PALABRAS DE PROFES

Actividades de los profes fuera de clase

AÑO 2018

INTERVENCIÓN DEL PROFESOR DE FILOSOFÍA PABLO HUERGA MELCÓN EN EL ACTO DE DESPEDIDA DE LA PROMOCIÓN DE 2º DE BACHILLERATO DEL CURSO 2017/18

Queridos estudiantes, familiares, compañeros, amigos todos. Me complace mucho tener hoy la oportunidad de dirigiros unas palabras llenas de alegría, emoción, orgullo y entusiasmo, celebrando vuestra graduación. Han sido dieciocho años de una aventura en la que habéis ido siendo conformados por la labor de padres, maestros, amigos, compañeros y profesores, en ese proceso en el que, además de aprender muchas cosas, os habéis ido haciendo personas, que es la máxima aspiración de todo hombre.La Antropología nos ha dejado claro que si os hubiéramos abandonado en un bosque no hubiera salido de vosotros un Tarzán, una Wonder Woman, o un Rómulo, sino algo que los etólogos, desde la clasificación de los seres vivos de Linneo denominan “niño salvaje, niño feral”.

Carlos Linneo en su obra Systema naturae describía sus tres características principales: “hirsutismo, imposibilidad de hablar y dificultad para caminar erguidos de forma permanente”. etc.

Es verdad que Rousseau defendía la bondad del hombre en estado salvaje, por eso mismo envió a sus hijos al orfanato y vivió y murió arrepentido y amargado. No hay alternativa: para ser personas hay que crecer y conformarse en un entorno de personas.

Decía el filósofo español Gustavo Bueno que ser personas es alcanzar a convertirse cada uno en causa de sus propios actos, esto es, libres y autónomos y, por tanto, absolutamente responsables de lo que cada uno hace. Alcanzar este estado es una lucha constante contra nuestras debilidades, una pasión por la humanidad.

Aupados por fuerzas exteriores, como esos grandes motores que lanzan al cielo las naves espaciales, entre todos os hemos propulsado en la vida. Ahora ya comenzáis a contar con vuestras propias fuerzas y aunque siempre estemos aquí para ampararos, sabed que debéis construir vuestra propia vida, paso a paso, como decía el poeta Jose Agustín Goytisolo en el poema que dedicó a su hija Julia:

Tú no puedes volver atrás

porque la vida ya te empuja

como un aullido interminable.

Pero también le decía, y esto es muy importante:

Hija mía es mejor vivir

con la alegría de los hombres

que llorar ante el muro ciego.

La vida es bella, ya verás

cómo a pesar de los pesares

tendrás amigos, tendrás amor.

Todas y cada una de las promociones del Acuña han tenido su perculiaridad. La vuestra, para mí, tiene que ver con el hecho singular de que sois la primera promoción nacida con el siglo XXI. Como se suele decir, “vosotros vais con el siglo”; pero no con un siglo cualquiera, vais con el siglo XXI, el siglo en el que según las premoniciones del director de ingeniería de Google, Ray Kurtzweil, el hombre transpasará las fronteras de la muerte (recientemente hemos tenido noticia en la prensa de que uno de nuestros antiguos alumnos, Álvaro Fernández, está trabajando precisamente en ese campo de la ciencia que tiene que ver con la prolongación de la vida).

Decía el filósofo Carlos Marx: el ser social determina la conciencia; y no cabe duda de que vuestra condición va a estar determinada por los avatares de este grandioso siglo. Pero hay tres asuntos sobre los que me gustaría insistir en este discurso: el primero es que este siglo os ha hecho nativos digitales; el segundo, que vivís en el siglo de la postverdad, y el tercero, que, como españoles, sufriréis las nuevas agonías de España. Vamos a verlos mientras repasamos vuestra “biografía secular”.

Y es que el año 2000 ya empezó con una alarma informática planetaria: el famoso “Efecto 2000”; también llamado “El terror del Milenio”. No lleva ese nombre porque fuerais a nacer vosotros, no. Era simplemente que se esperaba una catástrofe mundial a consecuencia del posible error de software que tendría que ocurrir al cambiar la fecha de los ordenadores. Pero aquella catástrofe simplemente se desvaneció. No pasó nada, absolutamente nada el día 1 de enero de 2000. Luego sí, ya fuisteis naciendo vosotros, y eso sí fue muy importante.

Tampoco es casual que en el 2000 se pusiera en marcha el proyecto llamado  “Asturias en la Red” para introducir las nuevas tecnologías en el sistema de enseñanza. Internet estaba en mantillas entonces, hacía apenas cuatro años que existían los correos electrónicos y las webs eran todavía una cosa bastante cutre. Google había empezado en 1998. Pero el 2000 cambió para siempre la historia del instituto. El proyecto Asturias en la Red era el intento más ambicioso y coordinado para introducir las nuevas tecnologías en el sistema de enseñanza. Un puñado de profesores y maestros idearon un plan precioso con una inversión económica muy imporante y con ideas vanguardistas. Concibieron un sistema integrado de gestión de usuarios, administración y recursos espectacular, que se concretó en lo que se llamó las “Aulas modelo”. Cuando los delegados asturianos llegaron a Madrid y dijeron que en Asturias se habían distribuido cuentas de correo electrónico oficial para toda la comunidad escolar, simplemente, no lo podían creer. Fue impresionante. Qué podemos decir ahora que Educastur ha entregado la gestión de las cuentas de usuario de toda la comunidad escolar a una multinacional llamada Microsoft. Creo que ha llegado el momento de empezar a reinvindicar, como ya hace alguno de nuestros exalumnos metido en política: la “Soberanía digital” -esto quizá sea ya tarea vuestra.

Alguno recordará haber visto una placa pegada en la pared al lado de la puerta del aula de infomática 201. En ella aparece el nombre del profesor Jesús Gómez Sahagún, compañero del departamento de filosofía que fue el primero que se encargó de las tic. No era casual que un profesor de filosofia participara en aquel proyecto, la filosofía y la informática han estado íntimamente unidas desde hace 2500 años. Si Pitágoras es importante no se debe a haber prohibido comer habas a sus discípulos, también inventó la propia palabra “filosofía”. Parménides tuvo la osadía de utilizar una dicotomía ontológica genial: “el ser es y el no ser no es”, que luego los atomistas convertirían en átomos y vacío, y mucho más adelante Boole en 1 y 0. La lógica que inventó Aristóteles se fusionó con la metafisica noción de verdad y nació la lógica booleana que proporcionó las bases de la informática al permitir reducir toda expresión a algoritmos de 1 y 0. Fue un filósofo el que puso las bases para la reducción de las matemáticas a la Lógica (Bertrand Russell), y un lógico el que demostró que las matemáticas eran necesariamente incompletas (Kurt Gödel). Éste último, precisamente, junto con Albert Einstein, y otro matemático llamado John von Newman, fueron los primeros inquilinos de una institución que se fundó en 1930 en EEUU, por un loco de la educación llamado Flexner, con el dinero de dos herederos multimillonarios que querían hacer el bien. Flexner ideó un lugar nuevo, inspirado en la Academia de Platón, donde ya sabéis que en su frontispicio decía “Nadie entre aquí sin saber geometría”, no tanto para echar a los curiosos, sino para animar a estudiarla antes de hacer lo que allí se hacía: Filosofía. El lugar en cuestión se llamó “Instituto de Altos Estudios de Princeton”, y estaba tan inspirado en el modelo platónico del mundo de las ideas, que se prohibía el uso de cualquier aparato, salvo encerados y tizas. Einstein un diá sacó su pluma del bolsillo y dijo: “hé aquí mi laboratorio”.

Pues así y todo, en ese cielo platónico fue donde se construyó el primer ordenador de verdad, sobre la idea de John von Newman, de un aparato programable que no requería cambiar el hardware para insertarle diferentes softwares. Una idea que procedía de otro visitante de aquel platónico instituto al que se atribuye el invento de la programación informática: Alan Turing. Hoy es mi cumpleaños, así que ayer precisamente se cumplió el aniversario de su extraña muerte. (Ya sabéis que murió envenenado por cianuro después de moder una manzana. Su condición homosexual en Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial, y el hecho de haber participado en los secretos tecnológicos más importantes de la época, pudieron hacerle víctima de intrigas políticas. Ya sabéis que la marca de ordenadores Apple debe su nombre y su logo a esta historia. El primer logo de Apple era una manzana mordida con los colores de la bandera gay.)

Newman, como sabéis, inspiró el personaje del doctor Stragelove, en aquella película de Stanley Kubrick “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú”, porque, tal vez por ser matemático, estaba emperrado en que lo mejor que podía hacer EEUU era hacer un ataque preventivo contra la URSS (era una conclusión necesaria de su gran invento: “La teoría de juegos”). Claro que en esto también estaba de acuerdo el filósofo Bertrand Russell, que hizo un cálculo acerca de cuántas generaciones de hombres merecería la pena sacrificar en dicha guerra con tal de acabar con el comunismo. Todo el mundo se equivoca. Sólo quiero deciros que hay verdaderamente una cosa que el sistema educativo os ha enseñado mal. Y es esta: no existe la separación entre las letras y las ciencias en el conocimiento verdadero. Hay muchas separaciones, pero esa no es la principal.

Jesús murió con 40 años poco después de iniciarse en esta aventura, razón por la que no me quedó más remedio que abandonar mi sueño dogmático de la filosofía académica para entregarme a la casquería de las tic, que era entonces bastante ingrata. Fueron años trepidantes: fuimos pioneros en el aula modelo, luego llegó aquel nombramiento como centro de uso avanzado en España, centro experimental de Class Server, aula de tablet pcs, una locura preciosa en la que todos en el centro teníamos consciencia de ser una modesta vanguardia educativa en metodologías y en proyectos. Recuerdo con mucho cariño, emoción y agradecimiento, la confianza clara que los padres nos mostraban ante aquellos arriesgados experimentos educativos.

El instituto ha cambiado mucho desde entonces. Vosotros habéis cambiado, y nuestro mundo también. Ha cambiado España y todos nosotros. Con el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001, ya no nos quedó más remedio que asumir que estábamos en una nueva era, una era extraña y cargada de misterio, en la que la mezcla de realidad y ficción se iba a convertir definitivamente en algo cotidiano. Es la era de la postverdad, o de las infodemias.

Todos los que ya éramos mayores entonces sabemos dónde estábamos precisamente ese día. Vosotros cumplíais sencillamente vuestro primer año. El 31 de diciembre despedimos a la Peseta y amanecimos con el Euro. Se anunciaba la Guerra de Afganistán, donde, además de las torres gemelas, los talibanes acababan de destruir unas esculturas de unos budas enormes. Es un poco lo que hacen aquí ahora los secesionistas con el Toro de Osborne, diseñado, curiosamente, por un artista español comunista: Manolo Prieto se llamaba, del Puerto de Santa María (Cádiz). Y aunque esa Guerra de Afganistán se dio por terminada en 2014, todavía el año pasado Trump echó allí a la madre de todas las bombas, así, a tontas y a locas, como se suele decir.

Y dijimos No a la Guerra, lo dijimos muchas veces. Sobre todo cuando en 2003 se inventaron aquella miserable farsa de las “armas de destrucción masiva” de Iraq. No había armas de destrucción masiva, pero sí mucho petroleo.

El atentado terrorista en la estación de Atocha el día 11 de marzo de 2004, el tsunami del sureste asiático, la boda de los reyes, también os cogió siendo niños y tal vez no lo recordaréis. De hecho, cuando en el 2005, llegó la pandemia de gripe aviar, tuvimos que estar pendientes de vosotros en los parques para que no tocárais las palomas, los patos, los pollos, las gaviotas, todo lo que volara. El virus H5N1 era la pesadilla de los telediarios. Finalmente, un Somormujo Cavanco de un humedal de Álava fue la única víctima conocida en España de aquella pandemia.

En 2006 se estrenó Una verdad incómoda de Al Gore. Gracias a él hablar del tiempo se ha convertido en un asunto metafísico. El mundo camina a su fin desde que vimos a Al Gore subido a un elevador para señalar el subidón exponencial de los niveles de CO2 en la atmósfera que provocarán el efecto invernadero y el cambio climático, el calentamiento global, la subida de los mares, y el fin de Gijón bajo las aguas. Y todo por culpa de China, que ahora quema carbón a destajo. En la prensa de 2008 expertos vaticinaban que en 2018 ya no se podría esquiar en Asturias, por lo que incluso se bloqueó institucionalmente un proyecto de ampliación de las pistas de esquí en San Isidro. Pero bueno, ahora con Trump parece que hace más frío. No sabría explicaros por qué.

Estaba pensando que el 2007 era un año un poco sin sustancia, con sus guerras, con el calentamiento global, con la amenaza de las pandemias, pero no. Cuando teníais siete años apareció el Iphone, y el Android, o sea, el smartphone y eso, desde luego, lo cambió todo.
En 2008 vino la Olimpiada de Pekín, y el desencadenamiento de la crisis esconómica que ha marcado a fuego estos últimos diez años. En 2009 el H1N1, que no es el H5N1, sino el virus de la gripe porcina o gripe A. Y luego cumplísteis diez años: 2010 se define, sin duda, sólo con una palabra, un monosílabo, para ser más exactos, ahí lo tenéis:“Iniesta”.

El entusiasmo era tal que en el 2011, cuando nos fuimos de viaje de estudios a Italia, estando a la hora de comer en la famosa plaza de Siena, empezaron a confluir grupos de estudiantes españoles que espontáneamente querían rememorar aquella hazaña deportiva. Fue muy emocionante. Lo malo es que ese año empezó también la primavera árabe, y la intervención de la OTAN en Libia y la muerte de Gadafi. Por lo demás, aquí tuvimos nuestro 15M famoso.

Y, aunque el 2012 iba a ser el fin del mundo, según el calendario Maya, sólo vino el inicio de la guerra civil en Siria, quizá el inicio de la tercera guerra mundial si Dios no lo remedia. Se descubrió el Bosón de Higgs, de modo que ya podemos estar tranquilos, porque por fin los científicos demostraron que la Materia existe. La reforma laboral de 10 de febrero desguazó el estado de bienestar en España: desde entonces el paro se multiplica, deshaucios, contratos basura, recortes, y privatizaciones. Luego en 2013, ocurrió el accidente del AVE en Santiago de Compostela; en 2014 la crisis de Ucrania, la aparición del Estado Islámico, el aterrizaje de la sonda espacial Philae en el cometa Churyumov-Gerasimenko; en 2015 la tragedia del vuelo Germanwings, la llegada a Plutón de la sonda New Horizonts; en 2016 la llegada de Trump al poder en EEUU; y, en 2017, la crisis en España con Puigdemónt.
Y precisamente con esto quisiera terminar mi pequeño homenaje, porque hay algo que no está de más recordaros, y es que si habéis llegado hasta donde habéis llegado, ello se debe a que sois, objetivamente, españoles. Como diría Gabriel Celaya:

“Españoles con futuro

y españoles que, por serlo,

aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por

bueno.”

Es verdad que hay motivos para ser críticos con aquella impetusosa alevosía con la que los españoles cruzaron los mares, descubrieron nuevos horizontes, circunnavegaron la tierra y extendieron nuestro querido idioma materno, el español, a todas las razas y pueblos, mezclándose con todos y fecundando nuevas sociedades. Pero tampoco podemos menospreciarlo. Y es que si hay algo que define lo español es el mestizaje, la inclusión, que es lo que en filosofía llamamos el “socialismo racionalista”.
Pero ya hemos pagado con crecer nuestro orgullo. Un siglo XIX plagado de guerras fraticidas, una guerra civil con su rastro de fosas comunes y heridas abiertas, la dictadura de Franco, la pesadilla de ETA, y el deshonroso secesionismo catalán, son suficientes. Creo que merecemos vivir en paz, concentrarnos en nuestras cosas y aplicar esos bríos, ese orgullo, y esa fuerza que lleváis atesorada en vuestra preciosa juventud, a hacernos mejores, y a tomar impulso, a la espera de que los tiempos venideros nos devuelvan la ocasión para empuñar de nuevo la antorcha de la civilización. Porque ahora ya os toca incorporaros a ese impetuoso cauce de la historia tomando en él la iniciativa para dominar el destino. Hay muchas opiniones sobre lo que significa ser español, pero yo me voy a atener a una idea materialista simple y rotunda: ser españoles significa que España es la plataforma institucional objetiva desde la que podréis intervenir en el destino de nuestro siglo.
Por lo demás, y parafraseando al poeta, me despido:

Perdonadme, no sé deciros nada más;

pero vosotros comprended que también nosotros

estamos aún en el camino.

¡Felicidades para todos!, ¡enhorabuena! y muchas gracias por vuestra atención.

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