delfos, y nos cuenta Platón, en su diálogo Cármides, que Critias- personaje de Platón- dice que hay personas que al llegar a Delfos interpretan la inscripción, “conócete a ti mismo” por un consejo y no por lo que es, es decir un saludo del Dios. Y un poco más adelante señala: El Dios da la bienvenida a los que entran en el templo de diferente manera que los hombres. Creo que lo que Platón quiere decir es que el saber sobre uno mismo es un saber divino.
Saber sobre uno mismo, nos hace crecer, nos impulsa al futuro, nos lanza al proyecto, toda nuestra vida se nutre de proyectos, ahora, en estos momentos, estáis pensando en ser ingenieros, fisioterapeutas, médicos, abogados, informáticos, administrativos, economistas etc., hagáis lo que hagáis no perdáis de vista lo esencial, ser lo que hayáis elegido ser. Estudiad lo que os guste, no lo que os digan vuestros padres o profesores, el éxito en cualquier profesión reside en lo que haya de vocación en ella y eso se mide en función de vuestra identidad e inquietud, la verdad tenéis que buscarla por vosotros mismos. Lo fundamental es que en esa incertidumbre encontréis vuestra identidad. El camino que vais a emprender tenéis que reconoceros en él, pero no os olvidéis de vivir, vivir es descubrir por uno mismo aquello que es verdadero, y podemos hacerlo cuando estemos en una constante revolución interna, tenemos que inquirir constantemente, observar, aprender y entonces encontraremos el sentido de la vida, que no es más que nuestra identidad cambiante.
Ya sabéis, nos lo decía Heráclito, somos Heráclito viéndonos reflejados en el río, y pensando que el río no es el río porque sus aguas son distintas y pensando que él no es Heráclito porque él ha sido otras personas entre la última vez que vio el río y ésta.
Como no deseo que la alquimia de estas palabras acabe modificando los conceptos, voy a concluir, porque un bostezo vuestro es más elocuente que el discurso de cualquier filósofo. Sólo deciros que el ser se dice de muchas maneras, que yo no soy yo evidentemente, ¿Quién soy yo? ¿Quién es cada uno de nosotros? ¿Quiénes seremos? Quizá lo sepamos alguna vez. Quizá no. Mientras tanto, intentemos en nuestro recorrido por el tiempo desentrañar el ojo más humano de la persona, el que es de cristal y que solo una cosa no hay en el futuro: el olvido del pasado.
¡ÁNIMO MUCHACHOS Y MUCHACHAS!


 (1) Cioran, E.M. Del inconveniente de haber nacido, Taurus, Madrid, 1987

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