PALABRAS DE PROFES

Actividades de los profes fuera de clase

AÑO 2012

UNA FORMACIÓN MULTIDISCIPLINAR

Prof. Lorenzo Sánchez Velázquez (Dpto. de Física y Química)

Buenas tardes. Estimados alumnos, padres y madres, familiares, amigos… Hace unos días el director del Instituto me propuso que hiciera la lectura de una lección final para despedir a la decimonovena promoción del Instituto que termina el Bachillerato. ¿De qué hablar? ¿Cuál puede ser el tema de la disertación?

Después de varias tentativas frente a la pantalla del ordenador en blanco, decidí tratar sobre algunas cuestiones que, no siendo curriculares, me parecen importantes. Veréis. Muchos trabajos, como el trabajo científico o la atención hospitalaria, por poner dos ejemplos comunes, requieren la colaboración de especialistas de distintos campos que trabajan sobre un mismo problema. Es lo que se ha dado en llamar interdisciplinariedad.

Abordaré este tema empleando algunos ejemplos concretos sacados de la historia de la ciencia y expondré las consecuencias que se derivan de este enfoque en las enseñanzas medias. Finalmente dedicará unas palabras para este grupo de buenos alumnos (subrayo lo de buenos) del IES Rosario de Acuña que despedimos con este acto. Comencemos.

Estamos acostumbrados a clasificar los saberes (o artes, utilizando el antiguo lenguaje de los sabios enciclopedistas de la Ilustración) en compartimentos estancos sin ninguna permeabilidad. Así con frecuencia hablamos de los estudios de lengua, derecho, matemáticas, química o ingeniería industrial, como si cada una de estas disciplinas tuviera un conjunto de conocimientos y procedimientos ajenos a las demás.

En la actualidad los campos más fructíferos de las ciencias, en una acepción amplia del término que incluye a las Ciencias Sociales, son los que implican trabajo en colaboración de diferentes especialistas. Porque la visión global que ofrece el conjunto es más que la suma de las aportaciones individuales.  Esta colaboración es buscada en la mayoría de los casos y forzada en otros. A este último –el de las colaboraciones forzadas-,  pertenece el descubrimiento de la estructura tridimensional del ADN,  por Watson, Crick y Wilkins que utilizaron sin permiso el trabajo experimental de Rosalind Franklin, sobre todo su famosa Fotografía 51 que fue la prueba crítica para apoyar la estructura de la doble hélice para el ADN. Francklin murió de cáncer en 1958 a los 38 años, seguramente por una excesiva exposición a los rayos X durante sus investigaciones. Watson, Crick y Wilkins recibieron el premio Nóbel de Fisiología o Medicina en 1962.

Este ejemplo nos ilustra también sobre la interdisciplinariedad personal de los propios investigadores que, formados en un campo, realizan sus mejores aportaciones en otro. Quizás a vosotros, que habéis terminado el bachillerato y os encamináis hacia una formación más específica, esto os parecerá baladí. Sin embargo, quiero que en esta última lección comprendáis que una formación completa en materias diversas os puede servir de ayuda en el futuro. Veréis, y sigo con el ejemplo del ADN,  Watson era doctor en zoología, Crick físico pero interesado en la bioquímica, Wilkins físico que trabajó en la proyecto Manhattan en el desarrollo del rádar y finalmente Rosalind Franklin era doctora en químico-física; biofísica y cristalógrafa. ¿Quien iba a decir que un zoólogo, dos físicos y un químico iban a desentrañar el secreto tridimensional del ADN?

Comentaré a continuación algunos resultados del trabajo colaborativo en aplicaciones médicas conocidas por todos, entre la las ciencias y las humanidades y terminaré esta parte con las implicaciones que estos hechos tienen en las enseñanzas medias. Enseñanzas que, seguramente, en los próximos meses el nuevo gobierno estatal volverá a cambiar por enésima vez para que todo siga igual (o peor), parafraseando a Lampedusa en El Gatopardo (guiño para los cinéfilos: ver película homónima de Visconti; esto también es interdisciplinariedad).

Física y medicina. Son muchas las aplicaciones de la Física en la Medicina; desde un simple termómetro, hasta un TAC o una resonancia, la radioterapia o una radiografía. Una formación completa en las ciencias de la salud debe incluir, aunque sólo sea a nivel de bachillerato, temas relacionados con las radiaciones ionizantes y no ionizantes, la óptica, la radiactividad, etc.

No sólo entre las ciencias, también debe existir trabajo colaborativo entre ciencias y humanidades. Es necesario superar, las dos orillas de las que hablaba C. P. Snow en 1959 (investigador físico reconvertido a escritor después de un error en sus investigaciones), cuando se preguntaba: ¿qué es la cultura?, ¿qué es ser una persona culta? “La vida intelectual de toda sociedad occidental”, afirmaba, “se divide cada vez más en dos grupos […]. Los intelectuales literarios en un polo, y en el otro los científicos… Entre estos dos grupos existe un golfo de mutua incomprensión, en ocasiones de hostilidad y antipatía, pero sobre todo de falta de entendimiento”.

Ciencia e historia. Muchos acontecimientos históricos deben tratarse desde una óptica multidisciplinar. A modo de ejemplo citaré dos. La influencia de la máquina de vapor en la revolución industrial, que aparece descrito en los libros de texto y no voy a desarrollar. Sin embargo, es menos conocida la síntesis del amoniaco por Haber y Bosch y su influencia en el desarrollo de la 1ª Guerra Mundial o en la agricultura y la alimentación a partir de los años 20 del siglo XX. Concretando más este último ejemplo, narro a continuación los hechos más relevantes.

Los abonos nitrogenados eran y son indispensables para que un terreno produzca cosechas sucesivas. Entre 1913 y 1923 Alemania pasó de importar abonos de América a producirlos en su propio territorio. Industrializando el procedimiento ideado los químicos Haber y Bosch para la obtención del amoniaco a partir del nitrógeno atmosférico, consiguieron fabricar abonos y explosivos. Ocurrió durante la llamada Gran Guerra y permitió a Alemania alimentar a sus ciudadanos durante el conflicto y alargar la guerra desde 1916 hasta 1918.  El mismo proceso que sirve a la agricultura para obtener abonos se puede utilizar para fabricar explosivos. Esta es la ambivalencia de la Ciencia de que habla Antonio Fernández Rañada en el libro “Los muchos rostros de la Ciencia”. Pero este personaje –Haber, que era judío convertido al cristianismo- tiene otros lados más oscuros: desempeñó un papel básico en el desarrollo de los gases venenosos empleados en la guerra química, viéndosele por las trincheras con su uniforme, cabeza rapada y monóculo. Haber recibió un controvertido premio Nóbel de Química en 1918 por descubrir el procedimiento para obtener amoniaco. La llegada de Hitler al poder y sus leyes raciales, le obligaron a dimitir de su cargo como director del Instituto de Química más importante de Alemania. Una buena lección de historia, ética y ciencia.

Ciencia y Filosofía. Los estudios de epistemología o esencia de la ciencia más conocidos los realizaron hombres como Popper (estudió filosofía en Viena, pero, después de su tesis doctoral, recibió la capacitación para impartir lecciones de física y matemáticas en la Universidad),  Kuhn (doctor en física, historiador y filósofo de la ciencia) o Lakatos (matemático y filósofo de la ciencia). De nuevo vemos a personas que se han formado en un campo del conocimiento y realizan sus mejores aportaciones en otro.

Cualquier respuesta que se quiera dar a la pregunta ¿Qué es el ser humano?” debe partir de lo que la ciencia nos dice sobre la evolución, el genoma o el funcionamiento del cerebro. Para más información sobre este tema leer el libro “La naturaleza humana” de Jesús Mosterín.

Por otra parte, los científicos, a veces, deben enfrentarse a problemas morales relacionados con su profesión, ya vimos el caso de Haber. Para tomar una decisión correcta deberían estar en posesión de una amplia cultura humanística. Son interesantes libros como “Los científicos de Hitler” de John Cornwell que muestra el comportamiento moral de científicos y técnicos en la Alemania de entreguerras y su mayor o menor colaboración con el régimen nazi. Muchos, después, participaron en la carrera armamentística de la guerra fría. Quizás el ejemplo más célebre es el de Von Braun, que participó en el diseño y desarrollo de las bombas V1 y V2 alemanas, y después, en América, en el desarrollo del cohete Saturno que llevó el hombre a la Luna.

Para más información sobre la interdisciplinareidad se puede leer el ensayo “La Nueva Ilustración” del Catedrático de Física de la Universidad Autónoma de Madrid y académico de la lengua José Manuel Sánchez Ron.

Formación  multidisciplinar en las enseñanzas medias. Ambos términos son, en apariencia, redundantes, porque estas enseñanzas se caracterizan precisamente por una amplia variedad de materias. Sin embargo, tal exceso y el poco tiempo de dedicación para muchas de ellas, hacen inútil cualquier intento de alcanzar mínimamente sus objetivos. Desde mi punto de vista sería  más eficaz un sistema escolar con menos materias pero con mayor carga horaria. Surge ahora la espinosa cuestión de decidir qué contenidos se deben incluir en la formación de nuestros jóvenes. Este debate, que debería ser crucial para tener un buen sistema de enseñanza, se ha escamoteado a la intervención de los educadores, padres y a la sociedad en general, tomándose las decisiones en ciertas reuniones de “expertos”, que en muchos casos solo representan a grupos de presión de ciertos colectivos, que prefiero no enumerar.

Por lo que atañe a la cultura científica (como una parte importante de la cultura en general), estimo que la enseñanza debe proporcionar a los ciudadanos instrumentos que les capaciten para comprender (no digo conocer, subrayo comprender) hechos y fenómenos que nos afectan a todos. El calentamiento global y los problemas energéticos, la problemática de la energía nuclear y la radiactividad (cuyo uso médico es fundamental hoy día), los transgénicos y su posible utilización, la presencia de la química en nuestras vidas (un inciso para denunciar la mala prensa de esta rama de la ciencia a pesar de ser la base de las medicinas, de los abonos agrícolas y de los antioxidantes y conservantes que han minimizado las infecciones gastrointestinales en Occidente), son ejemplos de contenidos que los ciudadanos deberían comprender. ¿Hasta qué punto se puede tener una opinión documentada sobre las radiaciones sin distinguir siquiera qué radiaciones son ionizantes y cuáles no? Parecerán cuestiones técnicas inextricables pero en realidad son conceptos muy simples que cualquiera ciudadano puede y debe entender.

Tener una opinión fundamentada sobre estos temas y otros más que no enumero para no hacer prolija esta lectura, implica que formaremos mejores ciudadanos, menos manipulables. A nivel del bachillerato, una cultura científica debería ser obligatoria para todos los alumnos. Así evitaríamos algunas alarmas sociales que con cierta frecuencia se extienden por la sociedad, a veces de forma interesada. “Vacas locas”, pollos con dioxinas, antenas de telefonía móvil, campos magnéticos, redes inalámbricas, radiaciones, la “química” (otro paréntesis: todo es química, desde el agua que bebemos hasta las moléculas de ADN que contienen los genes), gripe aviar, etc.

La población, “sensibilizada” en ocasiones por los algunos medios de comunicación, considera inasumibles riesgos potenciales (no demostrados) como el de los campos magnéticos intensos (olvidando que el campo magnético de la Tierra nos protege de las radiaciones ionizantes y peligrosas que llegan del Sol) y, sin embargo, asume peligros ciertos, como por ejemplo, las partículas que emiten los motores diesel. Hay personas que se dejan embaucar por modas o “generadores” de opinión. No voy a hablar aquí de la superchería de los videntes y astrólogos, ni del camelo de la homeopatía (cuyos supuestos remedios nunca se han demostrado y su base teórica es “alucinante” desde el punto de vista científico).

Pero volvamos a la enseñanza. Puesto que las ciencias (incluidas las sociales) y la tecnología deben tener puntos de encuentro y colaboración, es importante que en el Bachillerato se deban cursar materias como la lengua, la historia, la física o la biología y que todos los alumnos, deben adquirir conocimientos de todas ellas en mayor o menor grado. No se trataría de prepararles para todos los estudios posteriores (universitarias o profesionales) o para todos los trabajos. Se trata de proporcionar una cierta especialización en algunas y unos estudios de carácter general en las demás.

Y ahora unas palabras los alumnos que finalizáis los estudios de 2º de Bachillerato.

La mayoría de vosotros habéis trabajado duro en estos años de paso por el Instituto, en especial el último curso. Y os habéis ganado, también la gran mayoría, la recompensa del título de Bachiller. Pero, además, este esfuerzo os ha permitido desarrollaros como personas: habéis adquirido hábitos de trabajo, esfuerzo, dedicación y rigor (valores que desde aquí reivindico). Valores que os serán de gran ayuda en el futuro cuando se trate de estudiar contenidos más complejos, de realizar un trabajo o asumir responsabilidades de tipo profesional, familiar o como ciudadanos.

Después de muchas horas dedicadas al estudio, sobre todo en este último mes, os entrará la duda de si ha merecido la pena tanto esfuerzo. Lo más obvio es decir que la gran mayoría habéis obtenido un título, el de Bachiller, que os capacita para acceder a la Universidad, estudiar un Ciclo de Grado Superior o buscar un trabajo donde se exija este requisito. Pero hay un aspecto en el que seguramente, hasta ahora, no habéis pensado: el valor del conocimiento. Todos los que trabajamos en el campo del conocimiento –desde profesores de cualquier nivel educativo hasta selectores de personal de las empresas- valoramos los estudios realizados por los alumnos o por los aspirantes a un empleo. Porque el estudio implica disciplina personal y ésta conforma un carácter que predispone mejor para afrontar una realidad cambiante como la actual.

Los informes señalan que las tasas de paro entre jóvenes universitarios en la actualidad es casi tres veces inferior a la de los que sólo tienen la titulación de graduado en ESO (11,5 % frente al 28 %), mientras que hace unos años, en el 2007, esta diferencia era mucho menor. Es decir, a mayor nivel de estudios menor paro. Los mismos informes indican que las personas con más conocimientos están mejor preparadas para afrontar situaciones como presentar un currículo, realizar una entrevista de trabajo, asumir responsabilidades de todo tipo, etc., como dije antes. Tener una titulación refleja una buena disposición para desempeñar con oficio un trabajo o una tarea. Mayor nivel de estudios permite acceder a puestos de más responsabilidad. También es verdad que el nivel de estudios no garantiza el acceso inmediato a un puesto de trabajo relacionado con los estudios realizados.

Lo que habéis estudiado es importante, pero lo es aún más lo que significa para vosotros lo que habéis estudiado, es decir, vuestra motivación. No se valoran tanto los conocimientos específicos adquiridos en la formación reglada como la actitud o ganas por saber, la inquietud por el conocimiento. Ya veis los casos de Watson y Crick que formados en una profesión destacaron en otra. Una actitud positiva ante el conocimiento es una actitud positiva vital, de personas que quieren aprender más, pero también mejorar en su trabajo o en su profesión, en la asunción de responsabilidades, etc.

Hace unos días publicaba Muñoz Molina un artículo en un periódico nacional a propósito de una exposición que había visitado en New York sobre la bioluminiscencia (ya veis un escritor y académico de la lengua interesado en un tema de biofísica) y afirmaba: “Maravillarse y aprender. Estimular la fabulosa capacidad humana para el conocimiento”.

No quiero finalizar esta lectura sin recordar a los que se han ido, a vuestro compañero de promoción  Eric Méndez fallecido desgraciadamente durante este curso y a la profesora Carmen Agún que nos dejó en la Semana Santa. Sea para ellos un emotivo recuerdo.

Para terminar quiero hacer una defensa firme de la enseñaza y los servicios públicos, amenazados hoy día por normas injustas, que con la disculpa de la crisis, están haciendo recaer sobre lo público las culpas de otros, de cuyos nombres y profesiones tampoco quiero acordarme ahora. Como muestra de la calidad del servicio público de educación, estáis vosotros, alumnos que habéis terminado 2º de Bachillerato en el Instituto público de Enseñanza Secundaria Rosario de Acuña. Que habéis adquirido una buena formación y estáis tan bien preparados como el que más para el futuro. Me da cierto pudor decir estas cosas, pero en los tiempos que corren es preciso reivindicar lo que debería ser obvio: que los servicios públicos pueden funcionar tan bien o mejor que los privados. Muchas gracias.

Gijón, mayo de 2012

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